Ealido
Isiloth se despidió de su compañera y entró en la sala de curas de las Casas donde yacía el anciano.
No podrían quitarle el torniquete que Silme había hecho de momento, pues eso provocaría un desplazamiento del trombo y podrían ocasionarse males mayores.
Lo primero que hizo, junto con Iorethil, fue elaborar una infusión con la función de disminuir la coagulación. Se la dieron a beber al hombre, de momento no podrían hacer más hasta que no hiciera efecto la infusión. Dejaron al anciano descansando y ambas se sentaron a los pies del lecho del hombre esperando el tiempo conveniente para operar.
Thinedhel se incorporó sobresaltado, ¿viejo? ¿operación? Eran palabras que no le agradaban demasiado. Una vez superada la conmoción descubrió que estaba en aquel lugar que desgraciadamente tan bien conocía... las Casas de Curación.
No recordaba muy bien que había ocurrido la pasada noche aunque echaba en falta sus pertrechos y sus armas.
Silme oyó unas voces en una de las habitaciones y fue a saber de donde provenían. Llegó a una en la que se encontraba Thinedhel y vio que estaba con la cara algo blanca.
- ¿Cómo estás?
Cuando estaba terminando de hervir la infusión, Isiloth pegó un respingo, Iorethil gritaba:
- ¡Isiloth, Isioth!¡Ven un segundo!.
Isiloth dejó el fuego y salió corriendo, cuando entró en las estancias, estaban llenas de gente y la sanadora principal tenía cara de preocupación...
- ¿¿Qué ocurre Iorethil?? El enfermo sigue igual ¿no es cierto?
- Si Isiloth, pero... es que... no te has fijado de quien se trata ¿verdad?
- Pues no, cuando le miré la pierna estaba tapado con una manta para evitar la hipotermia ¿De quién se trata??
Isilieldel pasó del marco de la puerta y se acercó al cabecero de la camilla...
- Pero ¡¡¿Qué ha pasado?!! ¡¡Por Eru... si es Thinedhe!!!
Acto seguido se giró hacia Silme y le preguntó:
- ¿Qué ha pasado?
Thinedhel tenía los ojos desorbitados, parecía entender menos la situación que Isiloth.
Silme pensó: \"¿Hablo a Isiloth o a las paredes? “, pues ella ya le había comentado que se trataba de Thinedhel y también le había explicado la situación del día anterior, y le había comentado que cuidaría a Tero y se llevaría las armas del caballero.
Isiloth regresó junto al enfermo, se disponía a hablar con él y ver las posibles alternativas a la operación, porque vio que no le hacía ninguna gracia la idea.
- ¡Almarë Thinedhel! ¿Qué tal te encuentras?
Él se encogió de hombros...
- A ver, te cuento. Lo ideal sería operar para quitar en trombo cuanto antes. Lo podríamos hacer incluso esta tarde. Por otro lado, ayudados por ciertas especias que puedo conseguir cerca de Lothlorien y con rehabilitación puede que no haga falta. Tendrías que estar cerca de un mes sin luchar, salir a andar todos los días al menos dos horas y una sesión de rehabilitación de una hora al día en una sala especial aquí en las Casas.
Bueno, ahora depende de ti la elección. Lo primero es más arriesgado, pero puede que si lo segundo no sale del todo bien... haya que operar más tarde.
Isiloth se quedó mirando a Thinedhel que tenía la boca abierta de par en par:
- Dejo en tus manos esta difícil decisión, querida Isiloth, aunque sabes que mi espíritu aventurero no me dejaría estar postrado en una cama durante tanto tiempo, tengo tantas cosas por hacer y tan poco tiempo...
Thinedhel suspiró y se acostó de lado.
Isiloth se quedó un momento pensativa y al instante dijo:
- Está bien, destapa esa pierna.
Salió de la habitación y regresó con cera hirviendo para depilarle la pierna a Thinedhel, dejó al lado de él un cazo con la cera aún burbujeante y volvió a salir. Regresó esta vez con material quirúrgico: pinzas, agujas, bisturís de todos los tamaños y unos cacharros realmente extraños.
- Y bien,veamos esa pierna...¿Anestesia o sin anestesia?
Thinedhel no tenía la mente en aquel lugar, estaba absorto y su pensamiento se hallaba en un lugar muy lejano. Tenía los ojos brillantes fijos en la lejanía. Su mirada era triste y melancólica, viejos recuerdos venían a su memoria, recuerdos de una época feliz.
Isiloth se quedó mirando al elfo y se dio cuenta que no había oido ni una sola de las palabras que había dicho... en fin, la broma le había salido mal pues no le había hecho ni caso.
- ¿¿¡¡Thinedhel!!??
El elfo giró la cabeza diciendo ¿qué? Como si todo lo que había pasado allí no fuera con él, acababa de regresar de no se sabe muy bien donde.
- ¿Has escuchado algo de lo que te he dicho?
- Em... bueno... ¿Para qué es todo esto??
- Nada, nada... intentaba gastarte una broma... No hay que operar ni mucho menos. Es una herida algo profunda pero no ha habido rotura de vasos sanguíneos, así que un poco de reposo y ya está. Déjame que te haga un vendaje y podrás irte a casa.
Isiloth se fue a por el material necesario. Al llegar comenzó a vendar la pierna de Thinedhel que aún seguía absorto.
- ¿Te ocurre algo? Te noto extraño, sabes que puedes contar conmigo para lo que sea.
-Lo siento Isiloth -murmuró Thinedhel-. Muchos son los años que cargo a mis espaldas, todos ellos en busca de la paz que no encuentro, mi corazón está cansado y mi alma atormentada. Busco atrás en mi memoria y no encuentro nada que me dé fuerzas para continuar... tantos años movido por la única idea de la venganza ahora me saben a vacío. Ojalá la guerra acabara y cesara todo sufrimiento.
Isiloth le sostuvo la mirada unos segundos, aquella expresión de desaliento en su rostro le caló hasta lo más profundo. No aguantó más y bajó la mirada...
Unos segundos más tarde, volvió a mirarle pero esta vez él tenía la cabeza agachada, sumido en sus pensamientos de nuevo.
Isiloth se acercó a la camilla donde estaba Thinedhel sentado, acercó una silla y la colocó frente a él. Una vez sentada agarró las manos frías de Thinedhel entre las suyas y dijo:
- Quizá te resulte irónico, pero creo te comprendo. Sé que el tiempo que llevo de vida no es apenas comparable al tuyo, quizá por eso te entiendo aún mejor.
Se hizo un silencio que duró varios minutos. Después, como saliendo de sus pensamientos y regresando a la realidad, Isiloth dirigió una de sus manos hacia el rostro de Thinedhel y suavemente, colocando sus dedos sobre su mentón, le levantó el rostro. Cuando sus miradas se cruzaron, ella le dedicó una sonrisa alentadora. Acto seguido se levantó y se dirigió a la puerta, sin volverse dijo:
- Deberías descansar...
Thinedhel quedó confuso unos instantes, había visto una extraña luz en los ojos de Isiloth. Se recostó hacia la ventana y dijo:
-¿Por qué?
Isiloth se hallaba en el marco de la puerta, dando la espalda a la estancia donde estaba instalado Thinedhel. Ella tenía la mirada fija en los jardines que había a la salida de la estancia. Iba vestida muy acorde con su habitual estilo, salvo quizá algún detalle. Llevaba una falda larga y oscura que le cubría los pies y un corsé blanco que acababa a en la zona alta del pecho dejando al aire los hombros. Sobre ellos, un chal oscuro que la protegía de la frescura de la mañana. Los rizos azabache sueltos sobre los hombros y tan sólo recogidos dos mechones que se unian el parte posterior de su cabeza con un broche de plata. Al oir la pregunta de Thinedhel aún sin girarse dijo:
- Porque estás herido.
Entonces giró el rostro hacia el elfo y volvió a dedicarle una sonrisa. Esta vez una sonrisa de medio lado con un matiz burlón. Evidentemente, ella sabía perfectamente que la pregunta de Thinedhel no iba dirigda a saber por qué debía descansar, sino a por qué le comprendía en todo lo que había dicho...
Pero ella evadió la pregunta elegantemente y acto seguido salió de la estancia.
Ya desde fuera, volvió a hablar:
- Estás dado de alta, pero quédate el tiempo que quieras.
- Algún día, algún día... susurró.
Thinedhel no soportaba estar allí encerrado, las paredes de aquel lugar le empequeñecían el corazón, necesitaba salir de allí. Se levantó y salió al claustro. Era una mañana fría pero acostumbrado a las inclemencias del bosque no necesitaba abrigo. Se sentó al lado de una gran estatua central y se puso a meditar.
Escrito por Marneus
