La Guerra de los Clanes

Historia Por Puntos. Tercano. El Obcu.

Terminada
Escrito el 08-11-2005 01:08 #1

-¿Qué es esto?-demandó un extraño elfo que había irrumpido en la habitación de Glarawen. La pálida elfa no se movió un solo milímetro. No permitía entraran así. Aparentó no haber escuchado y mantuvo los ojos fijos en su libro, aunque había dejado de leer. Estaba vestida, como de costumbre, enteramente de blanco.

-¿Qué es esto?- preguntó de nuevo el impaciente elfo. De nuevo no recibió respuesta alguna. Tenía en la mano un extraño objeto de metal. Un momento después comenzó a llorar desesperadamente. Glarawen no sintió lástima por el desconocido; había decidido no hacerle caso hasta que fuera más educado.

-Por favor, dime que es esto- dijo el elfo casi implorando. Glarawen se satisfizo con el “por favor” del extraño.

-Primero- contestó la elfa- tendrás que decirme algunas cosas, empezando por explicar tu brusca llegada. ¿Sabes que debes tocar la puerta antes de entrar en una habitación?- agregó con un tono claramente sarcástico. Las mejillas del elfo se colorearon antes de responder:

-Los siento. La desesperación me cegó.

-Trata de evitarlo en el futuro, o tendrás problemas. Aun no te has presentado, creo que eso es otro punto en contra de tu educación.- Aunque sonaba dura, lo que Glarawen realmente quería era calmarlo. Estos detalles sobre quien era, eran para distraerlo. Aparentemente lograba su cometido, ya que el elfo había dejado de sollozar.

-Soy Celebdhel; vengo de Lórien.- informó tranquilizándose aun más.

-“Elfo de plata”- aclaró Glarawen demostrando que sabía su significado - un nombre digno de un príncipe. – Las mejillas de Celebdhel se pusieron más rojas.- ¿Cuántos años tienes, Elfo de plata?- preguntó. Era inusual esa pregunta entre elfos, pero a ella le extrañaba no haberlo conocido.

-Treinta y cuatro- contestó este más rojo cada momento. Para un elfo eso es muy joven. Glarawen no dijo nada, tampoco dejó ver su opinión en su rostro.

-¿Qué te trae al olvidado Tercano Nuruva?

-Necesito saber que es esto- respondió mostrando el objeto a Glarawen.

Este era prácticamente indescriptible. Parecía un cubo de metal negro, con huecos y salientes en varias partes. Difícilmente se veía la forma del cubo. Además, tenía unos extraños símbolos, aparentemente, al azar.

-¿Dónde lo conseguiste?- preguntó la elfa sin expresión. Celebdhel tardó varios segundos en responder. Surgió una expresión de desconfianza en su rostro.

-Da igual.

-No, y mientras no me lo digas no puedo asegurar nada.

-No me importa que no sea seguro.- parecía determinado a no decir como había llegado a sus manos.

-Hasta luego. No voy a perder mi tiempo con alguien que no me dice lo que necesito para informarle lo que desea saber. Cuando decidas ser sincero, vuelve. Glarawen volvió la vista a su lectura. Conocía a las personas lo suficientemente bien como para saber que lo que le esperaba después de esa declaración era una historia. Esperaba fuera honesta, aunque no podría asegurarlo hasta haberla oido.

-Me lo entregó mi madre, había…- comenzó Celebdhel pero fue interrumpido por la elfa bruscamente.

-No. Cuando te dijeron que yo podría decirte lo que es esto, ¿olvidaron informarte de mi habilidad? No puedes mentirme sin que lo note. Ahora, di la verdad o vete.- Como pasaron un par de minutos y el elfo no se decidía a ninguna de las dos, Glarawen se levantó y caminó a la puerta. No le importaba en lo más mínimo el artefacto del elfo, además, aborrecía discutir. Salió, dejando al perplejo Celebdhel en su habitación. No iba muy lejos cuando este la alcanzó.

-Aunque conozco la historia de mi madre, no tengo idea de la de mi padre. Esto me obsesionó hasta tal punto que recorrí el mundo entero tratando de averiguarlo. Contaba con un nombre: Ellenmor. Sé que suena irónico, “estrella negra”, pero en realidad era una suerte para mí, ya que, supuse, no habría otro con el mismo nombre. Según lo que he averiguado estoy en lo correcto. En mis viajes un anciano de la raza de los hombres me lo entregó.

-Aunque eso dice mucho, todavía no sé como te lo dieron, o por que…

-Lo siento. Al decirle el nombre a un muchacho de un pueblo, me dijo: “Mi abuelo lo ha mencionado, no le pongo mucha atención a sus historias, pero podrá saber algo.” Fui con él en busca de su abuelo. En cuanto me vio palideció, luego dijo: “Creí que el fantasma de Ellenmor había venido, eres idéntico a él.” Le expliqué que era su hijo, y me entregó esto. Él no sabía que era y no quiso explicarme más. El muchacho me pidió que me fuera, alegando que su abuelo era viejo y estaba cansado. Le pregunté a mi madre, no sabía nada. También le pregunté a otro elfo que supuestamente era muy sabio. Lo único que se le ocurrió fue mandarme aquí, a buscar a Gil-amath… Entonces, ¿sabes que es esto?

-Sí, lo sé, aunque preferiría no hacerlo. Es peligroso que lo sepas.- De todas las posibles respuestas, esta era la que menos esperaba el elfo. – Pero- continuó Glarawen- creo que el saber esto no te detendrá. Lo que te diga puede causar problemas, a ti y a otros. ¿Aún así quieres saberlo?

-Sí- respondió Celebdhel con toda la determinación que pudo.

-Te lo diré, pero no olvides que no puedes retroceder.- El elfo hizo una señal afirmativa.- Es la parte central e lo que muchos creen una caja. En realidad es un cubo. Al colocar todas las piezas correctamente, revela un gran secreto. Temo que se haya perdido eternamente. En el momento en el que dos piezas encajan a la perfección se funden en una sola y no pueden ser separadas jamás. El famoso Obcu fue armado, colocando en el centro una de las más grandes joyas que han existido. No,- agregó a lo que creyó diría Celebdhel- no un Silmarill, una pieza hecha de mithrill, un collar.

-Entonces, esta pieza ya no sirve de nada, y el collar se perdió para siempre…- dijo más para si que para Glarawen.

-Eso no es del todo cierto. Falta la parte peligrosa. Es una leyenda. Desconozco que partes son verdaderas y cuales falsas. Se dice que cuando cada símbolo de esa pieza central toque el equivalente en el cubo exterior, este se separará. Aún más. Se dice que el hermoso collar fue sellado allí porque trae desastre al que lo posee. No sé si es cierto, pero de ser así temo que liberes un mal que fue teóricamente erradicado hace mucho tiempo.

-No soy supersticioso, no creo que un collar pueda decidir mi suerte.

-Si lo que se dice de ese collar es cierto, no te enfrentas a la suerte, sino a la magia, y sabes que esa sí es real.

-No tengo miedo- dijo testarudamente.

-Lo sé, pero si quieres el consejo de Gil-amath, no busques el Obcu. Me atrevo a creer que tu padre ere el guardián, el encargado de que la pieza central permaneciera segura; sin embargo, no puedo asegurar nada.

Pasaron varios minutos en silencio, después Celebdhel preguntó:

-¿Dónde puedo encontrar el Obcu?

-No te lo diré. Te di la información anterior para evitar que te engañaran. Sabes que es peligroso. Puedes hacer lo que quieras con tu vida, pero yo no voy a ayudarte a destruirla.

-Gracias- murmuró el elfo y, como no recibió respuesta de Glarawen, se alejó.

Agradecía la información y estaba decidido a encontrar el cubo. No creía que su contenido le causara desgracia. Abandonó Tercano Nuruva pero no Haldanóri. En Valle del Ingenio un hombre en una taberna le dijo que podría encontrar el cubo en el Bosque Negro. Más aún, quiso comprarlo. Celebdhel no lo permitió, y se dirigió a la ciudad entre montañas. Fueron muchos días de viaje sin que nada importante ocurriese. Lo primero que hizo al llegar fue instalarse en una posada. Había decidido no hacer pública su pieza del cubo. Sus problemas parecían crecer cada momento. El Obcu, conocido como “caja del mal” en el Bosque Negro, estaba guardado en el palacio. Esto no debió haberle extrañado, ya que, un collar de mithrill solo pudo haber pertenecido a algún rey.

Pasaban los días y Celebdhel no encontraba la forma de llegar al tan ansiado objeto. Después de más de una semana perdida, decidió ir al palacio y pedirle al guardia que le mostrara el Obcu. Así lo hizo y le negaron la entrada. Pidió ver a alguien “con más libertad de decisión” que sí pudiera conducirlo al cubo. El jefe de guardias creyó que era una burla. ¿Para qué alguien querría ver la caja del mal? Escalón a escalón fue hablando con personas cada vez más influyentes en el palacio. Así consiguió ver al rey . A este le había invadido una gran curiosidad al ver la perseverancia del joven elfo.

-¿Qué te trae frente al rey del Bosque Negro?

-El Obcu, quiero verlo.- Aparentemente no había aprendido nada en cuanto a modales en su visita con Glarawen.

-¿Por qué alguien querría estar en presencia de la caja del mal? Mi padre pasó muchas horas encerrando ese maldito collar de mithrill.

-Señor, Obcu no es una caja sino un cubo, que armado correctamente, deberá liberar un gran secreto. Yo poseo la pieza faltante.- Estaba claro que el rey no esperaba esta respuesta. Su cara palideció instantáneamente.

-¿Quién eres?- consiguió preguntar.

-Celebdhel, hijo de Ellenmor

-Ellenmor. Él debía cuidar que nunca nadie abriera el Obcu. ¿No te lo dijo cuando te entregó la pieza?

-No me la entregó él. Ni siquiera sabía que él hubiera sido de aquí. Yo nací en los bellos bosques de Lórien. Sin embargo, considero mi deber revelar el secreto que tan celosamente Obcu ha guardado.

-No puedo permitir que liberes el mal encerrado en su interior.

-¿No supone recaer sobre su poseedor únicamente? No me importa correr el riesgo.

-Sí, pero después de ti vendrán otros. No te estás condenando sólo a ti sino a muchos.

-Lo tiraré al mar. Lo que quiero no es el collar, es el secreto que guarda.

-Te daré 24 horas. Ni un minuto más. No podrán acusarme de no darte tu oportunidad. Espero sepas ocupar el centro de esa caja. De igual forma espero cumplas tu promesa de tirar el collar al mar. Con suerte no lo poseerás el tiempo suficiente para que cumpla su maldición. Daré las órdenes al guardia.-

El rey así lo hizo. Con más seguridad de la que hubiera debido, Celebdhel entró en la habitación que le indicaron. Lo único que había en ella era el Obcu. Se concentró en las instrucciones que Glarawen le había dado en Tercano Nuruva. ¿Había que introducir algo? Imposible… ¿Hacer algo en cierto orden? No, tampoco era eso… ¿Hacer concordar algo? Sí, ahora recordaba algo sobre concordancias. Lo único que se le ocurrió fue unir los símbolos de su pieza con los de del cubo. Se dio cuenta de que su tarea era más complicada de lo que le había parecido en un principio. Todos los símbolos eran parecidísimos. Probó todos en el primero hasta que una luz lo recorrió. Tanto el cubo como la pieza quedaron encendidos. Así, el día entero probó símbolos hasta que se prendían.

No probó alimento alguno en todo el día. Tampoco bebió nada. Hubiera perdido segundos preciosos para encontrar el símbolo concordante. No había nada que le indicara cuanto tiempo llevaba en este trabajo. No tenía reloj, y en la habitación no había ventanas en las que pudiera ver el paso del sol o las estrellas. Temía que al siguiente segundo entrara el guardia para indicarle que su tiempo había concluido. Pero no lo hizo.

Después de muchas horas, su trabajo dio resultado. Al colocar juntos los últimos símbolos, el uniforme cubo se partió en las 26 piezas que lo conformaban, sin contar la central. También apareció el más precioso collar de mithrill que jamás hubiera visto el elfo.

Apartó el collar instantáneamente y comenzó rearmar el cubo, esta vez completo. Con desesperación vio que las piezas que aparentemente encajaban no se unían. Algunas horas después entro el guardia. Celebdhel había unido algunas de las piezas, incluyendo la central. Las órdenes del rey habían sido claras. “Deberá abandonar la estancia inmediatamente. Si consiguió abrir la caja deberá llevarse únicamente el collar. En caso contrario deberá llevarse la pieza central.”

Comió y durmió en el Bosque Negro. A la mañana siguiente partió a Haldanóri. Planeaba mostrarle el collar a Gil-amath y arrojarlo en el mar de Tercano. Aunque no había conseguido reconstruir el Obcu, tal vez alguien lo haría pronto. Esperaba que de ser así le comunicaran el secreto que contenía.

Cuando llegó frente a la elfa, esta no quiso tocar el collar por ninguna razón. Además le prohibió deshacerse de él en tierras de su clan.

-Tercano Nuruva se convertiría en el dueño del collar, la maldición caería sobre todos nosotros y no sobre uno solo. Debes irte más allá de los mares de una nación u otra, a menos que quieras causarle desgracia.

-No lo sabía, pero así lo haré.

Dos meses después se encontró el cuerpo sin vida de Celebdhel flotando a la deriva en el mar, cerca de Haldanóri. Un pescador lo descubrió y lo llevó a tierra. Cuando Glarawen escuchó esto, fue a inspeccionar el cuerpo ella misma. Lo que descubrió fue sorprendente. No había sido herido, no había ni siquiera un rasguño en su cuerpo. Era elfo, y no podía haber enfermado. Tampoco se había ahogado. Ella fue la única que comprendió la razón de su muerte: el collar. Por lo menos ya no lo llevaba puesto. Decidió no decírselo a nadie, para evitar que algún tonto “no supersticioso” fuera en su búsqueda. Glarawen temió ver la extraña caída de algún reino, pero después de varios meses en calma bajó la guardia. Aunque Celebdhel había muerto, había conseguido llevar el collar a donde no hiciera daño a nadie.

Escrito el 11-11-2005 10:38 #2

Los Valar otorgan 255 monedas a Tercano Nuruva.

Historia finalizada.