La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Historia Por Puntos. Valle. Un Héroe De A Pie.

2005:11:26:16:11:35

Nülk Quárënorno

UN HEROE DE APÍE

En medió de un sombrío desván lleno de muebles con cubiertas blancas de tela, cajas y mas cajas apiladas, libros desperdigados, frutas de dulces aromas secando entre esteras de esparto, y algún que otro rayo de luz que mostraba diminutas motas de polvo crepitar en el aire, se encontraban un hobbit de avanzada edad y dos retoños curiosos rebuscando desordenadamente en todos los recovecos…

¿De Quien es este retrato abuelo? Soltaron intrigados los dos diminutos hobbits al quitar la sábana de un cuadro_

aaaa si…, nada mas y nada menos que de vuestro bisabuelo Bullprof Wallía, que fue alcalde cuando llegó la gran guerra a estos lugares.

_ ¿Nos lo regalas para ponerlo en nuestra caseta del bosque, abuelo? _dijeron los niños al unísono_

_ ¡No, no y no!, ¡es un recuerdo familiar, niños!,_dijo ofuscado el abuelo_ dejad eso ahí, porque veo que vuestra madre no os ha contado la historia de vuestro Bisabuelo, un orgullo para nuestra familia…sentaos en esa almohada que os la contaré mientras meto todo en sus cajas…

De entre las raíces de un enorme tronco gris, salió somnoliento un despistado hobbit que se prendía la pipa sin necesidad de posar en el suelo su cesta de mimbre. Aunque el sol estuviese situado en medio de la mañana, abrió la cancela del jardín sin percatarse de una ramita verde y tiesa que se agitaba en una despedida.

Pero centrándonos en el cuento, os diré que se llamaba Bullproff Wallia, sí, habéis oído bien, un Wallia autentico que dejó plantadas las catapultas, el dinero, la familia y la fama, por unirse a una encantadora muchacha de provincias, de rojo cabello ensortijado y una presencia con la que arrebataba multitud de miradas, así era ella, el único deseo hecho realidad que nos concede la vida y que no puedes dejar escapar. La única persona por la que convertirías un árbol centenario en casa, por la que sin rechistar comerías carne quemada y dirías ¡ que rico esta esto!, incluso por la que aceptarías ser alcalde de tu aldea. Como veis no por una chica cualquiera, no, solo por vuestra bisabuela Marita Clusit.

Pero aunque Bullprof dedicase una devoción y amor absoluto a su amada Marita, no podía tomarse en serio sus labores como alcalde. Comía sin pensar en que los enemigos mandaban por la región partidas en busca de recursos; dormía muy bien aunque Marita le contase sus preocupaciones sobre un cambio de gobierno debido a la invasión de la isla, y muchísimo menos llegó a rebanarse el pié cortando leña cuando sus amigos discutían acaloradamente sobre políticas exteriores, economía, alianzas etc., y para variar, tampoco le impediría aquella mañana terminar de prenderse su pipa, asir al hombro su cesta de recoger setas y mirar al frente andando como si tuviese una cancioncilla alegre en la cabeza.

Setas setitas setas

De suave olor harina

Salid de entre la hierba

Y venid a mi cestita

Setas setitas setas

Esperad a que este hobbit

Os rebane del suelo para

Llevaros a mi despensa

Brincaba de aquí para allá, cada vez que se agachaba entre unos tocones o movía con su cachaba las hierbas significaba que capturaba el delicioso almuerzo, luego sonreía y expulsaba una nubecilla de humo indicando lo orgulloso que estaba de su talento. Y registrando las setas de árbol que solo el sabía donde crecían, vio de lejos rebuscar en el cauce del río, al tío Segis. Tras esconder su descubrimiento, Bullprof seleccionó una gran seta que olió y luego metió en el bolso de su chaqueta preferida de lana verde y marrón.

El tío Segis era conocido por aprovechar sus paseos matinales, de camino a sus tierras, para recoger babosas o caracoles, Nadie podía explicar esa costumbre, ni siquiera él. Así decían los que más le conocían: ¿Cómo es que Segis se agacha a por babosas cuando tiene mal la espalda? y peor todavía,cuando tiene suficiente oro ahorrado como para pagar a alguien que fuese a buscarlas por él todo el día si fuese necesario.

A Bullprof no le importaban en absoluto sus manías o su dinero o los cometarios que se dijesen de él, y animado por su buena racha con las setas, se fue derecho a interrumpir el desayuno del Poney de Tío Segis, con unas caricias en el morro y una jugosa seta de chopo fresquita por el rocío. Un resoplido de aprobación descentró de las babosas al viejo Segis, que dejó sus quehaceres, percatándose de quien le había venido a visitar…

Cuando estuvieron los dos cerca, tío Segis abrió las manos dejando entrever una gelatinosa babosa negra con granos y arrugas, que estiraba sus cuernos y desprendía su baba de olor a huevo podrido, como intentando evitar caer en el mismo saco que sus hermanas. (Pero ni por esas lo consiguió el pobre ser) Tras esto, Segis se limpió como e costumbre las manos con un trapo y abrió mucho los ojos…

_ ¡buenos días! _espetó el anciano mientras le palmeaba el hombro de Bullprof_ ¡espero muchacho, que se te hayan dado mejor las setas que a mí las babosas¡

_Desde luego, ¡hasta me sobran para compartir con tu poney!_sonrío Bullprof inclinando la cabeza_

_ Pues como es todavía pronto y tienes la cesta más que llena, vas a acompañar a tu Tío favorito a dar una vuelta a las huertas que me cuidan los hermanos Grifon _dijo Segis mientras le clavaba repetidamente a Bullprof el dedo índice en la tripa_

_ Faltaría mas hombre, y sobre todo cuando de paso puedo recoger unas ricas verduritas de tu huerta para la cena ¿eh? _resolvió Bullprof mientras le pasaba la mano por el hombro_

_ ¡Eso está hecho muchacho! _exclamó Tío Segis guiñando un ojo_

Y allá que se fueron los dos calamares, (como dirían los hobbits de las costas) a lomos del poney iban ambos charlando sin prisa de bobadas que solo les importaban a ellos y que a nadie molestaban, como si el tiempo no les acompañase allá donde fuesen, llegaron a las huertas del Vado de Segis. Eran las huertas, un paisaje luminoso sin árboles cerca, con una acequia que se abría paso entre las tierras, poniendo una separación de juncos entre los prados que se perdían mas allá del horizonte, en las colinas arboladas. Los arbustos que bebían de la orilla dejaban que sus verdes ramajes cayesen hasta el agua. Las verduras contrastaban con sus colores brillantes entre la parda tierra, alineadas perfectamente en un lado del surco evitando el viento del norte. Aquí y allá se perdía la vista entre cuadrados de rayas de mil tonalidades que se entrecruzaban.

Y en medio de todo, aportando la única sombra en la llanura labrada, un hobbit hacía aspavientos y ademanes violentos acompañados de una arenga que llegaba a oídos de Tío Segis y Bullprof. Un hobbit inflamaba las cabezas de los Grifon, y otros Hobbits labradores del lugar con palabras llenas de mentira, odio, ignorancia y envidia. Envenenaba al resto con falsas promesas desde un púlpito improvisado, pregonaba desastres, vaticinaba represalias contra aquellos que no le oyesen, presagiaba la invasión del enemigo venido del Norte y como entrarían en casa y pasarían a cuchillo a los ricos y a los que no se sometieran a los invasores.

Y así los Grifon, los Mines y demás familias de labradores pobres e ignorantes que no sabían del mundo ni que había mas allá de su pueblo y sus huertas, fueron engañados con falsas promesas de reparto equitativo. Y creyeron como una verdad universal que lo que decía aquel hobbit forastero sería cierto y que los invasores quitarían al tío Segis sus tierras para dárselas a sus trabajadores, y que a Bullprof le quitarían sus dos yeguas para dárselas a los hermanos Grifón, o que el Molino de los Riquel sería comunitario. Y así, una a una, repartirían todas las propiedades y ocuparían las casas de los ricos fieles al gobierno de los señores del Valle, que nunca vendrían a rescatarlos.

Por primera vez, Bullprof y Segis sintieron miedo por los acontecimientos venideros, y temieron por sus familias, y repararon de cuan afortunados eran de vivir como vivían, de tener las despensas llenas de alimentos y un poco de oro, del privilegio que era vivir el día a día sin complicaciones, pescar, pasear buscar setas por placer y no por necesidad de comer… y la burbuja de felicidad que los envolvía amablemente explotó, dejándolos caer en una realidad dura y cruel, fría como la escarcha mas helada, injusta como la mas absoluta de las desgracias.

Sintieron aquellas palabras ser vitoreadas en la lejanía, mientras la vuelta era silenciosa para ambos, el poney giraba su cabeza para resoplar en la cara de Segis a modo de: “¡no te reconozco!, me tienes preocupado viejo”… pero ni por esas consiguieron quitarse la pena que les atenazaba la garganta y cuando llegó Bullprof a su casa, descabalgó y se dió la vuelta medio encorvado, hacía Tío Segis, y levantó la mano pesadamente en forma de lenta despedida. Esta vez Bullprof tampoco vio aquella ramita que le saludaba a modo de temblor…

Y así pasaron los días, y muy pocos eran entonces los que querían salir de sus casas dejando los campos a merced de la anarquía del tiempo y del libre albedrío de las bestias. Solo el hobbit forastero al que llamaba Escor Viara, seguía yendo y viniendo con sus ideales mal comprendidos, manipulando y maquinando a todo aquel ignorantito que hasta hace poco solo le preocupaba lo que a cualquier buen hobbit.

Y así pasó otro lapso de tiempo, y esta vez no fueron buenas noticias para muchos pues pusieron a cada uno en su lugar correspondiente. Las aves trajeron noticias alegres de la Ciudad del Dragón a los pueblos de alrededor a la aldea. Eran ellas la avanzadilla de los señores del Valle, que salían con sus estandartes y ejércitos de hermosas figuras de las ciudades, a recuperar su mandato en las tierras abandonadas por el enemigo. Y una a una las aldeas fueron restablecidas en su orden original, comarcas y poblados que habían caído bajo la influencia del enemigo. Y el brazo de la justicia, de la ley y el orden clamaba sangre por sangre y exterminar todo resto del trágico pasado como venganza por las muertes de los leales a los señores del Valle.

Amplia fue la mano de estos, que alcanzó a muchos en su huida y en su retiro. Pero los que mas tenían que ocultar su antigua rebeldía eran astutos, y viendo lo que se les avecinaba encima si se descubría que en el pasado fueron los mayores traidores al gobierno del rey Elboron, decidieron ocultar su negro pasado bajo una capa de exagerada adhesión y locura por honrar las premisas de los señores del Valle y se emplearon afanosamente en ajusticiar ante sus superiores, de la forma mas cruel, a los que un día ellos mismos convencieron de ser fieles a los invasores y a la Alianza de la que formaban parte, con tal de poner a salvo sus pellejos de toda sospecha.

Así fue, que no tardó en llegar a las puertas de la aldea Escor Viara, con un grupo de hombres armados bajo el emblema del Valle del Ingenio. Traían ordenes de aprisionar a todos aquellos que estuvieron de acuerdo a traicionar el gobierno del rey Elboron, y Escor Viara sabía perfectamente quienes eran estos, pues en su día el los atrajo a su causa ahora perseguida

Y de una patada lanzaron las puertas de la humilde casa de los Grifon abajo y entre estruendosos registros, sacaron a golpes a los hijos pequeños y a las mujeres de los dos hermanos labradores, que permanecían ocultos debajo de sus camas, lamentándose de haber hecho caso al que ahora les venía a dar muerte y llorando amargamente su destino.

Pero en toda la aldea de Robleviejo ni una sola gota de sangre manchó el suelo, porque de lo mas profundo de su ser, Bullprof Wallia como alcalde, sacó coraje para ponerse en medio de los perseguidores y perseguidos, y como si de una imponente personalidad se tratase enarcó las cejas y levantó el brazo inquisidor hacia Escor Varia y en un tono de voz, seco y rudo, seguro y sonoro, tronó.

“De esta aldea no saldrá un solo hobbit acusado de traición y ni mucho menos se derramará una pizca de vida, porque en Robleviejo no hay ningún espía del enemigo, ni ningún traidor mas que tú, Escor Varia, que viniendo de lejanas tierras trajiste las ideas que ahora persigues y que con tus actos desmesurados solo intentas ocultar tus hechos pasados de verdadera traición al mandato de los Señores del Valle, que nunca jamás se discutió hasta que apareciste y envenenaste a los incautos con tus palabrerías de caos metiendo el miedo en los cuerpos de los mas ingenuos y sembrando el odio y la rebeldía entre vecinos cuando aquí no existía. Y así, ya que el único traidor esta aquí, de frente a mí, no hay necesidad de ajusticiar falsamente a nadie, a nadie mas que a ti, Escor Varia, que eres el verdadero tumor de esta región y que aún así osas venir a delatar a los que en su día tu convenciste con malas artes, para que rindieran honores a a los invasores y a sus aliados que por suerte ahora no están\"

Y una vez acabado el discurso fue apoyado con vítores y aplausos por todo el pueblo de Roble Viejo, que se había concentrado detrás de su alcalde. Sin mediar más palabras, Escor Varia se dio media vuelta y ya nadie supo más de su destino.

El Abuelo Hobbit levantó en sus brazos a los chiquillos que se habían quedado dormidos uno contra el otro. En su regazo los bajó con cuidado por las escaleras y en el momento en el que el anciano rememoraba el pasado con los ojos brillantes, los niños se despertaron medio adormilados diciendo:

_ ¿Qué pasó al final con Bullprof, abuelo?

_ Qué es y será siempre el mejor alcalde de Robleviejo_ dijo el Abuelo en tono suave_, por él no entró ningún asesino en nuestra aldea, eso, y que hoy os he podido contar esta historia en nuestra querida casa del Padre Árbol…

[Editado por gorathion el 24-11-2005 21:51]

Delisse Yestariel

Los Valar otrogan 225 monedas a la historia de Valle.