La Guerra de los Clanes

Historia Por Puntos. Nurn. Sed Oscura.

Terminada
Escrito el 07-11-2005 15:32 #1

Hacía unos pocos minutos que se había puesto el sol, pero Faeryôl ya vagaba por el silencio cargado de presagios del Bosque Silencioso. La oscuridad lo envolvía, pero no era un problema para él, pues su vista vampírica le permitía escrutar perfectamente en la oscuridad de la noche. Hacía varias noches que no se alimentaba, y ahora lo necesitaba urgentemente, así que se dirigió a la cercana ciudad de Curufarnë, esperando darse un auténtico festín, pues a esas horas muchos de los esclavos y trabajadores estarían tirados en las calles o emborrachándose. Iba con paso ligero, pero escuchando atentamente la oscuridad, pues muchos peligros podían acechar el linde del bosque, como bien recordaba el Vampiro.

“Había elegido el Bosque Silencioso como guarida porque muy pocas personas pasaban por allí, así tenía la seguridad de que no acabarían con su vida en la plácida quietud del sueño. Pero se había equivocado en sus predicciones. Un día, al despertarse en su lecho en la tierra, escuchó unos sonidos extraños que poblaban el bosque, aunque duraban muy poco y eran muy silenciosos como para poder identificarlos con seguridad, aunque sus sospechas se confirmaron cuando olió la cálida sangre élfica, pues eran exactamente eso, una cuadrilla de elfos. Habían oído hablar de un depredador que solo cazaba de noche, y que dejaba a sus víctimas sin una gota de sangre en las venas, así que le prepararon una emboscada. Pero el Vampiro fué más astuto, pues en lugar de salir de un salto de la tierra como hacía habitualmente, escuchó atentamente para captar la posición de algunos elfos, de los máximos que pudiera. Escuchó el sonido de las cuerdas de los arcos al tensarse, y captó con precisión la posición de tres de los elfos, aunque sabía que había algunos más por los alrededores, montando guardia. De un gran salto salió de la tierra, y se posó encima del árbol en el que estaba uno de los elfos, mirándolo asombrado. Desenvainó a Oirahetha con la velocidad del rayo, y decapitó al estupefacto elfo de un solo golpe. Sacando rápidamente la daga de la bota se la lanzó al elfo que estaba de pie a pocos metros de él, acertándole de lleno en el cuello. Bajó del árbol y se aprestó a la lucha. Cuatro guerreros más salieron de la sombra nocturna de los árboles, rodeándole rápida y hábilmente. Empezaron a lanzar estocadas para tantear al enemigo, y en un fortísimo golpe partió con su espada las espadas de dos de los elfos, que retrocedieron espantados. El jefe de ellos, sin embargo, no retrocedió, y junto a los restantes elfos se lanzó furiosamente contra el Vampiro, que esquivó hábilmente su estocada y le hirió en la espalda, un sesgo largo y profundo que le causó grandísimo dolor. El olor de la sangre caliente enloqueció a Faeryôl, que se lanzó a la yugular de uno de los atacantes, y le chupó toda la sangre, colocando el cuerpo de la víctima delante de si como escudo humano, para que sus compañeros no lo atacaran mientras bebía. Una vez bebió sus fuerzas aumentaron considerablemente, y con una velocidad sobrehumana se lanzó hacia delante, empalando a uno de los elfos en el acto. Aguzó el oído, y escuchó como los que montaban guardia huían horrorizados. Ya no eran un problema. Ya solo quedaba un elfo joven, que lo miraba con los ojos llenos de terror. El Vampiro se enzarzó en combate singular con él, pero Faeryôl no pensaba matarlo, tenía otros propósitos para él. Lo desarmó rápidamente, y se lo llevó a una pequeña cueva abierta en la ladera de un pequeño monte, en lo más profundo del bosque. Allí bebió de él hasta llevarlo al borde la Muerte, y luego se mordió la muñeca y le dió de beber de su sangre. En la transfusión de sangre averiguó que se llamaba Fiörhym.“

Durante más de medio año habían estado juntos, cazado juntos, vivido juntos. Fiörhym, superando la depresión inicial de saber que no volvería a ver a su familia, aprendió muchas cosas de Faeryôl sobre su estado de No-muerte. Viajaron por las ciudades del Reino de Nurn, se alimentaron en sus calles, y vivieron muchas experiencias.

Pero su historia no habría de acabar bien. Noche tras noche se peleaban, a veces por nimiedades, y siempre después de estas peleas Fiörhym desaparecía, cada vez por más tiempo. Hasta que una noche, después de una discusión especialmente acalorada, Fiörhym no volvió. Faeryôl lo buscó todas las noches, viajando tan rápido como se lo permitía su velocidad sobrenatural, pero no encontró rastro de él. Entonces una locura homicida se adueñó del viejo Vampiro, y mataba sin ton ni son, aunque no necesitara alimentarse. Por donde pasaba dejaba un reguero de sangre, y el rumor de un terror sangriento se extendió por las poblaciones de esclavos nurnitas, que cuando veían que el sol se ponía atrancaban todas sus puertas, y se armaban por si esa noche les tocaba a ellos. Pasado este pequeño periodo de enajenación, buscó aun con más ahínco a Fiörhym, pero esta vez para destruirlo. Empezó a oír comentarios de un asesino sangriento, que dejaba a sus víctimas sin una gota de sangre en el cuerpo. Siguiendo el rastro de estos comentarios, llegó a la capital de Nurn, Narmelost. Durante tres noches buscó ininterrumpidamente a Fiörhym, y al fin dió con el sitio en el que dormía. Aquí cabe decir que Faeryôl se levantaba poco después de que el sol se pusiera, mientras que Fiörhym despertaba de su letargo más o menos una hora después de que el sol se pusiera. Aquel día Faeryôl se despertó rápidamente, y esperó pacientemente a que el joven Vampiro saliera. Oyó un ruido extraño, y la puerta de la cripta donde dormía Fiörhym se abrió con fuerza. Faeryôl se quedó asombrado al verlo. Iba vestido de una forma rara, adecuada a una moda de aquella época, pensó el Vampiro. Notó que desprendía una fuerza que no tenía cuando estaba con el, y comprendió que matarlo no sería tan fácil. Pero aun así un odio intenso lo roía por dentro, pues el maldito neófito lo había abandonado, a el, que era temido por seres que superaban en mucho su patético poder. Con estos razonamientos en la cabeza desenvainó la espada, y dando un salto silencioso cayó sobre el joven Vampiro, pero este sintió una presencia sobre el, y rodó a un costado. Se levantó rápidamente para ver quien le había atacado, y se quedó helado cuando vió que era su creador, su maestro, y ahora su enemigo. Pero Fiörhym no llevaba armas, así que inició una frenética carrera por la periferia de Narmelost, pero no podía igualar en velocidad a Faeryôl. Este lo alcanzó rápidamente, y de un tajo certero le cortó un brazo. Fiörhym gritó de dolor, y se lanzó hacia delante, intentando arrebatar la espada a Faeryôl, pero el viejo Vampiro esquivó su arremetida y dando un giro de noventa grados atravesó al neófito. Fiörhym lanzó un grito desgarrador, y comenzó a empujar hacia delante para sacarse la espada de la espalda, pero Faeryôl, con una astucia demoníaca, sacó la espada de la espalda del neófito, para luego echarse hacia atrás, y con un rápido giro de muñeca decapitar a Fiörhym. Faeryôl sonrió para si, satisfecho por la consecución de las cosas. Acto seguido metió la cabeza en un saco, y luego prendió fuego al cuerpo del neófito. Cuando el fuego se hubo consumido, Faeryôl recogió las cenizas y las esparció al viento nocturno, puesto que si no se hacía esto, el Vampiro quemado podía reencarnarse en otra forma, ya sea animal u otro cuerpo humano. Quedaba menos de una hora para el amanecer, así que el Vampiro aligeró el paso, y en poco tiempo llegó a su guarida en el centro del Bosque Silencioso. Durante el sueño diurno, Faeryôl tuvo unas extrañas pesadillas, colmadas de gritos y lamentos de dolor. Cuando se puso el sol, se levantó de su tumba y salió a alimentarse. Pero ya nada era lo mismo. Creía que cuando hubiera matado a Fiörhym se quitaría el peso de la culpa de encima, por haberlo convertido en Vampiro siendo tan joven e inexperto. Esa noche cometió una auténtica carnicería en las calles de la periferia de Narmelost, y al día siguiente corrieron los rumores de un asesino despiadado. Pasadas unas cuantas noches, Faeryôl no pudo aguantar más, y al fin volvió al lugar de la pelea con Fiörhym. En el lugar donde el viejo Vampiro quemara al neófito se alzaba un árbol negro, muerto desde las raíces, y sin embargo un brillo antinatural emanaba de toda su estructura. Faeryôl se acercó más para examinar bien el árbol, y al observar el suelo en el que se posaba, se diño cuenta de que la tierra en varios metros a la redonda estaba muerta y resquebrajada, como si una gran sequía hubiese barrido la zona. Faeryôl no volvió nunca más a aquel paraje. Volvió a la quietud de la vida en el bosque, sin hacer caso a los asuntos de los mortales, pero poco a poco una insana curiosidad lo iba empujando a dejar su vida solitaria. Había visto tanta belleza en las callejas laberínticas de la capital, en sus balcones, incluso en los rostros de las personas que por allí habitan, que su corazón nunca más estaría tranquilo sin ver toda la inmensidad de la belleza que pueden llegar a crear los mortales. Viajó durante largo tiempo, y así sació su sed de conocimiento, y su sed de sangre, al menos por un tiempo.

Escrito el 11-11-2005 12:40 #2

Los Valar otorgan 255 monedas a los Señores de Nurn.

Historia finalizada.