La Guerra de los Clanes

Historia Por Vida. Valle. Thralor

Terminada
Escrito el 27-11-2005 21:15 #1

Era una noche despejada y con una dulce brisa que apenas acariciaba las hojas de los árboles provocando un susurro adormecedor. No se oía nada excepto el silencio, el silencio protagonista de la calma que sucede a la tempestad. Era una noche alegre y tranquila para todos... bueno, no todos, había alguien que a pesar del embriagador ambiente no dejaba de sufrir tanto interna como externamente.

En la tienda de curación se hallaba Thralor, uno de los pocos seres de los alrededores que no se sosegaba con la tranquilidad y la frescura de la noche. Sentía un terrible dolor, no sólo por las heridas sufridas en la batalla, de las cuales destacaban un flechazo en el muslo y un corte en el abdomen, sino por el daño moral de aquel enfrentamiento. Sí, habían ganado la batalla, pero habían perdido bastantes soldados y, lo que era aún más importante para Thralor, habían perdido al mejor amigo y soldado enano de su batallón. Su nombre era Bavor, un enano alto para su raza, con pelo y barba blanca y extremadamente fuerte; se decía que en una ocasión levantó un tronco con sus propias manos. Pero lo más importante, era muy amigo de Thralor, ya que se habían conocido en el viaje desde Moria hasta Haldanóri cuando ambos emprendieron la mayor empresa de su vida.

A pesar de que la luna ya había completado más de la mitad de su recorrido en el firmamento, Thralor seguía sumido en sus pensamientos recordando los felices momentos vividos junto con su amigo ahora ausente.

De pronto una figura alta y esbelta apareció en la tienda. Thralor la reconoció al instante y se giró para enjugarse las lágrimas con la barba.

-No hace falta que lo ocultes amigo, es natural sufrir por la pérdida de un amigo.

-No es eso, es que se me ha metido algo en el ojo- contestó el enano-.

-Ya -bufó Erekan-. Como quieras, sólo venía a decirte que descanses, que esas heridas necesitan reposo. Yo con estas muletas me valgo, pero lo tuyo es más grave.

-Vale –admitió el enano mientras miraba si había alguien más o si escuchaba algún otro ruido-. Sí, estaba llorando, es que aún no me puedo creer que no vuelva a ver más a Bavor ni que volvamos a encontrar una piedra y discutamos sobre las posibles manualidades que se podrían hacer con ella... Voy a echar de menos nuestras discusiones sobre nuestra destreza en combate, o nuestras teorías sobre lo que esté ocurriendo ahora mismo en nuestra antigua casa...

-Tranquilo, ya verás como estará en un sitio mejor, sin batallas en las que luchar ni guerras por las que preocuparse, y poder emplear todo el tiempo en tallar las gemas y demás objetos. Verás que te estará esperando con un gran cofre para demostrarte que lleva más joyas talladas que tú cuando os juntéis.

-Me temo que soñaré durante mucho tiempo con la imagen de su cuerpo inerte cuando lo encontré en el campo de batalla, con un cuchillo en el corazón y esa expresión de rabia e ira en su cara. Al menos me reconforta saber que murió cómo siempre quiso, luchando hasta el final.

-Cuando te recuperes tendrás la oportunidad de decirle tus últimas palabras antes de enterrar a tu amigo.

-Ahora esa es mi única preocupación. Por eso quiero que mañana a primero hora venga algún sanador o lo que quieras para que me sane cuanto antes.

-Está bien, pero para ello debes descansar amigo mío. Relájate y disfruta de esta noche tranquila, que en estos tiempos escasean. Buenas noches.

-Igualmente, y gracias por todo, pero como digas algo de esto, te corto la lengua. Je je je.

-Veo que sigues como siempre...

Cinco días tardó en sanar el dirigente enano de sus heridas, aunque no tan agradables como él hubiera querido. Le extrajeron la flecha y le cosieron el corte del abdomen, pero al segundo día se quiso levantar porque creía haber oído un grito en el bosque, aludiendo que era su amigo que venía en su busca para hablar con él. Sentía mucho calor y sudaba a chorros. Cada 10 minutos tenían que ir a cambiar los paños porque ya se mojaban enseguida, y no sólo con eso, sufría alucinaciones y hablaba en su idioma creyendo que estaba en su casa con su familia.

Al levantarse del camastro, se le abrieron los puntos de la herida del abdomen, por lo que tuvieron que volver a coserle. Tal fue la sorpresa cuando descubrieron que un líquido negro manaba de la herida en un pequeño chorro. Tras un par de comprobaciones con unas hojas, los sanadores confirmaron que era un veneno muy potente y que debían darse prisa para hallar la solución.

Según éstos, el antídoto se extraía de unos frutos que colgaban de las copas más altas de un tipo de árbol que escaseaba tanto al este como al oeste de las Montañas Nubladas, pero que en Haldanóri eran abundantes porque los antiguos habitantes de estas tierras los plantaron para comerciar con sus frutos como alimento y como antídoto. En este bosque se hallaban en la región más septentrional y en el centro.

Si lo que decían era cierto, a Thralor no le quedaban más de dos días de vida sin el antídoto. Rápidamente se ofrecieron voluntarios para obtener los frutos, pero esto provoco altercado, porque los enanos afirmaban que sería más rápido talar el árbol, y los elfos se negaban a sacrificar una vida pudiendo escalar al árbol.

Finalmente Erekan escogió un grupo de hombres para que le acompañasen y así acabar con todas las disputas. Optaron por dirigirse al norte, pues el centro les llevaba demasiado cerca de la capital tasariana, y no era momento de correr riesgos innecesarios.

Tras medio día de caminata atravesando el bosque, llegaron a un claro con un gran árbol en el centro, como el rey que se protege en medio de sus guardias. Al llegar, uno de los sanadores lo reconoció al instante, fuerte como un roble y alto como una torre. Erekan al verlo sintió nostalgia, pues le recordaba a la Torre de Cristal, su mayor anhelo de ver desde que partiera al continente al frente de la batalla… algunos de sus soldados creyeron observar una lágrima su rostro de semblante duro aunque frágil por dentro.

Ninguno de los soldados, incluido su capitán, no alcanzaban a ver tal fruto en las ramas del árbol, pero un ojo entrenado como el del sanador lo vio al instante. Estaba a una altura de unos 50 metros, pero en vez de estar colgado de las ramas como otros frutos, sino que está pegado al tronco, y por ello muchas veces se pasa inadvertido.

Erekan decidió subir él mismo a por el fruto, siguiendo las indicaciones del sanador. Tras cortarlo del tronco, debía guardarlo en una bolsa de hilo de plata, pues no podía recibir ningún rayo de sol ya que se secaría, y el cuero absorbía todo el antídoto que posee el fruto en su interior. Con estas instrucciones, Erekan ascendió de rama en rama hasta dar con el fruto, lo cortó cuidadosamente con su daga y tras meterlo en la bolsita de plata, descendió con cuidado de no aplastar el fruto con alguna rama.

Mientras descendía creyó oír un gruñido tosco y gutural. Cuando apenas quedaban unos metros para tocar suelo, un grupo de hobbits salió armado del bosque y rodeó al grupo de soldados. Para los medianos el árbol es sagrado, un símbolo de fertilidad sobre el cual realizan celebraciones y danzas religiosas cada noche de Yule adornándose con collares de flores y coronas de hojas mientras la mujeres toman zumo del fruto que Erekan acababa de recoger, creyendo que eso les proporcionará una mayor fertilidad, y con la creencia de que aquella que no tomara esa bebida en esa noche, tendré un año de esterilidad.

Así pues, los hobbits les atacaron creyendo que mancillarían su árbol sagrado. Portaban lanzas pequeñas, aptas para su estatura, dagas que para ellos servían a modo de espada, cerbatanas y arcos y algún hacha. Superaban en número a los soldados, pero no en habilidad y experiencia. Todo comenzó con una lluvia de flechas y dardos contra los soldados, quienes se cubrieron con sus escudos y arremetieron contra ellos intentando no ser alcanzados por ningún proyectil.

Mientras tanto Erekan, de quien no habían constatado su presencia los medianos, descendía por la parte trasera del árbol hasta llegar a la última rama. En ella, colgó la bolsa que contenía el fruto, con la intención de protegerla, pues durante la batalla algún mediano podría arrebatársela y eso no lo podía permitir. Tras colgar la bolsa, descendió del árbol y corrió hacia donde se hallaba el sanador, pues necesitaría de su ayuda por si había alguna complicación durante el camino de regreso al campamento. Así fue que lo halló luchando contra dos hobbits, uno con una espada y otro con una lanza. Tras esquivar una estocada de un mediano, el sanador hundió su espada en el cuello de su agresor acabando con su vida, pero en ese momento el otro hobbit se abalanzó contra él. Se dirigió con furia contra el sanador con la intención de vengar a su compañero, con lanza en mano presto a hundirla en la espalda de su enemigo cuando una flecha lanzada por Erekan le acertó en el ojo y cayó inerte al suelo a pocos centímetros del sanador.

Cuando la batalla acabó, el grupo había perdido media docena de soldados y otros tantos estaban heridos, aunque no de gravedad. Erekan se volvió a recoger la bolsa y tal fue su sorpresa, que encontró a un mediano saltando intentando obtener el objeto. Cada salto rozaba con los dedos la bolsa, pero no lo conseguía, mas no por ello cejaba en su empeño. Sin vacilar un instante, sacó una flecha de su carcaj y la disparó contra el mediano haciendo diana en su mano. El hobbit miró a Erekan y maldiciéndolo escapó viendo que no tenía posibilidad alguna contra el grupo de soldados.

Así el sanador se dedicó a curar las heridas de los soldados lo justo para que pudieran llegar al campamento sin complicaciones y luego partieron hacia el campamento. El tiempo estaba en su contra, pues los hobbits les habían echo perder demasiado tiempo y ahora quedaban unas horas para que el plazo dicho por el sanador expirase.

La cabalgata fue dura pero rápida, pues hicieron el recorrido de medio día en la mitad de tiempo, de manera que según los cálculos de Erekan, quedaba apenas una hora de plazo cuando entraron al campamento. El elfo temía que fuera demasiado tarde para su amigo y por ello corrió lo más rápido que sus piernas se lo permitieron hacia la casa de curaciones donde se hallaba Thralor. El enano estaba tumbado en el camastro con los ojos mirando al techo pero con la mirada perdida. A Erekan le calló un balde de agua fría al ver a su amigo en tales condiciones. El sanador que velaba por su vida le dijo a Erekan que el veneno debía haber actuado antes de lo previsto y que no podían hacer nada, pero el elfo se negó a aceptar tal respuesta.

-No puedo quedarme viendo cómo ha muerto sin hacer nada, no puedo permitir que 6 de mis hombres hayan perdido la vida por nada, ¡No puedo permitirlo!

-Lo sé Erekan, pero como ves, no respira y no servirá de nada que hagamos algo.

-Aún así pienso intentarlo, es mi amigo y sé que él no dejaría que me pasara lo mismo sin luchar hasta el final.

De ese modo, el sanador que viajó con erekan, que tenía la misma opinión que su capitán, le ayudó a preparar el antídoto. Tras machacar el fruto y mezclarlo con unas hierbas de aroma dulce y penetrante, vertió el líquido en la boca del enano. Pero nada sucedió. Thralor seguía con la mirada perdida en el techo y sin signos de respiración.

Perdida ya toda esperanza, el elfo salió de la tienda para dirigirse a la suya para refugiarse en sus recuerdos de cuando entrenaba con su amigo en la ciudad que les acogió después del viaje que habían hecho cada uno desde su hogar. Por el camino iba recordando días felices bromeando cuando su espada cortaba una trenza del enano o cuando un hacha le partía repentinamente uno de los cordones de sus botas. Echaba de menos aquellas apuesta sobre quién aguantaba más bebiendo cerveza o sobre quién conocía a algún héroe de su pueblo. Pero esa etapa de su vida se había truncado cuando su amigo recibió el veneno que le quitaría la vida.

Acostado en su cama recordando tiempos mejores, oía la voz de su amigo que llamaba para planear su próxima estrategia o para ver quién mataba más orcos.

-Erekan hazme caso… Erekan hazme caso…- resonaba la voz del enano en su cabeza.

-¡Maldito elfo, quieres dejar de dormir y hacerme caso de una vez!

Esta última frase resonó más fuerte aún que las anteriores lo que, por acto reflejo, obligó a levantar la cabeza y… allí estaba su amigo, protestando como siempre de que nadie le hacía caso.

-¿Thralor eres tú? –preguntó mientras se enjugaba las lágrimas con la manga de su camisa-.

-Pues claro, ¿o acaso crees que un enano va a venir aquí preguntando por un elfo? ¡Levántate que no se ha muerto nadie!

-Pero… pe… me habían dicho que tú… -no se atrevía a terminar la frase-.

-¿Qué? ¿Qué había muerto? Se necesita algo más que una simple flecha para acabar conmigo. A estas alturas ya deberías saberlo.

-No me lo puedo creer. Realmente eres un enano con suerte y me alegro que por una vez puedas presumir da algo que sea verdad.

-Vamos, no hay tiempo que perder tenemos que preparar la estrategia para la próxima batalla. Y… uhm… eh… gracias –dijo esto último en voz baja-.

-Me alegro con volver a verte amigo –respondió riendo por dentro.

Escrito el 27-11-2005 22:58 #2

Los Valar otorgan un 35% de vida al personaje

Historia finalizada.