La Guerra de los Clanes

Historia Por Vida - Nurn - Aranel Elvanwä

Terminada
Escrito el 20-11-2005 00:28 #1

“Ven Élvanwä, ven con nosotros. Ven Estrella Muerta pues aquí tienes tu hogar. Ven con nosotros.”

“¿Qui … quiénes sois?”

“Somos aquellos que un día cayeron, como tú. Pronto formarás parte de nosotros.”

“¿Por qué me queréis? ¡Dejadme!”

“No podemos dejarte porque un día fuimos como tú y pronto serás como nosotros.”

“¡NO!”

Aranel despertó en un gritó y se encontró empapada en sudor. El pecho le dolía pero resistió el dolor para quitarse la manta que llevaba encima. Una mano se posó sobre su hombro. Se giró espantada para quitársela de encima.

Era Arattalion. Por un momento creyó que habían sido “ellos” … pero ¿quiénes?

“¿Te encuentras bien Élvanwá?”

Aranel se calmó un poco y trataba de respirar de un modo más lento aunque su corazón le retumbara en el pecho como un tambor en plena guerra.

No respondió. Se volvió a tumbar encima de la cama con los ojos abiertos mirando al techo.

“Sí, creo que sí.”

“Al parecer tenías un mal sueño. Poco común en los de tu raza.” Arattalion dejó de prestarle mucha atención y se fue de su lado, detrás suya. Parece que había alguien más en la sala.

Arqueó un poco la cabeza para ver quien era el visitante. Se trataba de un elfo de buen porte, nunca antes lo había visto. Retomo la posición normal de su cabeza y volvió a mirar al techo.

Estaba ocupada en sus devaneos mentales pero entre susurros oyó ‘se recuperará’, ‘ha sido un golpe tremendo’, ‘necesita grandes cuidados’. . .

Se giró a la izquierda y vió a Ilesse. La capitana de la compañía parecía ahora un ser indefenso, dormido y por lo que escuchaba parecía que había sufrido mucho. No le preocupaba. Nunca le había gustado esa mujer con aires de grandeza. Creía ser la dueña de todo y apenas podía controlar su propia vida en un campo de batalla.

Arattalion y el elfo salieron de la cabaña. Dió gracias porque la pudieran dejar a solas.

Recordó la imagen de la batalla, cuando se giró y vio la flecha justo en el instante del choque, le atravesó el cuerpo y recordó ver la punta de la flecha saliendo de su pecho mientras se desplomaba.

Otra presencia entró en la sala. Lómine se acercó a su litera y se puso a su lado. Se miraron fijamente a los ojos por un instante. La elfa de cabellos oscuros caminó hacia la pica en busca de un poco de agua en que mojar un trapo. Una vez lo hubo encontrado y empapado, se acercó para posarlo cuidadosamente en la frente de Élvanwa.

“Esto te aliviará un poco.”

“No me duele.” Contestó Aranel de manera tajante.

“Me refiero a los devaneos de tus pensamientos. A esos seres que te atormentan.”

Por primera vez, asombrada, abrió los ojos con incredulidad hacia Lómine. ¿Cómo sabía que estaba pasando? ¿Acaso sabía quién eran ellos? Al mirarla a los ojos notó un abismo de profundidad, pero parecía que en medio de esa inmensidad de vacío aquella elfa guardaba mucha sabiduría. Se había imaginado a Lómine como un ser que tuvo que elegir el camino de la guerra por vocación … y quizás tuvo que ser por necesidad.

“¿Sabes quiénes son?”

“No. Sé que fueron. A mi también me han venido a visitar esta noche.” Lómine apartó un momento la mirada. Aranel pareció entrever como miles de recuerdos pasaban por aquella mente.

“Antaño fueron elfos. Vivieron en esta región sin conocer el mal del Gran Enemigo. Oían el eco de las guerras y batallas pero vivían bastante aislados del foco del mal. A los elfos del Oeste se les ocurrió pedirles ayuda para batallar a aquél cuyo nombre no debe ser oído. Estos elfos denegaron su ayuda y fueron malditos por los elfos. Se tomaron a la ligera la maldición, pues los veían en parte como iguales, pero algo diferente estaba en ellos, algo majestuoso. Los elfos de aquí eran Avari y los del Oeste descendían de los Calaquendi. Al final la maldición les carcomió y les destruyó. Ahora vagan en los sueños intentando vengarse de nosotros.”

La sorpresa se entrevió en el rostro de Aranel. Se recostó de nuevo en su improvisada almohada y suspiró. De pronto Ilesse comenzó a susurrar palabras en un lenguaje extraño y movió la cabeza de lado a lado un par de veces.

“Parece que a ella también le persiguen. Mejor.” Se le escapó una sonrisa.

Lómine se levantó a por otro paño para secar el sudor de Ilesse.

“No mi compañera. Cuando dije nosotros me refería a los del linaje Noldo. Aunque por lo visto esta humana también tiene pesadillas pero no creo que con ellos.”

“Ya era hora de que sufriera un poco. No se merece nada de lo que tiene.”

“Créeme joven Élvanwä. Me gusta tan poco como a ti. Sus modales no distinguen a esos asquerosos orcos de nosotros.”

“Pero …” dejó entrever Aranel su curiosidad.

“Dime, ¿alguna vez has visto algún dragón?”

“No.”

“Pues según cuenta Arattalion en sus historias, ella se enfrentó a uno.”

“¿Ella sola? ¿Un mal de Morgoth?” A pesar de la herida en el pecho se pudo recostar sobre su lado izquierdo para observar a la humana.

“Sí y no creo que el poderoso Arattalion mienta en esas cosa. La guerra es su vida.”

Aranel volvió a su postura recostada. Aquella humana al parecer tenía valor … ¿y qué? Nadie podía tratarla a ella como a ‘otro más’.

“También dicen las malas lenguas que lidera los Ojos Nocturnos.”

Los Ojos Nocturnos era una secta de Narmelost. Según se dice sabían que sucedía en la ciudad y controlaban todo. Desde el precio del mercado hasta los cuellos de los más grandes soldados. Nada escapaba de su poder, pero era muy secreto.

“¿Los Ojos Nocturnos? ¿No fueron esos los que una vez te amenazaron?”

“Sí.”

“¿Y qué te impide matarla ahora? Lómine, es tu oportunidad.”

“No Aranel. No.”

Aranel frunció el ceño extrañada. Quizás su juventud hacía que sus decisiones fueran precipitadas, pero aquella situación no tenía muchas más alternativas que la venganza.

“Hace mucho, tuve una reunión con la Dama Nulkaiel. Ella lleva mucho tiempo en Narmelost. Tanto que ningún humano recuerda tan bien las cosas como ella. Quizá sólo Yestariel pueda superarla en poder en la ciudad. Esa reunión fue poco después de mi amenaza. La Dama quería hablarme sobre los Ojos Nocturnos, me explicó un poco sus orígenes, aunque confusos fueron todo un privilegio. Si te lo contara ahora no lo entenderías.”

“¿La Dama Nulkaiel permitió la creación de los Nocturnos?”

“Sí, digamos que no tuvo mucho más remedio.”

Si bien se sabía que Arattalion y Shulak eran los máximos dirigentes bélicos de Narmelost y todo Nurn, Nulkaiel y Yestariel eran las que dominaban los asuntos de política. Nada se escapaba de su control. ¿Qué pudo hacer frente a esos poderes?

“No lo comprendo. ¿Pretendes decirme que esta humana te amenazó de muerte y tú no pudiste vengarte porque Nulkaiel te lo impidió?”

“No mi joven compañera. No lo comprendes. Lo que pretendo decirte es que esta pequeña cosa que ahora está agonizando por el dolor de la embestida de un troll tuvo el poder suficiente como para ‘obligar’ a Nulkaiel a permitir una secta en Narmelost y a su vez Nulkaiel tuvo el ‘don’ de hacerme comprender que la muerte de Ilesse no mejoraría las cosas.”

“Odio la política. No os entiendo.”

“Yo tampoco nos entiendo. Bueno, descansa pequeña estrella. Tenemos que marchar rápido al sur.”

Lómine salió de la tienda. A pocos metros Arattalion se encontraba con el médico a la espera de la elfa.

“¿Y bien?”

“Todo correcto. Le conté lo que me dijiste del dragón, Nulkaiel y los Ojos Nocturnos. No creo que atente contra Ilesse.”

El médico sonrió.

“Entonces por ahora no se puede hacer más. La vida de la humana queda en la misericordia de Nienna y la paciencia del destino. Aranel sanará pronto. Aunque su brazo no aguantará embestidas tan grandes con su espada la experiencia le hará ser mejor guerrera.”

Arattalion hizo un gesto de asentimiento.

“Ahora toca desplazarnos al sur, a las tierras de Alianza. La guerra prosigue señores.” Se encaró al elfo “gracias por la ayuda.” El elfo le respondió el saludo y partió a Suledaelessar.

Lómine le preguntó a Arattalion:

“¿Por qué te inventaste eso de Ilesse? Ya sé que pretendías que Aranel no la atacara y que me creería más a mi por mi amenaza de los Ojos Nocturnos, pero incluso a mi me parecía excesivo mientras lo narraba.”

El maia miró el atardecer por un instante y respondió:

“Bueno … no te dije que era uan invención porque no es mentira. Creo que ahora deberé proteger a Ilesse de tu ira.”

La elfa se quedó estupefacta. Todo el campamento era recogido para el traslado pero ella no podía salir de su asombro. Una súbita cólera hacia Ilesse. Se volvió para ir a la tienda de campaña pero la poderosa mano de Arattalion le contuvo fuertemente por el hombro.

“En esa tienda de campaña están el presente y futuro de esta compañía. Si quieres vengarte de Ilesse espera unos años a que se retire. Aranel tiene mucho que aprender.”

La elfa asintió vislumbrando un pedazo del sabiduría del maia, entre un soberbio ego noldorin.

Escrito el 21-11-2005 01:15 #2

Los Valar otorgan un 50% de recuperación al personaje de Aranel.

Historia finalizada.