Haradriel
Se veía sola, entre aquella masa de soldados que no pertenecían a las filas de la alianza, dos, tres estocadas en su cuerpo que comenzaba a sangrar, Haradriel no se detenía, si era preciso morir ahí mismo lo haría, sintió como varias flechas atravesaban su carne, ya no podía mas. Entonces y como si una luz apareciera entre tanta oscuridad un jinete apareció entre la multitud, la tomo en brazos y salio rápidamente de ahí.
Haradriel se desvanecía en los brazos del jinete, pero aun pudo alcanzar a decir unas cuantas palabras.
-¡Por favor!, no me quiten el velo, ¡no me lo quiten!- respiro por ultima vez y todo se convirtió en oscuridad…
Sabia que estaba en una especie de estupor, pero aquel trance si se podía llamar así, no era igual o siquiera parecido aquel que había tenido en el bosque hace ya mucho tiempo. La muchacha se sentía lívida y consumida en una oscuridad de la que nadie podía salvarla, su cuerpo estaba débil , tal vez ya no tenia remedio y mientras estaba en ese estupor escucho unos murmullos que la llamaban a lo lejos, la invitaban a que partiera mas allá del mar y de las propias estancias de mandos, la joven los siguio como si fuera la voz de su padre que ya la llamaba a las estancias de sus antepasados, de repente sintió que la tomaban de la mano y la jalaban hacia el mundo conciente. Entreabrió los ojos y alcanzo a distinguir a un figura masculina que la miraba contento, Lalwendë se pregunto ¿quien será?, pero de nuevo cayo en un profundo sueño del que no despertó hasta mucho después.
Sintió que el sol le pegaba en los ojos, los abrió lentamente y se encontró en una habitación de las casas de curación, una muchacha de no mas de 17 años acomodaba las cortinas, cuando volteo, dio un salto sobresaltada y saludo a Haradriel.
-Buenos días mi señora, me alegro de que haya despertado.- hizo un ademán para después dirigirse a la mesa, a preparar una charola con alimentos.- le traje de desayunar, el señor Telimektar me ha dicho que le gustaba comer, espero no…
-Agradezco tus intenciones pequeña.- le dijo interrumpiéndola y sentándose poco a poco, un dolor terrible le invadió las costillas, pero permaneció impasible ante la mirada de la chiquilla.- dime ¿quien mas a parte de ti, ha visto mis rostro?
La joven se quedo quieta y se sentó, no esperaba aquella reacción de la hermana de su protector, respiro profundamente y le hablo.
-Le ha visto un hombre de no mas de 35 años, cuando yo entre en esta habitación, pensé que era su hermano, pero al verlo a los ojos me di cuenta que no podía ser, los ojos de Aratan son iguales a los de usted señora.
-Y ¿Cómo es que conoces a mi hermano?- le pregunto Haradriel, en ese momento un deseo muy grande de verlo le toco el corazón.- ¿Qué ha pasado?, ¿aun vive en Numenor?
-No señora, ya no vive en Numenor, soy Esteniel hija de Nolad su hermano Aratan juro protegerme antes de separarnos de mi padre y huir de Elanta.- la muchacha bajo la cabeza.- Pero me separe de el en el puerto de Eärráme, me dijo que viniera aquí y que usted sabría que hacer.
Lalawendë se quedo callada unos instantes, miro directamente a los ojos de la muchacha y muy sutilmente le leyó la mente, no le ocultaba nada, decía la verdad y además había cuidado de ella durante el tiempo en que había estado inconsciente.
-¿Cuánto tiempo estuve dormida?
-Casi tres semanas mi señora.- le contesto Esteniel.
-¡Que! Pero es que estuve inconsciente todo ese tiempo.- la joven trato de levantarse de la cama pero aun estaba demasiado débil.- No no, déjalo Esteniel, ya me levantare algún día.- le sonrió triste.- platicame del hombre que viste junto a mi la tarde en que llegaste aquí, ¿te dijo su nombre?
-No señora, no me lo dijo, pero si me explico que el tenia todo el derecho de velar por usted.- la muchacha se acerco a la cama y se sentó junto a Haradriel.- me contó que el fue quien la salvo de la muerte y que después de que usted dijera aquellas palabras rogando que no le quitaran el velo, la llevo con el ejercito que ya hacia mucho se habia retirado, Dregnor su compañero también había resultado mal herido y lo llevaban en una carroza, ahí la dejo este hombre indicándoles que no le quitaran su velo pues la orden venia directamente de usted.
“Sin embargo los curanderos, no sabían que hacer con usted, tenían que curarle las heridas y quitarle las flechas que tenia atravesadas en el cuerpo, pero para eso tendrían que quitarle el velo y usted había ordenado que no, fue entonces que este caballero se presento otra vez diciendo que el podía verle el rostro porque estaba en su derecho y que el mismo le curaría y vigilaría a Dregnor mientras llegaban a la fortaleza y así lo hizo.”
“Cuando llegaron a la capital , la trajo a esta habitación y se encerró por varios días, al parecer se fió de mi pues me contó que había hecho para que usted sobreviviera. Pues bien, primero le quito las ropas llenas de sangre, junto con el velo y se propuso a cerrarle las heridas que aun estaban abiertas, las flechas ya las había quitado y así había prevenido una infección, pero me es extraño porque aunque aun tiene las heridas abiertas ya no le sangran, la heridas (no del todo por supuesto) le sanaron milagrosamente, yo solo se, que le aplico una sustancia extraña que olía a hiervas y que tenia el color de la sangre”.
Lalawendë sonrió, pero al mismo tiempo sintió una gran inquietud, ¿Cómo era posible que aquel hombre tuviera en sus manos el poder curativo de su madre?, Esteniel siguió con su relato.
-Cuando hubo terminado, permaneció a su lado largo tiempo y no dejo entrar a nadie a excepción de el señor Telimektar y la propia reina Narairë, pero el caballero salía de las estancias y no dejaba verse por nadie, fue entonces que yo llegue buscándola y el me dejo entrar, me contó todo y me pidio que yo la cuidara mientras despertaba, pues el ya tenia que partir.
-¿te dijo a donde?- le pregunto Haradriel.
-No señora no me dijo nada.- le contesto triste la muchacha.- solo me dijo que vos se llamaba Lalwendë y que era la hermana de mi protector, después de eso salio de la habitación y ya nadie lo volvió a ver, eso ocurrió hace una semana y durante ese tiempo usted no abrió los ojos ni pronuncio palabra alguna.- Esteniel dio por terminado su relato.- Pero señora tengo una duda, ¿Qué será de mi ahora que usted a despertado?, no tengo a donde ir y….- de nuevo fue interrumpida por Haradriel
-Lalwendë.- pronuncio su nombre en voz alta, para darse cuenta de que no estaba sola.- no debes preocuparte por eso Esteniel, me has cuidado durante este tiempo y estoy en deuda contigo, además debo seguir con el deber de Aratan, de ahora en adelante serás mi protegida, vivirás en mi casa.- la joven sonrió alegre.- necesito alguien que me ayude ahí, a veces no tengo tiempo entre mis viajes y mi trabajo como domadora de la alianza.
-Muchas gracias señora Lalwendë.- la muchacha se levanto contenta y se dirigió a la puerta.
- me imagino que ya sabes donde esta mi casa ¿verdad?- Esteniel asintió en silencio.- solo una cosa mas, nadie en este lugar sabe que me llamo Lalwendë, puedes llamarme así siempre y cuando estemos a solas, mientras tanto llamame Haradriel.
-Si por mi no hay problema, con su permiso.- la joven hizo una reverencia y salio de la habitación.
Entonces Lalwendë se quedo sola y mientras mas pensaba en aquel hombre, mas se confundía, al rato volvió a intentar pararse y lo logro con éxito, comió lo que estaba en la bandeja y se sentó junto a la ventana, ,mas allá de las murallas de la fortaleza de plata se distinguía su amado bosque de Taurënúva y mas allá el mar tan azul y tan profundo, inhalo fuerte y exhalo el aire de sus pulmones, entonces fijo la vista en el mausoleo de los reyes: una diminuta figura deambulaba por ahí, simplemente esperando, la muchacha se hizo hacia atrás, como tratándose de ocultar de aquella figura misteriosa, la misma que había visto hacia mucho en la coronación de la reina; sintió un escalofrió y supo que ya era hora de enfrentar a sus propios fantasmas, se levanto y trato de vestirse sin embargo se dio cuenta que aun debía descansar así que de nuevo se recostó y al rato se quedo dormida.
[Editado por tari el 11-11-2005 02:28]
