La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

C4 Valle Vs C5 Tercano

2005:11:19:02:07:47

Gaur

Fin Guerra: Tercano Nuruva se retira del Combate

Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 6

Armadas perdidas por \"Tercano Nuruva\" = 6

Victoria para Valle.

Gaur

Aliena se agitaba inquieta en sus sueños. Una profunda somnolencia había hecho presa de ella aquella tarde y apenas podía mantenerse en pie, cuando había decidido meterse en su tienda de campaña y descansar, mientras las circunstancias y las hordas enemigas se lo permitieran.

El sueño de Aliena provocaba espasmos en su cuerpo y un sudor frío que la bañaba completamente. Aquella situación no era normal, cualquier mente avezada hubiera detectado las profundas anomalías que acontecían, puesto que Aliena en algún momento había dejado atrás su sueño, para entrar en un trance.

- ¿Dónde estoy? – se preguntaba confusa.

Ninguna voz amiga respondía a la recurrente pregunta, tan solo el suave mecer de las hojas balanceadas por la brisa.

Los oídos de Aliena, agudos como los de un lince, se acostumbraron con rapidez felina a la situación y escudriñaban con sagacidad en busca de algún recodo que le diera alguna pista de su ubicación. Los árboles se erguían altivos, aunque amenazantes. La mente de Aliena retrocedía a su infancia, recordando el terror que sufrió cuando se perdió durante una noche en un bosque.

Aliena recordaba los bosques. Aquellos bosques que viera antes de perder el sentido de la vista. A raíz de esa situación se desarrollaron sus “nuevos sentidos” que le permitían detectar cómo era el entorno que la rodeaba con mayor claridad que muchas personas que no habían perdido tan preciada facultad.

Fresnos, robles… a cual más imponente. Cualquier ser hubiera empequeñecido ante la edad y majestuosidad de aquellos árboles.

- ¿Dónde estoy? ¿Alguien puede oírme? – el silencio seguía siendo la única respuesta recibida.

La mente le gritaba que algo no estaba bien. Debía parar a pensar en lo último que recordaba para situarse y encontrar la lógica perdida.

- La batalla contra Nurn… hemos tenido muchas bajas… Gaur ha resultado gravemente herido… ¿dónde estoy?... ¡GAUR! – gritó.

- Elen síla lúmenn\' omentielvo – oyó en su cabeza.

Aliena se asustó ante aquellas amables palabras.

- ¿Quién eres tú que te diriges a mí? ¿Quién afirma que “una estrella brilla sobre la hora de nuestro encuentro”?

- Aliena, vanimelda! Auta i lóme! Aurë entuluva!

Aquellas palabras resonaron en su cerebro con una fuerza inusitada, por la contundencia del mensaje, que se repetía una y otra vez. “¡Hermosa Aliena! ¡La noche está pasando! ¡Ya se hará de nuevo el día!”

- ¿Quién eres tú? – transmitió Aliena de forma telepática.

- Nuinnë – exclamó la voz desconocida.

- ¿Nuinnë? – repitió Aliena – No te conozco, ¿qué quieres de mí?

- ¿De verdad no me conoces? – afirmó de forma tan irónica como retórica. Busca en tu interior, allí me hallarás, puesto que tú tienes parte de mí. De mi ser emana tu fuerza y la cualidad que te hace única.

Aliena estaba desconcertada. Se encontraba sola, en un lugar desconocido y en su mente resonaba una voz de alguien que parecía que la conocía perfectamente.

Aliena usó su poder para rastrear mentalmente la zona buscando la presencia que la estaba atormentando.

- ¡No busques a quien te ha dado esos dones! – exclamó la presencia.

Lentamente Aliena iba entendiendo el mensaje que aquel misterioso ser le estaba mandando.

- ¿Tú eres quién me ha dado mis habilidades?

- ¡Así es! Soy el ser de quien emanan esos poderes. Nuinnë se me llamó en los albores de los tiempos. Mío es el dominio sobre la clarividencia, la telepatía y la telequinesia.

Aliena se tranquilizó puesto que ya no percibía la presencia invasora como una amenaza, si no más bien con curiosidad.

- Acompáñame…tengo algo que enseñarte.

De pronto unas imágenes nítidas se abrieron paso en su mente. La perplejidad se adueñó de la conciencia de Aliena.

Esas imágenes mostraban un campamento de batalla, con numerosas tiendas. Los soldados se desplazaban de un lado a otro. Unos, magullados, otros, con mejor fortuna.

En una tienda alcanzó a ver el cuerpo de Gaur, lo que la maravilló puesto que le reconoció por el aura, ya que jamás le había podido ver con sus ojos. Estaba siendo intervenido de las gravísimas heridas recibidas.

Un soldado entró en una tienda con rapidez y respeto, diciendo:

- ¡Mi Señora! ¡Un jinete!

Ante la mirada perpleja de Aliena, se vio a sí misma saliendo de la tienda para salir al paso del recién llegado. En sus prisas por salir derribó una antorcha que alumbraba el interior de la tienda provocando un pequeño fuego, que fue inmediatamente sofocado por los soldados de guardia.

- ¡Alto! ¡Detente o serás derribado!

- Sería impropio de Vos un acto como el que me anunciáis, Mi Señora – rió el jinete.

- ¡Emeldir! – espetó Aliena mientras un haz de luz iluminaba su cara.

- A vuestro servicio, mi gentil Dama – respondió galantemente la recién llegada.

Ambas dirigentes se fundieron en un abrazo y se pusieron a charlar animadamente.

Una niebla intensa dominaba las primeras horas de la noche y la luz que emanaba de las antorchas apenas servía para iluminar un par de yardas.

- Llegando a vuestro campamento he divisado unas luces en la lejanía. Me he acercado y he visto que era una compañía desplazada del reino de Tercano Nuruva.

- ¡Oh! – musitó Aliena - ¿Tan lejos de sus tierras?

- Sí…el azar ha unido a clanes antaño adversarios. Escuchadme, Mi Señora, no son numerosos y con una compañía a caballo podemos llegar con presteza y usando el factor sorpresa podemos conseguir un botín que no vendrá nada mal a nuestras maltrechas arcas, amén del daño que podamos infligir a sus tropas.

- ¿Os parece una buena opción?

- Sin lugar a dudas… por cierto…ardo en deseos de ver a mi amigo Gaur – una sombra oscureció el rostro de Aliena.

- Está malherido. No podrá ser partícipe de esta batalla.

- Malas noticias, sin lugar a dudas. Sin embargo, gentil Aliena, no debemos desplazarnos con el grueso de nuestras tropas, sino tan solo unos caballeros rápidos para golpear sin que el enemigo pueda reaccionar.

- Confío en vuestro criterio. Tomad a los jinetes más rápidos y preparaos, yo estaré lista en cinco minutos.

La compañía cabalgaba de noche, camuflados por la oscuridad y por la niebla cuando se aproximaron al campamento tercano.

La compañía estaba integrada exclusivamente por hombres y elfos, los enanos habían quedado en el campamento. Esta batalla no era la suya, se precisaba de mucha celeridad y los enanos no montan bien a caballo.

El ataque fue fulgurante. Los soldados a caballo irrumpieron como un ciclón, espadas en mano, causando los mayores estragos de los que eran capaces.

La sorpresa maniató a la compañía tercana, mas los dirigentes reorganizaron una defensa con tanta diligencia como fueron capaces.

La composición de las tropas tercanas era pobre en número y entre los soldados se distinguían enanos, elfos y algunos ents. Cuando se recuperaron de la sorpresa pasaron a una defensa feroz de su posición.

Aliena se quedó encima de un montículo, arropada por dos guerreros, un hombre y un elfo; concentrada, intentando averiguar lo que estaba sucediendo basándose en los gritos y las emociones que recibía. Permanecía en silencio, tanto dolor…Aliena luchaba denodadamente desde que había adquirido sus poderes para no devenir empática, puesto que tal cantidad de sentimientos cruzados sin control sería mucho más de lo que cualquier ser homínido podría soportar. Ella sabía que mientras solo percibiera lo que a su alrededor ocurría todo estaba bajo control, sin embargo si esos sentimientos ajenos se apoderaban de ella, seguramente enloquecería sin remisión.

Emeldir conducía a sus soldados con coraje. Las primeras tiendas de campaña ya ardían y los soldados tercanos apenas podían contener la furia de las tropas que les atacaban a lomos de los caballos.

La batalla no tenía historia alguna y rápidamente se oyeron los primeros gritos en el bando tercano, clamando a retirada. Fue la decisión más inteligente, puesto que nada podían ante aquella fuerza que hubiera provocado su absoluta desaparición en caso de empecinamiento.

De regreso al campamento Aliena se acercó a Emeldir al notarla ensimismada.

- Emeldir, amiga mía… ¿qué ocurre? No oigo tus bravatas ni tus constantes risas.

- Me han herido, Señora.

- ¿Cómo? ¿Es grave? – respondió con tono de preocupación.

- No, Mi Señora, no es nada que los avezados doctores de nuestro campamento no puedan arreglar.

Aliena no quedó completamente convencida puesto que había detectado los vanos esfuerzos de Emeldir por ocultar el daño recibido. Emeldir había intentado evitar el zarpazo de un ent interponiendo su escudo para salvar su vida, sin embargo el golpe, con una fuerza descomunal, le había provocado una fractura en el brazo en dos localizaciones diferentes del hueso.

El resto del viaje transcurrió plácido hasta llegar a destino. Corrieron a ver a Gaur, a quien encontraron despierto, y quien escuchó con interés cómo se había desarrollado la batalla.

Nuinnë se revolvió de forma inquieta y lanzó el mensaje:

- ¿Realmente crees que es necesario tanto dolor?

- No puedo responder coherentemente a tu pregunta – dijo Aliena tras unos momentos de duda – Sólo puedo decir que luchamos por la supervivencia, por nuestros ideales, por nuestro estilo de vida, por nuestras vidas y por las vidas de quienes queremos. La mayor parte de la tierra conocida se ha vuelto en nuestra contra, tenemos adversarios históricos y otros que nos han declarado una guerra traicionando la Antigua Alianza. Hoy por hoy, nos vemos combatiendo del brazo de quienes fueron antaño nuestros enemigos, pero no hemos elegido nosotros esta coalición, nos ha venido impuesta por la estrategia urdida desde el norte de Haldanóri.

- He venido para mostrarte lo que puede suceder. De hecho, lo que sucederá, aunque siempre tenéis tiempo para reflexionar. Fíjate como esta noche habéis luchado contra enanos, contra elfos y contra ents, criaturas de noble estirpe, no habéis luchado contra los siervos del mal.

- Soy consciente de ello, y te aseguro que me duele. No pierdo la esperanza de que algún día, en el futuro, las criaturas de la luz podremos unirnos para luchar conjuntamente contra los siervos de Melko.

De pronto se escuchó un grito:

- ¡Mi Señora! ¡Un jinete!

Aliena despertó en su camastro y tras un segundo de desorientación se levantó y salió precipitadamente de la tienda en la que se hallaba, no sin antes derribar una antorcha que alumbraba el interior de la tienda, provocando un pequeño incendio.

Aliena estaba confusa, puesto que sabía que había soñado algo importante, pero no conseguía recordar qué era. Una voz susurró en su cabeza “Namarië, Aliena, sinome maruvan. Merin sa haryalye alasse.” (Adiós, Aliena, en este lugar moraré. Deseo que tengas felicidad.)

[Editado por gaurwaith el 13-11-2005 08:52]

Gwyllion

No eran una tropa hecha y derecha. A ciencia acierta figuraban la antítesis al canto, el antónimo de gallardía y el opuesto a valentía.

La jornadas de un viaje interminable los tenían exhaustos, moribundos, mas vivos y desgraciados.

Eran los soldados de Tercano Nuruva.

A Naldor le había costado de sobremanera dejar de ‘creer’, pero el tiempo acabó por domar sus fuerzas vitales. Las dejó relegadas a la condición miserable de quien no es suficientemente maduro para asumir la derrota y vaga a la intemperie del tiempo aguardando la estocada mortal de manos de la mala fortuna.

Le fue difícil dejar de soñar con su novia, pero al fin, no siguió pensando en ella ni en el futuro que deseaba junto a ella. Muy pronto sucumbió ante las nieblas de la incertidumbre, solo para precipitar en la sima racional, donde las tinieblas habitan.

El emblema de Tercano, aun pendía de su pecho, mas había olvidado el debido respeto y obediencia que un soldado guarda a al símbolo de la masa guerrera; aquel constituía para entonces un detalle irrelevante.

Naldor no sentía amor por los territorios del Concilio de Nan-Tasarion. Los parajes eran bellos y el clan ‘aliado’, pero un hado nefasto pesaba sobre aquella tierra que a sus ojos no era más que un yermo a la espera de su sentencia.

Los vientos eran amables, mas hedían a muerte; mientras los árboles dignos, lloraban los botones, las futuras flores, y futuros frutos de su savia que no conocerían la mañana primaveral de un reino que amenazaba con extinguirse.

El joven era un sobreviviente de varias masacres. Como por ventura, su amigo más querido, uno que había conocido ahí mismo en las filas tercanas, estaba vivo, y hacía menos pesados sus días, y más agradables sus noches.

Halad constituía su último refugio ante la marea que se batía por arrancarle la vida.

La clarividencia númenóreana parecía acecharlo, aún cuando lo suyo no eran visiones. Eran certezas. Divagaba aún despierto y veía siempre lo mismo. La sonrisa enjuagada en lágrimas de su amigo, detrás unas hojas de sauce centellantes bajo el sol de mediodía...y el rezo silencioso de varios. Luego lo aguardaba una paz inconcebible, el último respiro y la oscuridad...

Nunca acababa de ver la imagen hasta el final. Despertaba antes que se apagase la luz del cielo, y no era capaz de inventar un final a gusto.

Después de todo, a pocos es permitido adivinar su propia muerte, y si bien muchos osan aproximarse a la verdad, el sabio Mandos ha sabido nublar oportunamente los ojos a sueños adivinatorios. Inducía a la mayoría a sobreinterpretarlos y así desviarse de la verdad.

Pues bien, mientras Naldor luchaba por definir en que momento había dejado de pensar en su novia...cientos de peldaños más arriba, trepando el escalafón de la Quinta Compañía de Tercano Nuruva estaba Sincarion, el Maia.

Los cientos de años de existencia al parecer recién cobraban su debida cuota de amargura. Pues, si bien esta no era la primera vez que sus intenciones habían sido doblegadas por la adversidad del panorama, sí era la primera en que deseaba dejar de existir.

Tal vez esa luz avasalladora que proyectaba, el clamor de su voz metálica y el tronar de su paso firme habían sido amuletos demasiado ostentosos. Dudaba que las fuerzas ganadas a desmedro de la libertad de otros, pudiesen asegurarle una vida mucho más larga. El mal no era inmortal. Y él, era una especie de Mal, revindicado y cuanto se quiera añadir al respecto, pero Mal después de todo.

Porque cuando la mano de Morgoth Bauglir toca a alguien, es posible que le otorgue dotes sobrenaturales, control sobre ciertas substancias, o dominio sobre el resto de criaturas, mas envenena el alma y la condena a una muerte muy lenta y dolorosa. Gradual.

Y centenares de años atrás, en quien sabe que batalla inmemorial el Vala maldito había apoyado efectivamente su mano en el hombro de Sincarion.

Aún se estremecía con el recuerdo. Jamás hubiese pensado que un solo miembro pudiese pesar tanto. Entonces había estallado en júbilo. ¡El Señor Oscuro se había fijado en él, y de su propia mano le daba de beber los secretos ignotos de la noche! Sin embargo recién ahora podía sopesar las consecuencias. Todo cuanto hacía o aún elucubraba, estaba condenado al fracaso. Cada día despuntaba oscuro para el Maia; mucho hacía ya desde la última vez que pudo apreciar el Sol, que ahora menguaba, anunciando el fin tan repentino como esperable, de la Quinta Compañía que él mismo comandaba.

A pesar de todo, era esta la hora en que Sincarion pagara por sus actos. Escrito hay algo más en su hoja de vida, antes del final, que no viene al caso relatar ahora.

Así pues, con la victoria en bandeja se presentaron las gentes del Valle del Ingenio, ultramontanos y ultramarinos.

No hubo caso en repelerlos o pretender presentarse cual mártires por la patria, al desesperado conflicto.

Un par de horas bastaron para que el minúsculo desbandado sobreviviente se retirase del conflicto.

Naldor no había luchado. Tan solo se defendía. Pero aún en este instante, la sonrisa se dibujó en su rostro, que se iluminó por sol bondadoso, resucitando la luz de antaño. No era tan grande la distancia que lo separaba de los guerreros inmortales que se cantaban en las ferias y evocaban a los favoritos de los chicos del pueblo.

Cada cual labra su propia hazaña. Algunas solamente se imponen en la tradición, mas cuanto hizo Naldor por defender a su amigo Halad, sigue de cerca los actos altruistas de Beren o de Turín y más aún de los siempre vivos, Fingolfin o Fingon.

Naldor, se debatió sobre una estribación boscosa del terreno, hasta ya no más.

Cuando vio a Halad yaciendo a su juicio inerte sobre el suelo cubierto de hojas, y más aún cuando palpó su rostro frío, la última razón por la cual sentía ganas de existir se esfumó.

Fue irresponsable, se aventuró demasiado y el desenfreno lo estrelló con la desgracia.

Cayó en la inconciencia por un tiempo, creyéndose prematuramente muerto, mas sintió la mano cálida y amigable de Halad, poco antes del final.

Había lágrimas en sus ojos, y Naldor se apresuró en comprobar sus presagios. ¡Las hojas de los sauces fulguraban detrás suyo!

Lo único que atinaron fue abrazarse en última instancia, y las mieles sobrecogedoras ahogaron el llanto.

Cuando Naldor pudo apoyar su cabeza en el hombro amigo...entonces sí lo embargó la paz que buscaba hace ya tiempo. Sentía el alborozo de la beatitud, y ahora sí, estaba listo para morir.

Desde lejos vio aproximarse la cimitarra ingeniosa que acabaría su existencia y la de su amigo, sin embargo no la esquivó ni alarmó a Halad. Se hallaban en un éxtasis que la vida no da, sino quita.

Respiró una última vez, y se desvaneció en la luz de mediodía.

Para algunos, la muerte es la única salida. – pensó sin demasiada sabiduría Sincarion, que herido, escrutaba la escena detrás de un árbol, al tiempo que sus hordas despavoridas buscaban la salvación. Envidiaba a aquellos jóvenes. Su propia muerte sería mucho más oscura, y no le brindaría descanso, sino abriría la puerta a nuevos pesares.

Delisse Yestariel

Resumen de la batalla:

Valle ha perdido 6 armadas x35= 210 puntos.

Recuperables: 139 puntos.

Valoraciones: 8.8 +8.4 +8 +7.8 +8,3= 8.26

Recupera: 115 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 30%, por este concepto recupera 105 puntos. Total recuperacion: 220 puntos.

No pierde puntos.

Tercano ha perdido 6 armadas x35= 210 puntos.

Recuperables: 70 puntos.

Valoraciones: 7 +6.6 +8 +8 +7.8= 7.48

Recupera: 53 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 20%, por este concepto recupera 70 puntos. Total recuperacion: 123 puntos.

Pierde 87 puntos

Valle percibe 75 monedas por batalla ganada

Tercano cede 100 monedas a Valle por abandono de batalla

Compañías actualizadas y listas

Saludos desde Valinor

Indil