Fin Guerra: Señores de Nurn se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 5
Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 7
Victoria para Valle

Fin Guerra: Señores de Nurn se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 5
Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 7
Victoria para Valle
Sí, ya estaban las espadas apiladas en sus respectivos lugares, al igual que hachas, lanzas, escudos y demás utensilios de guerra. Había costado, pero al fin consiguieron acabar con aquel caos que reinaba en el asentamiento. La batalla había sido dura, y como consecuencia, muchas cosas habían sido destruidas pero se podían reparar, pero otras tantas habían sufrido demasiados daños y no se pudieron salvar, lo que dificultó aún más la reconstrucción.
Sheik estaba agotado, no podía más. Había trabajado durante horas en la reconstrucción de la armería, que había quedado completamente calcinada. Pero también hubo otras infraestructuras que habían sufrido la mordedura del fuego durante la batalla.
Todo ocurrió muy rápido...
Erekan y sus hombres habían sido llamados para reconquistar el asentamiento de Valle, que había sido tomado anteriormente por los soldados de Nurn. El viaje fue largo y duro pero era mejor que vagar por el bosque en el que tantos amigos habían caído. Tras atravesar el bosque, y navegar hasta las tierras de Valle, prepararon el campamento a apenas un par de millas al sur del asentamiento. Era un campamento sencillo, pues no pensaban pasar allí más de dos noches, el tiempo necesario para llevar a cabo el asedio a la que otrora fuera su propio asentamiento, donde muchos de ellos aprendieron a manejar sus armas.
Por más que el enemigo contase con las murallas y defensa del asentamiento para defenderse, los soldados de Erekan contaban con el conocimiento del terreno y el factor sorpresa era también una baza de gran valor.
El asedio comenzó una mañana fría y gris en la que el sol se ocultaba detrás de unas grises nubes que tapaban la luz del alba. Cientos de soldados atravesaron de noche el bosque con sed de sangre preparados para la batalla en la que recuperarían parte de su pasado.
El asentamiento estaba a unos 100 metros de la última línea de árboles del bosque. Los soldados se apostaron ahí esperando la orden de su capitán para iniciar el ataque. Los elfos se encaramaron en las ramas de los árboles para tener un mejor campo de visión y mejor ángulo para sus flechas, los enanos se agazaparon hasta quedar a la altura de los matorrales, y los humanos cobijados tras los troncos de los árboles.
De pronto Erekan sacó una flecha de su carcaj y la disparó contra el vigía de la puerta sur. En ese momento comenzó la batalla. Los enanos avanzaron cobijando tras sus escudos a los hombres que avanzaban tras ellos. La infantería de Valle quedó a la mitad de distancia entre el asentamiento y el bosque, provocando la salida del grueso del ejército nurnita. Habían caído en la trampa. Cuando salieron los soldados de Nurn, las puertas se cerraron para evitar que los de Valle tuviesen opciones de entrar en la plaza. En ese momento los elfos descargaron una lluvia de flechas sobre los soldados enemigos mientras hombres y enanos se abalanzaban con toda su furia contra el enemigo. Los soldados vieron la superioridad numérica y decidieron refugiarse en el asentamiento, pero las puertas se lo impedían.
Los soldados nurnitas estaban atrapados entre sus enemigos y su propia fortaleza, de manera que atacaron con toda su furia para intentar hacer retroceder a sus enemigos. Y lo consiguieron, los guerreros de Valle tuvieron que ceder ante las fuerzas, a pesar de superarles en número. Tras esto, las puertas del emplazamiento se abrieron para dejar entrar a los soldados nurnitas y evitar una masacre que era inminente.
Aprovechando la situación, Erekan entró en la fortaleza seguido de sus soldados atacando a todos los enemigos, pero procurando causar el menor daño posible a los edificios, pues tras la reconquista la plaza sería suya. Pero el capitán de Nurn decidió aumentar el daño aplicando la táctica de tierra quemada, es decir, ya que la batalla la habían perdido quemar los edificios para que el enemigo no pueda aprovechar nada de lo conquistado.
Erekan se dio cuenta de las intenciones de sus enemigos y empleó todas sus fuerzas y las de los elfos en evitar tal acto. Siempre que un nurnita blandía una antorcha para quemar alguna estructura, era atravesado por una flecha elfa instantes antes de efectuar su empresa.
Cuando hubieron marchado todos los soldados nurnitas las puertas del asentamiento se cerraron y comenzó la reconstrucción. No había tiempo para descansar, pues era más que probable que hubiera una represalia o un intento por parte de Nurn de retomar la fortaleza.
La tarea fue dura, pero por fortuna, sólo se habían perdido un par de edificios y algún que otro carro. Sheik se dedicó junto con otros enanos a reconstruir la armería. Erekan a su vez trataba de arreglar las murallas y las puertas que habían sufrido serios daños. Los demás soldados se dedicaron a recoger todo el campamento y a trasladar el que habían apostado en el bosque días atrás.
La reconstrucción del asentamiento duró apenas dos días, pero todo quedó como nuevo. La armería se reconstruyó esta vez más grande y con más espacio para los armeros y mejorar las defensas. Al almacén se le duplicó la capacidad para poder dar una mayor cabida de reservas y víveres. Y en cuanto a la muralla, se aumentó un par de metros para evitar cualquier intento de escalada.
Tras terminar con el trabajo, se instalaron las tiendas de los sanadores para sanar las heridas que, debido al retraso producido por el trabajo, muchas heridas se infectaron y empeoraron. Todos pasaron por las tiendas de curación, incluidos ambos capitanes. Erekan tenía un corte en un muslo que le impedía caminar con soltura, pero nada grave. Los dos días siguientes reinó la calma, pues la mayoría de los soldados necesitaban reposo, por lo que apenas había gente en movimiento por el asentamiento.
Cuando todos hubieron reposado lo suficiente, comenzaron los preparativos para la defensa de la fortaleza para el próximo ataque. Se prepararon calderones con aceite hirviendo, troncos apilados y rocas en cajones para colgar de las murallas. Las puertas se forjaron de aleaciones de hierro y acero, y se apostaron arqueros cada dos metros.
Mientras tanto, los soldados entrenaban dentro del asentamiento, para mejorar sus artes y para practicar un poco tras los días de descanso. Ahora sólo esperan al próximo ataque, que es inminente.
[Editado por Thralor el 14-11-2005 22:51]
Había sido una noche larga y agotadora. Los soldados habían trabajado duro preparando las defensas de la ciudad. Repararon algunos edificios que habían sido destruidos cuando tomaron la fortaleza y los llenaron de armas y municiones para los arqueros. Los soldados afilaron sus armas y repararon sus escudos, y los arqueros entrenaron disparando a unos montones de paja. Faeryôl estaba contento con los resultados. Los soldados estaban en plena forma y los arqueros estaban muy agudos. El Vampiro sonrió para si. Al fin, cuando acabaron los trabajos de reconstrucción y las tropas hubieron entrenado un poco se establecieron turnos de guardia para que todos pudieran estar frescos y en plena forma para la batalla. La noche transcurrió tranquilamente, aunque el ambiente dentro de la ciudad era opresivo. Una figura negra se recortaba contra las estrellas. Faeryôl esperaba que hubiera suficientes tropas para defender aquel enclave. Levantó las manos en dirección a la Luna, y utilizó su magia para escudriñar en las profundidades del bosque. No vió ningún movimiento, pero el bosque estaba poblado por los nerviosos chillidos de las aves nocturnas. Un par de horas antes del amanecer el Vampiro bajó de la almena en la que había estado y fué a descansar un poco. Lo necesitaría.
Encontraron un par de almacenes viejos situados a varios metros de la muralla, y los habilitaron para almacenar allí los víveres. Faeryôl observó todo esto con atención, pues nada debía fallar a la hora de resistir un posible asedio. No habían traído una gran cantidad de víveres, pero resistirían. También habían preparado una ruta de escape en la parte trasera de la fortaleza, en caso de que si la tomaba el enemigo ellos tuvieran una posibilidad de escapar con vida. Pero el Vampiro sabía que esta ruta no sería utilizada, pues los soldados de Nurn nunca huían, antes morirían bajo las espadas de sus enemigos que ser tildados de cobardes, pues esto se castigaba muy duramente en Nurn.
El alba despuntó por el este. Entonces Faeryôl se colocó unos guantes de mithril negro y una máscara roja, que le servirían para no ser achicharrado por el sol, además de para poder dirigir la batalla personalmente, pues solo confiaba en si mismo. Sintió como su corazón se aceleraba. La batalla estaba próxima, y Faeryôl observaba intranquilo el bosque que se extendía delante de la fortaleza, pues por el podría atravesar fácilmente un gran ejército sin apenas ser visto. De repente, el guardia que estaba haciendo su ronda encima de la muralla cayó al suelo, llevándose las manos al pecho. De este sobresalía una flecha. Entonces el Vampiro, con su aguda visión, detectó como las primeras tropas enemigas salían del bosque. Gritó entonces con voz poderosa:
- ¡El enemigo está aquí. Empuñad vuestras armas, y defended esta fortaleza, o morid en el intento!.
Él mismo desenvainó a la poderosa Oirahetha, y su brillo blanco-azulado relució con fuerza. A una señal suya los dos soldados encargados de la puerta tiraron de las poleas correspondientes, y la puerta se abrió. El grueso del ejército nurnita que protegía aquella fortaleza salió por las puertas, mientras que una pequeña guarnición se quedaba dentro para cubrir la retirada de sus compañeros, en caso de que fuesen obligados a retirarse a la fortaleza para resistir un asedio. El Vampiro vió como las primeras líneas de soldados enemigos avanzaban hacia la fortaleza en perfecta formación, y también apreció como unos arqueros subidos en árboles los cubrían en su avance. Faeryôl sonrió para sí, y decidió utilizar a Menyár, el Arco Sangriento. Envainó de nuevo a Oirahetha, y se desató a Menyár de la espalda. Colocó una flecha en la cuerda del arco y disparó con fuerza. Uno de los arqueros que estaba colocado en un árbol del linde del bosque se llevó de repente las manos a la garganta, y cayó al suelo estrepitosamente. Faeryôl siguió disparando contra los arqueros, produciendo grandes estragos entre ellos. De las tropas nurnitas se elevó un poderoso grito, y los soldados de Nurn atacaron todos a uno, salvajemente pero organizados. Una vez hubo gastado todo el carcaj Faeryôl soltó a Menyár en el pasillo que pasaba por encima de la muralla. Desenvainó la espada, y de un gran salto cayó en medio de la batalla. Atacó con su habitual destreza, combinando esta con su fuerza sobrenatural. Muchos fueron los que cayeron bajo el filo gélido de Oirahetha, y una montaña de cadáveres se alzó en el lugar donde luchaba el Vampiro.. Pero las tropas de Valle eran muy superiores numéricamente, y poco a poco les fueron ganando terreno. Hicieron retroceder a las tropas del Vampiro hasta la fortaleza. Los encargados de la puerta vieron como sus compañeros se replegaban hasta la misma puerta, y entonces, sin recibir ordenes de nadie, decidieron abrir la puerta. Lo que fue un gran error, pues era lo que estaban esperando sus enemigos. Se abalanzaron en tromba sobre los que se retiraban hacia dentro, y no dio tiempo de cerrar la puerta. El enemigo estaba dentro. Los soldados de Nurn luchaban salvajemente, pero las puertas seguían abiertas, y seguían entrando más y más soldados de Valle. Faeryôl se dio cuenta de que había perdido la fortaleza, pero aún así luchó con todas sus fuerzas. Nada se resistía al filo mágico de Oirahetha, pero sus hombres caían uno tras otro y cada vez quedaban menos con vida. El último que resistió fue un orco, veterano que llevaba muchos años luchando al lado de Nurn. Se colocó junto a Faeryôl, y se cubrieron las espaldas. Entonces el Vampiro oyó un gemido ahogado, y se volvió a tiempo para ver como una espada élfica atravesaba al orco. El Vampiro se resignó. De un gran salto, llegó al pasillo donde había dejado el arco cuando fue a luchar. Recogió el arco, se lo echó a la espalda y de un gran salto se internó en la neblina de aquella mañana gris, su figura negra en contraste con la extraña luminosidad de aquel día, parecía un dios oscuro salido de una pesadilla.
Resumen de la batalla:
Valle ha perdido 5 armadas x35= 175 puntos.
Recuperables: 117 puntos.
Valoraciones: 7,5 + 8 + 7,5 + 7,8 + 8 + 8 = 7,8
Recupera: 91 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 30%, por este concepto recupera 105 puntos. Total recuperacion: 196 puntos.
No pierde nada
Nurn ha perdido 7 armadas x35= 245 puntos.
Recuperables: 82 puntos
Valoraciones: 7 + 8 + 7 + 7,6 + 6,6 + 9 = 7,5
Recupera: 62 puntos. Total recuperacion: 62 puntos.
Pierde 183 puntos
Valle percibe 75 monedas por batalla ganada
Nurn cede 100 monedas a Valle por abandono de batalla
Compañías actualizadas y listas
Historia finalizada.
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