Dregnor Sereghîr
La carreta iba lentamente tratando de evitar los accidentes del camino, a su alrededor unos veinte soldados a caballo permanecían alerta pues aun se encontraban en territorio enemigo.
Era el tercer día de viaje, los territorios de la Alianza estaban cada vez más cerca. Dregnor por fin podía ponerse de pie tras 5 días postrado en cama, una venda le cubría el costado y tenia otra alrededor del muslo izquierdo.
-Cuanto tardaremos en llegar? –Pregunto el Numenoreano al capitán de la guardia.
-Estamos bastante cerca ya, en un par de días estaremos en la capital señor.
Dregnor se dio la vuelta y cojeando regreso a la carreta donde se sentó observando el paisaje mientras avanzaban, el sol estaba alto en el cielo y pronto sería la hora del almuerzo, alrededor varias aves acompañaban la marcha con su canto y sin embargo ninguna se veía, los toscos aspectos de los soldados de la guardia personal de Dregnor, que el mismo había elegido en el campo de batalla, asustaba a cualquier ser viviente que tratara de acercarse.
-Mañana estaremos en la ciudad señor, envié un par de soldados para avisar de vuestra llegada.
-No era necesario mi buen Elahinaim, pero agradezco tu ayuda, esperemos que la ciudad este en orden –Dregnor miro al cielo- necesito descansar y si es posible verla.
La compañía se puso de nuevo en movimiento, Dregnor regreso a su lecho y permaneció un rato escuchando el canto de las aves mientras veía al sol ponerse a lo lejos y a las estrellas aparecer sobre el.
Era la última noche antes de llegar a la ciudad, el Numenoreano exigió a la guardia avanzar hasta la madrugada, quería llegar a la capital cuanto antes.
Un salto de la carreta lo despertó, el sol alto indicaba que la mañana llegaba a su fin, Dregnor se puso de pie y miro al frente, una exclamación de emoción se escapo de sus labios, frente a él las murallas de Tyelpëosto se alzaban orgullosas al sol desafiando las fuerzas adversas que se cernían sobre el clan.
-Elahinaim alcánzame mi corcel, quiero llegar cabalgando a la ciudad –Sereghîr se puso de pie en la carreta mientras que la compañía se detenía.
-Pero señor aun no estáis recuperado y el caballo podría haceros mal.
-No me discutas y se un buen soldado, alcánzamelo, no quiero que la gente exagere nuestra derrota viéndome llegar postrado en una carreta y no al frente de la compañía de mis más valientes soldados –Los hombres a su alrededor hincharon sus pechos y sonrieron a la ciudad. Elahinaim se acerco a Dregnor y le ofreció las riendas del caballo.
-Ahora se un buen amigo y ayúdame a montar.
El capitán de la guardia le ofreció el brazo al Numenoreano mientras que este, no sin gran esfuerzo, montaba en el corcel.
Las puertas se abrieron de par en par, adentro el alboroto era impresionante, muchos se habían aglomerado alrededor en la puerta pues se había difundido el rumor que fuerzas aliadas llegarían a reforzar las defensas de la capital pero a su encuentro entro una compañía de unos 20 hombres de trajes raídos capitaneada por un hombre alto de rasgos fuertes y cabellos oscuros que se sostenía con una mano el costado y con la otra las riendas de un hermoso corcel negro.
Dregnor espoleo el caballo que comenzó a trotar, el dolor lo invadía, el elfo que capitaneaba su guardia tenia razón, aun no estaba bien y el caballo le hacia peor, cada paso era un nuevo infierno, no veía el momento de llegar a su casa y acostarse en su lecho donde descansaría hasta estar recuperado del todo. Tras el los murmullos crecían, la gente miraba decepcionada al reducido grupo, muy pocos conocían a Dregnor en la gran ciudad pues a el no le gustaba ser muy visto, y sin embargo no podía estar más feliz, más ansioso y estos dos sentimientos combinados con el dolor comenzaban a cegarlo, rápido llamo a su lado a Elahinaim que se coloco junto a el y guió el caballo el resto del camino.
-Busca información y tráemela, quiero saber que esta sucediendo, y quiero saber donde esta, entendiste compañero?
-Si capitán, entendí –El elfo salio con paso rápido mientras que varias curadoras entraban en la habitación.
-Las heridas han sido bien atendidas en el campo y curaran con el tiempo pues sois un hombre resistente y muy fuerte, eso ayudara, pero por ahora recomendamos al menos 4 días de total reposo y mínimo 10 de reposo parcial –la mujer hablaba con autoridad y sin desviar la mirada de los profundos ojos del Numenoreano.
-Y que se supone, querida señora- que haga acostado en esta cama por otros 4 días y encerrado en esta casa 10 más.
-Eso depende de vos señor, mi oficio es curar, no proponer diversiones a los enfermos que deben guardar cama.
-Puesto que vuestro oficio es curar hacedlo y que sea ahora, tengo cosas más importantes que hacer aparte de nada, y menos en una cama –Dregnor comenzaba a perder la paciencia y miraba duramente a la sanadora.
-Me temo señor que esta vez tendréis que obedecerme y confiar en mi, no hay nada más que pueda hacer por vos excepto lo que ya esta hecho y los cuidados que os voy a prodigar, así que por favor no discutáis más y descansad, después de esa tonta cabalgata es lo mínimo que deberíais hacer.
-Pero… esta bien, por hoy haré lo que vos decís… pero os advierto sanadora, no pienso pasarme 4 días más postrado sobre un lecho esperando.
-Ya veremos. –La sanadora sonrió y se dio la vuelta llamando a sus ayudantes- Descansad, volveré en la noche para ver como seguís.
-Es suficiente, no puedo aguantarlo más, voy a dar una caminata por la ciudad, además estoy cansado de la comida que me ofrecéis, quiero comer algo distinto, voy a una taberna… necesito una cerveza.
-Pero señor os estaban recomendados otros 3 días sin salir, ya os levantasteis de la cama dos días antes de lo esperado, no forcéis vuestra recuperación.
-No fuerzo nada, quiero salir y me siento capaz, ahora dejadme jovencita, y haced saber a vuestra patrona que hicisteis todo lo posible por retenerme. –Tras decir esto Dregnor salio de su casa cojeando aun y con un paso lento, reposado en dirección a la taberna más cercana- Una cerveza y algo de comer.
-Estamos muy ocupados, tardara un rato –El tabernero lo miro de reojo y siguió con sus asuntos.
-Tardara efectivamente si no me servís.
-He dicho que tardaría, si no os gusta iros a otro lugar, tengo cosas más importantes que hacer –En ese momento una veintena de hombres bien armados entro a la taberna, al frente un elfo alto de cabellos grises escudriñaba entre la multitud.
-Señor que hacéis?? Deberíais estar en vuestra casa reposando –el elfo camino hacia el Numenoreano.
-Estoy cansado de reposar, más bien siéntate y bebe conmigo, vosotros también –Grito dirigiéndose al resto de la guardia- y por favor desenvaina tu espada y haz que este tonto nos sirva algo, muero de hambre y la caminata hasta aquí me ha dado sed.
