Fin Guerra: Señores de Nurn se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 10
Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 20
Victoria para Alianza.

Fin Guerra: Señores de Nurn se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 10
Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 20
Victoria para Alianza.
El viento no tenía fin. Desde que la compañía abandonara las tierras de Telpe el frío se había apoderado de la situación y los hombres eran quienes lo sufrían. Atrás quedaban los soleados días en su lejana tierra y solo aquel tímido sol les animaba el espíritu, mientras sus cuerpos sufrían por su falta de calor.
El campamento se había instalado en un pequeño refugio natural a los pies de una colina. Habían conseguido mantas para los hombres, pero aun así el frío se notaba en sus acciones por mucho que estos quisieran restarle importancia.
Bajo una pequeña tienda azotada por el vendaval, los dirigentes se encontraban reunidos.
-Demasiado tiempo sin una lucha - se quejaba Feandra. Estas ventiscas acabaran con nuestros hombres... Una buena batalla es lo que necesitan. Y su sangre hervirá en su ser como si luchasen en el propio Amon Amarth.
Malenril no dijo nada. Se acercaban a las tierras de Nurn y más pronto que tarde se encontrarían con alguna fuerza hostil dispuesta a finalizar su viaje, aunque una mirada al oscuro exterior le daba esperanzas en q no la hubiera. No era el mejor lugar y no contaba con todo su ejército al máximo de su potencial.
-Y verán de lo que somos capaces. - Sentenció por fin la elfa.
Este último comentario hizo esbozar al capitán una leve sonrisa. El entusiasmo de Feandra era contagioso, y esa fuerza era trasmitida a todo aquel que luchase a su lado. Era una buena guerrera, aunque impulsiva en todo lo que se proponía, orgullosa de su origen y que había llegado a la compañía ante la caída de Nyarél en batalla. ¿Llegaría algún día a recuperarse?
Pero no había cabida en esos momentos para esas preocupaciones. La noche era fría y el viento no hacía sino contribuir al recrudecimiento del clima. Así, dando por terminada la reunión, salieron a la intemperie para comprobar el estado de los hombres, pues el frío era en verdad notable para sus cuerpos. Y una vez más, los ents ayudaban a quienes consideraban y de hecho eran sus amigos, ampliando el refugio formando una media luna con sus cuerpos. Mas lo peor estaba aun por llegar.
La mañana, al igual que todas las anteriores resultó oscura. Negros nubarrones oscurecían aun más el negro cielo de aquellas tierras, donde la vida poco a poco sufría el cambio de clima y desaparecía. Pronto las tropas estuvieron dispuestas para una dura marcha.
No se detuvieron en muchas horas. El frío no permitía pararse por mucho tiempo, en una zona abierta como la q atravesaban sin posibilidad de refugio, hasta que no hubo mas remedio que descansar y reponer fuerzas, bajo el leve abrigo que encontraron en un pequeño bosque, si aquella escasa reunión de árboles podía llamarse así. Fue este el momento en que Feandra aprovecho para con un grupo de elfos, buscar algo con lo que preparar una especie de sopa, algo con que al menos sentir algo de calor.
Por su parte Malenril encargó la vigilancia del campamento. No estaban preparados para la guerra y un ataque sorpresa supondría casi el fin del ejército, por lo que debían vigilar cualquier emboscada o presencia hostil de cualquiera de sus múltiples enemigos, pues a esas alturas la noticia de que se hallaban en el Norte habría recorrido la distancia que les separaba a cualquier punto del continente más rápido que el más veloz de los caballos, y sin duda la sombra de un ataque ocupaba la mente del elfo.
De vuelta al campamento escuchó las quejas de sus hombres desde fuera del campamento. Sus pies estaban doloridos por la caminata, el frío,.... y ese dolor intenso que llegaba a ser una sensación de fuego, mientras que muchos se frotaban las manos para desentumecerlas o las acercaban al tímido fuego que la poca leña seca que habían conseguido les permitía mantener. Pero ni aun sin saber de la presencia cercana de sus dirigentes aquellas quejas les culpaban. Recibían un buen trato de ellos y tal trato les dispensaban. En ocasiones cometerían errores pero siempre buscaban la mejor opción de las posibles y esto era apreciado por todo el ejército, y pronto las quejas fueron suprimidas ante el recuerdo de alguna sopa o estofado, que poco a poco dejo paso a recuerdos de anteriores batallas, y de las gestas que habían llevado a cabo por su pueblo. Siempre en su recuerdo conversaciones que les recordaran a los suyos les hacían olvidar sus penurias y dolores, y en esta situación tan crítica aun mejor recibidos eran.
La conversación sobre su pueblo y sus dirigentes siguió animadamente, mas Malenril recibió esto como una cálida emoción, mientras esperaba la vuelta de noticias, tanto de los exploradores como de aquellos que habían acudido en busca de alimento. Lo que había escuchado era reconfortante y sin hacer ruido como representante de su raza que era, alejo sus pasos de allí, con una sonrisa en los labios y una furtiva lágrima resbalando por su mejilla.
Y tras el descanso de nuevo la marcha continuó en busca de un refugio más cálido, pues la noche no auguraba buenas expectativas. Horas y horas sin apenas pronunciar palabra, bajo una ventisca invernal.
De nuevo el ejército se movilizaba en busca de un refugio pues la noche estaba cerca y necesitarían reponer fuerzas, ya que las posibilidades de una batalla aumentaban con el tiempo.
Para aligerar la búsqueda y que ésta no fuese tan laboriosa Malenril encargó a dos de los mejores vigías de su ejército que se adelantasen y sondearan el terreno y a su vez buscaran un buen refugio para la caída del sol y el ascenso de la Luna.
La compañía siguió adelante durante una hora más y pararon cuando enfrente de ellos se situó un gran desfiladero, a ambos lados se alzaban los macizos rocosos firmes y tenaces, permitiendo el paso entre ambos a través de un camino suficiente mente ancho como para permitir el paso desahogado de las tropas.
Antes de entrar el elfo otorgó un par de minutos para descansar las piernas pero no más ya que sus cuerpos perderían el calor acumulado por el ejercicio.
Justo cuando se disponían para partir de nuevo los dos vigías regresaban e inmediatamente fueron a transmitir lo que sus ojos vieron al capitán de la Alianza.
-Mi señor, pedimos permiso para informarle
-Adelante
-Este desfiladero no tiene más de 100 o 110 metros de profundidad, al final desemboca en un gran valle en el que están establecidos batallones portadores del estandarte nurnita.
-Entiendo.
Malenril fue con las nuevas a hablar con Feandra, éste ya tenía en mente realizar un ataque directo y sorpresa contra Nurn pues si fuera el caso contrario los nurnitas no tendrían piedad alguna. El ataque debería llevarse a cabo inmediatamente y habría que acercarse al máximo al enemigo en silencio por lo menos hasta pasar el desfiladero.
Feandra que observaba con inquietud la expresión del elfo sumergida en el pensamiento del ataque se dirigió a él y le dijo:
-Al parecer el elfito se nos perdió entre sus pensamientos, decidme ¿En qué pensáis?
-En realizar un ataque directo contra Nurn pues no ha de haber lugar para la piedad entre nuestras circunstancias, aunque un gran problema es como atravesar este desfiladero sin hacer ruido…
-Jajaja veo que no habéis notado que hace mucho viento y el poco ruido que emitiremos al andar sigilosos no será percibido y cuando los nurnitas quieran darse cuenta… ¡Zás!
-Ahora debemos comunicar a las tropas que vamos a hacer y sacar fuerzas de hasta donde no sabíamos que las teníamos.
Malenril con un rostro que mostraba una confianza y seguridad en sí mismo tan intenso que lo contagiaba a aquellos que le escuchaban con el corazón destinó unas palabras a sus hombres:
Es hora de que marchemos hacia un futuro mejor, y para eso tendremos que pasar por barias batallas para asegurar un mañana y un futuro a nuestros seres queridos así mismo como a nosotros y generaciones venideras. Por eso ahora es el momento de blandir las espadas con gran destreza, de disparar flechas con la puntería que jamás tuvisteis, resistir el dolor y el miedo y emplearlos en la batalla. Se que no me defraudaréis porque confío en vosotros, ahora preparaos para el ataque y para caminar unos 100 metros más de forma sigilosa hasta llegar al valle en el que se encuentra el ejército nurnita.
Sigilosamente la compañía de la alianza logró acercarse sin ser alertada por la compañía nurnita hasta pasado el desfiladero, fue entonces cuando Malenril y Feandra ordenaron que los arqueros se desplegaran e iniciaran una carga contra el enemigo.
Las flechas impactaron furiosas contra los soldados de la oposición que rápidamente se prepararon para contraatacar pero aun la alianza podría lanzar dos o tres lluvias de saetas antes del contraataque del ejército opositor.
Dos ráfagas más se pudieron lanzar antes de recibir el contraataque, no obstante, Feandra hábilmente ordenó al ejército de la Alianza que se cubrieran ante el ataque de flechas que ya era inevitable lo cual proporcionó que las bajas fueran mínimas.
Ahora Malenril desenvainaba su espada y la clavaba en la arena tensó su arco, y ordenó el avance de la infantería ligera (ahora capitaneada por Feandra), y disparó con furia y repetidamente flechas sin fallar ni una vez hasta que las tropas estaban cerca que agarró su espada y comenzó el combate cuerpo a cuerpo.
La batalla era encarnizada pero la sangre de los aliados hervía en valor y coraje y peleaban con una destreza fiera sin dejar títere con cabeza, unos y otros y otros soldados nurnitas caían tras el corte cruzado de la espada de Malenril.
Así mismo Feandra iba dejando un rastro de muerte tras ella, su táctica de combate se presenciaba en destellos, luchaba completamente liberada de sus límites y allí demostraba lo gran guerrera que era.
Fue entonces cuando un elfo con una ballesta lanzó una flecha contra Malenril, éste hizo intento de esquivarla pero no pudo. Consiguió que en vez de impactar atravesando su corazón que se incrustase en su hombro izquierdo, no obstante, Malenril con furia tomó una daga y la lanzó contra la garganta del elfo que le atacó por las espaldas.
Feandra fue alcanzada por un orco que se abalanzó sobre ella tirándola contra el suelo, esta con cara de asco le gritó que como se atrevía a poner sus asquerosas manos encima de ella, el orco cogió una daga y fue a rebanar sin escrúpulos el cuello de la dirigente cuando esta con una de sus manos freno la del orco y con la otra tomó su otro brazo de forma que quedara inutilizado pero el orco con furia comenzó a arremeter patadas contra el vientre de la elfa.
Feandra fue alcanzada por una flecha en la clavícula, la flecha el impedía hacer fuerza así que con valentía y coraje la agarró con los dientes y se la quitó, la sangre brotaba fuerte y mientras se debatía con el orco para que no la cortara el cuello intentó taponar con su barbilla la herida, esta parecía dejar de sangrar pero el orco cada vez tomaba mas fuerza pues las patadas que Feandra recibía la estaban agotando.
Feandra giró sobre el y en un movimiento audaz le rompió el cuello con sus manos.
La batalla se decantaba a favor de la Alianza, los soldados nurnitas caían uno tras otro y las bajas ya se hacían considerables. Los Ents lucharon también muy bien pero quienes realmente destacaron fueron los dirigentes, arqueros e infantería ligera cuyos cuerpos entraron en calor tras la batalla.
Las tropas nurnitas comenzaron la retirada pues el ejército de la alianza resistía ferozmente. Los soldados aun en pié de la alianza que ahora descansaban tras la retirada del ejército de Nurn, ahora eran abatidos de nuevo por el frío y gastaban sus fuerzas en ayudar a trasladar a los heridos a un refugio encontrado por Malenril para retomar fuerzas y reorganizarse pues la amenaza aun persistía…
ESCRITO POR MALENRIL Y FEANDRA
[Editado por wiccano el 14-11-2005 00:31]
Un gran cuervo se afilaba el pico contra una roca. Las plumas negras brillaban como si fueran de metal. Sus ojos, redondos y amarillos, extraños y distantes, se movían con inquietud.
El sol estaba cayendo, lejos, entre una neblina que no se había levantado en todo el día, lentamente, como si quisiera dar tiempo a todos los habitantes de Taur-dîn-Tirith, a prepararse, a guarecerse del frío atroz que desplegaría la noche.
Las sombras se alargaban sobre la tierra dura, sobre la hierba escarchada. Y el cuervo, de impecable plumaje, seguía afilándose el pico.
Un bulto pardo se abalanzó sobre él. El pájaro graznó desesperado hasta que una mano fuerte y nudosa le retorció el cuello.
- Throquum, narfik throquum – dijo, siseante y entre gorgoteos de una salivación irrefrenable, un orco flaco y hambriento.
Se metió su presa bajo las ropas cuidando que nadie lo viera. Pero no había nadie que pudiera verlo: hacía una hora que deambulaba medio perdido por ese bosque frío, lejos del campamento, buscando algo para cenar.
De la tienda se escapaba un cálido resplandor que contrastaba con el brillo pálido del atardecer helado.
Barkoin levantó ávido la gran copa de plata y un joven sirviente le vertió vino. El enano bebió un trago largo y dejó la copa sobre la mesa.
Una gran fogata ardía en el centro de la tienda que se había preparado a todo correr al saberse que cuatro Señores se acercaban.
Nulkaiel interrogaba a un sargento, un humano fanfarrón y gigantesco de descuidada barba negra.
…
- … Aunque por supuesto se hacen guardias Señora, diez de los más expertos vigías han sido desplegados. Nada podrá acercarse a menos de diez millas sin que lo sepamos.
La elfa dio un bofetón al sargento. Del fondo de la tienda sonó la risa apagada de Seron y una poderosa carcajada del enano. Los dos estaban de pié ante una pesada mesa de roble, junto a Shulak, revisando unos mapas y leyendo los partes de ese desastroso campamento.
- Estúpido…-La elfa intentaba controlarse, pero ese inepto se merecía la más atroz de las muertes- ¿Qué habéis hecho estas dos semanas? Se os dio orden de crear un puesto avanzado para poder controlar el Norte del bosque… ¿y qué habéis hecho? ¿mandar vigías? –La poderosa Señora de Nurn agarró con fuerza la empuñadura de su espada, sus ojos refulgían salvajes.
El sargento había perdido el aplomo en el momento en que supo que los Señores se acercaban al campamento, estuvo tentado de huir, pero no era lo suficientemente listo o lo suficientemente valiente para hacerlo. Sólo se quedó quieto, pensando excusas, atolondrado.
La elfa desenvainó la espada con un movimiento rápido y hábil. El sargento no tuvo tiempo de hablar, su cabeza rodó con un sonido sordo. Los ojos abiertos de espanto, la boca abierta intentando hablar. Pero los muertos no hablan.
Patizambo, de largos y poderosos brazos, cubierto con una pesada armadura y con una cimitarra al costado. Nurguz había cazado un conejo y lo llevaba agarrado de las orejas. El conejo muerto rozaba el suelo y golpeaba alguna piedra mientras el orco se dirigía al lugar de la cita. El sol caía en los abismos de occidente y el frío se hacía amo y señor de todo.
Grishûrz, Gaash, Duf y Fraatûrz ya esparaban. Estaban sentados sobre una gran roca caliza de cortantes aristas. Estaban acurrucados y ateridos de frío.
Grishûrz y Gaash habían cazado una ardilla cada uno.
Aunque Duf no se lo acababa de creer –No es posible cazar una ardilla- decía con la voz temblorosa y acabando la frase con una mueca que dejó a la vista sus dientes afilados- ¿Cómo que no? –replicaron los otros dos- ¿Y esto que es, un dragón de Angband?-
-Yo no digo que eso no sean ardillas, digo que es imposible cazarlas.
-¿Y entonces? -Contestaron a dúo, intentando parecer turbados.
- Pues que estas ardillas ya estaban muertas…
- ¿Acaso tienes algo en contra de la carroña? Cuando las encontramos Gaash me dijo que olían como tu-
Duf no tenía tanto sentido del humor como sus dos compañeros, así que desenvainó su espada y se lanzó, gritando, contra ellos. Y los habría matado a ambos si Nurguz no hubiera llegado en ese momento. Con una terrible fuerza descargó la espada sobre su cabeza y se la partió en dos.
Mientras arrancaba la espada del cadaver no paraba de refunfuñar –Mirad que me habéis hecho hacer, tendría que haber dejado que os matara- El conejo le había caído al suelo, deberían sacudirlo para quitarle la tierra antes de comérselo.
Registraron al muerto y encontraron un cuervo de brillantes plumas negras: más comida para repartir.
- ¿Y los otros? ¿Aun no han regresado? –Nurguz estaba preocupado… no por si sus otros compañeros hubieran muerto, sino porque la cacería ya se había alargado demasiado. Fue el primero en apoyar la idea de Fraaturz, él también tenía hambre, pero debían regresar antes de que el sargento se diera cuenta de que habían abandonado su puesto de guardia.
Shulak acababa de ordenar que los soldados se armaran cuando cayó sobre el campamento una lluvia de flechas, las ordenes se multiplicaron… y los gritos de muerte. Otra andanada se cebó en la tropa de Nurn… y otra. Antes de que se pudiera reaccionar más de 50 soldados yacían atravesados por la flechas de la Alianza de Eithel Glîn.
Como leones furiosos los señores de Nurn salieron de su tienda. Sus armas brillaban en el frío crepúsculo.
Su posición en el campo era mala, no se había levantado ninguna defensa… y los vigilantes no habían dado la señal de alarma. Tenían menos soldados y casi la mitad había muerto por las silenciosas flechas enemigas. Pero rápidamente se organizó la defensa y se trabaron las espadas. Los señores iban en vanguardia y los soldados eran valientes, la carnicería comenzó.
La mermada tropa salvaje de Nurn se lanzó contra los atacantes, las filas se rompieron y reinó la confusión y la muerte. No existía ni amigo ni enemigo, sólo espadas ensangrentadas y lanzas hundiéndose en entrañas ajenas, miembros cercenados y gritos de dolor.
Por un momento pareció que la carga de Nurn había sido efectiva, que el desconcierto les era favorable, pero la desventaja numérica fue insalvable y los Señores arrastraban heridas de las que aun no habían podido recuperarse. Nada se podía hacer, esa batalla no podrían ganarla. Nulkaiel ordenó la retirada. Había aprendido bien la lección: “si no se puede ganar, vale más no luchar”, otras batallas habría en las que poder matar, en las que poder vencer.
Fue una retirada ordenada, disciplinada. Shulak y Barkoin hoja de hierro cubrían la retirada, Nulkaiel y Seron, cubiertos de sangre enemiga, dirigían la tropa.
La batalla había terminado, los enemigos, diezmadas también sus fuerzas, guardaron su posición y no hostigaron la retirada de Nurn. Pero una flecha solitaria escapó de la tropa exhausta de la Alianza de Eithel Glîn… y se clavó en el muslo del Barkoin. El enano perdió el equilibrio por un breve momento, pero con un grito poderoso plantó sus pies en el suelo, amenazando a toda la tropa rival y buscando al arquero traidor: alguien se había buscado un enemigo terrible. Sí, algún día le partiría el cráneo con su hacha.
En un claro del extremo norte de Taur-dîn-Tirith nueve orcos se estaban dando un festín. Una gran hoguera intentaba matar el frío sin mucho éxito, comían y se frotaban las manos, acurrucados junto al fuego.
- Fue una pena que no pudiéramos avisar a la compañía – dijo uno casi ininteligiblemente, masticando a dos carrillos.
- Sí, una pena –dijo otro.
Y siguieron comiendo.
Resumen de la batalla:
Alianza ha perdido 10 armadas x35= 350 puntos.
Recuperables: 231 puntos.
Valoraciones: 7.5 + +8 +7.5 +5.8 +9 = 7.56
Recupera: 175 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 40%, por este concepto recupera 140 puntos. Total recuperacion: 315 puntos.
Pierde 35 puntos.
Nurn ha perdido 20 armadas x35= 700 puntos.
Recuperables: 315 puntos.
Valoraciones: 7.5 +8 +8.5 +7.8 +9 = 8.16
Recupera: 258 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 20%, por este concepto recupera 70 puntos. Total recuperacion: 328 puntos.
Pierde 372 puntos
Alianza percibe 225 monedas por batalla ganada
Nurn cede 100 monedas a Alianza por abandono de batalla
Compañías actualizadas y listas
[Editado por Indil el 24-11-2005 02:36]
Historia finalizada.
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