no hay mejor remedio que el agua hirviendo
Guilian Malcuver, aprendiz en prácticas de la casa de Aldarösse, caminaba sin prisa en sus idas y venidas a lo largo de todo el recinto. Vendas y más vendas portaba aquella vez en sus manos, tarros oscuros y malolientes al cinto, y una jarra asida a los dientes por el mango. Tenía que coordinar sus movimientos hasta el último milímetro si no quería tragarse de lleno un busto de alguna vieja eminencia, algún baúl, o resbalarse con la arenilla que había depositado el viento a través de la ventana. Por esto, sus recorridos eran lentos y desgarbados a menos claro está, que presintiese cruzarse con algún superior, solo entonces apretaba el paso.
Entró en un amplio salón cerrando las puertas dobles con el pié. Depositó las telas en un sofá tapizado en pieles y en otro una cajita de madera,se echó el pelo sudoroso hacia atrás en una caricia prolongada de desesperación y tras unos segundos de toma de aire, el joven Malcuver vertió el líquido de la jarra en una palangana y se dirigió a la chimenea a recoger una piedra que echaría en el agua para calentarla. Una vez hecho todo, se desplomó suspirando sobre un sillón y se puso a leer unos tomos, alumbrado por el calor de un poste con velas.
¡¡ Malcúver !! _bramó de pronto el enano cuando se hubo despertado_ ¡llevo pidiéndote que me aflojes las vendas horas ! ya no siento ni los dedos de las manos y tengo los brazos inflados y con calambres, ¿acaso esperas a que me eleve como una burbuja? ¿Cómo es que no noto mejoría?
Si bien era sabido por todos en Aldarösse, que aunque el joven Ernio Malcuver no tenía las capacidades necesarias para ser en el futuro un renombrado sanador, venía de una familia adinerada que le ayudaría a escalar todo lo alto que el dinero permitiese.
¡Tranquilícese señor!_ Dijo en un tono mezcla de cansino y falsa preocupación_evitaría eso con tantas punciones como fuesen necesarias ¿quiere que empiece ahora con algunas para que no le encuentre pegado al techo cuando vuelva?
¡Aparta de aquí ese punzón matasanos de tres al cuarto! No te han dicho que si no sabes tratar algo lo puedes empeorar…¡ ¡di que venga ahora tu superior!
¿Empeorar? ¿Más? _Dijo el jovencito levantando una ceja y desoyendo las palabras del enano_ ¡si nada me alegraría mas que se pusiese bien cuanto antes y que pudiera dedicarse a sus asuntos!
¡Quieres hacer el favor de llamar a tu superior! _dijo en tono elevado Nülk mientras veía acercarse al muchacho_ ¡así te podrás ir a casita con mama!, ¡o a navegar con los niños en la playa!. ¿O tal vez leyendo esos manuales ilustrados de reproducción?
Tranquilícese señor, tal vez una sangría le haría derramar el veneno del arma que le hirió… a lo mejor es que se ha mordido la lengua Don Enano, y ambos venenos se han unido para acabar con su señoría_ dijo el aprendiz Malcouver con una sonrisa torva y un timbre de voz lleno de malicia_
¡No sabes lo que haces joven!—opuso el guerrero con áspero
Acento—.¡sal de esta sala ahora mismo! _dijo poniendo toda su fuerza en la voz_¡ a mi la guardia!
¡Vaya si lo sé!,_ río el muchacho_ y de súbito un ligero movimiento reveló un afilado estilete de médico elevándose brillante en el aire.
Don Enano, _dijo el aprendiz con la mirada vidriosa, rebosante de odio_¡te lo ensartaré en el hígado y lentamente lo deslizare hacia arriba! ¡Sufrirás calambres y agonizaras sintiendo mi frío acero multiplicando los efectos del veneno!. Has sospechado demasiado pronto de mi mala práctica, pues solo agravé tu dolencia para adivinar si en realidad mis remedios eran tan dañinos como aventuraron mis maestros. Entiéndame don Enano _dijo con un candor maligno_ tenía que ver con mis propios ojos si eso era verdad ¡hay mucho sanador ansioso de robar los méritos de otro!. Así que dejémonos de palabrerías, acabaré contigo sin dejar mas rastro que tus gritos de agonía..
Y viéndose ya en la definitiva hora de su muerte, Nülk sacó fuerzas de su debilidad y pensó en causar a aquel niñato el mayor dolor posible antes de su irremediable muerte, y en un aparente intento por zafarse, movió su mesilla desperdigando el agua caliente y la piedra ardiendo sobre el muchacho. El crujido de la palangana estallando en mil cachos solo fue ahogado por un gemido reprimido del aprendiz Malcuver que retrocedió a punto de trastabillar. Aquel muchacho no estaba endurecido por los dolores de la guerra y no pudo tolerar aquel martirio lacerante que le producían las quemaduras. Inflamado de odio, echó una última mirada hacía el enano y desapareció a duras penas, dejando las puertas abiertas.
Sin que apenas Nülk hubiese asimilado lo ocurrido, un Sanador de Barba blanca y postura encorvada pasó por la puerta y saludó como se solía hacer por costumbre. Se paró y echó una mirada despistada al interior. Nülk no salía de su asombro, ¿quien iba a pensar que el destino le depararía aquella suerte?; y rió compulsivamente porque había burlado a la muerte una vez más.
¿Cómo es que no hay nadie aquí? ¿Y por que se dejan las puertas abiertas?¿no hay nadie a su cuidado? _pregunto el anciano mientras se adentraba mirando hacia los lados_ ¡como es que su señoría no esta atendida? _repitió el anciano ajustándose unos vidrios redondos a la nariz_¿oiga? ¿puede oirme?
Pero Nülk no pudo continuar riéndose y menos hablar. Notaba los ganglios hinchados causándole un dolor irrefrenable. Fiebre abrasadora y escalofríos, su corazón latía de forma desordenada y extremadamente rápida. Sudaba y sentía náuseas. No podía gritar pues apenas podía tomar aire.
El sanador tocó una campanilla y destapó las mantas y los vendajes del enano. Una mueca de preocupación recorrió su rostro.
La piel que rodeaba la herida estaba tensa y se tornaba verde amarillenta, los alrededores estaban surcados de ampollas llenas de sangre y coágulos. Palpó los músculos y estaban débiles…¡quien sabe si habría carne muerta entre aquel espectáculo dantesco!.
Una vez respondieron a la campanilla y se hubieron presentado algunos sanadores, el anciano les dió instrucciones; les pidió que aplicasen hielo sobre los hinchazones, que le trajesen un estilete para retirar las partes de piel y tejido muerto. De los armarios de la mesilla se sacó un líquido transparente que aplicó sobre las llagas de Nülk, produciéndole un intenso escozor.
El anciano Sanador organizaba el trajín de sanadores mientras abría cortes y dejaba gotear en ellos un suero incoloro. Se oían tarros de cristal chocando entre sí, murmullos, morteros de piedra triturando, olores pesados que inundaban la sala…las luces de las ventanas que daban al patio, se apagaron a altas horas de la noche.
¡Quien sabe hasta que punto se recuperará Nülk de sus heridas mortales! Tal vez dentro de dos o tres días nos comunicaran el resultado
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dedicado a Kate Hodenfield (Aredhel) y a Rotshul, por su tercer aniversario en EAU (smiley de la risita)
