Aredhel Telemnar
Amanecía..... el sol comenzaba a bañar las tierras del Valle. El cielo estaba despejado, y un tímido sol había empezado a asomar tímidamente por el horizonte, ofreciendo su luz y su calor a todos los habitantes de Haldanóri.
Aredhel observó la salida del sol desde la ventana de su pequeña habitación en la que descansaba de sus heridas. Acostumbrada a ir de un lado a otro y a no parar ni un segundo, aquella situación le parecía engorrosa. Las heridas en sus piernas apenas le dejaban andar y su hombro también se resentía. Habian pasado ya unos dias desde la batalla en el bosque.
Varias veces al día, recibía la visita de Árawen y de Vilmanion. A él, también le había herido en la batalla, pero su fortaleza física le permitió curar mas rápidamente.
-Al menos puedes caminar.- le dijo Aredhel con un guiño en una ocasión- La verdad, aquella pelea fue estúpida Vil, sin embargo, el alejarnos del campamento nos dio la oportunidad de advertir el peligro justo a tiempo.
-Resulta curioso.- dijo Árawen con una breve sonrisa. Vil asintió.
Cuando sus capitanes acababan con su visita, Aredhel se sentía bastante sola. Siempre había adorado tener momentos de soledad y quietud para ella misma, pero poco a poco, aquella Aredhel había ido cambiando.
Para mermar aquella soledad, y entretenerse con algo ya que el hecho de no tener nada que hacer le hacía sentir más el dolor de sus heridas, a Vilmanion y Árawen se les ocurrió que ella podría escribir.
-¿Y que escribo?- se quejó la elfa, mientras miraba le echaba una mirada desconfiada a aquellos pergaminos y a aquella pluma que le ofrecían, como si de un momento a otro fueran a saltar y a pegarle un bocado.
-Vamos.- le dijo Vil, te ayudará a tener la mente ocupada.
-Está bien....-con un suspiro, Aredhel cogió la pluma y las hojas y recostándose en el lecho de manera hasta que se quedó sentada, colocó las hojas en su regazo, encima de una pequeña superficie de madera que Árawen le acercó para que pudiera apoyarse al escribir.
Una vez se hubieran marchado de nuevo. la general miro aquellas hojas con caras de pocos amigos. Las miró, las remiró y las volvió a mirar de nuevo. Parecía que nunca había visto aquel objeto.
-¿Escribir, yo? -se dijo a si misma- ¿y que se supone que debo escribir? ¡oh, vamos! y, ¿a quién le importaría lo que pusiese? Aquella pregunta se contestó sola.
Así que comenzó a escribir lo primero que le vino en mente...
\"Mi nombre es Aredhel Telemnar, y soy general de... de.....”.- ¡por favor!- pensó la elfa. Esto no lo interesaría a nadie... ni siquiera a mí. Todo el mundo sabía quien era ella... pero...nadie sabía como había llegado a Valle, ni como había llegado a ser lo que era ahora. Al fin, se decidió....
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Hace ya mas de un año que atravesé el mar y llegué a las tierras del Valle del Ingenio. Llegué con lo puesto, ropa de viaje y un pequeño macuto con mis enseres personales. Al viajar hasta aquí, decidí dejar atrás todo mi pasado. No quise hacer mención de mi procedencia \" un poco de aquí y un poco de allá\" les decía a quienes preguntaban. Arrastraba conmigo un gran vacío, que solo la venganza y la sangre habían podido paliar, pero que no lo había echo desaparecer. Pero todo aquello debía ser olvidado, enterrado en lo más profundo de mí ser para no ser revelado jamás.
La primera vez que divisé la ciudad del Dragón, me quedé embobada viendo su belleza y su magnitud. En mis largos viajes, nunca había visto nada parecido.
Albergaba en mi, amplios conocimientos sobre la herrería y la fragua, y el arte de dar forma al metal, así como una gran experiencia en luchas. Así pues decidí probar suerte en aquellas tierras e intentar formar un hogar. Pero, encontrar trabajo no fue tan fácil como parecía en un principio. Debido a que no era muy común que una elfa trabajara en una fragua, los herreros de las herrerías de la ciudad desconfiaban y ninguno me daba trabajo. También he de reconocer que mi carácter de entonces no era el de ahora y que mi apariencia seria y taciturna tampoco ayudaba mucho.
Con el tiempo y a base de insistir, un herrero me ofreció trabajo. Estaría allí de \"prueba\" y no me pagaría nada, sin embargo, me ofreció alojamiento y me daba de comer.
Desconozco porqué a los pocos días, la clientela comenzó a aumentar. Tal vez por el hecho de que una elfa cubierta de tizne negro de pies a cabeza trabajara en una fragua era motivo de curiosidad, tal vez no... .pero las ventas aumentaron considerablemente, y yo pude perfeccionar mi trabajo. Corrió el rumor de que tenía facultades mágicas y que podía infundírselas al metal que forjaba. Decían que las espadas de \"La daga dorada\", pues así se llamaba el local, tenían una mejor resistencia y que su acero era de mucha mayor calidad, cosa que obviamente no era cierto, pero que tanto al herrero como a mi no nos importaba ya que así obteníamos mas beneficios.
Sonrío mientras escribo esto. Aquella no fue una mala época, al contrario. Aquel hombre se porto muy bien conmigo, y nunca me faltó de nada. Recuerdo multitud de anécdotas que podrían mantener entretenidos a cuantos quisieran escucharlas durante unas cuantas horas.
El caso, es que poco a poco fui ascendiendo y pude comenzar a crear mis propias armas. las cuales, también se pudieron de venta en \"La daga dorada\" aunque a diferencia de todo lo que se vendía, los beneficios aportados por estos objetos iban directamente a mi bolsillo. Después, me enteré que aquello a lo que yo me dedicaba tenía un gremio instalado en la ciudad: el gremio de los Armeros, del cual entré a formar parte y ascendí rápidamente.
Sin embargo, continué ascendiendo, y me ofrecieron un buen puesto en el ejército. Pensé que un buen cambio no me vendría mal y muy a mi pesar, dejé el trabajo en \"La daga dorada\". Unos cuantos ataques, y unas cuantas escaramuzas....y un acto heroico que me permitió llegar hasta lo mas alto. Llegué a general.... y he de reconocer, aunque me sonrojo al recordarlo, que en la actualidad sigo ejerciendo de general gracias a que Vilmanion me salvó el pellejo y a que Árawen actuó con presteza en la ultima batalla.
Menudos dos jajaja, la primera vez que los vi, pensé que me traerían problemas, pero, en realidad, han sido un punto de apoyo muy importante en mi. Son un matrimonio que se adora, y aunque estamos en tiempos de guerra, intentan pasar todo el tiempo que pueden justo.... aunque ellos no los saben, a veces les hago la vista gorda.
Me recuerdan a mi... yo también era así, hasta que aquellos bandidos nos atacaron a Harald y a mi y acabaron con su vida, yo era así hasta que aprendí a vivir del odio y de la venganza y ésta nunca remitió hasta atravesé de parte a parte con mi espada a aquellos indeseables que sesgaron dos vidas, la suya,....y... la mía. Yo era asi, hasta que sentí el tacto cálido de la sangre de aquellos seres resbalar por mis manos. Me fue arrebatada mi inocencia y mis ganas de vivir… y me convertí en una sobra del pasado…
$%&&/... pido perdón al lector por el borrón de tinta, pues no he podido evitar que una lágrima rodara por mi mejilla y emborronara la página...una única lágrima. Estoy sorprendida, pensaba que ya no quedaban lágrimas dentro de mí, pero me equivocaba. Tengo el recuerdo de todo aquello muy presente y hasta ahora no había sido capaz de pasar página.
Ha sido una buena idea escribir esto. Tengo que darle las gracias a Vilmanion y a Árawen en alguna ocasión. Me a ayudado a darme cuenta de como e cambiado a lo largo de este tiempo. Ahora ya no tengo aquel carácter, o al menos eso creo, ya que estos dos se han encargado de bajarme los humos y de hacerme ver que se puede disfrutar de la vida.
No es malo mirar hacia atrás....si ello te permite enorgullecerte al mirar hacia delante y ver hasta donde has llegado. Sé que el hubiera estado orgulloso de mi...
Aredhel Telemnar
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Escribiendo estas ultimas líneas, Aredhel dejó a un lado las hojas y la pluma y con suma dificultad, sintiendo una punzada de dolor proveniente de sus heridas, inclinándose hasta el borde de la cama, alcanzó a coger un pequeño petate que estaba debajo de ésta.
Aquel era aquel petate que había traído consigo cuando llegó y que no había abierto todavía.
Con suma delicadeza, deshizo el lazo y lo abrió. Dentro de él, encontró pequeños objetos que le trajeron muchos recuerdos. Su mirada se posó en uno de ellos, y lo cogió entre sus manos. Era un hermoso colgante de plata que Harald solía llevar. Las lágrimas rodaron por su rostro y aquel vacío que sentía desde tanto tiempo…al fin se llenó.
Con mucho cuidado, se lo puso alrededor del cuello, ocultándolo a la vista debajo de su ropa, y cogió la hoja de pergamino en la que había escrito. Doblándola, la colocó dentro con delicadeza. Después, volvió a hacer el nudo. Algún día Árawen y Vilmanion leerían aquello... pero no todavía.
Con cuidado de no hacerse mucho daño, colocó de nuevo el petate en su lugar y se recostó en la cama, al tiempo que Árawen y Vil volvían a aparecer por la puerta.
-Vil, deberías reposar un poco.- le reprochó la elfa con un guiño.
Vilmanion iba a responderle pero se quedó mirando las hojas en blanco que había encima de la cama.
-Lo sabia.- dijo mientras le daba un suave golpecito en el hombro a Árawen en el hombro y fingía sentirse ofendido- Todavía no has escrito nada.
-Solo estoy esperando a que me llegue la inspiración...- dijo riéndose. No te preocupes, escribiré algo, lo prometo.
Los tres se quedaron en silencio, mientras disfrutaban de la camaradería que tenían entre ellos, pues, las palabras no eran siempre necesarias.
Tal vez era imaginación de los capitanes, pero se percataron de que una nueva luz brillaba en los ojos de su general, ¿de que se trataba? Estaban seguros de que algún día lo descubrirían......
[Editado por Kate_Holdenfield el 24-11-2005 22:44]
