La Guerra de los Clanes

Batalla 104 - C3 Señores De Nurn Vs C5 Valle Del Ingenio

Terminada
Escrito el 30-11-2005 00:49 #1

Fin Guerra: Señores de Nurn deja de Atacar

Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 18

Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 22

Escrito el 12-12-2005 20:49 #2

Existe un plato en la Isla del Levante llamado “Saedrania de los Nurnitas”. Consiste, básicamente, en el pescado de carne magra conocido aquí como Saedrán, que en el Norte conocemos como Abadejo, preparado al gusto local.

Como vemos, el Saedrán es cortado en pequeños trozos, saltado en aceite y pimientos, y servido con esta espantosa salsa picante, que haría escupir los ojos a paladares menos habituados… como los nuestros.

Es de notar que esta preparación típica no es servida durante todo el año, sino en ocasión de las fiestas conocidas como “las saedranias”, que caen alrededor del solsticio de invierno y que conmemoran la gesta del héroe epónimo de estas gentes, a quien se conoce como Saedrano el Bravo.

En medio de las callejuelas cubiertas de nieve y azotadas por el frío implacable del Océano Oriental, las saedranias constituyen una fiesta cálida y colorida que permite a los lugareños desempañarse en tradicionales competiciones de invierno, compartir el calor de las multitudes en los tablados, o la tradicional sauna ribereña, que se habilita en estas fechas, y que constituye parte del rito en honor de Saedrano.

Poco de cierto se sabe sobre la existencia histórica de este personaje legendario, y muy probablemente muchas de las hazañas que se le atribuyen sean apócrifas. Sin embargo, y no es por casualidad, su gesta contra “los nurnitas” es la más recordada y comentada de todas. Se la puede observar en infinidad de tapices y banderas, repitiéndose a lo largo de plazas y callejas, y también adornando los escenarios y las plazas, donde hasta los niños se atacan al grito de “muere, malvado Seregruin, de todos los males, el jamás peor venido”.

La coherencia y solidez que demuestra la historia de Saedrán y los nurnitas, permitiría aventurar que, con seguridad, existió un trasfondo real -la invasión demoledora de un pueblo cruel y perverso, y muy superior militarmente: los nurnitas-, que encontró una resistencia heroica de los locales, al que dirigió el tal Saedrán. Base sobre el cual seguramente se fueron adicionando los restantes elementos míticos de la “Saga de Saedrano el Bravo”.

Esta Saga, considerada una rareza según todos los cánones literarios, dedica una buena parte a los 3 grandes episodios referidos a los nurnitas. La más célebre entre los niños, tal vez la más adecuada a su edad, es el primero de ellos, titulado “La espada de Xion-Xe”.

Escuchemos ahora al orador de una obra de títeres infantil, que comenta la acción de los muñecos de trapo, para este público inagotable que no se cansa de escuchar siempre la misma historia de sus héroes predilectos:

[NdR: Deberemos imaginarnos la acción de los muñecos ya que no disponemos del medio audiovisual]

“Saedrano de Arladavóro era un campesino como vosotros, hábil en el uso de la azada y de toda herramienta que llegara a sus manos. Siempre se destacó en la vieja aldea por su disposición a ayudar a los demás, y por su destacado trabajo en toda labor comunitaria. Su buen talante le ganaba todas las voluntades, y nunca se vio llevado a levantar un puño. Menos aún, cualquier arma.

[Risas]

De entre todas las cosas de que en vida podía alegrarse, Saedrán sólo presumía de tener a la esposa más bella del mundo, la joven Elena, de élfica e indescriptible belleza.

[Suspiros de admiración]

Sin embargo, un día llegaron los invasores del Norte. [Abucheos]. Al principio, sólo se escuchaban los rumores de su destrucción en las vecinas tierras del Rey Elboron, y de su demoledor ataque sobre las ciudades del Valle. Pero muy pronto comenzaron a llegar a la Aldea los refugiados de los puertos. Pescadores horrorizados por la crueldad de los norteños, hambrientos y desprotegidos, e incapaces de distinguir el trigo de la cebada.

[Carcajadas dispersas]

El caos se desató en el poblado. Muchos entraron en pánico. Y muchos más querían expulsar a los refugiados –que día a día eran más y más-, porque temían que el Mal llegara detrás de ellos, buscando por sus vidas y cobrándose la de los nuestros por protegerles.

Además, los incultos pescadores eran apenas una carga para la aldea. Había que alimentarlos y resguardarlos, a ellos y a sus familias enteras, que a veces eran numerosísimas como los cerdos [Risas]. Pero, por sobre todo, también había que consolarles durante las noches eternas que se plagaban de gritos y pesadillas. Y esto agotó la paciencia de Tiurszán, el zapatero, que quiso deshacerse de los pescadores para olvidarse de tanto problema. [Abucheos].

Pero Saedrano detuvo la mano de quienes pretendían expulsar a los refugiados. “No podemos desentendernos de nuestros hermanos lejanos” dijo entonces, y sus palabras se recordaron mucho tiempo. [Aplausos dispersos].

Y Saedrano organizó al pueblo de modo que cada unos contribuyera con parte de su hacienda y de su cosecha para aplacar equitativamente el hambre de los refugiados; y relevó las casas para alojar a los desconsolados porteños del modo más confortable posible, sin que fueran mucha carga para los huéspedes. [Risas idiotas]

Pero, además, propuso algo que le acreditó entonces como el líder indiscutible de su pueblo. [Vivas y hurras]. Convocó a una asamblea frente a su casa, y dijo a sus vecinos y a los refugiados por igual:

“Nuestro hermanos, a lo largo de toda la comarca, están sufriendo tanto como nosotros. En todas las aldeas de las colinas los pescadores han de llegar por decenas, huyendo de los crueles invasores, y creándonos problemas que debemos enfrentar unidos. Son nuestras tierras ancestrales las que están siendo invadidas. Tenemos que actuar todos como uno para defendernos”.

[Aplausos desaforados, vivas, etc., durante un buen minuto y medio, finalizando en un unánime “Saedrán, Saedrán, Saedrán, Saedrán”].

Y apoyado por la entusiasta reacción del pueblo, Saedrano partió acompañado de sus grandes amigos Daerdano y Draiereno en dirección a las aldeas vecinas, para hablar con los jefes y para ponerse de acuerdo en la defensa de la patria ancestral. Fueron despedidos entonces por una multitud emocionada del valor de sus héroes, y por sus hermosas esposas, que eran consoladas por las comadres del pueblo. [Chau, Saedrán, grita uno].

Pero Elena no lloraba. Sus ojos eran fríos como la nieve en ese día. [Duro silencio].

Se cuenta que Saedrano tuvo éxito en su peregrinar, y que fue reconocido como el líder de la Confederación de Aldeas de la Isla Oriental. En esos días, preparó los sitios de evacuación, envió más de mil mensajes a los Señores del Valle del Ingenio, armó –con lo poco que había- a todos los jóvenes de la región, y enteró a todos, mujeres y niños, de los planes para la supervivencia en caso de que se avecinará el desastre. [¡Ya van a ver esos nurnitas!, es rápidamente acallado, y seguido de risas espasmódicas].

Pero Elena [Silencio] había abandonado el pueblo durante la ausencia de su esposo. Nadie sabía qué había sido de ella, y no faltaba quienes pensaran que había partido en pos de su amado, temiendo por lo que pudiera sucederle en el extranjero. Aunque la verdad se supo sólo mucho después, Elena regresó la noche anterior al triunfal retorno de Saedrán, y desde entonces no se separó de su lado, ni nadie hizo nunca mención a su misteriosa ausencia. [Más Silencio].

Luego se sucedió lo inevitable. Los espantosos orcos de Nurn [Gritos], dirigidos por temible elfos de brillante mirada [Abucheos], invadieron lo que quedaba de nuestras hermosas aldeas montañesas, quemando y saqueando todo a su paso, matando sin piedad [Gran excitación].

Pero los pobladores estaban advertidos de antemano, y muy pronto los refugios ocultos se colmaron de familias que abandonaban sus hogares, sus muertos y sus ganados para salvar las vidas y la dignidad. [Aplausos]

De refugio en refugio, amparado por la noche, Saedrán, el Bravo, coordinaba las defensas, preparaba grandes ataques sorpresivos contra las patrullas de los malvados nurnitas, y regresaba siempre victorioso al refugio, junto a Elena. Y el éxito de sus acciones pronto se hizo legendario. Los espantos del norte no podían acercarse siquiera a los nuestros antes de ser perforados [gritos] por las flechas de los arqueros de Arladavóro y Bishnaút.

Y cuando llegaron las brillantes armas de acero que Saedrán había mandado buscar en el Reino del Valle, todo el mundo le alabó como el líder indiscutido y triunfante de nuestro pueblo. [Vivas y Saedranes].

Pero una noche, muy poco antes de una lanzar un ataque emboscado sobre un grupo de elfos oscuros, un compañero de armas le hizo notar la presencia de su querida Elena llevada entre las filas de los invasores. [Silencio] ¿Prisionera? No lo parecía. [Más silencio]. Y la noche cayó sobre el corazón de Saedrano como una sombra envenenada…

Pero entonces, en medio del silencio acongojado… Saedrano vio, justo frente a él, incrustada en un roble muchas veces centenario, esa espada perfecta, hermosa, brillante, poderosa. [Suspiros]La misma de la que hablaba la leyenda: la espada de Xion-Xe. [Alborozo general]. Saedrán cruzó una mirada con su compañero, para comprobar que el otro podía ver lo mismo. Y así era [Siiii]. Y ambos permanecieron boquiabiertos, admirándola, durante una pequeña eternidad.

Mientras, unos metros por debajo, los elfos seguían marchando –arcos en mano, arrogante la testa erguida-, y con ellos también marchaba la silenciosa Elena, y todo esto provocaba una espantosa confusión en nuestros amigos. Pero ciertamente la mágica espada aparecida les decía algo mucho más claro e inconfundible: que la gesta de los nuestros era guiada por los dioses. [Hurra]. El Arma del Héroe sólo esperaba por el Bravo para ser tomada. [Saedranes durante dos o tres minutos]

Y Saedrano la tomó. [Hurra].Y la espada mágica no opuso resistencia. [Bravo].Y los elfos malditos fueron masacrados. [Weeee]. Y Elena fue liberada [Silencio]. Y el retorno al refugio fue seguido por un gran festejo en agradecimiento de los dioses benévolos que allanaron el camino a la liberación. Una celebración descomunal que desafiaba el terror nurnita en los alrededores. [Abucheos].

Pero en la oscuridad de la noche, poco antes del alba, una ausencia -como una sombra más pesada que el silencio- turbó la fiesta. Y el espíritu de Saedrano, para siempre. [Llanto acongojado]. Elena había desaparecido, huyendo hacia los montes en medio de la celebración. Y su terrible ausencia se hizo notar como una negra marca en el hasta entonces siemrpe radiante rostro del Héroe.

Y al otro día partió Saedrano. El alma acongojada, la mágica espada en su mano, despidiéndose de los suyos y prometiendo volver con la ayuda de un gran ejército, abandonó los refugios en solitario, y con rumbo desconocido. [Lloriquieos].

Y los nuestros le esperaron. Y esperaron. Y esperaron. Hasta que un día vieron llegar a la moza Elena, sola, hambrienta y enloquecida, buscando el tierno abrazo de su amado. [Llanto general]. Pero él no regresaba, y quien la acogió fue Tiurszán, el zapatero, que también buscaba convencer a los nuestros de volver a la abandonada Aldea, para vivir como de costumbre lo hicieran. Aún en medio del peligro.

Pero el buen Draiareno les pudo convencer de permanecer hasta que regresara el de la espada de Xion-Xe. Y Elena también quería quedarse. Porque sólo curó de sus heridas con el deseo de curar de la ausencia de Saedrán. [Moqueo general].

Y una tarde le vieron al Héroe venir a la carrera, dando voces por entre los bosques, llamando al pueblo para que se pusiera en marcha de inmediato. Porque un gran ejército venía con él. Y los nuestros les acompañarían por los pasos de las montañas hasta el centro mismo del Valle, y la Ciudad del Dragón. [Silencio].

Aunque el Héroe parecía totalmente fuera de sí, todos enloquecieron de alegría con la noticia. Porque todos querían marchar de aquel sitio de una vez, aunque ya hiciera muchos días que no vieran ni rastros de nurnitas.

Pero más aún fue la locura cuando Saedrano y Elena se reencontraron. Ambos mudos de la sorpresa. Ambos llorando desconsolados. Se abrazaron en silencio durante mucho tiempo. Y al separarse ya ninguno era el mismo de antes. [Silencio pesaroso, interrumpido por copiosos suspiros].

Y entonces llegaron ellos: los nurnitas. [Abucheo ininterrumpido] encabezados por el Elfo y el Hombre, Morxen y Dúrzaur, malvados todos ellos y seguidos por centenares de esbirros. Elfos de caras pálidas y ojos brillantes, y Hombres de largas cabelleras y gestos asesinos. Portaban pesadas espadas, y poderosos arcos. Y opulentas armaduras de metal, que refulgían como los fuegos de Udûn. [Silencio].

Pero venían en paz: Saedrano se había confiado en ellos para recuperar a su amada. Tan triste había resultado su destino. Y tan sólo una tenue risa del Duro Dúrzaur le dio a entender a los nuestros toda la crueldad del engaño. Y la inocencia del Bravo. [Gritos desaforados y obscenos contra los invasores, podemos suponer que acompañados de pedradas y otros elementos no tan contundentes].

Pero antes de que el Héroe reaccionara, y con él el pueblo entero, los elfos le prendieron y le desarmaron. Y el pueblo entero se desanimó, temblando por sus vidas y las de sus niños. [Noooo].

Pero Elena pidió entonces paciencia, y clamó por seguir con los nurnitas hacia los montes. Para llevarles a dónde ellos desearan, a la Ciudad Dragón si así lo quisieran. Y aseguró que tan luego les complacieran, nos dejarían en paz a todos los nuestros.

Fue entonces que Tiurszán, el zapatero, apoyando lo dicho por la mujer con grandes gestos y entusiasmo, con desembozada satisfacción y curiosa afectación, se ofreció al Pálido Morxen como guía del Malvado, y quiso prometer, con gran premura, que todos los nuestros volverían a casa pronto. Pero no eran pocos entonces los que pensaron tan equivocados como él. [Abucheos].

[Comienza la trova de La Senda de las Cabras, acompañada por un instrumento similar al laúd, y afortunadamente se hace un respetuoso silencio entre los niños].

[NdR: la traducción, buscando ser aproximadamente literal, pierde mucho en gracia. Lo lamento].

Y partieron los nurnitas, con Elena, y con Tiurszán, a la cabeza; marcaban ambos el camino de los valles, apresurando el paso en su vileza. Y Saedrano, allí detrás, iba rehén, arrastrado por dos hombres en la triste retaguardia. Sus brazos con fiereza encadenados en el hierro, y sus ojos como mares que lloraran su desgracia.

Pero la Espada era empuñada, burlona y sacrílegamente, por Dúrzaur, el maldecido, que bien pronto la entregó a uno cualquiera de sus hombres, pero uno muy curioso, de rostro bien conocido.

Y mientras tanto durara la jornada, todos los nuestros permanecían prisioneros, amuchados en los refugios que hasta hoy les albergaran, y vigilados todo el tiempo por un fiero escuadrón de centelleantes ojos, de arcos siempre tensos. Les alimentaban con carroña para orcos, y no les dejaban apartarse de los huecos.

Marcharon largos días los nurnitas, maldiciendo a los demonios que a los lados veían: nuestro Sol, nuestra Luna, las peñas y los riscos, las cabras y los arbustos, y todo lo que era no era vil como sus almas. En el fondo, en retaguardia, Saedrán palidecía, desfalleciendo por el hambre, el cansancio y la agonía de la jornada agotadora y de la pena que le dolía, ennegreciendo su alma, anocheciendo su vida.

Y llegaron a ese paso, conocido por las cabras, que traspasa las montañas por el norte del gran Valle, y que se llama hoy de Arawen por la gracia de su gesto. Al llegar a la emboscada, los nurnitas desconfiaron de que el paso tan estrecho no les fuera conveniente, y agrupáronse muy inquietos a la sombra de los riscos, frente al gran desfiladero, sobre la tenebrosa la pendiente.

Y fue allí donde las tropas valerosas del Ingenio, sorprendieron al infame invasor desprevenido. Tiurszán, el desgraciado fue el primero de todos en caer, con el gesto sorprendido por la aparición de los arcos elfos. Allí, la Capitana Aredhel Telemnar, haciendo honor a su raza y a su reino por igual, acribilló en un solo instante un millar de almas nurnitas. No atinaron a responder, sino demasiado tarde, la embestida.

Sin embargo, el flaco Morxen pronto se hizo del mando de su tropa, y la arquería, devolviendo el embate de los elfos, a la Capitana Aredhel logró herir de certera saeta. Y luego Dúrzaur, acorralado entre el abismo de piedra y el paso estrecho, se abalanzó con su tropa como un trueno por entre el desfiladero, decidido a acabar con la valiente defensa que había preparado el Ingenio.

Allí batalló, a brazo partido, con la Capitana Arawen Tïndome, y sus soldados con la fiera infantería. Y ambos dirigentes se dieran muerte, si Morxen no mandara la vuelta, tan herido como estaba, asaeteado en varios puntos, al comprender que no pasarían.

Recogiendo, pues, al difunto, pensó entonces el Elfo, largáronse los nurnitas cuesta abajo en la picada, a pesar de haber causado entre los del Valle más grandes y terribles bajas.

Pero Dúrzaur no murió, y tampoco allí cayó Morxen, ni Árawen Tîndome ni Aredhel Telemnar, pero todos heridos por flechas, y por filo de espada enemiga, en grave estado quedaron.

Y los nurnitas se retiraron del glorioso paso de Árawen, porque no sólo el Valle fue salvado, sino que fueron liberados, en medio del desconcierto, por la arrojada actuación del Ingenio, nuestros muy queridos héroes, Saedrano y Elena la Valiente.

[Finaliza la espantosa canción].

Porque había sido Elena, arrepentida de todas sus acciones, y temerosa de lo que pudiera ocurrir a su amado, quien había preparado la emboscada, avisando a las Grandes Capitanas Elfas del Clan de Antaño, y sabiendo muy bien lo que los invasores deseaban.

Su valor y su osadía les tomaron de improviso, y aplacaron, en un instante, todo el malvado orgullo en ese sitio.

[Aplausos emocionados]\".

Continuará? xD

[Editado por seregruin el 12-12-2005 21:06]

Escrito el 16-12-2005 01:02 #3

El trasiego de gente en la casa de curación de Azdakadar había sido abrumador, pero a medida que los días iban pasando, los sanadores fueron dando de alta de los heridos que aún quedaban .Cierto es, que pese a al sobrenatural esfuerzo que realizaron los maestros por conservar la vida de aquellos que lucharon por la gloria de Valle, pocos sobrevivieron al primer día, y muchos menos al segundo, Por esas razón, los escasos pacientes que aun descansaban en los camastros improvisados eran los que habían sufrido heridas de menor consideración en la batalla contra Nurn.

Arawen se encontraba sentada junto a la cama de su esposo que se hallaba sumido en un profundo sueño gracias al fuerte brebaje que la elfa le había dado. Aunque en un principio pensó que las lesiones que había sufrido Vilmanion eran de escasa importancia, pronto vio que se equivocaba. Sabía que si no recibía el tratamiento adecuado su amado abandonaría este mundo para engrosar las filas que, de seguro, había en las estancias de Mandos. La elfa se levantó, recolocó la manta que cubría al druedain, y besó los labios de éste, para después salir de la habitación. Buscó por todos lados al Mayoral de la Casa, pero hizo falta las indicaciones de un aprendiz para encontrarlo. Cavileth, la máxima autoridad del edificio, y una de las más prestigiosas de la ciudad, pasaba por uno de los largos corredores que daban al mar, seguramente intentando evadirse del mundo que le rodeaba. Arawen corrió hasta donde estaba

-Mayoral,- dijo intentando recuperar el aliento-Vilmanion debe ser tratado cuanto antes de…

- Lo sé – interrumpió apenado-, pero eso no es posible aquí, Arawen. No disponemos del instrumental requerido para estos casos.

- Entonces, ¿qué es lo que me estáis diciendo? ¿que deje morir a mi esposo?

(………………………….)

El fin del día estaba próximo, y el cielo se iba oscureciendo poco a poco. La gente comenzaba a recogerse en sus casas, con aparente normalidad, pese al ataque inminente de Nurn.

Aredhel, paseaba por las murallas como las noches anteriores, disfrutando de la quietud de la noche y el amparo de la oscuridad. Pese a que los centinelas no habían avistado al ejército enemigo y no habría problemas aquella noche, la general prefería mantenerse en guardia y escrutar con sus propios ojos las sombras de la noche.

Sin embargo, no fueron sus ojos los que le dieron el aviso, pues su oído le permitió captar en la lejanía el galope de un caballo. Poco a poco el sonido se hizo más audible, y Aredhel pudo apreciar que el jinete se acercaba a la puerta de la ciudad. Éste no llevaba candela alguna para iluminar el camino, por ello, pasaron unos instantes hasta que los propios guardias de la muralla dieran el aviso.

Los guardias lo detuvieron bajo el mismo arco de acceso a la ciudad. Aredhel mientras tanto, se acercó al lugar. Cual fue su sorpresa, al constatar que dicho jinete era una muchacha, “una montañesa del norte” como ella mismo se hizo llamar. Iba cubierta con una capa oscura y temblaba, ya fuera por nerviosismo o por la humedad de la noche.

-¿Qué sucede?- quiso saber la general

-Esta muchacha dice que el ejército de Nurn se dirige hacia aquí- le dijo un soldado

-¿Es eso cierto? ¿Quien eres?- dijo Aredhel acercándose mas a la muchacha para verle el rostro debajo de la capucha. Unos rasgos elfos se vislumbraron por debajo del oscuro tejido.

-En efecto, señora, vengo del norte, donde nuestro pueblo sufre por el enemigo, en estos momento se dirigen hacia aquí, por las montañas.

-He oído rumores sobre estos enfrentamientos, dijo Aredhel, y posó sus manos sobre los hombros de la muchacha, quien la miró con ojos muy abiertos, pues aquello no se lo esperaba- Sé que hacéis todo lo posible por retenerlos, y tenéis toda nuestra gratitud. Tu información nos es tremendamente útil, y por ello te damos las gracias, pero… adelante- Aredhel le señaló con un gesto la inmensa puerta de la ciudad- estarás cansada del viaje y hambrienta.

-Lo lamento, pero debo partir de inmediato, no puedo quedarme aquí.

-De acuerdo entonces, al menos deja que te proporcionemos otro caballo, listo y fresco, y algunas provisiones para tu largo viaje.

Instantes después, la elfa estaba lista para partir. Aredhel levantó la mano en señal de despedida mientras comenzaba a alejarse de la ciudad.

- Que Eru guíe tus pasos, y te proteja en tu largo camino- dijo la general, y añadió con una sonrisa. Namarië.

Dicho esto, la muchacha partió al galope y Aredhel se interno en la ciudad con paso resuelto hacia las casas de curación. Estaba segura de que allí encontraría a Árawen.

Como una exhalación Aredhel entró en las casa de curación y se acercó a la estancia donde Vilmanion curaba de sus heridas. Cuando hubo llegado a la puerta, tocó con los nudillos y llamó en voz alta:

-¿Árawen? ¿Vil?

-Sí, estamos aquí, pasa Aredhel- dijo una voz al otro lado

Ambos miraron con quietud la cara de preocupación que traía Aredhel.

-¿Qué sucede?- quiso saber Árawen

-Los rumores eran ciertos, las poblaciones del norte sufren el acoso de Nurn, y su compañía se dirige hacia aquí a través de las montañas.

-¿Cómo te has enterado de lo sucedido?

La general les relató los echos con presteza.

- mmm, ¿para que dar semejante rodeo?- caviló Vil

-Sin duda para pillarnos por sorpresa.- aventuró su esposa. Estoy segura que no contaban con que recibiéramos esta información

-Debemos partir de inmediato y planear una estrategia eficaz. Las montañas rodean el núcleo de Valle, pueden aparecer por cualquier lado.

-Si, pero hay un lugar de paso obligado.- dijo vilmanion mientras intentó incorporarse.

-¿Sugieres acaso…?

-En efecto, me refiero a ese paso. Un paso realmente estrecho, ideal para ocultar el ejército y hacer una emboscada

-Y también idea para limitar el despliegue de nuestro ejercito… ese lugar es una ratonera-fue Árawen la que habló ahora.

-Sea como sea… no tenemos elección.

Los preparativos para la partida se iniciaron aquella misma noche, y al alba, la 5º compañía partió entre vítores de la ciudad del dragón.

La estrategia a seguir era clara, pese a las dudas entre los mismísimos dirigentes, debían de apostar el ejército en el paso más estrecho de toda la cordillera montañosa, un lugar por el que sin duda Nurn debía de pasar, y en el que no esperaba un ataque directo de Valle. Sin embargo, esa “ratonera” como la había llamado Árawen, podría volverse contra los atacantes de Valle, pues la dificultad del terreno evitaba maniobras de despliegue y era mucho mas difícil coordinar los movimientos, tanto para Valle como Nurn.

El sol ya estaba en lo alto, cuando capitana y general, ya que Vilmanion no había podido acompañarlas en aquella ocasión debido a sus heridas, habían conseguido “camuflar” sus tropas en los riscos.

Un gran número de arqueros estaba situado en los peñascos más altos, para regalar al enemigo una lluvia de flechas. Apostados a lo largo del paso, jinetes en las primeras filas, y elfos espada en mano detrás. Los jinetes se encargarían de abrir camino y los luchadores harían el resto.

Al fin, llegó el momento. Las tropas de Nurn comenzaron a vislumbrarse por entre las rocas. Llevaban una marcha lenta pero firme. Aredhel se preparó para dar la orden.

-¡Prended flechas! ¡Disparad!

Una nube de fuego, madera y acero cayó sobre los sorprendidos nurnitas, causando desconcierto, mientras reorganizaban sus filas. Casi de inmediato, la caballería se puso en marcha. Al frente, capitana y general, dispuestas a darlo todo por la victoria.

El ejército de Nurn se organizó rápidamente y se lanzó al ataque. Sus arqueros, comenzaron a disparar flechas hacia los valientes jinetes, quienes, no pudieron evitar que algunas de esas flechas dieran en el blanco.

Sin aflojar la marcha, la caballería se lanzó encima de los nurnitas seguidos muy de cerca por la infantería. Árawen espada en mano, se encargo de sesgar la vida de aquellos que se ponían en su camino. Llevaba una flecha clavada en su hombro izquierdo, pero el dolor no hizo sino espolearla a luchar con más fuerza.

Por otro lado, Aredhel tampoco había salido indemne de la lluvia de flechas enemigas. Una de ellas, moraba en su costado derecho, pero, al igual que su capitana, continuó luchando como si tal cosa.

Es difícil decir durante cuando se prolongó la lucha, pero aquello se convirtió en lo que temían: un fuego cruzado.

La caballería de Valle, era la parte del ejército que había recibido más daños, pues, había abierto la marcha hacia el enemigo.

Aredhel, estaba en las últimas y Árawen no estaba muy lejos del mismo estado. La general tenía manos y brazos ensangrentados, ya fueran de su propia sangre o del enemigo. De pronto sintió un dolor punzante en la espalda, un orco la había atacado a traición. En un arranque de ira, acompañando el movimiento con un grito de rabia, la elfa giró en redondo y rebanó la cabeza de aquel miserable. Su visión comenzó a nublarse y cayó de rodillas, los gritos de la trifurca se escucharon en la lejanía, la negrura la envolvió, y no vio ni sintió nada mas.

No muy lejos de allí, ajena a lo sucedido, la capitana consiguió reunir un pequeño grupo de jinetes, volvió a lanzarse a la carga y la compañía nurnita comenzaba a retirarse. Lo habían conseguido. Nurn no había franqueado el paso y la ciudad estaría por el momento a salvo. Árawen, miró a la lejanía, el sol ya estaba bajo, ¿o acaso acababa de salir? Tenía un corte bastante feo en la frente y la sangre le impedía ver con claridad. Intentó apearse de su montura, pero se sintió desfallecer. Unas manos impidieron que cayera al suelo y sintió que alzaban su cuerpo. Se dejó llevar, habían ganado… era lo que importaba

Escrito el 17-12-2005 18:28 #4

Resumen de la batalla.

Nurn ha perdido 18 armadas x35= 630 puntos.

Recuperables: 420 puntos.

Valoraciones: 10+10+10+8+9= 9,4. Se le resta 0,50 puntos por el tamaño de la historia. Valoracion final: 8,9.

Recupera: 374 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 100%, por este concepto recupera 350 puntos. Total recuperacion: 724 puntos.

No pierde puntos. Nurn recibe una penalizacion de 10 armadas por la demora en publicar la historia. Total perdida: 350 puntos.

Valle ha perdido 22 armadas x35= 770 puntos.

Recuperables: 257 puntos.

Valoraciones: 8+8+9+8+8= 8,2.

Recupera: 210 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 140%, por este concepto recupera 490 puntos. Total recuperacion: 700 puntos.

Pierde 70 puntos.

Nurn recibe 300 monedas por batalla ganada.

Nurn entrega 100 monedas a Valle por abandono de la batalla.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.