Aquel día despertó bañado en niebla. Laitainë entró en la ciudad y se reunió con su reina en la armería, ya que el ataque telpita no era ninguna sorpresa para la Alianza. Narairë miró con sorpresa el aspecto de la capitana, pues ésta tenía su blanco vestido manchado, el pelo enmarañado, y algo de sangre aparecía por sus labios.
- Númeniel, ¿qué habéis estado haciendo? – la voz de la reina dejaba asomar algo de preocupación y reproche a la vez.
- Mi señora, debéis disculparme, pero me aseguré de estar bien saciada antes de comenzar la batalla…no quiero dejar que asome mi lado enfermo y eso me lleve a cometer atrocidades. – Lady Uibrana, como se conocía a la capitana, se limpió los labios delicadamente. Aún no habían encontrado la cura para el embrujo causado por una daga telpita, pero aún así no iba a permitir un comportamiento como el de los forjadores de la daga. – No os preocupéis, las criaturas del bosque me ofrecieron su sangre para ayudarme. – La reina sonrió, y dijo:
- Hoy ha amanecido con las nubes bajas…sospecho que habéis tenido algo que ver en ello…
- No exactamente, mi señora…creo que mi abuela, la Dama de la Niebla Hîthiel, nos ha enviado algo de…suerte…para la batalla. Aunque creo que no debemos preocuparnos, pues ya habréis sido informada de que no son muy numerosos…
Ambas terminaron de armarse, y salieron al exterior, donde las tropas comenzaban ya a organizarse, serenamente. A medida que la tarde caía, la niebla comenzaba a volverse más fina y clara, tal vez la pariente de Laitaine creyó que no debía influir, y librar una batalla justa. Ya pasada la mayor parte de la noche, la niebla era casi transparente, y la reina y la capitana subieron a la muralla, para vigilar los movimientos de la horda de Telpe. Fue en ese instante cuando un enorme rugido hizo temblar los portones de Niryarion, incluso los ojos élficos de las dos damas consiguieron distinguir expresiones de sobresalto y miedo en algunos telpitas. Y cuando los primeros rayos de sol cambiaron el tono rojizo por dorado, las catapultas de la Orden comenzaron a disparar sobre la ciudad. Entonces la niebla se deshizo completamente, dando la bienvenida a los atacantes con una ráfaga de flechas venenosas. Cayeron numerosos enanos oscuros en ese primer ataque, mas los habitantes de Niryarion eran ágiles para esquivar los desechos de fuego que desprendían la artillería de Telpe. Pero no lo eran tanto sus puertas, y en un par de golpes, fueron destrozadas. Comenzaba ahora una lucha cuerpo a cuerpo entre las fuerzas de la Oscuridad y la Luz heredada de Valinor. Pero Númeniel ya conocía esa lucha, pues se libraba desde hace un tiempo en sus entrañas. Ésta suspiró profundamente, confiando en la gracia de los Valar, se colgó el arco, y desenvainó su espada. Bajó de la muralla siguiendo a Naraire, y allí se batió con un hombre ceñudo y algo torpe, que cayó apenas sin resistencia con un solo golpe de la elfa en la cabeza. La reina de la Alianza luchaba ágilmente, contra la oscura capitana de Telpe, que corrió deshaciéndose de la furia de Naraire hacia un grupo de lanceros que acosaban a los suyos. Y fue en ese entonces cuando aquel basto dragón comenzó a asolar la ciudad con hálito de fuego, quemando los tejados de los bellos palacios de la ciudad. “¡Mi señora!” un grito de Laitaine alertó a Naraire de lo que sucedía. Ésta dejó escapar un lamento, pero al momento subió a la muralla y se refugió en una almena, seguida por la capitana. La reina comenzó entonces a murmurar una pequeña oración, en lo que Laitaine creyó una lengua parecida a la hablada por los Valar. Pero cuál fue la sorpresa de la capitana al ver que su reina se acercaba hasta un ventanón con los ojos en blanco, llorando. Entonces su murmullo comenzó a ser más fuerte, hasta convertirse en una voz que resonó en toda la ciudad. Alzó sus manos, y de ellas manó una luz tan cegadora incluso para los habitantes de Niryarion, tan acostumbrados a la Luz del Sol. Pero aquello no era Luz, sino agua, que neutralizó el fuego de Telpe, y dejó fuera de combate durante la mayor parte de la batalla a aquel rudo dragón, ya que era también acosado por los arqueros. Cuando hubo acabado, la reina se apoyó en Númeniel, con una expresión de agotamiento, mas a medida que el color volvía a sus ojos, su respiración se hacía más pausada, y al momento volvió a empuñar su espada. Ambas corrieron para seguir defendiendo a espada su ciudad. Un grupo de elfos intentaban batir a tres trolls, que luchaban con una furia animal e instintiva, golpeando a todo aquello que se moviera, fuera amigo o enemigo. Varios hombres de Telpe cayeron por su culpa, uno de ellos rasgando el vestido de la reina.
El ruido de las catapultas ponía nervioso al ejército de la Alianza pero poco o nada se podía hacer por paliarlo. La guerra estaba llegando a su cúspide, aún así no había un claro vencedor. Hasta el momento la estrategia del ejército de la Alianza había sido básicamente la defensa, pero ya era hora de cambiar…
Narairë estaba cansada ya de la batalla y decidió emprender una ruda arremetida contra los telpitas para intimidarlos y así hacer que estos se empezaran a plantear una retirada o bien estratégica o bien por miedo a lo que pudiera pasar…
La reina poseía una gran vitalidad y una destreza sin igual. Narairë dirigió ahora su mirada a los tres trolls y una mirada suya fue suficiente para hacer que esas criaturas de la oscuridad comprendieran que la reina les iba a aniquilar. Alzó su brazo y con un ligero movimiento de su muñeca apuntó con su mano a los tres trolls. Instantáneamente de los ojos de estas bestias inmundas comenzaron a emanar grandes cantidades de agua, así mismo también de su boca. A los pocos segundos estos cayeron desplomados sobre el suelo dejando escapar litros y litros de agua por sus ojos y boca. La reina estaba encolerizada, hastiada de tanta muerte y dolor causado a su gente, el hedor que desprendían los cadáveres…todo iba mal pero no iba a ser ese día la Alianza quien se dejara arrastrar hasta la muerte. En ese lugar y ese momento la batalla no la ganarían pero esa ciudad y los habitantes de esta no sucumbirían a las garras del celoso mal…
Al mismo tiempo la guerrera Númeniel arrastraba al enemigo hasta una muerte segura y no tenía piedad alguna con los que no la tuvieron con su hermano…los causantes de sus últimas heridas y dolencias. Desde bien pequeños los hermanos se prometieron no abandonarse y ajusticiar a los que osaran arrebatarles la vida…Laitaine estaba furiosa una parte de ella se descontrolaba y empezaba a temer a su propio ser…algo en ella crecía y se nutría de su luz interior y la estaba transformando un ser que ella misma abominaba. Su cuerpo y su razón estaban a punto de separarse y cada una tomar una decisión. Númeniel entre lágrimas alzó los brazos y cayó arrodillada en el fango embarrándose de pies a cabeza…
-¿Por qué gran Eru? ¿Por qué yo? ¡Mi vida se escapa y nadie me puede ayudar! La sangre que corre por mis venas ya no es pura…Hermano mío ¡Ayúdame! Me desgarra el pensar que te pueda olvidar…Ayúdame…
Laitaine estaba en estado de shock y no pudo ver como un vil enano enemigo se acercó por detrás para hacer intento de hender su hacha en las carnes blancas de la elfa. Narairë que desde la lejanía observó lo que iba a ocurrir se plantó ante el enano parando su arremetida. Narairë que estaba muy furiosa emitió un terrible grito de dolor y rabia y cargando con furia todas sus fuerzas en su pierna lanzó una patada contra la cabeza del enano, arrancándole a este la cabeza de su pequeño cuerpo. Narairë estaba estupefacta ante su reacción…pero para ella la pérdida de una gran amiga es justificación suficiente, incluso si hubiera tenido que dar su vida a cambio de la elfa lo hubiera hecho con honor.
La reina se dio la vuelta y Laitaine ya no estaba…
Laitaine se encontraba entre las filas telpitas. Su intención era acabar con las catapultas que tantos daños estaban causando, sin embargo en vez de este efecto se encontró ante un grave peligro. Unos hombres cautivados por su valentía la acorralaron y la empotraron contra la base de una catapulta la cual al impactar con el cuerpo de la elfa se astilló y un palo de unos 6 centímetros de ancho por 30 de largo de madera la atravesó 7 centímetros por encima del ombligo a modo de estaca…
La sangre le brotaba por la boca sin cesar y la dura imagen causó a los hombres un momento de lucidez en el que vieron que atrocidad habían cometido hasta que uno de ellos lo justificó como una víctima de guerra…
Laitaine sin saber como consiguió dar unos pasos sacando de su cuerpo el trozo de madera incrustada. Había perdido mucha sangre…sus ojos de nuevo retornaron a ser los ojos de una maldita. Su expresión en la cara denotaba un sadismo y ganas insaciables de algo…su cuerpo ansiaba beber la sangre de esos hombres sus oídos oían con facilidad el palpitar de sus tres corazones y eso le provocaba una mayor ansiedad, sus labios eran completamente morados y su rostro pálido en su totalidad sus ojos en cambio reflejaban terror un terror que invadía a Laitaine Númeniel ante lo que iba a hacer…un terror que manifestaba su ser interior que ahora era confinado a la nada por la maldición siendo dominada por una sangre…casi demoníaca…
A pesar de sus heridas de gravedad inmensa su cuerpo empleaba sus últimos movimientos en acercarse a uno de los hombres…con delicadeza se acercó y se dejó caer sobre uno, a la par que su rostro cambiaba de nuevo a una nueva cara…una cara dulce e inocente que buscaba piedad y compasión. El hombre se apiadó y en ello se equivocó…la elfa abrazada a él enterró con ansia sus dientes en el cuello del hombre y comenzó a alimentarse de su vida…
Los otros dos observaban atónitos no sabían como reaccionar…fue entonces cuando una nueva fuerza en ella con ganas de luchar contra su faceta demoníaca le otorgó una oportunidad de huir antes de matar al humano y poder huir despavorida hacia el templo del puerto…
Narairë solo vio como Laitaine muy gravemente herida corría hacia los interiores de la ciudad, decidió seguirla pero antes dijo en voz alta:
-¡Soldados se que tenemos más bajas en la balanza y la victoria no es nuestra aunque no está lejos, pero este día el juicio de Eru es que Niryarion no caiga a los pies de estos traidores de la luz del bien! ¡Luchad con la misma fuerza de la primera batalla y con la destreza de la última! ¡Mirad al futuro en él solo hay lugar para el bien y la luz! ¡Atacad!
Narairë siguió luchando su espada se batía contra enanos, trolls y hombres y ninguno era capaz de resistir su mortal caricia…Los arqueros estaban ensimismados en acertar el blanco pues una flecha fallida podría causar la muerte de algún viejo amigo o compañero…el choque del metal ensordecía a los allí presentes y el silbido de los dardos se incrustaba en el fondo de cada ser haciéndole estremecerse de dolor…
Narairë partió con prisa al templo pero no percibió el ataque de un humano que la asestó una puñalada en su muslo derecho, esta en el instante en que el hombre iba a sacar la daga le rebanó la cabeza con su espada. La elfa siguió hasta que llegó al templo y una vez allí se encontró con Númeniel postrada ante el altar prácticamente desagrada. La tomo entre sus brazos y se la llevó pero antes de que pudiera llevarla a un lugar seguro y retomar la batalla empezó a marearse dejó a Númeniel en el suelo y al instante su consciencia se desvaneció y cayó junto a la elfa de cabellos dorados…la batalla ¿habría terminado?
Al poco tiempo lo hizo aun así para Laitaine esa batalla ahora se libraba en su interior…
ESCRITO POR LAITAINE
[Editado por wiccano el 15-12-2005 21:47]