La Guerra de los Clanes

Batalla 103 - C3 Orden De Telpe Vs C2 Alianza Eithel-Glîn

Terminada
Escrito el 03-12-2005 01:10 #1

23:12:29 02-12-2005:

Alianza de Eithel-Glîn ha obtenido un 3 y un 3 en la tirada.

23:12:55 02-12-2005:

Orden de Telpe ha obtenido un 4, un 4 y un 2 en la tirada.

23:12:39 02-12-2005:

Soldados perdidos por \"Orden de Telpe\": 6

Soldados perdidos por \"Alianza de Eithel-Glîn\": 6

Resultado total:

Soldados perdidos por \"Orden de Telpe\": 6

Soldados perdidos por \"Alianza de Eithel-Glîn\": 8

Orden de Telpe deja de atacar

Victoria para Telpe

Escrito el 12-12-2005 23:22 #2

La niebla, espesa, errante, siniestra, pululaba a su antojo por entre las colinas serpenteantes, enfriando el ambiente y el ánimo de los hombres allí presentes. No era una neblina corriente, ni mucho menos; el sol ya estaba alto, mas aquella extraña nube que rozaba la hierba helada seguí allí, desafiando los fenómenos de la naturaleza.

Pues Telpe había llegado. El siniestro ejército marchaba solemne, con paso firme pero tranquilo, con la mente clara y el objetivo fijo. Largas hileras de enanos, hombres y trolls hacían estremecer a los espectadores con siniestras imágenes que su imaginación, tan inocente, los obligaba a ver. Aunque no era precisamente por el número de aquellas tropas, no muy espectacular, ni por las extrañas armaduras ni los tétricos emblemas. Muchos como ellos habían visto ya los habitantes de la Alianza; la guerra se propagaba en Haldanóri más rápido que la peste.

No. No era sino la presencia de aquellos tres capitanes, la pálida y mortífera elfa, el siniestro Elda de verdes ropajes, y sobretodo el temible, enorme y terrorífico dragón; no era, como digo, sino la presencia de los susodichos dirigentes lo que hacía suspirar y estremecer al espectador. Mas eran pocos; las noticias vuelan, según dicen, y escasos eran los que se atrevían a asomar un ojo o cualquier otra parte del cuerpo cerca de la oscura hueste.

Las tropas continuaron caminando durante todo el día, apenas descansando para tomar algo que comer; muchos no soportaban la presencia de aquella niebla antinatural, y terminaban cayendo derrotados, muertos de frío, hasta que una siniestra mirada de Ouroborus, el dragón, les devolvía la cordura. “Mejor vivir medio helado que morir quemado entero”; probablemente eso pensarían.

Al fin, al caer la noche, la neblina tenebrosa desapareció, dando un respiro a los acongojados soldados, que prepararon con presteza el campamento para el descanso y cada cual hizo lo que le pareció. Los capitanes, por su parte, se reunieron en la mayor de las tiendas, debatiendo cómo debían atacar; la ciudad de Niryarion estaba cerca, y querían aprovechar la oportunidad de hacer todo el daño posible a sus enemigos. Ouroborus no estaba en aquella reunión, obviamente; su tamaño hacía imposible tal cosa, además de que él no necesitaba órdenes. Sabía lo que debía hacer.

La guardia fue doble, pues aquella era una zona conflictiva, donde se libraban muchas batallas en multitud de frentes, y toda precaución era poca en aquella tierra desolada por la destrucción. Una destrucción que los soldados de Telpe se concentraban en provocar, a conciencia.

Al día siguiente, despertaron temprano, marchando al poco tiempo hacia la ciudad de la Alianza. La niebla se levantó de nuevo antes de que comenzaran a caminar, desesperando a más de uno, y cerca del mediodía avistaron por vez primera las murallas de Niryarion. Fue entonces cuando Ouroborus, con un terrible rugido que hizo que muchos se taparan los oídos y se echaran al suelo, horrorizados, extendió las alas y ascendió sobre las nubes, desapareciendo de la vista.

Siguieron marchando, y al poco tiempo se encontraron frente a la muralla, con la maquinaria lista y ese silencio de incertidumbre y negra ansia de sangre que siempre acompañaba al inicio de una batalla.

A una orden de Lúmenel, las catapultas soltaron sus piedras sobre los desprevenidos defensores. Ante la primera detonación cundió la alarma y todos supieron que Telpe estaba allí; el sortilegio de la niebla pareció desaparecer entonces, y enemigos pudieron por fin mirarse a la cara, el rostro ceñudo, deseándose mutuamente un dulce encuentro con el barro ensangrentado.

Arreciaron las piedras incendiadas, aunque pareció ser que la suerte sonrió en primer instante a los soldados de la Alianza, pues pocas bajas sufrieron en esta terrible embestida; así pues pronto cargó un primer ariete sobre la puerta de la ciudad. No obstante quiso la suerte que una roca, convenientemente lanzada por los defensores, destrozó toda la estructura. Muchos de los hombres que manejaban la maquinaria quedaron aplastados, y otros tantos masacrados por las descargas de la arquería.

No ocurrió lo mismo con el segundo ariete, que esta vez sí cumplió su objetivo, y las puertas cayeron derrumbadas. Los soldados de Telpe, dirigidos por una primera horda de temibles trolls acorazados, se lanzaron en trompa sobre los hombres de la Alianza. Entonces descendió el dragón sobre la ciudad, y se vieron llamas abrasadoras que quemaron soldados y destrozaron media ciudad. Los enanos entraron entonces en tropel, rugiendo y destrozando cráneos con sus grandes mazas y martillos, secundados por la terrible fuerza de los trolls y los arcos de los hombres, que permanecieron más rezagados.

Mas la contienda estaba igualada, pues los soldados de Telpe no eran muy numerosos, y apenas pudieron avanzar más allá de la puerta. Ouroborus debía tener cuidado, pues los arqueros, prudentemente advertidos acerca de él, no lo dejaban tranquilo, y no pudo causar toda la destrucción que su corazón ansiaba. Lúmenel mató a muchos con rápidos y terriblemente precisos movimientos. Uno, que se acercó por la espalda, recibió una patada en su rostro, partiéndose su nariz, y posteriormente cortó la malherida cabeza del pobre hombre, que terminó su vida en la piedra ensangrentada de las gastadas losas que formaban el pavimento. Khelekmoth, por su parte, acabó con la existencia de otros tantos, de formas variadas y todas ellas dolorosas. No haré incapié en ninguna de ellas por contribuir a la amenidad de este pobre relato.

Finalmente, aunque la balanza estaba ligeramente inclinada hacia el bando telpita, no quisieron los líderes tentar a la suerte, y se retiraron de la ciudad, que permaneció en manos de la Alianza, aunque lamentablemente dañada por la furia del dragón. Protegiendo la retirada de los soldados rezagados, Ouroborus destrozó a todo aquél que se acercó demasiado a la puerta, y pronto no hubo nadie suficientemente osado—o loco—para enfrentar al dragón; todos lo que lo habían intentado, yacían ahora amontonados alrededor del siniestro animal.

Por fin, Ouroborus extendió sus enormes alas, dando un bandazo, que derribó a más de uno, y se retiró del campo, rugiendo de nuevo, y produciendo una desagradable congoja en todos los presentes. La batalla había terminado.

Pero en el iracundo corazón del dragón se asomaba una única frase, corta, pero horriblemente significativa: “Volveremos… volveremos…”

Escrito el 15-12-2005 21:45 #3

Aquel día despertó bañado en niebla. Laitainë entró en la ciudad y se reunió con su reina en la armería, ya que el ataque telpita no era ninguna sorpresa para la Alianza. Narairë miró con sorpresa el aspecto de la capitana, pues ésta tenía su blanco vestido manchado, el pelo enmarañado, y algo de sangre aparecía por sus labios.

- Númeniel, ¿qué habéis estado haciendo? – la voz de la reina dejaba asomar algo de preocupación y reproche a la vez.

- Mi señora, debéis disculparme, pero me aseguré de estar bien saciada antes de comenzar la batalla…no quiero dejar que asome mi lado enfermo y eso me lleve a cometer atrocidades. – Lady Uibrana, como se conocía a la capitana, se limpió los labios delicadamente. Aún no habían encontrado la cura para el embrujo causado por una daga telpita, pero aún así no iba a permitir un comportamiento como el de los forjadores de la daga. – No os preocupéis, las criaturas del bosque me ofrecieron su sangre para ayudarme. – La reina sonrió, y dijo:

- Hoy ha amanecido con las nubes bajas…sospecho que habéis tenido algo que ver en ello…

- No exactamente, mi señora…creo que mi abuela, la Dama de la Niebla Hîthiel, nos ha enviado algo de…suerte…para la batalla. Aunque creo que no debemos preocuparnos, pues ya habréis sido informada de que no son muy numerosos…

Ambas terminaron de armarse, y salieron al exterior, donde las tropas comenzaban ya a organizarse, serenamente. A medida que la tarde caía, la niebla comenzaba a volverse más fina y clara, tal vez la pariente de Laitaine creyó que no debía influir, y librar una batalla justa. Ya pasada la mayor parte de la noche, la niebla era casi transparente, y la reina y la capitana subieron a la muralla, para vigilar los movimientos de la horda de Telpe. Fue en ese instante cuando un enorme rugido hizo temblar los portones de Niryarion, incluso los ojos élficos de las dos damas consiguieron distinguir expresiones de sobresalto y miedo en algunos telpitas. Y cuando los primeros rayos de sol cambiaron el tono rojizo por dorado, las catapultas de la Orden comenzaron a disparar sobre la ciudad. Entonces la niebla se deshizo completamente, dando la bienvenida a los atacantes con una ráfaga de flechas venenosas. Cayeron numerosos enanos oscuros en ese primer ataque, mas los habitantes de Niryarion eran ágiles para esquivar los desechos de fuego que desprendían la artillería de Telpe. Pero no lo eran tanto sus puertas, y en un par de golpes, fueron destrozadas. Comenzaba ahora una lucha cuerpo a cuerpo entre las fuerzas de la Oscuridad y la Luz heredada de Valinor. Pero Númeniel ya conocía esa lucha, pues se libraba desde hace un tiempo en sus entrañas. Ésta suspiró profundamente, confiando en la gracia de los Valar, se colgó el arco, y desenvainó su espada. Bajó de la muralla siguiendo a Naraire, y allí se batió con un hombre ceñudo y algo torpe, que cayó apenas sin resistencia con un solo golpe de la elfa en la cabeza. La reina de la Alianza luchaba ágilmente, contra la oscura capitana de Telpe, que corrió deshaciéndose de la furia de Naraire hacia un grupo de lanceros que acosaban a los suyos. Y fue en ese entonces cuando aquel basto dragón comenzó a asolar la ciudad con hálito de fuego, quemando los tejados de los bellos palacios de la ciudad. “¡Mi señora!” un grito de Laitaine alertó a Naraire de lo que sucedía. Ésta dejó escapar un lamento, pero al momento subió a la muralla y se refugió en una almena, seguida por la capitana. La reina comenzó entonces a murmurar una pequeña oración, en lo que Laitaine creyó una lengua parecida a la hablada por los Valar. Pero cuál fue la sorpresa de la capitana al ver que su reina se acercaba hasta un ventanón con los ojos en blanco, llorando. Entonces su murmullo comenzó a ser más fuerte, hasta convertirse en una voz que resonó en toda la ciudad. Alzó sus manos, y de ellas manó una luz tan cegadora incluso para los habitantes de Niryarion, tan acostumbrados a la Luz del Sol. Pero aquello no era Luz, sino agua, que neutralizó el fuego de Telpe, y dejó fuera de combate durante la mayor parte de la batalla a aquel rudo dragón, ya que era también acosado por los arqueros. Cuando hubo acabado, la reina se apoyó en Númeniel, con una expresión de agotamiento, mas a medida que el color volvía a sus ojos, su respiración se hacía más pausada, y al momento volvió a empuñar su espada. Ambas corrieron para seguir defendiendo a espada su ciudad. Un grupo de elfos intentaban batir a tres trolls, que luchaban con una furia animal e instintiva, golpeando a todo aquello que se moviera, fuera amigo o enemigo. Varios hombres de Telpe cayeron por su culpa, uno de ellos rasgando el vestido de la reina.

El ruido de las catapultas ponía nervioso al ejército de la Alianza pero poco o nada se podía hacer por paliarlo. La guerra estaba llegando a su cúspide, aún así no había un claro vencedor. Hasta el momento la estrategia del ejército de la Alianza había sido básicamente la defensa, pero ya era hora de cambiar…

Narairë estaba cansada ya de la batalla y decidió emprender una ruda arremetida contra los telpitas para intimidarlos y así hacer que estos se empezaran a plantear una retirada o bien estratégica o bien por miedo a lo que pudiera pasar…

La reina poseía una gran vitalidad y una destreza sin igual. Narairë dirigió ahora su mirada a los tres trolls y una mirada suya fue suficiente para hacer que esas criaturas de la oscuridad comprendieran que la reina les iba a aniquilar. Alzó su brazo y con un ligero movimiento de su muñeca apuntó con su mano a los tres trolls. Instantáneamente de los ojos de estas bestias inmundas comenzaron a emanar grandes cantidades de agua, así mismo también de su boca. A los pocos segundos estos cayeron desplomados sobre el suelo dejando escapar litros y litros de agua por sus ojos y boca. La reina estaba encolerizada, hastiada de tanta muerte y dolor causado a su gente, el hedor que desprendían los cadáveres…todo iba mal pero no iba a ser ese día la Alianza quien se dejara arrastrar hasta la muerte. En ese lugar y ese momento la batalla no la ganarían pero esa ciudad y los habitantes de esta no sucumbirían a las garras del celoso mal…

Al mismo tiempo la guerrera Númeniel arrastraba al enemigo hasta una muerte segura y no tenía piedad alguna con los que no la tuvieron con su hermano…los causantes de sus últimas heridas y dolencias. Desde bien pequeños los hermanos se prometieron no abandonarse y ajusticiar a los que osaran arrebatarles la vida…Laitaine estaba furiosa una parte de ella se descontrolaba y empezaba a temer a su propio ser…algo en ella crecía y se nutría de su luz interior y la estaba transformando un ser que ella misma abominaba. Su cuerpo y su razón estaban a punto de separarse y cada una tomar una decisión. Númeniel entre lágrimas alzó los brazos y cayó arrodillada en el fango embarrándose de pies a cabeza…

-¿Por qué gran Eru? ¿Por qué yo? ¡Mi vida se escapa y nadie me puede ayudar! La sangre que corre por mis venas ya no es pura…Hermano mío ¡Ayúdame! Me desgarra el pensar que te pueda olvidar…Ayúdame…

Laitaine estaba en estado de shock y no pudo ver como un vil enano enemigo se acercó por detrás para hacer intento de hender su hacha en las carnes blancas de la elfa. Narairë que desde la lejanía observó lo que iba a ocurrir se plantó ante el enano parando su arremetida. Narairë que estaba muy furiosa emitió un terrible grito de dolor y rabia y cargando con furia todas sus fuerzas en su pierna lanzó una patada contra la cabeza del enano, arrancándole a este la cabeza de su pequeño cuerpo. Narairë estaba estupefacta ante su reacción…pero para ella la pérdida de una gran amiga es justificación suficiente, incluso si hubiera tenido que dar su vida a cambio de la elfa lo hubiera hecho con honor.

La reina se dio la vuelta y Laitaine ya no estaba…

Laitaine se encontraba entre las filas telpitas. Su intención era acabar con las catapultas que tantos daños estaban causando, sin embargo en vez de este efecto se encontró ante un grave peligro. Unos hombres cautivados por su valentía la acorralaron y la empotraron contra la base de una catapulta la cual al impactar con el cuerpo de la elfa se astilló y un palo de unos 6 centímetros de ancho por 30 de largo de madera la atravesó 7 centímetros por encima del ombligo a modo de estaca…

La sangre le brotaba por la boca sin cesar y la dura imagen causó a los hombres un momento de lucidez en el que vieron que atrocidad habían cometido hasta que uno de ellos lo justificó como una víctima de guerra…

Laitaine sin saber como consiguió dar unos pasos sacando de su cuerpo el trozo de madera incrustada. Había perdido mucha sangre…sus ojos de nuevo retornaron a ser los ojos de una maldita. Su expresión en la cara denotaba un sadismo y ganas insaciables de algo…su cuerpo ansiaba beber la sangre de esos hombres sus oídos oían con facilidad el palpitar de sus tres corazones y eso le provocaba una mayor ansiedad, sus labios eran completamente morados y su rostro pálido en su totalidad sus ojos en cambio reflejaban terror un terror que invadía a Laitaine Númeniel ante lo que iba a hacer…un terror que manifestaba su ser interior que ahora era confinado a la nada por la maldición siendo dominada por una sangre…casi demoníaca…

A pesar de sus heridas de gravedad inmensa su cuerpo empleaba sus últimos movimientos en acercarse a uno de los hombres…con delicadeza se acercó y se dejó caer sobre uno, a la par que su rostro cambiaba de nuevo a una nueva cara…una cara dulce e inocente que buscaba piedad y compasión. El hombre se apiadó y en ello se equivocó…la elfa abrazada a él enterró con ansia sus dientes en el cuello del hombre y comenzó a alimentarse de su vida…

Los otros dos observaban atónitos no sabían como reaccionar…fue entonces cuando una nueva fuerza en ella con ganas de luchar contra su faceta demoníaca le otorgó una oportunidad de huir antes de matar al humano y poder huir despavorida hacia el templo del puerto…

Narairë solo vio como Laitaine muy gravemente herida corría hacia los interiores de la ciudad, decidió seguirla pero antes dijo en voz alta:

-¡Soldados se que tenemos más bajas en la balanza y la victoria no es nuestra aunque no está lejos, pero este día el juicio de Eru es que Niryarion no caiga a los pies de estos traidores de la luz del bien! ¡Luchad con la misma fuerza de la primera batalla y con la destreza de la última! ¡Mirad al futuro en él solo hay lugar para el bien y la luz! ¡Atacad!

Narairë siguió luchando su espada se batía contra enanos, trolls y hombres y ninguno era capaz de resistir su mortal caricia…Los arqueros estaban ensimismados en acertar el blanco pues una flecha fallida podría causar la muerte de algún viejo amigo o compañero…el choque del metal ensordecía a los allí presentes y el silbido de los dardos se incrustaba en el fondo de cada ser haciéndole estremecerse de dolor…

Narairë partió con prisa al templo pero no percibió el ataque de un humano que la asestó una puñalada en su muslo derecho, esta en el instante en que el hombre iba a sacar la daga le rebanó la cabeza con su espada. La elfa siguió hasta que llegó al templo y una vez allí se encontró con Númeniel postrada ante el altar prácticamente desagrada. La tomo entre sus brazos y se la llevó pero antes de que pudiera llevarla a un lugar seguro y retomar la batalla empezó a marearse dejó a Númeniel en el suelo y al instante su consciencia se desvaneció y cayó junto a la elfa de cabellos dorados…la batalla ¿habría terminado?

Al poco tiempo lo hizo aun así para Laitaine esa batalla ahora se libraba en su interior…

ESCRITO POR LAITAINE

[Editado por wiccano el 15-12-2005 21:47]

Escrito el 17-12-2005 19:30 #4

Resumen de la batalla.

Telpe ha perdido 6 armadas x35= 210 puntos.

Recuperables: 140 puntos.

Valoraciones: 8+8+6+7+8= 7,4

Recupera: 104 puntos.

Pierde: 106 puntos. Recibe una sanción de 7 armadas por la demora en la publicacion de la historia. Total perdida: 351 puntos.

Alianza ha perdido 8 armadas x35= 280 puntos.

Recuperables: 126 puntos por hacer uso del poder especial.

Valoraciones: 8+8+7+8+9= 8

Recupera: 101 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 60%, por este concepto recupera 210 puntos. Total recuperacion: 311 puntos.

No pierde puntos.

Telpe recibe 75 monedas por batalla ganada.

Telpe entrega 100 monedas a Alianza por abandono de la batalla.

Compañias actualizadas y listas.

Historia finalizada.