Delisse Yestariel
Fin Guerra: Señores de Nurn se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 42
Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 50
Osto Telemna ha sido saqueada.

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 2
Finalizada · 08-09-2004
2005:12:13:22:26:53
Fin Guerra: Señores de Nurn se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 42
Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 50
Osto Telemna ha sido saqueada.
Al fin su viaje había terminado. El viaje por mar resultó más duro de lo esperado, manteniéndose constante aquellas rachas de viento, que tantos mareos produjeron en los hombres. A pesar de vivir muy cerca del mar, para algunos soldados este seria su primer viaje surcando las aguas, y los efectos que les producían les hacían pensar que el hombre no estaba destinado a desplazarse grandes distancias por ese medio.
Pero una vez en tierra sus ideas se modificaron. Se hallaban en Osto Telemna, la capital de la Orden de Telpe y ninguna fuerza se vislumbraba. Nada hacía intuir presencia enemiga alguna salvo un pequeño grupo de soldados destinados al cuidado de la ciudad, que ante la fuerza desplegada ante ellos, mostraron temor, aunque mantuvieron sus posiciones.
-Señores, esta ciudad hoy estará bajo nuestro dominio. Grandes penas ha sufrido nuestro pueblo por el acoso enviado desde el interior de estos muros. Hora es ya de devolverles la visita y enseñarles la cortesía de la Alianza.- Así habló ante los suyos el capitán Árchaon. Se sentía orgulloso de los suyos, pues nunca le fallaron en batalla y desde su vuelta a la compañía notaba como su fuerza era mayor a cada momento.
La flota había tomado tierra y a una voz se produjo el rápido desembarco de hombres y elfos, pues los ents no pudieron ser embarcados, a pesar de que sin duda serian unos poderosos aliados. Pero los ligeros barcos que ocuparon no aseguraban una gran estabilidad y no resistirían el duro viaje, decidiéndose pues que estos permanecerían en el bosque hasta su vuelta, aunque sin duda esos bosques en nada se parecían a los frondosos y verdes árboles que se encontraban en tierras de Eithel Glîn.
Escasas bajas se produjeron en ese encuentro y la victoria fue sencilla, pero las defensas se mantuvieron en todo momento alerta, ante la posible aparición repentina del enemigo. Mas después de una inspección a fondo sobre la ciudad y un fuerte reconocimiento de la zona, la alegría de los soldados fue grande al controlar la capital de uno de sus enemigos.
Las gentes de la ciudad se refugiaron en sus hogares, pero eso a las fuerzas de la Alianza no les preocupaba mucho, pues eran en su mayoría ancianos, mujeres y niños, debido a que los hombres con capacidad para empuñar un arma eran requeridos para ingresar en los ejércitos de Telpe.
Tras las necesarias rondas el capitán, sus dirigentes y alguno de los hombres destacados de la compañía entraron al fin en las dependencias reales. Grandes lujos hallaron en ellas, vislumbrados en estatuas y adornos bañados en oro. Fuentes de gran belleza y otros objetos de no menor brillo y esplendor se encontraban en abundancia, pero lo que más interés despertó fueron los despachos de la reina, donde multitud de documentos se encontraban.
Auriga y el maia Árchaon dedicaron gran parte del día en el estudio de dichos escritos enviados por el resto de clanes aliados a Telpe, y mediante estos, grandes descubrimientos se produjeron. Pero pasado el tiempo, tanta tranquilidad impacientó al maia que inquieto decidió dejar por un tiempo el estudio y salir a respirar aire más limpio, pues en verdad aquella estancia estaba muy cargada.
Paseó un tiempo por los largos pasillos de la ciudad, observando pinturas muy delicadas y de gran colorido, que tal vez no fuesen demasiado apropiadas en aquel entorno mal iluminado, pensó él. Pero ensimismado en estos pensamientos, unos extraños ruidos le condujeron a una gran puerta. Avanzó cauteloso, con la mano acariciando suavemente el pomo de Mommênt, extrayéndola lentamente de su vaina, al tiempo que afinaba su oído frente a la gran puerta de la que provenían los ruidos. En efecto algo se encontraba al otro lado emitiendo unos ruidos extraños, y pronto descubriría quien era el ser que los producía.
Un rápido movimiento de su muñeca y un empujón fueron suficientes para que la puerta se abriera y al contemplar su interior el gesto de su cara cambió, y toda precaución abandonó su rostro convirtiéndose al instante en una clara y franca risotada. Allí se encontraba Luthan, sentado cómodamente en una especie de trono, que sin duda estaría destinado a la reina telpita, y en su mano derecha se encontraba un gran muslo de pollo asado que el hombre disfrutaba con deleite, mientras en el suelo se encontraba una gran jarra de espumosa cerveza, que sin duda levantaría en repetidas ocasiones.
-Vaya, vaya- dijo el maia apenas pudiendo contener la risa. De modo que mientras nosotros indagábamos en busca de datos del enemigo, no perdías el tiempo, verdad mi buen amigo. Has encontrado la cocina y un espléndido asiento en el que descansar del gran esfuerzo realizado.
-Con gusto os ayudaría, pero sabéis que esas tareas son en extremo monótonas. Dadme acción y veréis que rápido mi espada hará rodar más de una cabeza.
-Pues tal vez eso te conviniera... al menos para rebajar esos grandes bocados- concluyó el capitán.
Instantes después la dama Auriga irrumpía con rapidez en la sala. La preocupación era palpable en su rostro, hasta que tras comprobar la estampa, tampoco pudo reprimir la carcajada.
-No se ha que viene tanta risa la verdad- dijo el hombre, propinando un buen bocado a su presa. ¿Nunca habéis visto a un hombre comer?
-Al menos no con tanto apetito-respondió Auriga poniendo su mano sobre el hombro del hombre. Pero espero que nos hayas dejado algo para nosotros.
-Por su bien eso espero, o volverá nadando al continente- comentó con una mirada severa el maia, aunque su sonrisa le delataba.
Poco después los tres compañeros disfrutaban de una generosa cena, a cuenta de las existencias de Osto Telemna, tras la cual volvieron al estudio de papeles y cartas, aunque esta vez con más humor. Horas más tarde y tras mucho tiempo sin esas comodidades, un cálido lecho les acogió resguardándolos de la noche. Poco les costó acostumbrarse a esas comodidades pero una sombra se escondía en la mente de Árchaon. El pacto de Telpe y sus aliados eran de sobra conocidos, pero llegaban al extremo de defender sus ciudades como sí de su propiedad se trataran. Quizás en el transcurso de la noche crueles enemigos se cernirían sobre ellos, pero no quiso alertarlos para permitirles un descanso merecido. Tras ordenar las guardias necesarias y disponer que fuese avisado por la mínima sospecha de una presencia hostil, se encaminó a su alcoba y se dispuso a dormir. Aquella noche no tubo sueño alguno.
La mañana amaneció fría como las anteriores, mas un viento gélido soplaba con intensidad, obligando a los hombres a buscar mas prendas de abrigo. El en apariencia medio elfo se dio un baño reparador y tras vestir de nuevo sus ropas se encamino hacia la guardia en busca de noticias. Nada extraño había acaecido durante la noche, así que se retiró a desayunar con sus amigos. Pero lo bueno siempre se acaba y poco después del mediodía fueron avistadas en el horizonte unas grandes naves de oscuro casco y velamen negro, azotadas por un gran viento.
Las tropas formaron rápidamente en el patio de la ciudad dispuestos a enfrentar al enemigo. No podían enfrentarlos por mar pues sus barcos no soportarían el bravío mar que en esos momentos rugía agitado por el viento. Oscuros nubarrones cubrían el cielo de la isla y los primeros copos de nieve no tardaron en precipitarse sobre ellos. Todo estaba en su contra y deberían esperar su desembarco pues en el muelle era difícil el combate, por lo que esperarían a su enemigo en tierra, librándose la batalla a las puertas de la ciudad. La puerta hubo de ser derrumbada para poder acceder a la ciudad y en esas condiciones una lucha en el interior sería una trampa mortal.
Minutos de tensión se respiraron en ese tiempo. Había miedo, pero por sobre todo estaba el valor de aquellos que buscaban el bien. No se doblegarían ante enemigo alguno salvo que la muerte se lo impidiera, y si ese fuese el destino que les esperaba, con orgullo lo afrontarían y aceptarían, pues sería un final junto a los suyos luchando por su pueblo.
Y al fin las fuerzas se encontraron. Luthan se situó a la derecha del capitán comandando a los hombres de la infantería, prestos como siempre al ataque, con las ligeras pero resistentes armaduras, que ha pesar de la falta de luz resplandecían como si la luz emanara de sus propios cuerpos. Y a la derecha la dama Auriga dirigía a los arqueros que encabezarían el ataque. Certeros en sus disparos proporcionaban una cobertura antes de que las espadas se entrecruzasen.
En el centro y montado sobre su fiel Silvaron, Árchaon dirigiría a los jinetes, tanto hombres como elfos, siendo los primeros en la lucha cuerpo a cuerpo. Pesadas armaduras para soportar las lanzas llevaban tanto los caballeros como sus monturas, pues sin duda serian una fuerza peligrosa a tener muy en cuenta para determinar el lado sobre el que caería la victoria.
A una voz, las flechas surcaron el cielo cuando los blancos copos ya cubrían el suelo. Trolls, orcos, hombres y elfos avanzaban con presteza contra su enemigo comandado por los dirigentes de Nurn, y pronto comenzaron a caer presas de las certeras saetas enviadas en busca de su blanco.
Bajas produjeron las flechas, mas eran aun escasas y tras la segunda descarga, los veloces caballos avanzaron llevando sobre ellos, fieros jinetes con las espadas en alto. Su carga sobre el enemigo fue devastadora y antes de poder reaccionar y cerrar de nuevo la formación, la infantería entro en acción. Rápidamente las espadas se tornaron negras por la sangre de trolls y desagradables orcos que comenzaron a plagar el suelo de cuerpos sin vida. Lamentablemente no serian solamente caídos del ejército de Nurn, sino que la Alianza sufrió multitud de bajas.
Hombres y elfos luchaban mano a mano, en concordia por expulsar a aquel enemigo. No tendrían el mismo destino, pero en esos momentos compartirían orgullosos, si era necesario, una misma muerte. Su sangre era vertida por igual, pues se consideraban hermanos. La guerra les había unido y no había nada capaz de romper esa unión por muy duros que resultaran los golpes. Y eso les daba más fuerza y valor si cabe, pues luchaban junto y por sus amigos, por la causa más justa que pudieran encontrar: la vida en paz y sin guerra.
Pronto caballos sin jinete huían de la crudeza de las armas en busca de refugio. Grande era el número de caídos de ambos ejércitos, pero los trolls con sus mazas causaban los mayores daños. Pocos quedaban en pie, pero eran suficientes para diezmar al ejército de la Alianza. Para evitar este cruel final, Auriga y Luthan se concentraron en una gran mole que blandía aún su maza, a pesar de las múltiples heridas que ese sucio cuerpo presentaba.
Su muerte era ya cercana, pero por detrás de los dirigentes, otro troll surgió con furia y abatió a los valientes guerreros. Sus cuerpos cayeron al suelo, con bocas ensangrentadas y multitud de golpes y heridas. Por muertos podrían darse de no ser por la intervención del maia. Surgió galopando sobre los lomos de Silvaron y de un salto cayó entre los dos trolls, insertando a Mommênt con rabia y lágrimas en los ojos, en el cuerpo de aquel que casi mata a sus amigos. Levantó la cabeza y en un último vistazo a la cara del moribundo ser, alzó su brazo rasgando sus entrañas negras, y en el momento de su caída de un certero tajo, separó la cabeza de sus hombros, mientras Silvaron administraba la muerte con sus poderosas mandíbulas a aquel otro ser que poco podía hacer frente a la mordida fatal del Señor de las Nieves.
La batalla estaba próxima a su fin, sin que bando alguno se retirase a pesar de las bajas, pero una rabia se apodero de Árchaon y con la danza de su espada segó la vida de todo aquel despiadado ser que se cruzase en su camino. Cortes profundos sufrió en batalla, pero en aquel momento poco le importaba la gravedad que estos tuvieran.
Al fin las escasas fuerzas que quedaban sobrevivientes del ejército de Nurn emprendieron una dura retirada. Habían fracasado en la reconquista de la ciudad y solo grandes pérdidas de soldados habían conquistado.
Luthan y Auriga fueron asistidos con premura, pues la vida se les escapaba. Fueron llevados a las casas de curación más muertos que vivos. La sangre corría por sus cuerpos sin detenerse mientras, su capitán les contemplaba desaparecer por la puerta de la ciudad. Árchaon a pesar de sus heridas ayudó a aquellos que buscaban heridos entre los suyos. Cuando todo hubiera acabado buscaría de los cuidados necesarios, pero en ese momento se debía a sus hombres en esos momentos duros, donde la tormenta aumentaba por momentos. Muchos de sus hombres se repondrían de la batalla y pronto lucharían de nuevo, con más fuerza si cabe, y por eso ayudarles era primordial antes de que la muerte se los llevara.
Mientras en la distancia un pequeño barco se perdía en el horizonte con aquellos nurnitas que habían escapado a su fatídico final, que pronto sufrirían tal vez la ira de los suyos ante su fracaso en la defensa de la recién conquistada ciudad.
[Escrito por Árchaon]
El viento salado agitaba el cabello y las ropas de una figura silenciosa que se encontraba en el mascaron de proa del gran buque insignia del ejército de Nurn. El Terror del Norte, lo llamaban, y allá donde cayera su mirada gélida caía también el gélido filo de Oirahetha, Sueño Eterno.
Iba ataviado con una sencilla capa negra que le cubría todo el cuerpo, aunque el viento la abría por la mitad. Llevaba puestos unos guanteletes negros con pinchos que iban a juego con la cota negra de mithril. Calzaba unas botas oscuras, forradas de cuero y de caña alta. A la espalda llevaba atado a Menyár, Camino de Sangre, un gran arco negro, además de un carcaj repleto de flechas con penachos del color de la sangre. Al costado derecho, en una vaina gris como un día tormentoso se encontraba la espada, Oirahetha.
Faeryôl escuchaba las nuevas que el viento salado le traía desde el incierto horizonte. Una flota de barcos ligeros de la Alianza había llegado a la costa cercana a Osto Telemna, en los territorios de Telpe, y la habían tomado por la fuerza, ya que la guarnición que la guardaba era muy escasa. El objetivo de las tropas del Vampiro era reconquistarla. Comandaba, junto a Helërauko, el Númenóreano Negro, la flota nurnita destinada a recuperarla de las manos de la Alianza. El Vampiro se moría de ganas de matar a aquellos gallardos soldados y de apagar la luz que guiaba sus pasos hacia una muerte segura. Pero sería a sus manos. El Vampiro sonrió.
Pero había más motivos por los que quería llegar rápido a tierra firme. El principal era que quería arribar a la costa antes de que los soldados de la Alianza pudieron construir sus fortificaciones , pues así tendría más fácil la reconquista de la ciudad. El otro gran motivo era que los Trolls que tenían en las bodegas de los barcos se inquietaban, tanto por la cercanía del mar como por los reducidos habitáculos que tenían que ocupar hasta tocar tierra firme. Uno de ellos, en un ataque de enajenación, destruyó las cadenas que lo ataban y mató a uno de los soldados que intentaban calmarlo. Al fin el propio Faeryôl tuvo que intervenir. Alzó la mano derecha, y pronunció con voz imperiosa tres palabras en el idioma arcano, sumiéndolo en un estado sopor.
La soñolienta Arien apareció por detrás de las colinas, y Faeryôl atisbó por fin las costas telpitas, y el característico olor de la tierra le inundó las fosas nasales. Aun estaban lejos, pues su vista era muy aguda, pero la noticia de que se estaban acercando a la batalla infundió animos a los soldados nurnitas, que trabajaron con ahínco para llegar más rápido. Poco a poco, se fueron divisando las pequeñas naves de guerra que habían utilizado los soldados de la Alianza para llegar a Osto Telemna. Las naves ocupaban la cuarta parte del gran muelle. Faeryôl y Helërauko coordinaron el desembarco, y reunieron a las tropas en ordenadas formaciones delante del muelle. Ambos generales se colocaron a la cabeza de las tropas, y avanzaron por el ancho camino que avanzaba hacia Osto Telemna, la capital de la Orden de Telpe, y hacia la guerra. A medida que avanzaba, el Vampiro divisó Osto Telemna, con sus calles alargadas, y también divisó el ejército que avanzaba desde sus portones abiertos, al encuentro de las tropas nurnitas. Avanzaban en perfecta formación, divididos en tres sectores. Los capitanes nurnitas ordenaron sus tropas y esperaron. Un viento gélido se alzó desde el oeste, y una neblina ligera envolvió el campo de batalla. Las ramas de los escuálidos árboles se agitaron entre la neblina. De repente, una serie de silbidos llenaron la mañana, y una lluvia de flechas cayó sobre las tropas nurnitas. Estos, a su vez, respondieron con un aluvión de flechas negras, entre las que se destacaban las flechas sangrientas de Faeryôl, que volaban en mayor cantidad que las del resto de arqueros. Las tropas se encontraron violentamente, y la tierra se llenó de sangre a medida que la batalla se desarrollaba. Los sanguinarios orcos, ávidos de sed de sangre, destripaban a las tropas de la Alianza, y a su vez estos destrozaban los cuerpos putrefactos de las tropas orcas. Faeryôl estaba poseído por una furia asesina, rayana a la locura, y una luz interior iluminaba sus rasgos maléficos, dando a su tez pálida un brillo antinatural. Oirahetha, la de Filo Gélido, estaba manchada por la sangre de múltiples enemigos que habían caído bajo el puño de hierro de Faeryôl Yármore. Tenía múltiples heridas superficiales, pero eso no detuvo su furia asesina, y siguió avanzando, junto a un grupo de soldados, hacia el interior del cuerpo del ejército de la Alianza, causando una gran destrucción a su paso. Los Trolls, comandados por Helërauko, diezmaban al ejército de la Alianza, pero este no retrocedía. Poco a poco, las grandes bestias caían bajo el filo de las espadas, pero vendían cara su sangrienta existencia. Las tropas de la Alianza, muy poco a poco, hicieron retroceder a las tropas nurnitas, haciendo que estas se replegasen hacia el muelle, en busca de su única salvación, que eran los barcos. Faeryôl vio claro cual sería el desenlace de aquella batalla, así que, llamando a Helërauko, reunió un grupo de orcos y hombres, y defendió la retaguardia del ejército nurnita, dando tiempo a los que estaban escapando para que llegaran a los barcos, lo que era su única salvación. Hicieron esto para salvar a todas las tropas que pudieran, pues no les importaba lo que pudiera pasarles fuera de la guerra. No es que estuvieran sobrados de soldados, y si podían salvar a aquellas tropas, lo harían. El Vampiro recurrió a la magia, e invocó dos grandes bolas de fuego, que arrasaron las primeras líneas de los que los perseguían, dando tiempo así a los capitanes a escapar hacia los barcos. Faeryôl fue el último en embarcar, y se protegió con un escudo mágico, para después ponerse de pie sobre el mascaron de proa, y disparar con Menyár a diestro y siniestro sobre los soldados enemigos que tuviesen el valor de acercarse al muelle. Muchos lo intentaron, pero pocos fueron los que salieron con vida. Los pocos que escaparon con vida, contarían después que una figura negra, con una despiadada luz en los ojos, les lanzaba dardos sangrientos, con una precisión demoníaca, a todo aquel que se acercara al terrorífico buque negro.
Una vez dentro del barco, Faeryôl fue directo a su camarote, y se tendió en el jergón, a reflexionar sobre todo lo que había pasado aquel día. Poco después, un puño poderoso llamó a la puerta.
- Pasa -, dijo el Vampiro. La puerta se abrió, y en su umbral apareció la recia figura de Helërauko.
- Hemos fallado hoy, Faeryôl. Tendríamos que haber reconquistado la maldita ciudad de las manos de la Alianza, y sin embargo no lo hemos conseguido -, comenzó el Númenóreano.
- Bah, solo es una victoria temporal. Volveremos, y nos vengaremos, ¿verdad Helërauko? -, repuso el Vampiro
- Claro que lo haremos -, concluyó Helërauko. Acto seguido cruzó la habitación y salió por la puerta, dirigiéndose a sus camarotes. El Vampiro se quitó la cota de malla y las botas y se tiró en el jergón. Osto Telemna había caído.
Resumen de la batalla.
Alianza ha perdido 42 armadas x35= 1470 puntos.
Recuperables: 1176 puntos, al hacer uso del poder especial.
Valoraciones: 8+7+8+8+5= 7,2
Recupera: 847 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 200%, por este concepto recupera 700 puntos. Total recuperacion: 1547 puntos.
No pierde puntos.
Nurn ha perdido 50 armadas x35= 1750 puntos.
Recuperables: 583 puntos.
Valoraciones: 8,2+7+8+9+6= 7,64
Recupera: 445 puntos.
Pierde: 1305 puntos. Nurn recibe una sanción de 4 armadas por retraso en la publicacion de su historia. Total perdida: 1445 puntos.
Alianza recibe 300 monedas por batalla ganada.
Nurn entrega 100 monedas a Alianza por abandono de la batalla.
Telpe entrega 500 monedas a Alianza por saqueo de la capital.
Compañías actualizadas y listas.