La Guerra de los Clanes

Batalla 110 - C4 Valle Vs C2 Tercano

Terminada
Escrito el 08-12-2005 02:21 #1

Fin Guerra: Tercano Nuruva se retira del Combate

Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 16

Armadas perdidas por \"Tercano Nuruva\" = 32

Batalla para Valle que además saquea la capital de Tercano Nuruva

Escrito el 08-12-2005 12:38 #2

Gaur estaba furioso.

“¿Qué demonios piensan los dirigentes de Tercano? Los antaño amigos van a pagar cara su alianza con el ancestral enemigo. No aceptaré otro resultado que no sea entrar triunfal en Ost-in-Tercan, la capital de Tercano, ciudad visitada en multitud de ocasiones” –todos estos pensamientos recorrían velozmente la mente del dirigente valluno.

Sentado sobre una piedra, con Swordwine en la mano, con los restos de su último “trabajo” todavía visibles en el filo de la espada. Una actividad febril en su mente analizando la situación, buscando la mejor opción para sus intereses, recordando el inicio del asedio para no pasar nada por alto.

Gaur había despertado, después de la operación sufrida tras las graves heridas recibidas en el último combate en que había participado, en un camastro de campaña. El médico le informó que no debía moverse en unos días a riesgo de que las heridas que habían sido cosidas se reabrieran. Pidió hablar con Aliena.

- Está ausente –le contestaron– llegó la dama Emeldir y ambas marcharon a una misión que desconozco con presteza y con los soldados más rápidos.

- Emeldir… –pensó Gaur– ¿qué la habrá traído por aquí?

- Mi Señor –prosiguió el soldado que le estaba hablando- ha llegado al galope un correo con noticias y solicita permiso para hablar con Vos.

- Que entre raudo. Ardo en deseos de saber que está pasando en nuestra maravillosa isla, nuestro hogar.

- Permiso para informar –gritó una voz desde la entrada de la tienda.

- Si tu misión es dejar sordos con tus gritos a todos los que se están recuperando en esta tienda y a mí mismo, lo estás haciendo perfectamente –gruñó Gaur. ¡Acércate y háblame en un tono más acorde al lugar de reposo donde nos encontramos, pazguato!

- Mi Señor… –susurró apenas el mensajero.

- Este tío es imbécil –pensó malhumorado Gaur- ahora casi no le oigo.

- Traigo nuevas de la Ciudad del Dragón. La campaña en nuestra isla está siendo un éxito y las compañías que asediaban nuestras ciudades están siendo expulsadas.

- ¡Buenas noticias al fin!

- Así es, mi Señor. También me han encomendado la misión de informaros que Nan Tasarion ha sido aniquilado. Ahora es una tierra yerma sin ejército ni ciudades.

El humor de Gaur, antes huraño debido al dolor de las heridas y a una tremenda jaqueca, había cambiado con las noticias y una fugaz sonrisa se dibujó en su rostro dejando a la vista una inmaculada dentadura blanca.

Con un gesto de la mano despidió al informador y le dejó para que fuera a reponer fuerzas y se sumió en sus pensamientos.

Horas más tarde llegó la compañía que había marchado con las dos dirigentes que ansiaba ver Gaur, las damas Emeldir y Aliena. Previamente se había aseado y acicalado, en tiempos de guerra es difícil encontrar el momento para el cuidado personal, pero cuando uno está recluido en un camastro con una prohibición expresa de moverse por parte de un médico, se encuentran los momentos que normalmente escasean.

Las carreras atribuladas hacia la tienda de campaña preocuparon a Gaur, seguro que eso significaba la llegada de nuevos heridos. Gaur esperaba que no se tratara de ninguna de las dos damas y que, quienquiera que fuera el damnificado, no fuera nada en exceso grave.

Unos soldados ayudaron a Emeldir a entrar en la tienda hospital. Llevaba el brazo inmovilizado, aunque su rostro era sereno. Detrás de ellos entró Aliena, con su cara de preocupación habitual.

Aliena se dirigió hacia Gaur y le relató el motivo de la expedición y el resultado victorioso de la misma; al tiempo que Gaur le daba las noticias que, horas antes, había recibido.

Dos días más tarde se encontraban los tres dirigentes en plena reunión, buscando cual sería la táctica a seguir, cual sería el mejor movimiento y que mayor daño causaría a los enemigos.

- Me inclino por una presa suculenta –dijo fríamente Emeldir.

- ¿En qué estás pensando? –inquirió Gaur.

- Está pensando en la capital de un reino no muy lejano de aquí –aseguró Aliena. Ya no somos necesarios en territorio de nuestros aliados. Vinimos aquí para ayudarles porque se hallaban en una coyuntura delicada, pero ya han tomado las riendas y el control de la situación. Podemos marchar y, tras la desaparición de Nan Tasarion, el enemigo se llama Tercano.

Emeldir y Gaur asintieron.

- Debemos ser ambiciosos –prosiguió Aliena. Tercano es débil ahora. Mi propuesta es dirigirnos directamente contra su capital.

- Ost-in-Tercan – dijo maliciosamente Emeldir- Me apetece ir de visita.

- ¿Qué opinas tú, Gaur?

- Hum… -carraspeó guturalmente. Mi lugar está en el campo de batalla, –prosiguió- llevo tiempo deseando atacar la capital de Tercano y la ocasión se presenta más propicia que nunca en los últimos tiempos. Estoy de acuerdo con la propuesta y creo que la táctica será del agrado de nuestro Señor Elboron y beneficiosa para los intereses de nuestra isla amada.

- ¡Marchemos, pues!

Fue así que la compañía exiliada de la isla se dirigió rumbo al norte, debiendo atravesar en su recorrido bosques y ríos para llegar a las puertas de la capital tercana. La travesía a través del frondoso bosque de Eithel-Glîn fue laboriosa, puesto que el calor combinado con la humedad de la foresta hizo difícil el desplazamiento. Una vez fuera del bosque, la velocidad de desplazamiento aumentó hasta llegar a la confluencia de los ríos Thenîn y Arcanên. Allí las aguas eran en exceso bravas para cruzar, por lo que tuvieron que desplazarse unas millas hacia el oeste hasta la balsadera, lugar más sencillo y por el cual todas las tropas cruzaron al otro lado del río, río que a muchas millas de ese punto desembocaba en el mar en, la que fuera ciudad de Nan Tasarion, Telda Minya.

Ost-in-Tercan se hallaba en medio de un bosque, lo cual facilitó la llegada de las tropas de forma no demasiado ostentosa, si bien y como es lógico, el bosque estaba vigilado y no fue una sorpresa, para los dirigentes que defendían la ciudad, la llegada de las tropas vallunas.

Fueron tantas las ansias del ataque que nada más llegar arremetieron contra las puertas de la ciudad.

En su empuje descuidaron la retaguardia y no observaron que escondidos entre los árboles del bosque se encontraban unos ents.

El ataque a la ciudad fue defendido por Tercano desde la propia posición con la inestimable ayuda de los ents que aparecieron detrás de las tropas atacantes.

Los vallunos fueron rechazados sin grandes problemas y se vieron obligados a asentarse en las afueras de la misma a suficiente distancia para no ser alcanzados por los proyectiles que se les enviaban.

Una tropa de elfos, con sus ojos penetrantes, vigilaba el bosque para mantener a raya a cualquier ent que se aventurara a acercarse al campamento.

En este punto Gaur se hallaba enfrascado en sus pensamientos.

- Ven a la tienda de Emeldir –oyó de pronto entre sus pensamientos. No le gustaba esa forma de comunicación que Aliena usaba de vez en cuando, le parecía en exceso allanante, pero tenía que reconocer que era muy útil y rápida.

- Aquí estoy –bufó Gaur. La carrera que había tenido que dar para llegar hasta la tienda apenas le había cansado, no en vano era famoso en todo el valle por sus rápidos desplazamientos, que le habían valido el sobrenombre de “velocípedo”.

- He hecho una prospección mental –dijo Aliena- En la ciudad hay una fuerte compañía que confía plenamente en sus dirigentes y que luchara hasta la extenuación para defender la capital tercana. Sin embargo no es eso lo que más me preocupa. He detectado una presencia muy poderosa en la ciudad, un poder anciano y oscuro, creo que se trata de un nigromante.

- Sólo puede ser Arian –dictaminó Emeldir.

- Arian…- musitó Gaur- dicen que su poder sólo es comparable a su belleza. Tiene control sobre algunos elementos. Me temo que el clima no nos va a ser propicio.

- Hay poderes más antiguos y oscuros que los de Arian –dictaminó con frialdad Aliena.

La reunión de los tres dirigentes se prolongó por espacio de dos horas, durante las cuales se decidió la estrategia a seguir durante la batalla. La convicción de que aquella batalla no acabaría hasta que la ciudad cayera bajo el yugo valluno era plena, mucho más tras el revés sufrido nada más llegar al objetivo.

Las tropas se habían apostado en posición de ataque.

Emeldir dirigiría el ataque de hombres y elfos, si bien había dejado una guarnición de elfos vigilando el bosque para impedir ser atacados por sorpresa nuevamente.

Gaur se había ido con sus incansables enanos, en cuya compañía había librado ya multitud de batallas. A Gaur le gustaba el carácter enano, siempre presto para bregar, infatigable, beligerante, inalterable.

La batalla fue presentada por Valle con un esquema clásico. En primer lugar se sometería a la ciudad a un aislamiento y una lluvia de flechas lanzadas por los expertos arqueros elfos y humanos comandados por Emeldir.

Si las tropas tercanas no salían de la ciudad se intentaría el asalto de la misma.

Ante la primera ofensiva se abrieron las puestas de Ost-in-Tercan y salio el grueso de las fuerzas a defender valerosamente la ciudad. Un cuerno sonaba del interior llamando a la batalla a los ents, al menos esa fue la deducción a la que llegaron los dirigentes vallunos al coincidir el sonido con los gritos de los elfos apostados en la retaguardia avisando del avance de los onodrim.

La batalla estalló con un ensordecedor griterío. Los miembros de ambos ejércitos se lanzaron a un ataque frenético, los ojos encendidos de cólera, los poderosos brazos empuñando espadas, arcos, hachas, piedras, puñales, dagas…

Al primer signo de carga por parte de las tropas defensoras Gaur lanzó un gritó que provocó el avance de sus soldados, que aunque pequeños en tamaño eran grandes en valor y no temían a la muerte.

Los elfos de la retaguardia lanzaban flechas incendiarias a los ents, conscientes de que la única forma de amedrentarlos era con el fuego que consumiría sus cuerpos. Cualquier ataque frontal a ellos hubiera sido una pérdida segura, puesto que la fuerza de los ents no tiene rival. Los ents avanzaban con rapidez hacia los elfos, lanzando piedras para desbaratar sus filas, esa era evidentemente su intención, puesto que todos sabían que una piedra jamás dañaría a un elfo provisto de la rapidez y agilidad que no tenían el resto de especies que hollaban Haldanóri.

Emeldir luchaba codo a codo con sus subordinados, protegiéndolos y siendo protegida simultáneamente. Su espada mordía la carne de los enemigos.

El empuje inicial de los tercanos fue tremendo, adquiriendo en primera instancia algo de ventaja.

Gaur destacaba por su altura en medio de los enanos, cualquiera diría que como un padre rodeado por un puñado de niños jugando. Sin embargo el juego era harto peligroso y los hachazos eran correspondidos por los rivales.

En un montículo se encontraba Aliena, con una pequeña guardia que la vigilaba. Es de todos conocido que cuando Aliena usaba su poder quedaba a merced de cualquier ataque, puesto que no podía defenderse físicamente. Brazos alzados, ojos cerrados, puños apretados.

- Invoco tu poder, mi Señor Nuinnë.

Algo la desconcentró en ese momento. ¿Qué había dicho? ¿Quién era Nuinnë? Un vago recuerdo de algo pasó fugazmente por su mente mas no pudo centrarlo.

Los gritos la devolvieron a la realidad, no podía permitirse un despiste ni un descuido. Debía ponerse manos a la obra cuanto antes.

Se sumió en la concentración que había perdido y lanzó un mensaje a todos los contendientes:

- ¡Luchad, luchad! ¡No desfallezcáis! ¡La victoria está cerca!

Aparentemente esta táctica no era la más adecuada y cualquier debería pensar que lo más lógico hubiera sido animar a los vallunos y ordenar la retirada a los tercanos, pero un mensaje de retirada o descorazonador hubiera sido rápidamente contestado por la nigromante. El mensaje de ánimo no era sospechoso.

Aliena sabía perfectamente lo que hacía. En el pasado ya se había encontrado que ante la posibilidad de perder una ciudad los ejércitos enemigos se refugiaban entre los muros y eso impedía la entrada a sus soldados. La confianza de Aliena en la victoria era absoluta e intentaba impedir por todos los medios una retirada de Tercano.

Emeldir recibió una estocada de espada en el muslo, lo cual la hizo caer. Desde el suelo desequilibró a su agresor con una patada y lo decapitó antes de que tocara el suelo en su caída. Los hombres que la rodeaban la recogieron y la llevaron hacia la retaguardia haciendo caso omiso de los gritos de la capitana que quería continuar combatiendo.

Aliena se derrumbó exhausta. Usar su poder durante mucho tiempo la agotaba. Tumbada en el suelo vio como un ent avanzaba hacia ella y su guardia, con un pedrusco de considerables dimensiones en la mano. La guardia salio a su encuentro y dos soldados murieron con las cabezas aplastadas por la piedra, que en su recorrido golpeó a Aliena, quien pudo evitar unas consecuencias graves en el último instante. El ent fue envuelto rápidamente por las llamas que se extendían desde la flecha encendida que se había clavado en su tronco, pudiendo así Aliena salvar la vida y salir prácticamente indemne de tan peligroso encuentro; tan solo con un golpe en el brazo.

Gaur seguía luchando denodadamente. Un soldado tercano había hecho gala de gran destreza y había matado a tres enanos de la compañía del capitán, por lo que este se dirigió hacia él para zanjar el asunto.

Gaur le atravesó el cuello, recibiendo en su ímpetu una severa lesión al ser atravesado por la espada del casi difunto en el dorsal.

La batalla estaba decidida y las tropas tercanas no podían frenar el avance de Valle. Los cuernos llamaban a retirada y las tropas abandonaron la defensa de la ciudad para huir en desbandada buscando el refugio del bosque, donde podrían ocultarse. Seguramente los soldados de Tercano conocían y tenían escondrijos ocultos en el bosque. Sería prácticamente imposible dar con ellos.

Las puertas de la ciudad se rindieron a la llegada del grueso de las tropas y se abrieron de par en par permitiendo la entrada.

Aliena alzó la voz:

- Esta ciudad debe ser castigada. Soldados, tenéis veinticuatro horas para saquear la ciudad. Divertíos. Yo no pisaré esa ciudad. Mañana marcharemos hacia nuestro destino.

La noticia fue recibida con algarabía por los integrantes de la tropa, que corrieron al interior de la Ost-in-Tercan.

Escrito el 09-12-2005 20:57 #3

Los árboles murmuraban sombrías nuevas.

Sobre una estibación del terreno una figura de perfil oscuro recibía el mensaje, al tiempo que se precipitaba a través de las tierras que conocía cual la palma de su mano.

Solo se detuvo recorrido un trecho considerable, y apoyó su oído en el suelo cubierto por las hojas marrones del otoño tardío, más cercano al invierno.

El manto de caducifolias hijas de los árboles, amortiguaba el retumbar duro del paso de guerra, mas no lograba extinguirlo. Además quien pretendía captarlo no era cualquier soldado.

Unos segundos más tarde, el tímpano del oyente reprodujo la vibración.

Haber oído al enemigo surtió el mismo efecto que un rayo surcando el cielo matutino. Los ojos del individuo se prendieron y una sonrisa de oscuras intenciones acompañó el resto de su vertiginosa correría.

Llegó exhausto a los muros de la ciudad, donde tan solo alzar la mano, bastó para que los centinelas abriesen los macizos portalones de par en par. El anillo de la Regencia esgrimía sus resultados.

La figura se desprendió de su capucha, y una cascada de cabellos negros y lustrosos cayó sobre los hombros de la doncella que acababa de ingresar a la Ciudad Capital de Tercano Nuruva.

Era Arian que se apresuró en reunirse con Glarawen, única que acompañaba su labor en la Capital.

Evaluarían las medidas a tomar para evitar algo que su corazón dictaba, sucedería de todas formas. La invasión enemiga.

Glarawen, la rubicunda elfa vestida de blanco, proyectaba una imagen de fábula. Sin embargo, los largos cabellos dorados y el par de ojos azul-grisáceos que daban brillo a su rostro, no lograban pronunciarse con imponencia sobre sus dotes guerreras, y muchas veces los soldados bajo su mando se permitían libertades a desmedro de la autoridad efectiva que tenía la bella elfa sobre ellos. Los enanos la miraban con recelo, como si reprobasen la carencia de la mano fuerte de uno de su propia raza en las filas del comando, mientras los hombres le reprochaban ser fémina.

Arian no tenía el mismo problema, a pesar de no ser menos agraciada. Simplemente el halo nigromántico que la envolvía, podía con todos los prejuicios. El miedo dominaba al soldado raso cuando la joven pasaba a su lado y sus órdenes se tornaban leyes de solo pronunciarlas.

- Podríamos armar un escudo arbóreo en torno a la ciudad, para luego...

-¡No nos quedan más que una decena de ents Glarawen...!- vociferó Arian, al tiempo que golpeaba la mesa de madera que separaba a ambas. – ¡Entiéndeme! Ni toda la buena voluntad del mundo nos sacará de esta...- continuó la desesperanzada nigromante. – Ya me figuro el escenario; sangre por todos lados, una huida colectiva...y el saqueo por parte del Valle...- enfatizó con desagrado la mujer.

Su interlocutora parecía algo hastiada por el pesimismo de su compañera, y no tardó en sentenciar despiadada

- Han i vangad i moe ben bango... (Es el precio que debe ser pagado).

Y no hablaron más el resto de la jornada.

Cuando las hordas enemigas se materializaron frente a la ciudad, los frentes de resistencia de Tercano, se dividieron rápidamente en dos, cada cual al mando de una Capitana.

Glarawen era más afín a Elfos y Ents, mientras Arian prefirió la compañía de Hombres y Enanos.

A la orden, el portal se abrió y cual fauces gigantescas vomitó al grueso del ejército local.

El fervor con que repelieron la primera embestida del Valle fue ejemplar, e impulsados por el frenesí del principio, se permitieron incluso el lujo de creer en la victoria.

Mas pronto, las lluvias de dardos enemigos arreciaron, y muchos perecieron dejando tras de si huecos en una formación, hasta entonces perfecta.

Las tropas del Valle diezmaron prematuramente a la infantería y amenazaron con hacer correr la misma suerte a la caballería que se erguía aún, tras las Torres de Ost-in-Tercan.

Arian escaló una irregularidad del terreno, seguida solamente por su escolta.

Era hora de invocar las fuerzas más tenebrosas de su ser.

Alzó los brazos y las mangas de su vestido se deslizaron a la altura de los codos, dejando al descubierto la porción entre estos y las muñecas.

La nigromante cerró los ojos, como recordando alguna plegaria ancestral, mas no pasó sino un buen tiempo antes que la voz brotara de sus labios. Y cuando salió esta era profunda, gutural, como venida de las mismas entrañas de la tierra. Irreconocible.

Rithannen i geven (La tierra se sacude)

Thangen i harn (La piedra se quiebra)

Eryn echuiannen (Los bosques han despertado)

Repitió las mismas palabras un par de veces antes de elevar la voz en un auténtico grito.

Mettana (Hasta el final)

Nurunna (Hasta la muerte)

Dicho esto se desplomó en una especie de trance, mas a su alrededor los corazones de los guerreros de Tercano se prendieron con un nuevo vigor, desconocido y eminentemente oscuro.

El sol se escondió tras una espesa masa de nubes y los vientos australes enfriaron los ánimos.

El nuevo estado de los guerreros no guardaba altruismo en sus maneras. No había protocolo ni caballerosidad. Si debían atacar por la espalda, no perderían la oportunidad.

El rostro de Glarawen reflejaba miedo. Sus sentidos se habían agudizado de forma extraña y sus mandobles acertaban en la inducción de heridas letales en el oponente, con mucha mayor regularidad que de costumbre. Y a pesar de aquel venturoso ‘azar’, la sospecha de poderes arcanos en juego pronto mancilló sus preocupaciones. Odiaba la idea de no ser dueña cabal de sus actos.

-Valar valuvar (se hará la voluntad de los Valar). – dijo la elfa una plegaria resignada y silenciosa, cuando la desazón le tendió la mano.

Los ingeniosos demostraban habilidad al armar sus estratagemas, que pronto rindieron frutos a los ultramarinos invasores.

En poco tiempo la concentración de soldados de Tercano en las callejuelas inmediatamente contiguas a los muros, se tornó sospechosamente inferior a los del Valle. ¿A caso se estaban retirando y ella no lo había oído?

Un miedo creciente se alojó en el alma de la elfa de Lórien y se hacía patente como un ruido pleno, cortante y vertical. Ya lo había experimentado antes y sabía que la angustia no tardaría en llegar, solo para desembocar en pánico.

Comenzó a correr en dirección a los Portales, mas luego frenó su carrera, pues en esa zona ya casi no quedaban soldados que ostentaran el escudo de Tercano en el pecho, y que pudiesen contarse entre los vivos.

Retrocedió asustada y con el desagradable presentimiento que ya no quedaban salidas indemnes al ataque valluno.

Y mientras corría, no podía dejar de voltear nerviosa, a contemplar la destrucción y el caos en que se sumía la ciudad.

-A laita te, laita te! (¡Bendecidlos, bendecidlos!). – imploraba Glarawen mientras dejaba atrás el mercado abandonado por los habitantes de Ost-in-Tercan, que habían recurrido a sótanos y escondrijos, pasajes y túneles ocultos para resguardarse del ataque.

Cuando llegó a los Muros Septentrionales, y oyó el cuerno inconfundible de su gente, supo que la total ocupación de la Capital del Reino, era cosa de minutos.

Estaba en el extremo opuesto a los Portales, lo cual le daba un pequeño margen de tiempo antes que los ingeniosos arribasen por aquellos lares.

Era su única oportunidad de escapar ilesa, razón por la cual intentó templar los ánimos. Debía evitar las acciones precipitadas a toda costa.

Giró un par de veces en torno a su eje para contemplar el panorama y los recursos que estaban a su alcance.

La última, era una plazoleta rodeada por muros que alcanzaban fácilmente los cinco metros. A su alrededor había una herrería abandonada hacia años, y una barraca que a penas se mantenía en pie.

Por lo demás no había otra cosa que llamase la atención como potencial ayuda para la elfa.

No le quedaba más que saltar, de ‘alguna forma’.

Glarawen forzó la entrada de la barraca que se suponía almacenaba madera, pero la decepción la alcanzó nuevamente, pues si bien en su tiempo aquel había sido su uso, ahora no quedaban más que vigas podridas y aserrín esparcido por todos lados.

Algo de aquí debe servirme, pero mis ojos no son capaces de verlo, pensó.

Y mientras elucubraba una estrategia, oyó las voces que incitaban al saqueo de toda la ciudad.

Su corazón se aceleró y cogió casi sin pensarlo un trozo de madera largo y de apariencia un poco más firme que el resto si bien flexible.

Tomó distancia con el muro y respiró profundo.

Agarró la improvisada pértiga unos centímetros antes del final de la misma, y efectuó una carrera progresiva hacia el foso inmediatamente anterior al muro. Luego clavó la punta de la pértiga cerca de la base de la muralla y saltó hacia adelante y arriba doblando la vara. En ese instante se despegó del piso y extendió el cuerpo hacia arriba ayudándose del impulso de los brazos.

Cruzó el muro con los pies por delante y luego comenzó a caer. Dio en seco con el piso, pero por lo menos estaba del otro lado.

El golpe hizo efecto inmediato. Un frío irreal, impalpable e incausto le recorrió la espina dorsal y se transfirió casi instantáneamente a todos sus miembros. Le siguió un momento de desentendimiento, de total incomprensión.

Algo le dolía pero tenía miedo de descubrir la herida. Se palpó el vientre y lentamente su mano fue subiendo al tiempo que contaba las costillas una tras otra. Se desprendió rápidamente de la cota de malla y subió la prenda para ver el epicentro de la desgracia.

Una mancha de tinte violáceo se extendía a un costado y anunciaba una hemorragia interna.

Apretó los dientes y la tocó.

Se había quebrado una costilla, tal vez dos.

Glarawen se quedó tendida en el piso intentando no gritar. Seguramente cerca de ahí había tropas del Valle, que no le guardarían respetos de verla a merced de sus arcos. La bella elfa se debatía ahora al borde de la inconciencia, sin reprimir las lágrimas que habían ganado la batalla contra el orgullo omnipresente.

Estaba esperando su destino. Ora llegaría el enemigo a arrancarle el último hálito vital, ora un compañero auxiliaría su agonía.

Al otro lado de la ciudad, Arian despertaba de su ensimismamiento.

Algo había salido mal, el conjuro que había operado en las tropas Tercanas retiraba sus influencias repelido por un poder distinto y no menos potente que el de Arian.

La nigromante se exasperó, pues agotada como estaba, no podría volver a concentrarse. Además, el hado nefasto que se cernía sobre sus tropas era casi palpable.

No le quedó pues, más remedio que recurrir al cuerno blanquecino que pendía de su pecho, que indicaría la retirada de la ciudad.

Lo tocó con la infinita amargura de una empresa errática y fracasada. Sus hombres pronto captaron la orden, y quien se pudo salvar, huyó entre los matorrales espinosos y los árboles, a un lugar que solo ellos conocían. Un claro oculto a un par de millas del Portal.

La noche había caído, y las malogradas tropas lamentaba a los caídos, cuando Arian cayó en cuenta que faltaba Glarawen.

Le preguntó a todo hombre cuanto se le cruzó si la había visto, mas los malos augurios tomaron fuerza ante la negativa de los soldados. Nadie la había visto desde que se separasen a entradas de la ciudad, durante la primera embestida.

A aquellas alturas de la jornada las rodillas de Arian, antes fuertes, flaquearon sin reservas dejándola caer sobre ellas. Estaba cansadísima, pero debía buscar a su compañera.

Un silbido bastó para que Næchærra recurriese a su ayuda. No tenía tiempo ni fuerzas de acondicionar al corcel para un paseo digno, así es que, sin silla ni bridas se dispuso a montarlo.

El animal pareció entender sus intenciones, pues dobló las rodillas quedando al alcance de la joven que se sujetó de su hirsuta crin para luego pasar un pie y quedar bien dispuesta.

Las sombras del bosque la ocultaron piadosamente y amortiguaron el galope del caballo. Se movilizaba como un sombra entre lo árboles, rápida y silenciosa.

Cubrió un perímetro nada despreciable en cosa de minutos, pero seguía sin recibir señal alguna de Glarawen.

Cerca había un campamento del Valle inundado en voces alegres.

Extraño le pareció a Arian que no hubiesen ingresado todos a la ciudad, mas puso atención a sus palabras por si alguien se pronunciaba respecto a alguna prisionera o víctima de especial importancia.

No lograba distinguir palabras coherentes, por la distancia que la separaba del susodicho grupo, mas al oír un tono en especial, su sangre se heló de la sola impresión.

Había discriminado entre la batahola de timbres, el de alguien conocido. Reconoció la voz de Gaur.

La expresión anonadada pronto fue reemplazada por una de cólera auténtica.

-...maldito será el traidor que pise esta ciudad...qualmé tenn\' Ambar-mettá! (maldito hasta el fin del mundo) –conjuró con sus últimas fuerzas la nigromante.

Furiosa se alejó del lugar y por primera vez en todo el día la suerte le fue favorable. En un prado iluminado por la luz de la luna, refulgía una figura blanca.

Arian desmontó y corrió hasta su compañera. Se agachó y no atinó más que a acariciarle el rostro. Estaba muy frío y pálido, mientras sus labios tendían al violeta casi negro. Aún así, cuando Arian le tocó el cuello, pudo sentir un pulso débil y lejano, pero que a fin de cuentas indicaba que estaba viva.

Entonces, recurrió por última vez en el día a lo sobrenatural de su esencia.

El rito que realizó a continuación, no era de lo más puro ni deseable, pero mantendría con vida a Glarawen hasta que llegasen al campamento.

La mujer se profirió una herida profunda cerca de la muñeca, de modo que la sangre manó libre por aquel lugar. Luego se inclinó sobre la elfa y le abrió la boca dejando que bebiese de su propia sangre, y parte de sus poderes. Era un acto de desinteresado compañerismo que estaba dispuesta a realizar por muy pocas personas.

- Tulta toulya (Convoca tus fuerzas). – rogó Arian, y se marcharon montadas en Næchærra.

Escrito el 12-12-2005 19:20 #4

Resumen de la batalla:

Valle ha perdido 16 armadas x35= 560 puntos.

Recuperables: 448 puntos al hacer uso del poder especial de Aliena.

Valoraciones: 8.2 + +7.6 +9 +8 = 8.2

Recupera: 367 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 60%, por este concepto recupera 210 puntos. Total recuperacion: 577 puntos.

No pierde puntos.

Tercano ha perdido 32 armadas x35= 1120 puntos.

Recuperables: 373 puntos.

Valoraciones: 8.2 +8.2 +9 +8 = 8.35

Recupera: 311 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 50%, por este concepto recupera 175 puntos. Total recuperacion: 486 puntos.

Pierde 634 puntos.

Valle percibe 300 monedas por batalla ganada

Tercano cede 100 monedas a Valle por abandono de batalla

Valle saquea la capital de Tercano, obteniendo 500 monedas

Compañías actualizadas y listas

Historia finalizada.