La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Historia Por Vida - Nurn - Ilesse

2005:12:16:14:36:43

Ilesse

Arrodillada en el campo de batalla, esta vez a las puertas de casa. Rodeada de muerte y llena de sangre que le manchaba la armadura de cuero. Estaba postrada ante su propio asombro.

Detrás de ella una guerra por defender más el orgullo que la propia capital de Nurn. Pero ahora no le importaba.

Tosió sangre y no era la primera vez. Una lanza corta de algún soldado de Valle estaba clavada en su abdomen. Le dolía a rabiar, pero remitir el dolor de aquella punta podría llevarla al desangramiento.

A cada respiración notaba como el áspero metal le acariciaba las entrañas. El mero hecho de respirar se había convertido en un necesario suplicio. Grandes bocanadas de aire para tratar de respirar lo menos posible.

Parecían minutos…horas las que llevaba ahí arrodillada. Las piernas casi entumecidas por la posición forzada comenzaban a desfallecer. En un arranque de valor cogió la lanza con las dos manos e intentó sacársela poco a poco. La maldita punta de hierro no estaba lisa y seguramente le desgarraría parte de sus vísceras. Un pequeño reguero salió de su herida. No supo reconocer el color pues pronto se mezcló con la sangre.

Levantó la cabeza un momento y allí delante estaba Arattalion tirado en el suelo. La guerra estaba perdida. Sólo un Poder podía salvarlos.

De pronto todo ruido cesó. Torsionó su cuello ligeramente y vio a un troll que la miraba con extrañeza. “Sálvame” quiso decirle…pero sólo pudo escupir sangre. Tosió y la lanza se clavó un poco más. Le pareció que se le había clavado por completo aunque vio la base de metal de la punta asomarse por delante.

Volvió a mirar al troll y sacando fuerzas de lo más hondo de su ser se desclavó el inmenso proyectil que casi la empalaba. El dolor la mantuvo viva lo suficiente para ver como parte de su intestino asomaba por la herida. Se llevó las manos a la barriga y trató de recostarse hacia un lado.

Y se hizo oscuro.

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Un agradable calor le acariciaba en el lado derecho del cuerpo. Los ojos le pesaban mucho. Su pausada respiración comenzó a hiperventilar sus pulmones cuando se dio cuenta de que estaba viva.

“No se preocupe mi señora Ilesse. Está usted en las Casas de Curación de Narmelost.”

Conocía esa voz. Algo más extraño que su racionalidad le hizo calmarse. Trató de abrir los ojos. Le costó aclimatarse a la luz de los candiles que alumbraban a su lado. Hizo un ademán de querer incorporarse pero ni el más leve de los intentos habría dado su fruto con el abdomen destrozado.

“¿Qué…qué…”

“La batalla mi señora. Un troll os encontró en el campo de batalla. Le costó reconoceros pero al parecer lo hizo al ver vuestro blanco rostro tendido en el suelo y os trajo a la ciudad. De allí unos sirvientes os trajeron aquí, a las Casas de Sanación.”

Ahora vio a aquella figura. Uno de los aprendices del gran sanador Baraleth muerto hacía poco. El tal Baraleth había tenido alguna que otra disputa sobre asuntos militares con algún gran mando de Nurn y le encargaron a los Ojos Nocturnos la misión de liquidarle. Fue un trabajo que se reservó ella misma utilizando el gran extenso material quirúrgico que disponía el sanador contra él mismo.

“Debéis descansar. Si me disculpáis he de atender a la Señora Lómine.”

Curiosa paradoja. Salvada por el discípulo que ella mató. Le encantaban las paradojas.

No quería estar mucho rato despierta y su cuerpo lo intuyó. Se durmió al poco rato.

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Al segundo día paseaba como los ancianos a mediatarde, provista de un cayado. Poco a poco daba pequeños pasos guiada de la mano de una doncella.

“Hay que ver lo bien que se recupera de las heridas.” Le dijo sonriente la doncella “y no se preocupe, el médico me dijo que no tendría problemas en un futuro.”

“Toda herida deja sus huellas.”

“Seguro miseñora, pero me refería a …” Hubo un silencio incómodo.

“Habla doncella.”

Medio sonriendo le comentó:

“Me ha dicho el doctor que no le ha pasado nada a su matriz. ¡Podrá tener hijos!”

“Erathia… eso es un dato irrelevante.” Una sorpresa se mostró en el rostro de la doncella. Toda mujer en alguna etapa de su vida había pensado en los hijos.

“”Los niños son un lastre, una preocupación. Son más una carga que otra cosa.”

“Pero señora, los hijos le dan felicidad a una mujer.”

“Pues tenlos tú y sé feliz a tu manera y déjame en paz.”

La brusquedad de Ilesse ahuyentó a la doncella que se fue resignada por el trato recibido.

Al fin se encontraba a solas en aquél enorme recinto. Ahora debía hacer dos visitas. Primero iría a ver a Nulkaiel, más tarde a Lómine.

La primera se hallaba en una habitación cercana al sitio dónde había discutido con al doncella. Se encontraba fuertemente vigilada pero no le prohibieron el paso debido a su estatus.

La “Dama de la Perversión” estaba postrada en su lecho, durmiendo. Descansando.

Se hallaba como siempre inmaculada. Sobre su fino rostro no caía mechón alguno. Sus ropas limpias y su habitación pulcra.

“Vaya vaya parece que no has cambiado aún nada. ¿Te acuerdas de la última vez que nos vimos en una habitación parecida a esta? No creo que lo olvides. Los tuyos no son de esos que olvidan. Entonces caíste presa de mis artimañas y sé que lo volverías a hacer.”

Abriendo los ojos de repente la miró y le dijo con desprecio:

“¿Qué quieres humana?”

“Nada, nada. No os sulfuréis alteza.” Dijo haciendo un gesto como de reverencia, aunque le dolió el abdomen intentó no mostrar muecas de dolor. “Sólo vine a rememorar viejos tiempos… buenos tiempos.”

“No tienes nada que hacer en estos aposentos. Márchate.”

“No se preocupe Dama Selmarien.” Ilesse sonrió y dio media vuelta. “Tan sólo vine a provocaros un poco, me encanta cuando os enfadáis. Os dáis tantos aires de grandeza…”

“¡Ulkum!”

Aquél capitán de la guardia personal de Nulkaiel entró de inmediato en la alcoba.

“No hay por qué tomar ese tipo de medidas, ya me marchaba. Total… cuando quiera volveremos a vernos. Quizá para traeros alguna noticia. Quizá para traeros la última noticia.” Se giró hacia la elfa antes de salir por el umbral de la puerta. “Tu raza es la sabia. Eres tú la que deberías saber qué pasará.”

Y se alejó de la habitación. Aquella había estado una mala jugada, tremendamente mala. No estaba en las mejores condiciones como para oponerse así a los Señores pero ver la cara de la elfa enfadada… había merecido la pena.

Ahora le tocaba el turno a Lómine, un hueso quizá más duro de roer, poco política… no tenía sentido del humor. Ya había llegado a los aposentos.

“Hola mi apreciada compañera. ¿Cómo va vuestra recuperación?” Sonrió al pasar bajo el umbral de la puerta.

“Maldición, no podía presentarse peor calamidad. ¡Aléjate de mi humana! A cada paso que das cerca de mi promueves mi ira.”

“No, tranquila, no quiero sentarme, gracias por tu hospitalidad.”

Lómine Anamoriel miró muy mal a la humana. Quería resarcirse con ella pero sabía que aquél no era el momento ni el lugar.

“Y supongo que te preguntarás… ¿qué estará haciendo mi buena amiga Ilesse por estos lugares?”

“Supongo que recuperarse de las lanzas que no sabe esquivar.”

Un duro golpe que cambió el semblante de Ilesse. Lómine lo disfrutó intensamente.

“No, no se trata de eso. Por cierto, ya sé que sabes que estoy detrás de los Ojos Nocturnos y también sé que sabes que intenté asesinarte, Arattalion me lo dijo.”

“Perfecto, así no tendré que esconder mi ira sucia humana.”

“Tranquila miseñora, hay más. Creo que hay algunas cosas que debes conocer, más por vuestro bien que por el mio, por supuesto.”

A Lómine no le gustaba nada esta situación. Si Ilesse se atrevía a contar cosas importantes seguramente no habría nadie más para escucharlas y no le gustaba la idea de estar sola con ella.

“Han llegado a mis oídos rumores muy feos sobre ti. Me han dicho que quieres la vida de un Señor de Nurn, Señora si no voy mal… ah y no es la mia, aunque esa seguro que también la querrías.”

Lómine no daba crédito a lo que escuchaba.

“Creo que te imaginas que los Ojos Nocturnos son una banda de borrachos que se reúnen después de una larga noche de borrachera y temo comunicarte que no es así. Pides por la vida de Ilesse y engañas a tu, ¡oh! Querida mejor amiga la Dama Inglin para ver si la puedes usar en tu beneficio.”

“¡Mientes traidora humana!”

Ilesse arqueó una ceja.

“¿Seguro? Vaya y de así serlo, y tú y yo sabemos que no lo es, ¿a quién crees que creerían? ¿A aquella que se rumorea atentó contra la vida de Delisse o a una Maia poderosa?”

“Nadie te aprecia sucia rastrera, no tienes nada.”

“Mi querida compañera, mientras vosotros los oh ilustres señores de Nurn sois vistos como el azote de los enemigos, resulta que yo soy vista como el Demonio de Narmelost. Los Ojos Nocturnos se infiltran, raptan, asesinan… nosotros somos el miedo de esta ciudad. No estoy sola y ni te imaginas de dónde llegan nuestras redes. En cambio vosotros sois esas imágenes utópicas de caballeros y damas que velan por los ciudadanos cuyas vidas no les importan y repudian. Lo mires por donde lo mires… estás sola en esto.”

“¿Y qué se supone que es lo que quieres? No creo que me digas esto para aconsejarme simplemente. Nos empezamos a conocer.”

“Ya es mucho tiempo juntas, algo malo tenía que tener,¿no? Tengo una posible oferta encima de la mesa por tu cabeza, pero nunca me gusta ver sólo una parte de la moneda.”

“¿Me estás chantajeando?”

“Yo jajaja ¿cómo podéis pensar eso de una Señora de Nurn? No, no os chantajeo. Sólo os digo, por ejemplo, que sería muy triste que Inglin recibiera una misiva contándole lo sucedido. Claro está que no se lo creería, al menos al principio. Sería triste perder a un ser amado.”

Un silencio gobernó la estancia roto por el cayado de Ilesse al repiquetear contra el suelo.

“Estoy seguro de que pronto me harás saber tus pensamientos, pero si me disculpas tengo una lesión que debe curarse.”

“No eres inmortal, pronto caerás.”

Ilesse se giró como pudo, lentamente, y observó a la elfa.

“Caeré sin duda, pero no mi legado.”

Ya se había divertido por hoy. Dos enemigas en una sola tarde. La cosa iba camino de estallar en cualquier momento, igual que su herida. Los vendajes estaban algo ensangrentados, debía ir pronto a descansar.

Eärondûr Rangilion

Los Valar otorgan un 45% de vida al personaje