En mitad de la noche, en una habitación de la Cúpula de los Señores, Nulkaiel se agita inquieta en su lecho mientras gotas de sudor le bañan la frente. No dice nada, pero su mente está envuelta en angustiosos recuerdos…
Aire… No puedo respirar. Tengo que soltarme, pero es más fuerte que yo.. ¡oh Morgoth! ¿no harás nada.? Si pudiera soltarme una mano… pero si lo hago terminará de ahogarme.. Siento la primera de las puñaladas, y no es la última. ¡Cobardes!. Y entonces todo se vuelve rojo y blanco, solo veo sangre, mi propia sangre manchando la nieve. Me siento débil.¡Quiero salir, necesito respirar!!
- ¿Dónde estoy? -Preguntó Nulkaiel con voz débil y jadeante.
- En las Casas de Curación, mi Señora.
- Lissuin, ¿eres tú? –preguntó la elfa mientras se acariciaba el cuello.
- Sí, aquí estoy –respondió la esclava mientras encendía una lámpara de aceite. -Habéis tenido una pesadilla. ¿Queréis que os traiga algo?
- Sí, tráeme un poco de agua, tengo mucha sed. Siento que la cabeza me va a estallar.
- Aquí tenéis, mi Señora. Es normal que tengáis pesadillas, es terrible lo que os ocurrió. Un orco nos relató lo que sucedió en Curufarnë y cómo os rescataron de una muerte segura a manos de esos miserables. Pero no os preocupéis, las heridas están cicatrizando rápido. Quizá os moleste la garganta al tragar.
- Las imágenes vienen confusas a mi mente. Apenas podía respirar, y de pronto sentí un dolor punzante en el costado, y luego otro y otro… Recuerdo que intentaba zafarme de esa maldita cuerda pero no podía, y cada vez tenía menos fuerzas. Se me hizo eterno cada segundo, y la desesperación dio paso a la resignación. Y entonces las vi, primero a Delissë y después a Inglin, que me sacó del campo de batalla como pudo. Y luego… no sé qué pasó. ¿Cuánto tiempo llevó aquí?.
- Hace cinco lunas que Ulkum os trajo en una litera que improvisó vuestra guardia personal. Según me han contado perdisteis el conocimiento en el viaje desde Curufarnë. Llevabais varios días inconsciente hasta que habéis despertado ahora.
- Mi leal Ulkum.. ¿dónde está, y qué sabes de Inglin y Delissë?,
- Ambas fueron heridas, Inglin de menor gravedad, de la maia no sé nada mi Señora. En cuanto a Ulkum, también fue herido, pero lo llevaron a la primera planta, donde le correspondía. No temáis por el, Señora, pues sus heridas no eran graves.
- ¿hay alguien más en la Cúpula?
- De momento no, pero se que están preparando otras habitaciones, se rumorea que una es para Ilesse, del resto no tengo conocimiento.
- Ilesse… Esta humana es más fuerte de lo que pensé. ¿Cuánto tiempo más tendré que permanecer postrada en este camastro?
- No lo sé mi Señora. Los médicos hablaban de que tal vez mañana os quiten las vendas. Debéis tener paciencia, habéis estado varios días sin conocimiento. Las heridas cada vez están mejor, y por suerte ninguna de las puñaladas os dio en órganos vitales. Algunos os dieron por muerta. Me avergüenza decirlo, pero reconozco que yo también lo pensé. Después de lo de la otra vez en el acantilado… no creí que sobreviviríais en esta ocasión…
- Por un momento yo también lo creí. Mañana quiero que a primera hora venga el médico. Deseo saber cuando podré irme de aquí.
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Alguien abrió los ventanales y una ligera brisa corrió por la habitación. Nulkaiel no había dormido en toda la noche. Había “descansado” demasiado días atrás. Pasó la noche recordando, y la batalla acudía a su mente una y otra vez. Pero sus recuerdos acababan en el mismo punto. No quería volver a dormir, no quería más pesadillas.
Le preocupaba las señales que pudieran dejarle las heridas en el cuerpo. Esperaba que la suave piel de su vientre y costado no quedaran marcados con el feo recuerdo de las puñaladas. Pronto saldría de dudas.
Un sanador se acercó a ella. Hacía tiempo que no se veían y no esperaba verle, pero le reconoció al instante. El elfo observó durante varios segundos el cuello de la noldo, y después presionó con la yema de los dedos sobre el costado.
Nulkaiel sintió una punzada de dolor y no pudo evitar soltar un leve gemido. Después de la revisión, el médico le dijo que le dejarían las vendas un par de días más, pero ella no estaba dispuesta a esperar ni un minuto más, y tras amenazar con quitárselas ella misma, finalmente tuvo que acceder. Poco a poco fue desarrollando la envoltura. La elfa tenía vendado el cuerpo desde debajo del pecho hasta más abajo del ombligo. Con sumo cuidado fue quitando los apósitos en cada una de las tres heridas. Levantó las gasas y las dejó encima de la mesilla.
El sanador que la atendía era un elfo noldorin, de reconocida fama en el Señorío de Nurn por sus habilidades curativas. A Shulak y a ella les había costado bastante convencerle de que dejara Curufarnë, donde atendía a los que diariamente se herían en las fraguas, para que se trasladara a la Capital. Las primeras reticencias desaparecieron cuando se le puso delante una pequeña bolsa llena de monedas de oro.
La noldo esperaba alguna señal en el rostro del sanador, algo que delatara si todo iba bien, o si la curación tardaría más de lo previsto, pero no vislumbró nada. El médico descorrió las cortinas por completo, hasta que toda la habitación estuvo plenamente iluminada por el sol de la mañana. Sabía que si a la elfa no le agradaba el resultado, la ira que podía desatarse en la sala sería terrible.
- Quiero que lo veáis con vuestros propios ojos, Señora.
Ayudó a la elfa a incorporarse en el lecho mientras Lissuin le colocaba un gran almohadón detrás de la espalda.
Nulkaiel observó como había quedado su cuerpo después de la batalla. Las heridas tenían un aspecto feo y sonrosado, pero no supuraban, y eso era buena señal. Un poco de sangre reseca se había quedado en los bordes, pero con los lavados iría reblandeciéndose hasta que los pedacitos cayeran solos.
A excepción de los Maiar del clan, era el mejor sanador sin ninguna duda. Por eso, cuando le dijo a Nulkaiel que cicatrizarían sin problemas, y que las marcas del cuello desaparecerían prácticamente, ésta le creyó. Sabía que él no se arriesgaría a hacer una afirmación de ese tipo ante ella sin estar seguro, pues por muy afamado que fuera, su vida peligraba, y de eso tampoco tenía dudas.
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Los días pasaban despacio para la elfa, casi eternos. Con ayuda de Lissuin, salía a dar algún paseo fuera de las Casas, pues aunque las vistas desde la Cúpula eran hermosas, contemplar cada día lo mismo se le hacía monótono. Prefería caminar un rato para estirar las piernas, sin embargo, no aguantaba mucho tiempo en pie y en seguida debía volver para recostarse.
De manera constante, las enfermeras le aplicaban los ungüentos específicos para las heridas. Algunos de los ingredientes y plantas no crecían en Nurn, y habían sido traídos de otros lugares de Haldanóri.
Al decimocuarto día de estar allí, Ulkum le llevó la buena nueva de que podría abandonar las Casas.
- Vuestro cuello no ha perdido su gracia y belleza, mi Señora – le susurraba mientras le daba suaves besos en él.
- Afortunadamente creo que no necesitaré llevar una cinta alrededor para ocultar las señales. Ni tendré que esconderlo bajo prendas de cuello alto.
- ¿Os encontráis con fuerzas para empezar a entrenar?
- Hasta que no pruebe no sabré en qué condiciones estoy.
La elfa dejó sus cosas al cargo de la criada. Pasó por Rúnya Mindon para recoger a Itanarwa, y se puso un peto que la protegiera, pues las heridas estaban recientes aun. Varias misivas estaban amontonadas sobre su escritorio. Ojeó los remitentes y solo abrió aquellas que consideró que podían tener información interesante. Cuando estuvo preparada bajó a buscar al capitán de su guardia personal.
El entrenamiento le resultó más duro de lo que esperaba, le costaba un gran sacrificio dar más de dos golpes seguidos con la espada sin sentir que se ahogaba. Se llevó varias veces las manos al cuello. Pero era consciente de que aquello le venía bien, era una toma de contacto después de varias semanas postrada sin ningún tipo de actividad.
Se despidió de Ulkum y se dirigió a la Torre de la Llama Roja. El esclavo de manos más hábiles que tenía entre su séquito, le dio un masaje para aliviar su dolorido cuerpo.
El día había sido muy largo, pero aun tenía que hacer una última cosa.
Cogió papel y pluma, y desde el lecho escribió unas líneas de agradecimiento:
Es la tercera vez que me salváis, y creo que no hace falta que os diga lo agradecida que os estoy. Más cuando tal y como bien decíais antes del comienzo de esta fatídica batalla, los tiempos que corren en Nurn son inciertos.
Me encuentro mucho mejor, y me voy a preparar para integrarme de nuevo tan rápido como me sea posible. No sé si volveré con vos o iré a otro destino. Dependerá de vuestro estado también, pues según he oído fuisteis herida. Os deseo una pronta recuperación Delisse.
Confío en que esos cobardes no tengan tanta suerte la próxima vez, y vos lo aprovechéis.
Saludos,
Nulkaiel Milyawen
[Editado por Neume el 12-12-2005 23:26]
