La Guerra de los Clanes

Historia Por Vida. Valle. Gaur

Terminada
Escrito el 13-12-2005 07:02 #1

Las múltiples magulladuras hacían mella en el castigado cuerpo de Gaur. En pocas semanas había sido intervenido de las graves heridas sufridas en la batalla. Apenas curado de las mismas se había vuelto a ver involucrado en ulteriores conflictos que continuaron sometiendo a una dura prueba al capitán de Valle.

En la última batalla los capitanes vallunos se habían propuesto conquistar y saquear la ciudad de Ost-in-Tercan, capital de Tercano,

El objetivo había sido cumplido, aunque no de forma gratuita y, nuevamente, Gaur había sido herido.

La capitana de Valle, Aliena, había dado rienda suelta a los soldados para que entraran en la ciudad, aun cuando ella misma declaró que no entraría en la ciudad.

Gaur llegó a la tienda de campaña de Aliena con la ayuda de dos soldados, puesto que tenía numerosas heridas, una de ellas con un aspecto muy feo, sita en el dorsal del capitán.

- ¡Soldado! ¡Llama al galeno! –dijo con voz potente y preocupada Aliena.

- No te preocupes –musitó Gaur- Estoy bien, es apenas un pinchazo.

- Deberías dejar los asuntos de la medicina a los sanadores, Gaur. No es una buena política la de automedicarse.

Gaur asintió con cierto aire de fastidio. Los soldados que le hacían las veces de cayado le transportaron hacia un camastro y le postraron en él.

Una mueca de dolor se dibujó en el rostro de Gaur, si bien ningún sonido salió de su boca.

En el exterior de la tienda se oían los gritos alborozados de los soldados que mostraban los botines conseguidos a sus compañeros. Los toneles de vino no daban abasto para servir a todas las gargantas sedientas que reclamaban de sus favores.

- Este vino no está mal para ser de esta tierra –dijo uno.

- ¿Bromeas? –le reprendió otro con una contorsión del rostro realmente divertida- Seguro que no recuerdas el sabor del vino de otro lugar.

- Ron, ron, ron…la botella de ron… -cantaban los soldados.

De esta guisa llegó el sanador a la tienda. Tenía un brillo especial en los ojos.

- Este tío ha bebido –pensó Gaur.

- ¡Capitán! –dijo el médico- Si me pagarais una moneda por cada herida que os tengo que sanar no haría falta que me ganara la vida como un mercenario.

- Déjate de cháchara y haz tu labor, matasanos –gruñó malhumorado Gaur.

Gaur se mostró paciente mientras era examinado. La herida fue lavada.

- Es una herida limpia. No causará problemas. Sanará rápidamente.

La herida fue cosida con frialdad mientras que Gaur procuraba no pensar en lo que estaba sucediendo para no ahondar en su persistente y recurrente malhumor.

- Debéis descansar, Señor –dijo el médico.

- ¿Descansar? –dijo Gaur- Tengo muchas cosas que hacer.

- Debes descansar –sentenció Aliena, que estaba sentada en su diván con expresión divertida.

- Pero…-empezó a protestar Gaur.

- ¡Pero nada! –zanjó Aliena la discusión. Débil no nos sirves para nada. La batalla ha concluido y ahora no es precisa tu presencia. Aprovecha estos momentos y recupérate. Ya llegará el momento en que esas fuerzas, que ahora tienes la oportunidad de recuperar, nos serán necesarias.

El médico le dio un brebaje a Gaur, ante la mirada estupefacta de éste que no esperaba el rápido movimiento del sanador.

El líquido elemento se deslizaba por la garganta del bravo guerrero. Era cálido y detestable al gusto. Tenía algunos grumos y Gaur no podía dejar de pensar en quién sería tan mezquino para combinar unos elementos con tan mal sabor.

Su alteración iba remitiendo a la misma velocidad que los componentes del brebaje iban haciendo su labor y Gaur se vio envuelto en una somnolencia, antesala del profundo sueño reparador que le iba a permitir recuperar fuerzas.

Silencio, sueño, descanso…

El paisaje era onírico. Gaur estaba desconcertado. Un campo de batalla, una ciudad a escasa distancia, un ejército presto a ser liderado…

La visión sería corriente en la vida de Gaur, si no fuera por un rebaño de ovejas que pastaba alegremente. El cielo había adquirido un tono rojizo y unas nubes se desplazaban mutando en sus caprichosas formas.

- ¡Soldados! –gritó Gaur.

Nadie se inmutó. Los soldados no parecían haber oído el grito de Gaur. Tan solo una oveja vieja y sucia levantó la cabeza con curiosidad.

Las ovejas abandonaron su pasto y se dirigieron hacia un bosque que se hallaba a escasamente media milla de distancia.

Los ojos de Gaur observaron como unas figuras misteriosas se desplazaban con celeridad entre los árboles del bosque. Los movimientos furtivos levantaron las sospechas del escarmentado capitán, que se dirigió corriendo hacia los primeros robles que formaban el perímetro del bosque.

- ¿Dónde vas? –oyó claramente de una voz altisonante.

- ¿Quién anda ahí? Muéstrate o voto a bríos que te haré probar mi fiel espada.

- No me puedes ver… no todavía. De momento confórmate con nuestro diálogo. Mis palabras son importantes, mi aspecto no lo es.

- No acostumbro a charlar con fantasmas. ¿Qué quieres?

- Has pasado mucho tiempo fuera de casa.

Gaur miraba a diestra y a siniestra buscando la procedencia de aquella voz, mas estaba absolutamente desconcertado, puesto que no tenía indicio alguno de dónde venía. Era como oír la voz en la cabeza y no a través de los oídos.

- No tengo mucho tiempo. Dime lo que hayas venido a contar y déjame en paz.

- Eres muy impetuoso.

Silencio.

- ¿Sigues aquí?

- Busca en tu interior. Hallarás la respuesta. Los conflictos aparecerán. Los generales dudarán de su Señor. La tierra temblará.

Gaur escuchaba en silencio tan agorero mensaje. Su semblante era sereno y preocupado a la vez.

De pronto una ráfaga de aire recordó a Gaur su soledad y súbitamente se sintió solo. La voz no volvió a hablar y, desconcertado, volvió sobre sus pasos hacia la pradera.

Gaur despertó sobre el camastro. Recordaba vivamente lo que había soñado, si bien no estaba seguro de que se tratara de un sueño. Estaba en un estado febril, seguramente motivado por la lucha que su cuerpo estaba librando contra las infecciones. El sudor recorría su rostro y bañaba su cuerpo postrado.

Buscó con la mirada y encontró, sumida en sus pensamientos, a Aliena.

- ¿Ya has despertado? –dijo la capitana.

- He tenido un sueño extraño –contestó Gaur y le relató la vivencia.

- Ciertamente es extraño. Numerosas vicisitudes nos llegan en las horas de descanso. Yo misma he vivido alguna, mas no consigo recordar el contenido de la misma. Sin embargo, hoy durante la batalla he pronunciado un nombre que me es familiar, aunque no recuerdo nada de él.

- Alguien diría que algo está a punto de suceder y se nos quiere poner sobre aviso.

- Creo –dijo Aliena- que este tema no puede demorarse más. Tú debes descansar, te quiero listo rápidamente para nuestra próxima misión. Yo escribiré una misiva a nuestro Señor con nuestras preocupaciones. Quizás su sabiduría hallará la respuesta.

Dicho esto, Aliena cubrió con su mano los ojos de Gaur que se sumió en un profundo sueño.

Escrito el 14-12-2005 01:11 #2

Los Valar otorgan un 45% de vida al personaje

Historia finalizada.