Sueño o realidad?
La lucha fue ardua. Su cuerpo fue encontrado a pocos metros de las tiendas de campaña, transportada por su caballo. Si tan sólo sus heridas hubieran sido hechas de noche, la luna se hubiera dedicado a su curación, pero de día su cuerpo es tan normal, como el de cualquiera.
El estado febril, la transportó lejos, a épocas en que vagaba de un lugar a otro, buscando respuestas y haciendo pequeños trabajos para obtener algunas monedas.
Sus ropajes simulaban al de un montaraz y su larga cabellera negra enrollada y cubierta por una capucha, pues no quería que fuera tomada por una frágil mujer como muchas veces fue nombrada solo por la delicadeza expresada por su cuerpo frío y sus largos cabellos negros.
De una u otra forma había obtenido el respeto por sus habilidades con la espada, ya que ningún hombre ha podido vencerla y en otros provocaba temor ante su mirada profunda siempre escudriñando más allá de los pensamientos.
Como extensos caminos del norte le eran conocidos como la palma de su mano, fue vigía de un pequeño grupo que arrancaba de las huellas dejadas por una prominente guerra. Por el camino, después de tres días de viaje sin descanso, un tímido amanecer le dio la bienvenida revelando una escabrosa visión a los pies de la montaña. Ese día había decidido adelantarse del grupo más de la cuenta para vigilar el camino y anunciar si el peligro acechaba.
La joven de rostro frío y desdeñado por el poco descanso, tras subir entre las rocas a los pies de una montaña observó las señas de una feroz batalla. Ensimismada observó unos cuerpos segados, como si una gran bestia hubiera desmembrado a tirones brazos y piernas, y a la izquierda una vieja carreta, parte de una caravana que viajaba en la misma dirección de su grupo. Pero no todos habían caído. La vocecita de un pequeño la alertó, desmontando y guareciendo a su caballo detrás de unos árboles donde algunos rayos del sol alumbraban a uno tiernos brotes de tréboles y otras hierbas.
Mientras la fiebre menguaba pudo percatarse de los bellos ojos de seda tras una cortina que la observaban con cautela, mas el cansancio la llevó nuevamente al paraje en busca del pequeño. Al acercarse tras unas rocas observó a un niño de aproximadamente unos siete años, de rostro pálido, ojos grises, y cabellos negros. Tenía pecas las que le daban un toque algo gracioso. El niño se increpaba a i mismo por haber hecho ruido y cubrió su boca con ambas manos para no ser descubierto. Cuando se dio cuenta que era observado graciosamente por una joven, el pequeño impresionado le hizo señas de silencio.
-¿Quién eres?- Preguntó la joven, mas, el niño solo movió la cabeza en señal de negación y no dijo palabra alguna. Auriga al observarlo advirtió que solo tenía algunas magulladuras en su cuerpo y supuso que fueron hechas tras esconderse rápidamente para no ser visto. Vamos sal no hay nadie, y yo no te haré daño – le dijo auriga mientras le extendía su mano para ayudarlo, mas, el pequeño solo movió su cabeza de un lado hacia otro observando su alrededor pero por la duda no quiso salir de su escondite - ellos todavía acechan - le comentó casi susurrando e indicando a la montaña. El monstruo se fue a la montaña y algunos adultos habían partido a buscar ayuda.
Sin darse cuenta, el ambiente se bañó en un silencio espectral, y miles de aves huían hacia el sur. Sigilosamente la joven se levantó y se alejó del escondite del pequeño tomando firmemente la empuñadura de su espada, sin saber lo que aparecería. El aire turbio retumbó y tras los árboles aparecieron sin dar tiempo para un respiro dos trolls peleándose un trozo de carne humana, y al ver a la dama acometieron contra ella.
Tras esquivar a duras penas los golpes que uno daba y acertar algunas estocadas en la dura piel de uno de los animales, hasta darle en el cuello y retumbando la montaña con su caída, el más grande la alzó de un brazo azotándola en contra de las rocas, cerca de donde el pequeño se ocultaba soltando su arma. Al ver el temor en los ojos del pequeño intentó levantarse para alejar a las bestias de aquel sitio, dando un salto, rodó bajo las piernas del monstruo en búsqueda de su espada. El pequeño sin embargo atentamente observaba la acción y una extraña sonrisa irónica brotó de sus labios, en ansias de la batalla.
El recuerdo del dolor que sentía en su cuerpo cansado aumentaba tras recibir golpe tras golpe, hasta que logró encontrar y tomar su espada, incrustándosela y cortando el pie de una de las bestias. Ante el grito horrendo del animal, sintió que la aprisionaban unas enormes manos. Mientras observaba que llegaban raudamente sus compañeros, fue lanzada con tal furia que su cabeza rebotó en las rocas y la oscuridad cegaba su mente.
Entre sus sueños brotó la imagen fría de un ser abominable que se daba forma entre nieblas y sombras, y una mirada gris no dejaba de observarla. No esperaba verte tan pronto mi querida - escuchó como en ecos, mientras el grito espectral inundaba su inconciente.
Eres una vergüenza para tu raza – escuchaba entre rugidos y gritos. Una risa cruda emanó de todos lados y en forma irónica le susurraban – pero no perteneces a ninguna raza - tu no perteneces a ningún sitio ni tiempo – porqué te empeñas en enclaustrar tu esencia - tu me perteneces y lo sabes – pues eres una parte mía – la muerte te dio vida…yo te di la vida - y el grito espectral quebró las sombras dando origen a la angustia y la desesperación por querer despertar, brotando una lágrima de los ojos de la joven …no es cierto… yo pertenezco aquí.
Al abrir los ojos se vio recostada en la tienda. Impresionada vio al niño que la observaba sentado al lado de ella con sus ojos grises, lleno de preguntas.
Al intentar incorporarse, no pudo moverse y el pequeño tras dejar un ramillete de flores sobre la colcha, corrió fuera de la tienda, mientras, tras una cortina aparecieron los ojos de una bella elfa de la cual emanaba el espíritu de Valinor, la sabiduría de miles de años y la lozana juventud.
Era la esposa de su capitán, Laitaine Númeniel, que había ido al encuentro de la compañía. Una elfa sonriente que traía entre sus manos algo de agua y algunas hierbas medicinales.- ya estás mejor pequeña, la fiebre provocada por la infección de la herida ya pasó. Tu cuerpo a pesar de parecer frágil, es más fuerte de lo que pensé.
La joven confundida preguntaba como estaban sus compañeros después de la lid.
Veníamos por las tierras del sur cuando sentimos la batalla a lo lejos. Al llegar nos encontramos con la compañía y algunos hombres que ayudaban a los heridos. Pronto partirán ya que quieren recuperar el tiempo perdido.
¿Y el niño como está? Preguntó Auriga a la dama, el que acaba de salir corriendo de la tienda…por lo que la elfo la miró extrañada -Qué ocurre?- preguntó Auriga nuevamente. La elfo se levantó y miró hacia fuera de la tienda-no venía ningún niño con el grupo.
Mientras la luz del sol entraba por una pequeña apertura en la tienda, iluminando las flores… ¿serían las flores para mi funeral? Y de los labios de la joven brotó una leve sonrisa al reconocer los ojos del pequeño en las penumbras.
