La Guerra de los Clanes

Batalla 114 - C4 Tercano Vs C3 Alianza.

Terminada
Escrito el 21-12-2005 07:17 #1

Fin Guerra: Alianza de Eithel-Glîn se retira del Combate

Armadas perdidas por \"Tercano Nuruva\" = 7

Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 5

Victoria para Alianza.

Escrito el 23-12-2005 19:29 #2

Las tinieblas que batallaban en su interior no tenían piedad y estaban apoderándose del elfo. Éste ahora comprendía a su hermana y en sus adentros sabía que no debía dejarse amedrentar ante el poder de las sombras…pero necesitaba la ayuda o el consejo de un ser de pura luz que le ayudará a avivar la suya…

Su mente prácticamente ya no le pertenecía pero sus corazón aún ofrecía una dura resistencia a ser conquistado batallando con valentía e ímpetu. Sentimientos muy valiosos estaban en juego: Su amor fraternal por Laitaine, su amistad con Malenril, Narairë, Eleanor y el aprecio creciente por el resto de gente que formaban su entorno. Sentimientos como el querer conocer a su actual capitana o poder sentarse algún día con los grandes y honrados representantes de la Alianza y que éstos le trataran como un igual, no como capitán, jefe de la orden o rey, si no como un amigo de verdad.

Fëathoron sabía que pronto no tendría posibilidad de echar a la oscuridad,de nuevo su mente se perdió entre la espesura del bosque...

Una sombra recorría lentamente los árboles de Taurënúva, la fortaleza de plata ya se encontraba muy lejos y el rió Sîrfalle comenzaba a divisarse; Haradriel distinguió otra figura junto al rió, se detuvo y comenzó a ponerse el velo, cuando termino avanzo hacia aquella persona que estaba quieta, mirando las estrellas y no era otro que el mismo Fëathoron.

-Buenas noches.- le dijo acercándose a el, noto un extraño tono pálido en el rostro del caballero, sin embargo no le dijo nada, esperando que la misma sombra que había absorbido a Laitaine, no lo hubiera hecho con el.- No sabia que te gustaran los paseos nocturnos.

-Y yo no sabia lo mismo de ti.- le contesto Fëathoron, que comenzó a reír.- ¿Qué es lo que haces?

-Trato de escuchar las noticias que me tienen los árboles y los susurros del viento.- miro hacia el cielo.- sin embargo no hay nada.

-¿Y eso es malo?

-Demasiada tranquilidad, el bosque siempre se esta moviendo, pero ahora esta quieto, como cuando se sostiene un piedra, antes de dejarla caer al vació.

Fëathoron trato de sonreír, no lo pudo hacer, ¿era acaso que la sombra ya lo había consumido?; recordó a su hermana, sin luz alguna perdida en el abismo.

-Te dejo Haradriel.- el elfo hizo una reverencia.- que el paseo te sirva de algo.- adivino un sonrisa en el rostro de ella, aun cuando no podía verlo.- Buenas noches.

-Solo una cosa más.- le dijo ella, tomándole del brazo.- No te conozco bien y con esfuerzos sabes mi nombre y que domo caballos.

-Bueno eso es porque…-la muchacha lo interrumpió.

-No es el punto.- La voz de Haradriel sonó muy suave.-todos tenemos secretos Fëathoron, pero hay algo que no me puedes ocultar.- lo miro a los ojos y los vio casi sin luz, Haradriel comenzó a temer lo peor, aun cuando su corazón ya lo sabia.- La pena puede ser grande, pero por mas sangre que te una a Laitaine, no es tu espíritu y por lo tanto no es tu sombra.- la joven toco el pecho del elfo y luego paso su mano por su rostro, estaba frió, casi tan frió como la piel de la dama Numeniel.- lo único que puedes hacer es luchar contra la sombra, ¿si no quien ayudara a tu hermana?.

Entonces las hojas se movieron intranquilas y el viento susurro “Hacia el norte, pasando el antiguo templo, ahí encontraras a tu enemigo.”

-¿Pasa algo?-pregunto Fëathoron, que también sintió el movimiento repentino del bosque.

-En el norte.- le respondio Rochwin, silbo y su caballo apareció de entre los árboles.- un ejercito avanza hacia la fortaleza de plata, iré a echar un vistazo, tu da la alarma y dile al perezoso de Dregnor que prepare la compañía.- entonces le hablo suavemente a Elvaralas y este salio disparado, mientras que el elfo tomaba el rumbo contrario, el se dirigía hacia Tyelpëosto.

Cuando llego al Antiguo Templo, la mujer se detuvo, a lo lejos ya se escuchaban los pasos de un ejercito, avanzo mas lentamente, sintió como el sonido se interrumpió y entonces lo vio: comenzaban a instalarse, miro hacia arriba y sonrió, la guardia del bosque ya estaba espiándolos, un elfo bajo del árbol y comenzó a contarle los detalles de la llegada del enemigo, también le dijo que seguramente no esperarían atacar, lo harían al día siguiente si les era posible. Haradriel lo escuchaba, pero estaba mas atenta viendo los movimientos de su enemigo, observo cuidadosamente a lo capitanes Firiel y Hyara dos hermosas elfos, que parecían bastante atareadas moviéndose de aquí para allá y un enano de nombre Arezol que al contrario de sus compañeras se encontraba tranquilo; el elfo termino de hablar.

-Bien, quédense aquí y en cuando el ejercito comience a moverse, quiero que vayáis directo a la fortaleza.- le toco el hombro al guardia.- Nai Eru varyuva len.- dio media vuelta y se fue lo mas rápido que pudo. Tenia que avisarle a los ents, ahora estaban muy bien escondidos en el bosque, no tardo en encontrarlos, pero si lo hizo para convencerlos de atacar al ejercito enemigo, estaban cansados y lo único que querían era vivir en paz, con muchas y sutiles palabras logro su objetivo, después les indico las posición en la que debían estar, les dio las gracias y partió cabalgando.

La puerta de la fortaleza se abrió dejándola pasar, el movimiento de la compañía ya era inminente, los arqueros ya estaban listos y solo esperaban órdenes para salir a la batalla, la infantería preparaba sus armas y la caballería enlistaba a sus caballos, bajo del corcel y se dirigió hacia donde estaban dos caballeros, que ya la esperaban.

-¿Y bien? –pregunto el numenoreano.

- Son Tercanos.- le respondió la muchacha.- la guardia del bosque ya los vigila, atacaran mañana eso es seguro; ¿me imagino que ya estas preparado cierto?

Dregnor sonrió y asintió en silencio, hablaron entonces de una estrategia, estarían divididos, pero algo estaba claro defenderían desde afuera, entre menos dañaran la fortaleza era mejor, hacia bastante del ataque de Nurn, pero aun así Tyelpëosto no estaba del todo remodelada ni preparada para un ataque a sus murallas. Terminaron pronto y cada quien se retiro a prepararse para la batalla.

Ya despuntaba el amanecer cuando salieron de la fortaleza, se separaron entonces, Rochwin se quedo junto con Dregnor cerca de las murallas y Fëathoron se fue con los arqueros a resguardarse junto a lo ents entre las hojas de los árboles.

Llego el mediodía y Anar iluminaba con toda su fuerza, haciendo que Tyelpëosto hiciera honor a su nombre. El ejercito enemigo comenzó divisarse, Fëathoron estaba atento a sus movimientos; entonces escucho el silbido de Haradriel, aquella era la señal, hizo una ademán con la mano y las flechas fueron disparadas, las bajas de Tercano fueron inmediatas, pero su reacción fue mas rápida aun, los orcos comenzaron a masacrar los árboles intentando buscar a los ents, estos se movieron lentamente en dirección a la fortaleza con los arqueros subidos en sus ramas. Haradriel espero el momento y cuando el ejercito estuvo lo suficientemente cerca, alzo un brazo y concentro su poder en el, un viento fuerte comenzó a venir del este haciendo retroceder a los Tercanos que se sintieron aturdidos, el viento ceso y el batallón de Dregnor y Haradriel avanzo rápido, cual fue la sorpresa de la capitana al ver a Fëathoron bajarse del ent y correr entre la infantería dispuesto atacar al que se le pusiera enfrente.

El choque fue demasiado fuerte, causando bajas del lado de los dos bandos, la mujer se bajo del caballo y lo mando lejos, después saco el sable y comenzó a pelear cuerpo a cuerpo, volteo hacia atrás buscando al elfo, que a esas alturas ya le preocupaba bastante, pero le era muy difícil ver entre tanto guerrero, avanzo mas peleando con cada enemigo que se le acercaba, de sorpresa vino un soldado que le dijo al oído.

-Señora, el capitán Fëathoron esta masacrando al enemigo.- el soldado le indico la dirección.- es mejor que vaya.

Rochwin no se lo pensó dos veces y fue hacia la dirección señalada al llegar la imagen que vio no le gusto nada, el elfo que hacia penas muy poco conocía y al que creía invencible ante la sombra, estaba matando a diestra y siniestra al que se le osara enfrentar; pero pronto se vio rodeado y solo entre los enemigos, la muchacha susurro unas palabras al viento y una luz emano de su cuerpo, era cegadora y los tercanos le dieron el paso sin tratar de interrumpir su camino, tomo a Fëathoron en lo brazos y salio de ahí rápidamente, estaba demasiado ligero y su piel estaba aun mas pálida que antes, la luz de su cuerpo comenzó a desvanecerse dejando a la mujer ordinaria que era, con un velo en el rostro. Llamo a unos soldados y les dejo al elfo ahí. Después regreso al centro de la batalla, Dregnor controlaba perfectamente la situación, viendo que ya no era necesario el enfrentamiento, Haradriel ordeno la retirada y el hombre le miro enojado.

-No es hora de discutir Dregnor.- le dijo ella jalándolo del brazo, como si una hermana mayor le reprochara una acto a su hermano pequeño.- Fëathoron esta mal y ya no es necesario que demuestres tu valentía en el campo de batalla.

El numenoreano soltó su brazo y le dio un pellizco a la muchacha, esta le miro enojada, pero no hizo nada, en ese momento le apremiaba la salud del elfo. El ejército ya estaba dentro de la fortaleza y ella acudió lo más pronto que pudo al lado de Fëathoron que yacía tumbado en una cama, con la mirada perdida y sin ninguna luz que brotara de su interior.

Escrito el 26-12-2005 01:54 #3

Habría pasado perfectamente por una descendiente de los orgullosos Noldor, mas sus ojos ocultaban la llama mortal.

Fíriel se sacó el yelmo. No era secreta la jaqueca que le producía llevarlo tantas horas seguidas.

Había tenido que lidiar con ese mal desde muy joven.

Una vez, solicitó al herrero elfo más hábil que conocía que forjase un yelmo más liviano que el corriente, en mithril, oro o lo que fuese, pero si bien prodigioso, tampoco ese logró inhibir el malestar punzante que la acosaba.

Angustiada recurrió a toda ciencia o sapiencia conocida, mas nada alivió su pesar. Era su condena. No importaba lo bien que manejase el arco o la espada, o la rapidez con que esquivase los golpes, o la justa causa con que batallase; siempre le tendría un odio particular a los pleitos armados, y no por falso altruismo, evitaría por todos los medios el desenlace bélico.

El continuo malestar la tornaba rápida para la cólera, y extremadamente rencorosa con quien por algún motivo o negligencia, alargase las batallas más allá de lo estrictamente necesario.

A su lado se erguía Hyara.

Era asombroso el parecido entre ambas mujeres. Ambas agraciaban su rostro con un par de ojos azules cual reflejos del límpido cielo primaveral, y así también las dos dejaban correr al viento entre sus cabellos largos y oscuros.

Había una sola cosa que las diferenciaba; la primera era Edain, mientras la otra Elda.

-No me gusta este lugar. – dijo Hyara, y su comentario contrastó con la belleza del paisaje. El extranjero siempre tiende a idealizar el recuerdo de la patria, y la Noldo no era la excepción. Ni la sutil Tyelpeosto lograba remecer su corazón como lo hacía Nenîath, ahí en el Norte.

Coronaba la escena, Arezol, algo más alto de lo que sentenciaban los libros sobre la estatura enana, no podría haber sido confundido de ningún modo con uno del clan de los Barbilargos (dado su ‘comparativamente’ escaso vello facial), y tampoco respondía al espíritu bonachón de las últimas camadas, pero detacaba por ser, dentro de los posible, el más agraciado entre su gente.

Vale la pena mencionar que había sido criado ‘a la antigua’. Dominaba un Khûzdul precioso, y no había recoveco abstruso que le ocultase los secretos de la extracción minera.

Si bien su origen no era casto, los más grandes entre sus contemporáneos lo tenían por igual y buscaban su consejo tanto en artilugios mineros como en estratagemas guerreros.

Sus cinco pies de altura significaban una ventaja para lo que al trote respecta. Zancos más grandes que el promedio además de pericias rebuscadas con el hacha, solían ser su fuerte en el campo de batalla, y eran lo que le había hecho ganar fama, méritos y adeptos, para cuando su labor fue premiada con el título de Capitán de Infantería de las tropas tercanas y el de altisonante Señor de Azandûm, la Última, Morada Enana de las Tierras Ocultas.

Pero en su nueva posición, sus barbas claras debatían las decisiones con palabras e ideas, más que mediante mandobles y hachazos.

Sus adversarias eran dos ¡mujeres!.

En un principio sus ínfulas de poder eran reacias a aceptar la orden femenina. Pero se dijo que el tiempo y la costumbre aplacaron su descontento.

Nadie concibió posible otra razón para la sumisión. Jamás imaginaron que la elfa Hyara, la ¡elfa! que comandaba porción del ejército tercano, fuese la responsable de ablandar el alma del enano al punto que los desgaires de esta, inflamaban el alma de Arezol con algo del todo distinto al odio, la rabia o la cólera.

El sol abrasaba los rostros cansados, hartos de tanto caminar.

Las armaduras transmutaban de protección, a ‘horno’, literalmente. Las gotas de sudor, esas por las cuales no hay posibilidad de pasar la mano para secar, se arrastraban provocando un cosquillear exasperante. Bocas secas, ojos entrecerrados. Sol.

La embestida fue en un principio cruel, mas cesó la carga frenética en cuanto un capitán enemigo fue herido. Las saetas arrancaban vidas a son de los tambores de batalla.

Fíriel lideró la primera incursión.

Tuvo que ponerse el yelmo.

La hoja de su espada seguía la coreografía prevista. Hender, cortar, cercenar. Herir y matar.

Mas doncella era. Sus brazos si bien fuertes, no eran tan resistentes, pues siempre se había negado a ejercitarlos en demasía. ¿No rompía acaso eso la estética femenina? Bravo era su espíritu, pero no era libre de las ataduras impuestas por un pueblo sumido en el retraso y las apreciaciones superfluas.

Fíriel se cansó. Sus fuerzas menguaron y la ira se apoderó de su esencia. Su poderío no era mayor al de una flor. Demasiado volátil; etéreo e irreal. El trecho entre el clímax y la sima era demasiado corto.

Se postró de rodillas y esperó. Sus hombres recién comenzaban a entrar en calor. Y de lejos oyó un grito en inconfundible khûzdul.

- Khazâd ai-mênu! \"Los Enanos están sobre vosotros\"

Paralelamente, Arezol disponía sus hachazos con mortal precisión. Se le veía sosegado, como quien no teme la cercanía de la muerte, mas algo revolvía las tranquilas aguas de su conciencia, desde que saliese el sol aquel día.

No podía desprenderse ni un instante de la imagen de su compañera de armas, y sin embargo luchaba por inhibir su propia imaginación. Simplemente la reprimía por miedo a imaginar algo obsceno.

En realidad, nunca había sentido complejos por su identidad, pero en aquel segundo de desasosiego, envidió el regio porte de los elfos, o aún el de los Hombres Mortales, y se sintió minúsculo, mientras imaginaba a la elfa esculpida en pétreo y precioso mármol, enorme e inabarcable.

¡Blasfemo incluso imaginar una unión entre las dos razas!, se repetía Arezol acongojado. Imposible. Inconcebible. Prohibido.

-¡Ay, Arezol! Deja el iglishmêk...¿no ves que no te entiendo? – le rogó Hyara. Ella había presenciado como un flecha atravesaba el pecho de su petizo compañero no mucho tiempo atrás, cuando cruzaban un trecho de visibilidad particularmente difícil dado el espeso follaje del bosque. Los arqueros enemigos encaramado en los árboles, habían pasado desapercibidos para gran parte de los guerreros de la primera oleada tercana, sin embargo luego el asunto dejó de ser sorpresa, pues la advertencia cundió rápidamente de boca en boca.

Pero por lo visto, aquello no era lo único que amenazaba al corazón del enano. Otros dardos invisibles e igualmente poderosos habían perforado la resistencia del hijo de Aulë.

-No gimlu-nitîr (encendedora de una estrella), no es iglishmêk...solo...- tosió un par de veces botando sangre y Hyara le puso la cabeza sobre su regazo. – solotequeríadecirque... – comentó sin despegar los dientes y a una velocidad increíble. Por primera vez el enano titubeó. No dijo lo que su alma anhelaba expresar, y optó por ocultarse en las profundidades insondables de la mentira.- te quería decir que...de morir hoy, grabes en mi tumba...Arezol Buzundushul uzbad Azandûmu...(Arezol hijo de Buzundush, Señor de Azandûm), ya sabes lo molesto que me resulta el quenya...o el mismo oestron...

-¡Enano tonto! Ya verás como sanas. – dijo sonriendo tristemente la elfa.

Y antes de desfallecer, Arezol la miró una vez más, y sus ojos refulgían cual estrellas agónicas dispuestas a desaparecer, pues había llorado y las mejillas rojas teñían la ahora la palidez de su rostro élfico.

Sonrío para sus adentros mientras lamentaba la separación, pues la certeza del deceso le había dado la mano y lo arrastraba ahora a los portales umbríos que el destino deparaba a los enanos. Solo atinó a cerrar los ojos.

La elfa había apoyado la cabeza sobre el pecho del enano. Su mente recorría parajes ignotos a la búsqueda de un instante de paz. Abstraída como estaba, tardó un poco en extrañar el vaivén cadencioso de la respiración de Arezol.

Y cuando se percató de la vital ausencia, su sangre se heló.

Se levantó rápidamente y notó el tono azulino que embargaba el rostro de su compañero. Antes que la desesperación, la sobrevino la razón.

En un segundo recordó su estancia con la sanadoras de los Noldor. En ese mismo segundo rememoró las escasas lecciones que estas le habían impartido.

<<Si se volvía pálido...estaba perdiendo sangre...¿y si en cambio, adquiría un tono azul-violáceo?...¡No podía respirar!¡Claro!>>

Le abrió la boca a Arezol y comprobó lo que ya intuía. Como había caído en la inconciencia la lengua se había relajado obstruyendo la vía respiratoria.

<<¿Cómo remediar esto?>>, pensó consternada llevándose las manos a la cabeza. Una cánula habría sido lo ideal, pero ahí en medio de la nada, ¿de dónde pretendía hacerse de una?. Debía pensar en otra cosa, y rápido.

Las respuestas no llegaban por golpe divino; si no hacía algo Arezol moriría. ¿De qué servía el poder élfico? ¿No era un prejuicio, o tal vez la respuesta a un estereotipo mágico? Ella no podía conjurar impulsos vitales, ni con solo llorar sobre el cuerpo de su compañero remediaría la situación. Tras sus pasos no crecían flores ni soñaba el futuro. La mayoría de los Edain no entendía aquello. Era Eldar, mas padecía de dolores iguales o peores que los mortales. Su ente etéreo no era el de una Maia o Nigromante tal vez, sino infinitamente más simple.

La sola idea la hizo estremecerse, y en la desesperación recurrió a lo más lógico y accesible. Sus propias manos.

Metió dos dedos en la boca del enano, arqueándolos, hasta que topó con el paladar. Las puntas entonces, presionaron el músculo fláccido y abrieron un canal para que el aire pasase. Bajo condiciones normales, Arezol habría vomitado luego de tal acción, pero bajo la oscuridad en que estaba sumido, no sentía nada.

Hyara logró su propósito. Lo salvó.

Pero toda esa presión, todo el frenesí con que había obrado, la convirtió de ella un manojo de nervios. Le temblaban las manos y le costaba articular una frase coherente, porque la respiración de sobremanera agitada, le quitaba el don de la palabra.

Cuando ya no pudo hacer más por él, corrió a llamar a los sanadores.

Al otro lado de los Portales de Tyelpeosto, los azules ojos de Fíriel brillaban con malicia, mientras una carcajada convulsiva ahogaba sus palabras.

Sin duda resultaba extraño que a los albores de la derrota su alma conciliase fuerzas para sonreír. Pero había oído el cuerno enemigo. ¡Se retiraban!

-Curioso...siempre creí que la victoria debía ser digna. – comentó con sarcasmo la Atani. – Es más, me criaron de la idea que si llevas la ventaja no cesas hasta liquidar la resistencia oponente. Hacerlos retirarse, no al revés. Pero como puedes apreciar, nuestros vecinos no son de la misma idea. – concluyó mirando a un jovencísimo teniente, que absorbía todo cuanto decía la mujer, cual si fuese ley.

Por supuesto, tal clase de finiquitos, se daban también entre las huestes tercanas, cuando algún Capitán estimaba que cortar el conflicto primaba a pesar de despreciar así la paga que significaba que el oponente tirase la toalla primero.

Escrito el 01-01-2006 12:36 #4

Resumen de la batalla.

Tercano ha perdido 7 armadas x35= 245 puntos.

Recuperables: 82 puntos.

Valoraciones: 8+8+9= 8,33

Recupera: 68 puntos. Los dirigentes sufren daños por el 50%, por este concepto recupera 175 puntos. Total recuperación: 243 puntos.

Pierde 2 puntos.

Alianza ha perdido 5 armadas x35= 175 puntos.

Recuperables: 117 puntos.

Valoraciones: 7+7+8= 7,33

Recupera: 86 puntos. Los dirigentes sufren daños por el 30%, por este concepto recupera 105 puntos. Total recuperación: 191 puntos.

No pierde puntos.

Alianza percibe 75 monedas por la victoria en la batalla.

Alianza entrega 100 monedas a Tercano por abandono de la batalla.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.