La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Historia Por Vida. Valle. Arawen

2006:01:06:13:56:49

Árawen Tindomë

Nurn no había franqueado el paso y la ciudad estaría por el momento a salvo. Árawen, miró a la lejanía, el sol ya estaba bajo, ¿o acaso acababa de salir? Tenía un corte bastante desagradable en la frente y la sangre le impedía ver con claridad. Intentó apearse de su montura, pero se sintió desfallecer. Unas manos impidieron que cayera al suelo y sintió que alzaban su cuerpo. Se dejó llevar, habían ganado… era lo que importaba.

Despertó rodeada de oscuridad, una oscuridad profunda y silenciosa que la envolvía como si ella fuera su bien más preciado. Nada, no sentía nada, ni frío ni calor, con un movimiento instintivo intentó palpar su cuerpo, nada, no había nada. Un sentimiento la invadió, desesperación, miedo, inquietud, alegría…Todos o ninguno, no sabía, no sentía, sólo existía.

-Arawen – llamó una voz. ¿Quién era Arawen? ¿Sería ella? ¿Dónde estaba el ser que había pronunciado el nombre?, no sabía, no veía. Pero al instante la elfa supo, sin saber como, que aquella voz había formado parte, durante mucho tiempo, de su vida. Sí, su vida ¿qué vida? Es que acaso la tuvo. Y recordó que un día aquella voz la abandonó para nunca más regresar, nunca más regresar…Tristeza, una gran tristeza, volvía a sentir. Una palabra le vino a la mente, ¿qué era?, no lo sabía – Érathan – y se sorprendió al escuchar su propia voz, tan limpia y clara, tan perfecta – Érathan – volvió a repetir involuntariamente.

- Sí- respondió alguien.

-Érathan, ¿dónde estamos?

-En un lugar del que nunca has oído hablar.

- Seguro que sí, dime el nombre.

Érathan soltó una estrepitosa carcajada, y la elfa sintió alegría al escucharla de nuevo, ¿de nuevo?

-Árawen, todos los que llegan a este lugar no recuerdan nada, ni saben, ni sienten, es el precio que hay que pagar por el Don que se nos otorgó. Cuando se está aquí sólo se puede esperar a que llegue tu turno para entonces volver a olvidar este sitio.

Un torrente de preguntas inundó la mente de la elfa.

-Pero tú sabes quien soy, al menos eso es lo que parece. Sin embargo yo de ti no sé nada, aunque tengo la extraña sensación de que sí te conozco, pero dices que aquí no se puede recordar nada y tú sí puedes...-dijo la elfa que comenzaba a creer que en aquel lugar tampoco se podían comprender las cosas – no entiendo.

No hace falta comprender- contestó el elfo- Verás, a veces se hacen excepciones y se permite que los que han llegado aquí puedan regresar a su anterior vida, y ese es tu caso- Érathan hizo una pausa que a la elfa le pareció una eternidad, seguramente fue algo más de tiempo -lo que ocurre es que para poder retornar es imprescindible que esa persona recuerde todo su pasado.

-Entonces nunca regresaré – afirmó Árawen.

-Sí que lo harás, principalmente porque ya has empezado a recordar.

-En eso te equivocas.

-No. Cuando dije tu nombre fuiste capaz de reconocer mi voz, por un momento temí que no lo hicieses – dijo el elfo con cierta preocupación – pero lo hiciste.

-Así que...

- El proceso a comenzado.

- Y tu...

- Soy el encargado de hacer que recuerdes, cierra los ojos.

- Los tengo cerrados.

El elfo volvió a reír.

-Bien, ahora ábrelos.

Por primera vez Árawen pudo notar de dónde venía la voz. Abrió los ojos, frente a ella se encontraba un elfo, alto, de cabellos oscuros y ojos grises, que la miraban con cariño. De repente Érathan la abrazó.

-Hace tanto que quería hacer esto - dijo el elfo mientras apretaba a Arawen contra su pecho.

-¿Qué…no sé de que hablas?

- Aún no lo recuerdas… – dijo separándose de ella-Bien, empecemos por el principio. ¿Reconoces este lugar?

La elfa miró a su alrededor, estaba en el interior de una casa. La habitación debía ser la sala de estar, al fondo había un gran ventanal por el que entraba el sol de la mañana, Árawen se acercó y miró a través de los cristales, por lo que vio dedujo que la casa estaba construida en mitad de un bosque bastante frondoso y extenso pues su vista no alcanzaba a divisar las lindes de la foresta. Nada, no sabía donde estaba. Dejó de mirar por la ventana y continuó por la estancia. Una mesa de roble con un par de candelabros, media docena de sillas, un aparador…Un parador repleto de libros…

-¿Y ahora?- preguntó Érathan al ver en el rostro de la elfa una expresión de sorpresa.

Árawen asintió. Recordaba todos y cada uno de los libros que allí estaban, el de las tapas verdes, el grande que solo entraba si se le ponía con una cierta inclinación, el de las margaritas…Todos los libros que su madre le había leído en las noches de su lejana infancia y entonces la mente se le llenó de imágenes, sonidos, olores, sentimientos....Corrió a su habitación, las cosas estaban tal y como las había dejado aquella mañana en la que decidió abandonar su pasado.

-¿Dónde está mi tía, digo madre?- preguntó a Érathan. Con el tiempo Arawen había llegado a entender la mentira de su tía a la que consideraba su madre.

-No está aquí, en cuanto vio que te habías ido salió en tu busca.

-Fui cruel con ella – dijo apesadumbrada - Con el tiempo me di cuenta de que me quería demasiado y si no me contó la verdad fue porque ella consideraba que era lo mejor para mi. Me he arrepentido tantas veces de este momento, Érathan, demasiadas que ya hace mucho que perdí la cuenta...Podría...

-No- se adelantó el elfo pues sabía lo que Árawen iba a decir- esto sólo son imágenes de tu pasado, que debes recordar, no puedes hablar con nadie, ni interferir en los hechos acontecidos.

La alfa bajó la vista. A pesar de que recordaba mucho, seguía sin saber quién era Érathan y que papel había desempeñado en su vida. Una vez más el elfo se adelantó a la pregunta de ella.

-Aun no me recuerdas, ¿verdad?

Árawen negó con la cabeza.

-Bien, te voy a llevar a un momento muy concreto, veas lo que veas no puedes hacer nada, cierra los ojos otra vez.

Y así lo hizo, esta vez al abrirlos descubrió que se encontraban en un bosque. Sólo se escuchaba el rumor de un llanto, el sonido venía de detrás de unos arbustos. Árawen fue hacia ellos pero el elfo la agarró por el brazo.

-Veas lo que veas, no puedes hacer nada – le repitió.

La elfa atravesó las matas y se detuvo de golpe ante la escena que tenía delante. Frente a ella estaban en el suelo dos elfos. De inmediato reconoció el rostro del elfo que yacía inmóvil entre los brazos del que lloraba.

-Érathan, eres…eres tú.

-Sí

-Entonces el otro …

-Eres tú, Árawen.

Y aquél extraño sentimiento que había sentido volvió a aparecer. Ahora recordaba todo, desde el primer momento en que se conocieron en una oscura taberna hasta cada una de las lágrimas que derramó por su muerte.

-No pudimos despedirnos.

-Lo sé- y el elfo la volvió a abrazar- ahora se nos da una oportunidad.

-Pero ya no siento lo mismo que sentía. Ahora quiero a Vilmanion…que está en las casas de curación- recordó-, tengo que regresar aún puedo ayudarle.

Érathan la miró con ternura.

-Sí, es hora de que regreses- y besó la frente de la elfa - ¿Sabes? Mi turno está cerca y es más, te prometo que estaremos juntos, otra vez.

-Pero…

El elfo la silenció.

-No será como antes, pero volveremos a estar juntos, ahora cierra los ojos, Árawen.

-Árawen, cariño, por fin despiertas- el rostro del druedain la miraba con una gran felicidad.

-Vil…he regresado.

-Sí, amor, tardaste bastante – dijo Vilmanion mientras acariciaba el rostro de su esposa.

Delisse Yestariel

Los Valar otorgan un 35% de recuperación de vida para Arawen.