Aredhel Telemnar
Un manto de estrellas cubría todo Haldánori. Hacía tiempo que no se veía una noche como aquella. El cielo estaba totalmente despejado y había una refrescante brisa.
Al sur de la ciudad del dragón, situados en una pequeña colonia de elfos, dos elfos, marido y mujer, disfrutaban de aquella noche, mientras, dentro de su casa, un revoltoso elfo y una revoltosa elfa estaban dispuestos a no dejar ni un rato a sus progenitores en paz.
-¡Mami, mami, cuéntamelo otra vez!- gritaba una pequeña elfa, Arïniel mientras salía corriendo de la casa y comenzaba a dar vueltas alrededor de su madre, quién en un intento vano, intentó coger a la pequeña. Con una agilidad pasmosa, la pequeña logró escabullirse y ponerse a una distancia prudencial de su madre.
-¡Si vamos, cuéntanoslo!- fue ahora su hermanito Taurnil quién correteó junto a su hermana.
-Os lo he contado docenas de veces.- protestó la madre. Ya os lo sabéis de memoria además es muy tarde, es hora de que vayáis a dormir.
-¡Otra vez mas por favor!
-¿Os iréis derechos a la cama?
-¡¡Si!! – Chillaron a coro los pequeños
-Esta bien- dijo fingiendo estar molesta, pero primero darle las buenas noches a vuestro padre y meteos dentro, enseguida voy.
Los pequeños corrieron hacia su padre y lo colmaron de besos y abrazos,
enseguida echaron a correr hacia dentro-¡No tardeeees!-le gritó la pequeña.
Riendo por lo bajo, la elfa se acercó a su esposo, quién la estrechó entre sus
brazos. Durante un rato, se dejó acunar por él, hasta que por fin rompió el
silencio.
-¿De verdad tienes que irte?
-Serán solo un par de días, cielo. La ciudad de Dragón no está lejos de aquí, un día a galope tendido, no más, no tendré problemas para llegar.
-El camino es peligroso, continuó insistiendo él. Ella estalló en carcajadas.
-¿Acaso no sabes con quién estas hablando?- le dijo haciéndose la ofendida.
-Con una mujer maravillosa que ha salido de mil y un problemas a pesar de las dificultades... sí lo se, pero ten cuidado ¿quieres?
La elfa le dio un dulce beso en los labios-Lo tendré-le susurró, mientras se escuchaba una “¡Date prisa!” desde dentro de la casa. Con una sonrisa de resignación, los padres entraron en la casa y la elfa se dispuso a contárselo de una vez.
Cuando la elfa entró en la habitación, los pequeños ya estaban metidos en la cama esperándola. Ella, se sentó en el borde de ésta y comenzó su relato.
Hace mucho tiempo, la guerra se había adueñado de todo Haldanori. Poco se sabe de la causa de aquello, pues fueron muy distintas las razones que llevaron a los ejércitos a la guerra. A algunos, les movió el ímpetu por conseguir un mundo mejor y proteger a los demás, a otros, el ansia de sangre y la conquista de nuevas tierras.
En un día de aquellos fatídicos años, cuentan que la ciudad del Dragón de las tierras del Valle del Ingenio estaba bajo amenaza de ataque. El rey de Valle, consiguió que una poderosa compañía pudiera llegar a tiempo para proteger la ciudad. Sin embargo el ejercito enemigo no aparecía por ninguna parte. Dicen las lenguas que a la tercera noche de espera, una elfa de las tierras del norte de Valle, se presentó delante del general de la compañía y le avisó que el enemigo se acercaba por entre las montañas…
-¿Quién era ese general, mami? ¿Cómo se llamaba?
-¡Yo lo sé!- dijo Taurnil- se llamaba Aredhel, como tu, ¿verdad que si?
Aredhel asintió y continuó su relato.
La estrategia a seguir por la compañía de Valle se discutió aquella noche por el general y los capitanes…
-¡Árawen y Vilmanion!- fue ahora Arïniel quien interrumpió.
… pero (pronunció la silaba intentando atraer la atención de sus hijos de nuevo) la estrategia que se decidió pondría en serio peligro a los capitanes de las compañías ya que el único lugar para interceptar al ejercito era un paso muy estrecho, por el que la compañía enemiga debía pasar y la lucha sería muy complicada. Al alba la compañía, liderada por Aredhel y Árawen, (Vilmanion estaba convaleciente) partió al ataque.
-¿Y si era tan peligroso? ¿Por qué fueron? ¿Por qué no les esperaron en la ciudad?
-Porque si se hubieran esperado a que el enemigo hubiera llegado, hubieran puesto en serio peligro a los habitantes de la ciudad... ¡imagínate! podría haber muerto mucha gente. Por ello, se arriesgaron a atacar en el único punto conocido por el que el enemigo debía pasar.
-¡Que héroes! Dijo la pequeña, quien se había sentado en la cama y se inclinaba hacia delante para escuchar mejor. Su hermano, quien no quería ser menos, hizo exactamente igual.
La lucha en aquel paso tan estrecho fue terrible. Valle pudo contener al enemigo mediante lluvias de flechas y continuos ataques a caballo.
-¡Si!- el pequeño Taurnil se puso de pié encima de la cama y en precario equilibrio empezó a atacar a un enemigo invisible con una espada imaginaria, mientras sus botes hacían que se hermana rebotara en la cama. En uno de sus saltos, el pequeño estuvo a punto de caerse por el borde, pero Aredhel lo cogió al vuelo y lo volvió a sentar en la cama.
Mucha gente perdió la vida allí (el gesto de Aredhel se tornó triste), y mucha gente que se salvó, lo hizo gracias a los sanadores de la ciudad.
-¿Qué pasó con Árawen y Aredhel? ¿Se salvaron?
-Si- sonrió Aredhel, las dos pudieron salvar la vida pese a que estuvieron a punto de perderla, pues se situaron en primera fila en el combate y sus heridas fueron muy graves.
-¿Y Vilmanion?
-Vilmanion ayudó en todo lo que pudo por curarlas y sus conocimientos sirvieron de mucha ayuda.
Aredhel se dispuso a contar la última parte del relato.
Así, la compañía del Valle el ingenio logró detener al invasor y salvar a la ciudad del Dragón de un ataque que se hubiera cobrado muchas vidas de civiles.
-Y ahora, a dormir, es tarde y mañana tengo que recorrer un largo camino.
-¿Qué sucedió con los capitanes y el general después?
Aredhel se encogió de hombros – Supongo que cuando acabó la guerra se retirarían para vivir la vida que siempre habían querido vivir y nunca habían podido... y ahora a dormir.
Besó la frente de cada uno de sus hijos y los ayudó a arroparse. Después, de un soplo apagó la candela que había estado encendida durante todo el tiempo.
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A la mañana siguiente, al alba, estaba lista para partir, su marido le había preparado el caballo y las provisiones y él y sus hijos estaban delante de la puerta de la casa para despedirse de ella y desearle un buen viaje.
-¿Cuándo piensas decírselo?- le susurró su esposo cuando Aredhel pasó junto a él para despedirse con un dulce beso.- algún día tendrán que conocer a sus heroes
-Pronto, pronto... – le contesto, y se volvió hacia sus hijos, dandoles un fuerte beso a cada uno y un gran abrazo. –Portaos bien, y haced caso de vuestro padre, ¿de acuerdo?
Los pequeños asintieron.
Subiéndose al caballo, Aredhel, la antigua general de la quinta compañía del Valle del Ingenio, partió hacia la ciudad del Dragón y vio como su casa y su gente iba empequeñeciendo con la distancia.
Cuando los hubo perdido de vista, espoleó su caballo una vez mas, pues no quería llegar tarde. Árawen y Vilmanion la esperaban…
[Editado por Kate_Holdenfield el 22-12-2005 19:43]
