Fin Guerra: Orden de Telpe se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 4
Armadas perdidas por \"Orden de Telpe\" = 6
Victoria para Valle.

Fin Guerra: Orden de Telpe se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 4
Armadas perdidas por \"Orden de Telpe\" = 6
Victoria para Valle.
Gaur estaba cansado. Había cabalgado durante toda la noche. Después de la conquista de Ost-in-Tercan había llevado personalmente un mensaje a Elboron, Rey de Valle. Aliena y él mismo habían padecido en poco tiempo unos sueños extraños que, combinados con la aplastante toma de la capital tercana, había provocado la necesidad de contactar con el regente cuya sabiduría era legendaria en todo el territorio de Haldanóri.
A su llegado hasta la presencia de Elboron, vio que había habido un intento de magnicidio que, afortunadamente, había sido abortado.
Tras unas horas de descanso, después de entregar la misiva y de haber hablado con el Rey de Valle Gaur, se puso en camino con rumbo a los territorios de Telpe. La compañía real se dirigía por su parte hacia una nueva batalla. Una nueva misión había sido encomendada Gaur debía reunirse con Aliena, Emeldir y los soldados integrantes de la cuarta compañía para atacar la capital telpita.
Durante su larga cabalgata Gaur no dejaba de pensar en lo acaecido. El asesinato del primigenio mensajero, su propio primo; el intento de asesinato de su amado Rey, con las indumentarias de su propia casa… Pero todo eso debería esperar, ahora no tenía tiempo para distraerse y arriesgarse a ser divisado por cualquier enemigo. Viajar solo era lo que más le gustaba, sin embargo y simultáneamente era lo más arriesgado. El caballero se centró en su discreto viaje en pos de su objetivo, lejos de las curiosas miradas de campesinos y otros personajes más peligrosos, con la única compañía de rapaces y alimañas.
Los vigías apostados vieron la llegada de Gaur, subido al lomo de su corcel, pero al ir camuflado con una capa de viaje gris no le reconocieron. Le dieron el “alto”, mas rápidamente se pusieron rígidos al despojarse el jinete de su capa y dejar a la vista los refulgentes colores de la insignia y los blasones de su propia casa.
- ¡Mi Señor, disculpad! ¡No os reconocí!
- No te preocupes soldado. ¿Alguna novedad?
- No, mi Señor. Tan solo informaos que Aliena desea veros en cuanto comáis algo.
- Gracias, soldado. Sigue con la vigilancia. Por cierto, debería estar atento al inmenso jabalí que está rondando por esta zona. Si no le ves venir y te ataca, te sacará las entrañas.
Gaur desapareció entre la maleza con una inmensa sonrisa, pensando en la cara de pavor que se le había quedado al soldado tras escuchar la noticia de sus labios, noticia totalmente falsa, dicha con la única intención de forzar una atención todavía mayor durante la vigilancia.
A la llegada al campamento, el capitán de Valle se aseó meticulosamente en el arroyo que corría por las cercanías, bañándose desnudo en las frías aguas. Posteriormente se dirigió hacia la posada, que era como llamaban a la tienda de víveres, donde se almacenaban todas las provisiones. Entabló una breve conversación con el guardia que la custodiaba, que le entregó una ración de carne conservada en sal y una cerveza.
Mientras devoraba ávidamente el pedazo de carne se dirigía hacia la tienda de Aliena, mirando atentamente todo lo que ocurría en el campamento.
- Esperemos que no se nos caiga el cielo encima –dijo un enano durante una animada conversación con otros miembros de su especie.
- Están locos estos enanos –aseveró el interlocutor, mientras se llevaba gráficamente un dedo a la sien, al escuchar tan extraña expresión.
Gaur también estaba un poco desconcertado. Muy lejano parecía el momento en que los soldados se divertían tras la conquista de la capital del reino de Tercano, sin embargo no excesivas lunas habían transcurrido desde ese momento.
El velocípedo hizo una pausa, antes de entrar en la tienda y escasamente un segundo antes de cometer tal acción escuchó la suave voz de Aliena que le decía desde el interior:
- ¿No piensas entrar?
- Es un poco fastidioso el poder de esta muchacha –pensó Gaur, con cara de contrariedad.
- Te estamos esperando –le espetó Aliena- No es de buena educación el tener a dos damas esperando.
- Señoras… -hizo su entrada finalmente en la tienda.
- ¿Qué nuevas traes de nuestro Señor?
El relato que Gaur hizo fue breve pero simultáneamente con multitud de detalles.
- Debemos atacar ahora que la coyuntura es favorable –dijo Emeldir.
- Así es. Nuestra opinión –continuó Aliena- es que la capital de Telpe no está en estos momentos bien defendida y un ataque rápido puede darnos una victoria fácil, sin pérdidas y con grandes beneficios.
- ¡Sea pues! No encontraréis en mí oposición alguna a ese ataque. Tras lo ocurrido con mi primo ardo en deseos de entrar en batalla.
Transcurrieron apenas dos días y las tropas de la cuarta compañía de Valle llegaron a las puertas de Osto Telemna. Con las fuerzas intactas después de los días de descanso que tuvieron mientras esperaban el retorno de Gaur, los soldados estaban ansiosos de entrar en batalla para poder disfrutar de nuevo del orgullo y de los momentos de diversión que la toma de la nueva ciudad les iba a procurar.
Aliena se reunió con sus dos compañeros en la dirección de la compañía y les notificó que ella no podía participar en esa batalla por encontrarse muy debilitada tras el esfuerzo realizado durante la última batalla en la que se había enfrentado a un poder muy grande.
Emeldir tomó las riendas de la dirección de todas las tropas, excepto de los enanos, que adoraban a Gaur y éste a ellos. La admiración que sentían el uno por los otros era enorme y una separación de tal simbiosis hubiera sido perjudicial para los intereses de la compañía.
Los cuernos de guerra sonaron con fuerza. Los tambores mandaban sus mensajes intimidatorios a los defensores de la ciudad. Los pasos de las tropas retumbaban, dando un aire de majestuosidad, avanzándose a lo que tenía que ocurrir. Era la última oportunidad que tenía la ciudad telpita de entregarse antes de sucumbir, era su ocasión de buscar el perdón y la clemencia.
Los hombres y elfos especializados en lanzar flechas iniciaron el ataque a la ciudad, para procurar cierta tranquilidad a los soldados que se dirigían hacia la ciudad, con claras intenciones.
La batalla estalló cuando llegó la respuesta de los defensores de Telpe. Los hordas telpitas eran aguerridas, si bien escasas. La composición era de trolls, enanos y hombres, aunque lo más significativo fue el número. Una rápida evaluación de los avezados ojos de Gaur provocó una cara de desconcierto.
- No puede ser. Tiene que haber algo escondido –dijo en voz baja.
- Mi Señor –dijo el enano más fornido. ¿Qué hacemos?
- ¿Bromeas? – dijo Gaur. ¡A por los trolls! ¡Animo, mis pequeños amigos, que son pocos!
La carga de los numerosos enanos directamente contra los trolls provocó ciertas miradas de confusión en ambos bandos. Aquellos pequeños soldados iban directamente a por los más temibles y grandes miembros del ejército enemigo; y, entre ellos, la figura alta y espigada de Gaur, espada en mano y con la mirada perdida a la busca de un adversario de su nivel.
La espada de Gaur, Swordwine, luchaba denodadamente por derribar a un monstruoso troll. La agilidad del capitán era muy superior a la torpeza de esa raza maldita. Los enanos se movían con rapidez fuera del alcance de las hachas de los trolls, blandiendo las suyas propias, hiriendo en las piernas a los monstruos. Los trolls tenían que lanzar golpes muy bajos para acertar a los enanos y eso era un grave inconveniente para ellos.
Paralelamente Emeldir comandaba el ataque de hombres y elfos contra las tropas de enanos y hombres. La diferencia entre los dos ejércitos era abismal, mientras Telpe ponía en juego una fuerza inferior a las 8 armadas completas, Valle puso sobre el campo de batalla a 80 armadas completas. La proporción era de un soldado telpita por cada 10 de Valle.
En poco tiempo la batalla se decantó definitivamente por un lado, el más lógico. Empezaron a sonar los cuernos de retirada entre las tropas telpitas. Cada vez menos soldados se mantenían en lucha, tan solo algunos combates singulares.
Gaur se las tuvo con un troll, que tras recibir una estocada certera y en un último suspiro lanzó un golpe con su maza que el capitán de Valle no pudo esquivar y que impactó en su brazo, provocando alguna fractura.
Emeldir había recibido también algunas heridas en los miembros inferiores de su anatomía, probablemente infringidas por algún enano furibundo.
La batalla había concluído. Aliena caminaba con su escolta personal por el campo de batalla. Sus ojos cerrados, a causa de la ceguera, no le impedían tener una visión clara de lo que allí había ocurrido. Sentimientos encontrados de seres moribundos le llegaban nítidamente al corazón.
Sus ojos baladíes se llenaron de lágrimas ante tanto dolor, tantas historias truncadas en un solo instante por la necedad y el orgullo de unos capitanes que no supieron ver que no deberían haber ido nunca a la batalla.
- Flinë, amor mío –oía en su mente- ya no volveré a verte. Me llevo los recuerdos más bonitos que un ser pueda tener. Me llevo tu amor, tus caricias, tus besos. Sea mi último pensamiento para tí, mi amor…
La voz calló para siempre, pero el silencio no se apoderó del lugar y las voces seguían llegando con claridad.
Un soldado había muerto ensartado por una espada. Escasamente a un metro de él, yacía otro soldado del mismo ejército. Los sentimientos del vivo desconcertaron profundamente a Aliena. Era amor y culpabilidad lo que le estaba azotando en sus últimos momentos de vida. El amor que sentía por su compañero, con quien tanto había compartido, batallas, comidas, borracheras, historias y…sobre todo… un amor secreto, un amor prohibido. La culpabilidad de no haber podido salvarle en ese instante. Al ver caer a su amado, con los ojos ya vacíos de vida puestos en él la rabia se apoderó furiosamente de su ser y acabó despiadadamente con el ejecutor, mas recibió una herida que también le iba a costar la vida.
Aliena le dedicó una sonrisa y acercándose a él le susurró:
- Marcha con él. Ya no tendrás que ocultarte más. Te está esperando.
El soldado sonrió mientras exhalaba su último suspiro y su corazón se contrajo para siempre. En el recuerdo de Aliena siempre perduraría la imagen de aquel soldado intentando abrazar por última vez a su compañero, sin llegar a conseguirlo.
Otra voz en su mente la sacó de su ensimismamiento.
- ¿Por qué? ¿Por qué?... Mi hijo… ¿Quién cuidará de él? ¿Cómo podrá su madre mantenerle sola? Espero que esté orgulloso de mí.
Más voces asaltaban su mente. Todas tristes, todas alicaídas…
Aliena estaba tan ida con todo lo que estaba recibiendo que no detectó que se acercó demasiado a un troll que no estaba del todo muerto, tan solo malherido. Con un rápido movimiento, la asió del brazo y la lanzó con fuerza contra unas rocas. Aliena se estrelló estrepitosamente recibiendo serias heridas.
Los soldados de la guardia personal de Aliena ejecutaron al troll sin más contemplaciones y corrieron a socorrer a la valiente capitana.
Gaur y Emeldir también fueron trasladados a la tienda de curación donde el galeno de la compañía estaba esperándoles.
- La ciudad es nuestra –dijo Emeldir- Tomaremos cuanto necesitamos de ella como tributo por las ofensas que nos han causado y por las heridas que hemos recibido.
- ¡Bravo, Capitán! – le dijo débilmente Aliena- Has hecho bien tu trabajo.
Aliena se sumió en la oscuridad. Esta batalla había terminado para ella. Para los que estaban conscientes quedaba la tarea de recoger a los heridos y dar sepultura a los muertos. Posteriormente llegaría el momento de entrar en la ciudad.
Palabras, resulta increíble lo que las palabras pueden hacer, como se graban en la mente y como pese al trasiego de los días y el paso de los años, perduran en la memoria. Tan sólo aquellas frases con poder se quedan con tanta nitidez grabadas en la mente.
“¿Entonces este pueblo valiente ha de enviar al destierro al rey, acompañado sólo por sus descendientes, para luego volver a someterse? Pero aquellos que vengan conmigo, les preguntaré: ¿Se os dice que habrá dolor? Pero en Aman, existe, lo hemos visto y sufrido. En Aman hemos llegado por la beatitud a la pesadumbre. Intentamos ahora el camino opuesto. ¡Por el dolor buscaremos la alegría; o al menos la libertad!”
Tales fueron las palabras de Fëanor a su pueblo, a los Noldor. Así lo había vivido Loth-Loss antes de abandonar Aman, antes de la decadencia de su raza. Con el paso de los años aquellas frases no se quedaron en el olvido, la seguían como una sombra, allá donde fuese.
En el blanquecino y hermoso rostro de la elfa apareció un gesto de desdén. Sus carnoso y rojos labios se fruncieron en una pequeña mueca, mezcla de desagrado y desacuerdo.
Fëanor se había equivocado, las palabras que en un tiempo le había n parecido sensatas ahora se le antojaban absurdas y necias. El dolor, el dolor siempre estaba presente, en cualquier lugar del mundo, de eso estaba plenamente segura. En verdad el dolor, el odio y la muerte formaban parte de este mundo, así como existían la felicidad, el afecto y la vida. Resultaba patético que los habitantes de este mundo repleto de extremos en vez de huir de lo primero, pareciesen buscarlo o provocarlo, teniendo como resultado sangre y rencor.
La Dama se había acostumbrado a las rudezas de la vida, considerando los buenos sentimientos como algo pasajero y débil. “El mundo sólo es para los fuertes” solía decirse así misma y no le faltaba razón, la vida le había mostrado su cara mas oscura y de no haberse mantenido firme habría caído en un abismo sin remedio alguno…
- Os ruego me perdonéis mi Señora- Una voz grave y profundamente varonil, rompió en eco en la silenciosa estancia de pétreas paredes.
La bella Noldorin despertó de su abstracta quimera. Sus verdes ojos observaron reflejadas sus perfectas facciones sobre el rojo líquido que emergía calmo en su labrada copa de oro.
Borró súbitamente sus pensamientos y miró a su alrededor con frialdad, frente a ella una pila de fuentes de oro rebosaban en comida ya fría y sin tocar, pues como era costumbre la elfa no había probado bocado, ni tan siquiera probado el fino vino. Loth- Loss despreciaba los alimentos, no era de buen comer y se alimentaba tan sólo de lo que precisaba, pese a ello su esbelto y flexible cuerpo era fuerte pese su aspecto delicado.
Lumbo soltó un graznido y agitó fuertemente las alas, haciendo oscilar la lámpara de forja donde se encontraba y que pendía en el alto techo. Poco le gustaban al cuervo las “visitas”, que en tiempo de guerra se hacían muy frecuentes.
La elfa no se giró para verle el rostro al capitán de su guardia personal, con un gesto le concedió el paso. El hombre cerró tras él, el gigantesco portón que le había dado acceso a la estancia.
Con pasos rápidos, el guerrero se aproximó a la noble dama, pese a que sus botas eran gruesas pudo apreciar la suavidad de las gruesas y laboriosas alfombras que cubrían la habitación que ocupaba la elfa, el sonido de sus pasos era amortiguado por los gruesos nudos que la confeccionaban.
El hombre se detuvo a una distancia prudencial, sin levantar su mirada del suelo en señal de sumisión y respeto hacía Loth-Loss. También lo hacia por temor, obligado por su propio miedo mantenía recato, pues entre la tropa se decía que el castigo por mirarla a los ojos, era la muerte. Si bien unos mantenían que la crueldad de la elfa imponía la pena máxima, y otros decían que el que cruzaba su mirada caía hechizado, fuera como fuese el no iba a descubrirlo.
- ¿Y bien? – Se limitó a decir ella con su melodiosa voz
-¡Oh, mi Señora, he de confirmaros el empeoramiento del enfermo -
El silencio se hizo tras aquellas palabras. El pésimo desenlace que se aproximaba inquietaba a todo el regimiento. “Un gran guerrero que no será fácil de sustituir” pensó la Dama mientras permanecía impasible ante la penosa noticia recibida.
La noble Noldorin había realizado cuanto pudo por la vida de aquel hombre excepcional. Pero su magia y sus amplios conocimientos en artes curativas elficas nada podían hacer contra una muerte natural que se aproximaba a pasos agigantados por un cuerpo exhausto tras una vida entre batallas y guerras. Por ello aquella noticia no la había sorprendido.
Hacía tan sólo unas horas que había visitado a Eric, que yacía en su catre, en las casas ocupadas por las tropas, en la parte sur de Osto Telema. Pese a que las heridas provocadas por luchas cicatrizaban a buen ritmo, el valiente humano se rendía a la muerte.
Aquel hombre curtido en centenares de batallas y luchas sin cuartel, se iba sin que nada pudiera hacerse por él. “Esta será vuestra última batalla Eric de Númenor” se dijo para sí Loth-Loss.
-Iré enseguida, podéis retiraros- sentenció la elfa con su gélido tono habitual.
La Dama alcanzó la campanilla de plata que yacía sobre la mesa, tras hacerla sonar, sus sirvientes hicieron aparición, con unas simples ordenes, la cena fue retirada, el ventana ojival abierto para que Lumbo pudiese salir a cielo abierto y ella fue cubierta por un grueso e inmaculado abrigo de piel de armiño así como calzada por unas altas botas de cuero repujado con adornos de plata.
Al salir del aposento que ocupaba se cruzó con Khelekmoth, que se encontraba aguardándola, cubierto con una capa verde que ensalzaba su imponente porte.
Juntos bajaron las escaleras de la torre principal con paso acelerado, ambos se habían enfrascado en los asuntos que les cernían aquella noche.
Visible era el enfado de Khelekmoth con el ceño fruncido daba mayor viveza a sus agudas facciones: - Por Morgoth, justo ahora, cuando mayores son los problemas… Ciertamente la mortalidad de los firimar tienden a perecer cuando menos te lo esperas- Una cruel mueca se dibujó en sus labios, ni siquiera él se sentía con ganas de burlarse de aquel nuevo escollo.
En el exterior el frío arreciaba en el exterior del abrigo de la imponente torre mayor y en el cielo nocturno no se vislumbraba ninguna, pues las nubes se habían condensado. Lumbo planeaba dejando que sus alas se hincharan con el aire, siguiendo a su ama como compañero fiel que era.
Bajaban por la calle principal de la ciudad dirección sur cuando una silueta les dio alcance: - Alassëa lómë heren- murmuró un voz entrecortada. Lúmenel hizo acto de presencia, sus lacios cabellos caían desordenados sobre sus negras vestimentas.
- Realmente no es muy propicia la noche, para tan cordial saludo, Lúmenel – se inquietó Khelekmoth, que parecía querer criticar todo aquello que aconteciera durante aquella desafortunada noche.
Se detuvieron al frente de la casa con tejado de piedra que servía de guarnición para los soldados. En el patio se encontraba Ouroborus, con sus alas plegadas y emanando humo por sus fosas nasales: - El final de este pobre desdichado se aproxima – se limitó a decir al ver a sus compañeros
Loth-Loss fue conducida de nuevo ante Eric, cuyo rostro blanquecino empapado en sudor frío, no confirmaba más que su pérdida irreversible. La noble Noldorin se limitó a afirmar que sólo quedaba esperar su fallecimiento. A pesar de ello le preparó una droga a base de plantas para que su muerte no fuese dolorosa.
Tras certificar la muerte de Eric apenas minutos después. Los cuatro dirigentes de la compañía se apostaron en la puerta del patio y departieron impresiones.
- Así es lo confirmo ante vuestras mercedes, nada puede hacerse ya, lo mejor sería retirarnos a nuestros aposentos y descansar para la batalla de mañana-
- Tras los funerales supongo – Abogó con sensatez Ouroborus.
- En efecto, será lo mejor, no conviene agobiar a la guarnición con actos largos, algo corto será más llevadero-
- Eric gozaba de gran prestigio entre la tropa, no sería justo ignorarlo, podría traernos consecuencias –
- Pongo en duda tal afirmación, querida Lúmenel, nuestro crédito esta forjado en todos ellos- dijo Khelekmoth visiblemente irritado por no poder irse a la cama enseguida.
- Estoy segura de que no se refería a lo que decís, Khelekmoth, sino por la moral de la tropa, que aunque es irreprochablemente fuerte, no le vendría mal un guiño “amistoso” por nuestra parte -
- Conforme, tanto Loth-Loss como Lúmenel están en lo cierto. Algo así como una palmada amistosa de sus cabecillas entre tanta altivez nos sería gratamente recompensada – Comentó Ouroborus
Khelekmoth, meditó esas ideas durante un instante, finalmente mostró también su conformidad con una simple afirmación de cabeza.
La espontánea reunión se vio repentinamente interrumpida, uno de los guardias de la puerta secreta que daba acceso a la ciudad, ataviado con armadura y yelmo se aproximó a ellos y tras un saludo miliciano se dirigió a ellos: -¡¡Salve Señores del Telpe!! Traigo nuevas-
- ¿Qué sucede?- preguntó hoscamente Lúmenel, rompiendo su silencio -¿Nuevas con respecto a la batalla?-
- Explicaos – sentenció irritado Khelekmoth mientras ajustaba el cordel de su larga capa.
- No, no, oh Randiriel, ha llegado un muchacho que dice ser hijo de Eric, porta el emblema del Telpe y no ha tenido problema en localizar la puerta secreta de acceso a Osto Telemna… No he pude dudar de sus palabras, puesto que trae consigo un salvoconducto que posee el sello de vuestra señora- dijo mientras se reverenciaba ante Loth-Loss y le acercaba el documento.
Del pergamino aun pendía la cinta de seda roja drapeada con oro que caracterizaba el correo de la dama nolda, y claramente podía verse la rosa negra de su sello.
Tras observarlo y comprobar que aquellas eran sus propias runas y que no existía falsificación alguna preguntó al humano: - ¿Dónde esta el portador?-
- Mi Señora, se encuentra retenido en las mazmorras, a la espera de que verifiquéis que es quien dice ser y no otro-
Loth-Loss dio el documento a una doncella de su pequeño sequito y se dirigió al guardián: - Bien, ahora mismo iré- se giró hacía sus compañeros de Orden- Que vuestras mercedes se encarguen de las órdenes pertinentes para preparar el exiguo funeral, creo que el enclave perfecto sería en alguno de los patios de homenaje- Tras decir ello desapareció junto a su pequeño sequito, tras los pasos del guardia.
Las mazmorras se encontraban bajando unas empinadas escaleras cercanas a la torre mayor, en el subsuelo de la fortaleza.
Allí se encontraba un joven de unos 20 años mortales, de rizados cabellos de un castaño muy claro casi rubio, ojos grises, de complexión atlética y fibrosa musculatura, que se entreveía por sus ceñidas vestimentas. Había sido despojado de sus armas así como de varios objetos personales que se encontraban en un arcón cerrado bajo llave, próximo a la celda.
Loth-Loss reconoció en él, las facciones de su padre, años atrás antes de que este ingresara en las tropas de Telpe.
El joven tenía pequeñas contusiones, y se encontraba de píe dando vueltas por la celda gritando: - Soy Cedric, hijo de Eric el Númeroneano, deseo ver a Loth-Loss, ella me llamó, ¡¡exijo verla, malditos bastardos!!-
- Dejad de gritad ya, Cedric Hijo de Eric, aquí me tenéis- Alzó la voz de rojos cabellos. Con una señal de su pálida y delicada mano hizo que el carcelero le abriese la celda. El muchacho quedo mudo, solo acertó a salir de la celda y aproximarse a aquella hermosa visión.
Loth-Loss lo observó con gesto altivo, dio una vuelta a su alrededor sopesando las capacidades del joven –Mmm… Creo que vuestro padre no me mintió acerca de vos-
El muchacho se arrodillo frente a ella y alzando sus manos al cielo suplicó: - Oh mi bella Señora, decidme que ha sido de mi anciano padre, desde que recibí vuestra misiva cabalgué día y noche durante dos días hasta llegar a esta sitiada ciudad… Os lo imploro, dadme nuevas y liberadme de esta humillación que supone la incertidumbre-
- No os voy a mentir, ni a regalar los oídos con ridículas palabras disfrazadas… Vuestro padre a muerto, su cuerpo aun está caliente, pero su vida se alejado de él, llegáis justo para los funerales-
Cedric se quedó en silenció, agachó la mirada hacia el suelo cubierto de paja. Con celeridad trataba de digerir y de analizarlo todo lo acontecido. Repasaba en su mente las palabras de la elfa. En su corazón durante todo el camino había estado patente aquella posibilidad, sólo un pequeño suspiro salió de sus labios. No sabía bien si de pesar o de alivio, pues en la misiva que le envió la Dama le había sido explicado la agonía de su padre que se resistía a morir, y quizá esta idea le aliviaba por fin descansaba.
- Devolvedle sus enseres- Ordenó Loth-Loss al carcelero- Rápido Cedric, los funerales están próximos a su inicio.
El joven vistió sus ropas con el escudo del Telpe, su madre con buena sensatez le había ordenar portar luto pues como ella le dijo: -Hijo mío. Nadie manda una misiva como esta, sin saber que el final se aproxima – Cedric recordó a su piadosa madre y a sus tres hermanos, un escalofrío recorrió su cuerpo ante la estampa que se dibujó en su cabeza. Pese a todo el muchacho se mostraba fuerte, aquello le gustó a Loth-Loss.
En uno de los patios de Homenaje la pira funeraria ya había sido montada, para dar comienzo a un discreto sepelio. Cedric se despidió de su padre antes de que su cuerpo fuera carbonizado e incinerado por las llamas. Tras el recibió de manos de la Dama Noldorica las armas y los objetos personales de Eric el Númeroneano. Tras las brevísimas exequias, las huestes se fueron a descansar, con la mente despejada y cernida en la batalla a disputar al día siguiente.
Siempre había sido así en la Orden, se pasaba página con celeridad, el pasado era el pasado, allí en el campo de batalla sólo valía el presente y ese presente se jugaba mañana.
Cedric se mostró tenaz y digno de ser hijo de su padre, no desfalleció ni un segundo. Tras finalizar los funerales, los dirigentes del Telpe lo recibieron en una gran sala marmórea color arena, llena de columnas y arcos tallados, con artesonados en oro, de gran altura. Que hacía las veces de sala de juntas, ya que era una de las pocas en las que Ouroborus podía permanecer con total comodidad.
- Vuestro padre fue un gran guerreo- Dijo con voz calma y con cierto grado de aspereza Loth-Loss
- Podéis tomároslo, no como una palabra de consuelo si no como una verdad absoluta, Cedric, Loth, nunca hace concesiones- asintió Khelekmoth cuya voz serena recalcaba la veracidad de sus palabras.
Tras un breve departamento de palabras, Cedric, tomó la palabra, no había echo el viaje en balde, su sueño era ingresar en el ejercito del Telpe.
- Mi señora- dijo dirigiéndose a la dama elfica de rojos cabellos- vos sabéis lo que deseo, vuestra merced conoce mis deseos de formar parte en las huestes del Telpe, mi padre dejó en su testamento su ferviente posición acerca de que yo le sucediese, estoy capacitado, yo…-
- Silencio- Ordenó Loth-Loss – No oséis hablar así a los dirigentes del Telpe, sólo nosotros decidiremos sobre vuestro futuro, no negamos vuestras capacidades, pero nosotros hemos decidido ya, vuestro destino estaba sellado desde hace mucho tiempo Cedric hijo de Eric-
Por segunda vez el joven posó sus rodillas en suelo e imploró con más fervor que en la vez anterior- Ruego ser aceptado, dejadme que os demuestre mi valía, permitidme luchar contra las tropas del Valle-
Cedric recibió un brutal impacto en la mejilla que lo hizo caer al suelo, Loth-Loss había perdido la paciencia y lo había abofeteado.
- Escuchadme bien, Cedric, aquí se impone una fuerte jerarquía, los altos mandos han de ser respetados en todo, no tolero la más mínima de las concesiones en este aspecto. Ya os he dicho que vuestro destino estaba sellado. Mañana os enfrentareis a una dura prueba sólo si la superáis entrareis a formar parte de nuestro ejercito…Mañana estaréis entre las tropas luchareis contra las huestes del valle y sólo si lográis sobrevivir seréis condecorado con las insignias de nuestra amada orden-
Cedric, no creía lo que escuchaba, la prueba era muy similar a la realizada por su padre años atrás, él mismo le había advertido que la pruebas eran arduo complicadas y que sólo existía un camino para la gloria el éxito. Sonrío para sí, se juró que la historia empezaba para él, y que lucharía con todas sus fuerzas por y para el Telpe. Realizó una reverencia y se retiró.
Al día siguiente Loth-Loss lucía sus ropas de guerra de colores carmesí y plateados armadura, solapadas por innumerables filigranas, se la veía primorosa e inquietante como una llama, lucía labrados ecudos del Telpe y su propia insignia una rosa negra nacía en el pecho, sobre su cota de malla. Su elegante yelmo con penacho de plumas sus rojos, dejaba que sus rojos cabellos ondearan al viento, a su lado en las murallas de Osto- Telemna se encontraba Khelekmoth vestido como un guerrero Sindar, sus colores eran el verde y el plata de sus armas, su aspecto era sereno, como el del resto de los guerreros que aguardaban el ataque.
Lúmenel y Ouroborus aguardaban en el interior de las murallas en la retaguardia, aguardando las embestidas que se preveían de las tropas del Valle.
El cielo estaba completamente cubierto por espesas nubes grises una suave neblina confundía el horizonte. Loth-Loss miraba al cielo y murmuró :- Narquelië…-
Khelekmoth sonrió mientras acariciaba la empuñadura de êuliar y afirmó: -Así es querida Loth-Loss, Nar a palidecido y pronto empezará a lloviznar, el aire viene revuelto , sopla del norte y trae el olor del mar-
-Arriba la hora señalada, deseosa estoy de comenzar la batalla – Afirmó la elfa dejando que Lumbo se posara en su hombro.
La ciudad se encontraba exultante, de no ser por la imponente presencia de los soldados, no parecería que se encontrara al borde de un asedio. Los estandartes y pendones lucían el bordado escudo de la Orden, las banderas ondeaban con el viento venido del mar.
Los arqueros elficos se apostaron sobre las murallas en riguroso silencio y perfectamente alineados, esperando ordenes. Seguido un grupo de lanceros aguardaban actuar contra posibles asaltos en las murallas, presto a prender los pebeteros para que los arqueros hundieran en ellos sus flechas, para que estas se prendieran. Y realizar así una autentica lluvia de fuego sobre las huestes de valle. En ollas hervía aceite. para ser lanzado sobre aquellos que osaran trepar por las lisas murallas.
Abajo en el interior del recinto amurallado, el resto de la tropa aguardaba armada, a la espera y ponía apunto las catapultas que serían guiadas por los avistadotes en las torres que les guiarían el alcance de los posibles blancos mediante banderas y antorchas.
Lúmenel ceñía su cuerno Moriorlindë colgado al cuello, dispuesto a hacerlo sonar en cuanto recibiese ordenes desde la muralla. Ouroborus estiraba sus miembros, dispuesto a salir despegando de allí en cualquier momento y lanzarse hacia sus presas.
Finalmente Loth-Loss se dirigió a sus mermadas tropas, sabía que unas estudiadas palabras podían elevar la altivez de su ejército: -Ejercito del Telpe, es hora de demostrar vuestra valía y destreza de dar vuestra sangre por la orden si es preciso. Y de derramar la sangre del enemigo hasta que el suelo adquiera un tono rojizo, hasta que los soldados del valle yazcan en sus propios fluidos. Al que fracase en esta empresa sólo le queda la muerte y el dolor, al que sobreviva le espera la gloria y el esplendor…Blandid vuestras espadas con furia y honor. Derrotemos al vilipendio y a la degradación con nuestras armas, solo así obtendremos el pundonor de la gloria“
Los guerreros antes silenciosos y expectantes rompieron en tal estrépito y algarabía, que sus voces, sus cuernos y sus tambores retumbaron por todo Osto Telemna y alrededores. Todas las tropas se desgañitaban mostrando su bravura y demostrando su impaciencia por destruir a todo aquel que le fuera hostil. Aquellos que no poseían instrumentos rompieron en cánticos e hicieron resonar sus escudos contra el suelo o se golpeaban la armadura.
El estruendo provocado contentó a Loth-Loss, convencida de que sus palabras habían surtido el efecto deseado. “El poder de las palabras dichas en el momento propicio era de por si indescriptible”
por Elen-Formen
Resumen de la batalla.
Valle ha perdido 4 armadas x35= 140 puntos.
Recuperables: 93 puntos.
Valoraciones: 8+9+8+8= 8,25
Recupera: 77 puntos. Los dirigentes sufren heridas por el 20%, por este concepto recupera 70 puntos. Total recuperacion: 147 puntos.
No pierde puntos.
Telpe ha perdido 6 armadas x35= 210 puntos.
Recuperables: 70 puntos.
Valoraciones: 8+8+7+8= 7,75. Se aplica una sanción de 1,50 puntos por la extensión de la historia. Total Valoracion: 6,25.
Recupera: 44 puntos.
Pierde: 166 puntos.
Valle percibe 75 monedas por la victoria en la batalla.
Telpe entrega 100 monedas a Valle por abandono de la batalla.
Telpe entrega 500 monedas a Valle por saqueo de la capital.
Compañías actualizadas y listas.
Historia finalizada.
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