La Guerra de los Clanes

Batalla 113 - C2 Tercano Vs C2 Alianza. Saqueo De Núrolondë

Terminada
Escrito el 24-12-2005 03:33 #1

19:12:26 23-12-2005:

Alianza de Eithel-Glîn ha obtenido un 6 y un 5 en la tirada.

18:12:07 23-12-2005:

Tercano Nuruva ha obtenido un 6, un 3 y un 5 en la tirada.

18:12:57 23-12-2005:

Soldados perdidos por \"Tercano Nuruva\": 2

Soldados perdidos por \"Alianza de Eithel-Glîn\": 12

Pérdidas totales:

Soldados perdidos por \"Tercano Nuruva\": 4

Soldados perdidos por \"Alianza de Eithel-Glîn\": 12

Tercano Nuruva deja de atacar.

Victoria para Tercano, sin saqueo.

Escrito el 31-12-2005 22:35 #2

Un hombre rollizo, algo pelado y con un inconfundible parecido a gato esperaba fuera de la tienda de Narmoth.

Tenía las manos juntas como si estuviese orando. De vez en cuando las frotaba y esgrimía una sonrisa pícara.

-Dígale que pase...-se oyó decir a una voz un tanto ronca, desde el interior de la tienda.

Un soldado salió y le indicó que pasara, levantando la lona que pendía tapando la entrada.

El hombre no tuvo necesidad de agacharse para pasar, era lo bastante bajo para hacerlo completamente erguido.

Adentro el aire estaba un tanto enrarecido. ¡Tienda de hombre!, pensó el recién llegado, que a pesar de serlo también, se esmeraba más en la limpieza de su estancia.

Narmoth estaba tendido sobre una colcha. De aspecto desgreñado y cansado, el elfo no hacía honor a la pulcra presentación de su raza. Estaba masticando un trozo de carne salada a la espera de que el hombre hablase.

Pero al parecer, susodicho individuo esperaba a su vez, que le indicasen que podía hacerlo.

Narmoth se sacó la carne de la boca y arqueó las cejas como diciendo <<¿Y ahora qué?>>. No se le ocurrió invitarlo a sentarse u ofrecerle una copa de vino.

Lo siguió una risita nerviosa de su interlocutor.

-Mi Capitán...no quería molestarlo con este asunto...pero usted sabe lo difícil que es contentar a los proveedores cuando no hay resultados...no se si me explico...

-No. – contestó secamente el elfo.

-Je je je, es un tanto complejo el asunto. – dijo el hombre y Narmoth no pudo más poner los ojos en blanco. A decir verdad el sindar no sabía precisar si a la gente le gustaba tachar las cosas de ‘delicadas’ para darse importancia, o es que en realidad nunca había existido asunto ‘sencillo’ que tratar. – Usted ya sabe, el viaje ha sido largo, lo que se traduce en más fardo para los caballos, más carne salada, más agua, nuevos afiladores para las armas que se gastan...y ¡uf!...centenares de herraduras. Resumiendo, esta última empresa han requerido innumerables gastos que...a lo mejor no se justifican...

-A ver, aclaremos algo honorable Celebnar...si mal no lo recuerdo, la última vez yo era el Capitán, no tú. Para cualquier reclamo tendrás que esperar que termine la guerra y estemos de vuelta en el reino, donde un jurado competente evaluará tus quejas y podrá juzgarme...mientras tanto, y si aprecias tu vida...evita los roces con el Mando, créeme que la mayoría anda irascible con eso de las derrotas y el desabastecimiento...- se acercó al hombre y le palmeó la espalda.- Vete ahora, y yo haré como si no te hubiese oído. – remató Narmoth, con la mano sobre la empuñadura de la espada. Celebanr lo miró de reojo y se alejó casi al trote, echando maldiciones, naturalmente.

Narmoth se volvió a tirar en el lecho. Cogió un par de uvas, mas pronto se arrepintió y las lanzó lejos, haciéndolas estrellarse con la lona de la carpa. Le habían agriado la mañana.

Cercano al meridiano, salió de su tienda y convocó a un par de tenientes.

-Necesito que junten a las tropas. Los quiero listos y dispuestos para el combate dentro de hora y media. – dijo mirando el cielo brumoso.

-Pero...se necesitan mínimo tres horas para eso...- recalcó escéptico uno de los tenientes.

-Entonces tienes solo una. Y no se hable más del asunto. – contestó malhumorado Narmoth. ¿Qué bicho les había picado a todos, que cuestionaban sin reparos su autoridad? A lo mejor había sido muy benévolo, y debía ajustar el cinturón a partir de entonces.

La mañana cargada de minúsculas partículas de agua estaba cediendo a una tarde algo más cálida.

Hacia las dos, gran parte de los guerreros estaba completamente equipado. No faltaban claro, los jovenzuelos que pulían los emblemas a última hora, o no hallaban algún elemento de la indumentaria.

Estaban formados en una larga hilera, y Narmoth se paseó inspeccionando el estado del uniforme.

-¡Tú! Para serte sincero, no sé como te entra la cabeza en un yelmo abollado...corre a por el herrero y pídele otro...- Aiwendil...me decepcionas...ve y lustra el símbolo de Tercano, a ver si no se te olvida por quien peleas.- comentó menando la cabeza mientras el muchacho le sonreía. Era el sobrino de uno de sus oficiales amigos.

Espadas sin afilar, uno que otro sin cota de malla aduciendo a que lo pesada que era le quitaba agilidad, y otras barbaridades por el estilo configuraron la ronda de Narmoth, que se alargó por otra hora.

Cerca de las tres, por fin pudieron partir. La tarde se anunciaba benévola y la retirada de las brumas matutinas era inminente.

El blanco era Núrulondë. El principal puerto de la Alianza.

Las fosas nasales de Narmoth se dilataron en una inspiración muy profunda. Llenó los pulmones deleitándose con un viento fresco le daba en la cara, y supo que el Gran Mar estaba cerca.

En el transcurso del día vio pasar a tres gaviotas, y su chillido lo regocijó aún más.

El sindar caminaba al lado de su corcel que transportaba trabajosamente los bártulos de la desmontada tienda de campaña.

Volteó sin dejar de caminar, y pudo contemplar la larga hilera de soldados que le seguían el paso.

Horas después dio la impresión que las nubes habían bajado pues la visibilidad era mala y la humedad acosaba parajes aledaños al puerto.

Cuando llegaron a los muros que protegían el Núrulondë se desencadenó el pleito.

Narmoth nunca recordaba bien el desarrollo de las batallas, pues a la hora de la verdad, cuando la fuerza valía más que la razón, lo suyo se transformaba en instinto asesino.

Hacia tiempo la duda oprimía su corazón. Durante la primera juventud de los Eldar, lo suyo era la lucha incondicional e incuestionable; ardorosa y apasionada, pero los años había templado sus ánimos y con la mochila de la experiencia a las espaldas, siempre se detenía a pensar dos veces lo que iba a hacer. La cuestión es que en el último tiempo sus manos temblaban ligeramente antes de asestar la estocada mortal. Era un guerrero a ultranza, mas no le obsesionaba el honor. Creía estar perdiendo el tacto, pero en realidad lo que florecía en su interior eran los escrúpulos.

¿Cómo devastar un puerto tan bello como el que tenía en frente? ¿Cómo siquiera armarse del valor para hundir la hoja en las carnes prietas de un joven, a pesar de enemigo?

A veces se sentía sucio por toda la muerte y dolor que había infringido; mas en otras ocasiones se consolaba repitiendo que era necesario hacerlo si deseaba proteger el reino de la gente común, de los campesinos y los mercaderes, los niños y las mujeres.

A esas alturas de la tarde el Sol parecía casi una contradicción, pues sus débiles rayos a penas lograban entibiar las gélidas armaduras. Anar se perfilaba como una macha amarillenta, de límites difusos.

Si tan solo hubiese desposado a Súrinen nunca se hubiese aventurado tan lejos en las Haldanóri, nunca hubiese vuelto a coger una espada ni hubiese llegado a sembrar tanto dolor, pensó Narmoth.

Por un momento añoró el instante en que la había dejado, llorando sobre una colina. Deseó regresar y abrazarla para aferrarse a aquel destino que sin embargo jamás tendría la oportunidad de escoger; ni desechar nuevamente.

Pero la amargura que sintió en un principio se evaporó prematuramente y volvió a sonreír ante la perspectiva de una victoria en la batalla. De su pasado no quedaba más que la cicatriz de una herida sanada mucho tiempo atrás.

Los frentes se organizaron rápidos e impávidos, y tanto enanos como elfos, ents y humanos, contuvieron un último respiro antes que se desencadenase el cataclismo.

Por un instante el silencio imperó, pues el hado pendía de un hilo demasiado delgado que amenazaba con cortarse y rasgar la Paz del lugar, postrándola ante la Guerra que cual verdugo irascible se disponía a cegarla.

Narmoth no miró al adversario. Sabía que hacer.

Esbozó un sonrisa resignada y sentenció cual el más común de los líderes

-¡Por Tercano! – vociferó algo avergonzado, pues le pareció estúpido el arrebato de populismo. Era otra máscara para decir ‘¡Muerte!’’¡A ganar!’ o ‘¡Disparen!’. Surtía exactamente el mismo efecto. La locura generalizada. El pánico.

Los batallones chocaron, algo tímidos al principio, mas confiados al final, y los de Tercano se impusieron en ciertos parámetros.

Narmoth se limitó a dispensar órdenes desde la retaguardia que nunca llegó a la lucha directa.

Refrenó su impulso de salir a cercenar gaznates, pues sabía que no era mucho lo que podían hacer frente a los muros que cercaban el puerto de Núrulondë.

Lo que en realidad estaba esperando era un despiste enemigo que nunca llegó.

Los de Eithel-Glin no dejaron el portal desprotegido en ningún momento, si bien sus soldados fueron masacrados en la razón, tres es a uno.

Las arenas blanquecinas de las playas circundantes fueron mancilladas con sangre de la Alianza, y también la de los mártires tercanos, aunque en menor medida.

Y cuando el sol se asomó de entre la niebla y el aire oreó los rostros exhaustos, se dio fin al conflicto.

Narmoth dio la orden del cese, pues si bien lograban desbaratar la defensa excedente, los guardas del portal muertos eran siempre repuestos por guerreros provenientes del interior, descansados y en la plenitud de sus fuerzas.

Tras toda una tarde de conflicto, los de Alianza no daban el menor signo de inclinar el viento en otra dirección. Seguirían protegiendo la entrada, aún si toda la tropa perecía en el intento, y el coste de las continuas embestidas por parte de los vecinos nortinos, era igualmente grande.

El silencio y la oscuridad reinaron de la mano nuevamente y la noche se precipitó sobre el mundo.

Los fuegos fatuos doraron la linde boscosa, mas no eran suficientes para quemarla.

Después de todo, el enfrentamiento no había sido tan cruento.

Hacia medianoche, Narmoth se pudo volver a desplomar en su tienda.

Tenía un tajo doloroso y en apariencia infecto entre dos dedos de la mano derecha. ¡Suerte que era zurdo!

Sacó del bolsillo un par de cantáridas que había sacado de las ramas de un tilo, en el bosque, y las depositó sobre la cama. Los escarabajos estaban ya muertos, y su verde esmeralda perdía el brillo metalizado que los caracterizaba en vida.

A Narmoth le eran más que familiares las propiedades vesicantes del emplasto preparado con estos coleópteros. Y bien sabía de la llaga que le produciría y el insomnio que despertaba al ser aplicado.

Pero estaba convencido que le ayudarían a eliminar los líquidos perniciosos.

Cuando una de las sanadoras de turno se deslizó en su carpa, no pudo hacer más que cerrar los ojos y afrontar su condena. Dolería.

Escrito el 03-01-2006 22:25 #3

El viento susurraba sus cabellos melodías que les hacían bailar al son de su dirección. Los rayos del sol bañaban sus rostros, que atónitos contemplaban el amanecer.

Cada amanecer es único e irrepetible, el sol se abre paso por el horizonte, la oscuridad retrocede poco a poco hasta su morada en los confines del universo donde descansará hasta que el sol baje la guardia y de nuevo anochezca…

Observaban como los rayos del sol se abrían paso entre las nubes para iluminar la superficie de Arda, tonos cobrizos bañaban ahora el horizonte reposado sobre el mar.

El sonido de las olas rompiendo con la cornisa era terriblemente apaciguador, se podían cerrar los ojos, coger profundamente el aire, captar la salinidad del mar y su esencia yendo hasta los pulmones, la humedad podía envolverte y arroparte con su velo de finas y minúsculas gotas de agua.

Narairë y Laitainë paseaban ahora por la orilla, sintiendo en sus pies descalzos como éstos se hidrataban, como se refrescaban, cada ola que iba y volvía se llevaba consigo el agotamiento que ambas portaban…era del todo relajador…

Narairë llevaba puesto un traje de seda blanca con un poco de vuelo, las mangas eran anchas y a su espalda una capucha blanca con ribetes de oro colgaba. No la llevaba puesta, ya que, prefería que sus cabellos oscuros como el azabache ondeasen a la par que la fresca brisa jugaba con ellos. Sus azules ojos cuya mirada es más profunda que el mar y mas penetrante que los rayos del sol emitían un extraño brillar. Su tez blanca le confería un aspecto frágil e inocente, sin embargo, solo era aspecto pues en su interior reposa una gran guerrera. La elfa estiraba su brazo derecho y abría su mano haciendo que el viento se enfrentase a su palma…sentía el cosquilleo…lo tenía correteando en sus delicada mano llevándose consigo toda la esencia que la sangre que corrió por ella había dejado…

El vuelo del vestido libraba un baile sinusoidal que acompañaba en ritmo e intensidad al de sus cabellos…

La reina pensaba en que le gustaría ser parte de ese mar…viajar lejos, buscar tesoros, descubrir secretos que el mar engulló, desenterrar de su corazón el inhibidor de su valor…

Laitainë paseaba junto Narairë. Iba vestida con un traje también, en cambio este era de un refinado y bello lino morado, ceñido a la cintura y de tirantes. Encima llevaba una capa de seda blanca semitransparente de gran longitud que sobrevolaba las huellas que atrás iban dejando las elfas. Extraño y bello danzar el de la prenda de seda traslúcida.

En que pensaba no se podía saber, no obstante, sus pupilas estaban humedecidas por las lágrimas que nacían de sus ojos y que poco a poco se precipitaban a caer a la arena de la playa donde el mar las tragaría. Los dorados cabellos de Laitainë destellaban reflejando la luz del sol y también jugaban con la brisa…

Narairë se dirigió a Laitainë:

-Creo que deberíamos volver a la ciudad, tenemos que preparar las guardias de esta noche y organizar los turnos de vigilancia de la próxima semana.-dijo Narairë.

-Yo me quedaré un poco más, necesito estar sola.-contestó Laitainë.

-En presencia estaréis sola pero tened en cuenta que allá a donde vayáis yo voy en tu corazón para protegerte y cuidarte. No desesperes Númeniel…aun nos queda mucho camino por recorrer…- y así se despidió la reina.

**********************************************************************************

La mañana se presentaba tranquila pero el rumor de un ataque por parte de las tropas del ejército de Tercano ya era asimilado como un hecho a punto de acaecer. Narairë abrió las ventanas de su habitación y no pudo observar nada…la bruma había reclamado todo cuanto quiso, había ocultado bajo su regazo al mar, las costas y parte de la ciudad…

-Pero cuán caprichosa y egoísta te nos estas volviendo señorita…-Nararirë se refería a la bruma y el comentario fue para hacer un comentario cómico que le produjese risa antes de salir de sus aposentos y ser bombardeada por el estrés matutino de planear la defensa de la ciudad.

La reina se aseó, y preparó con sus prendas y accesorios de guerra y salió de la habitación para empezar un nuevo día.

Nada más salir se le informó de la cercanía de un ejército de Tercano. La reina ordenó la preparación de la defensa y cuando se iba a disponer a empezar a ordenar lo que en esos casos siempre se hacía se le adelanto el informador y le dijo:

-Mi señora, la dama Laitainë Númeniel ha organizado ya la defensa y el ataque, ha reorganizado a todo el ejército y movilizado a todos los guerreros. También a preparado y dejado a punto el plan de evacuación de civiles de la ciudad. Ha franqueado las puertas y reforzado las defensas en las torres y murallas también ha organizado la táctica defensiva y la ofensiva, además se ha encargado ya de establecer en el centro de la ciudad unas casas de curación alternativas para apoyar a las casas de curación de la ciudad con el número de herido que reciba y ha reunido a algunos civiles que han querido aportar lo que pudieran en la defensa de sus hogares, ella les a encomendado diferentes quehaceres pero a ninguno la batalla.

Narairë se quedó estupefacta…Laitainë lo había organizado ya todo y además muy bien. Estaba agradecida pues el estrés cotidiano la tenía al límite y estaba un poco asustada ante como iba a reaccionar.

-Está bien, lléveme junto a ella.- respondió Narairë.

Salieron a la ciudad y atravesaron la vía principal hasta el centro del pueblo, allí Laitainë estaba dando ánimos a los civiles que se disponían a evacuar la ciudad. Gastaba bromas a los niños y niñas y les daba algún que otro consejo y a las madres desoladas por que sus maridos se iban a quedar ayudando les ofreció su hombro…aquel era un auténtico gesto de bondad y ternura…Laitainë aun no estaba tan perdida…posiblemente solo las circunstancias fueron la que la llevaron a situaciones tan extremas.

La capitana se acercó a saludar a su reina y le explicó todas las medidas que hasta ese momento se habían tomado y estaban en marcha. Narairë repasó que no se les olvidase nada y se acercó al grupo de civiles voluntarios para agradecerles de todo corazón su colaboración y darles ánimo y esperanza.

Ambas estaban vestidas ya para la guerra y tenían sus armas a punto y ya estaban preparadas.

-Dama Númeniel, gracias.- dijo la reina con un gesto de gratitud a la elfa.

-No me las deis…es mi trabajo y mi deber como tu amiga.- respondió enérgicamente.

La batalla en la que se iba a dar la defensa de Niryarion estaba a punto de comenzar.

Laitainë y Narairë comenzaron a bajar hasta las puertas de la ciudad, iban sincronizadas marcando un paso ágil y clavando en el suelo los pies con fuerza, llevaban la cabeza bien alta y no dejaban de mirar al frente. Ni el tiempo ni el espacio, ni la vida o la muerte, ni el bien ni el mal, ni la esperanza o la desesperación, podrían detener su avance y aun menos detener el saqueo de esa ciudad durante ese día.

Laitainë se encontraba en las puertas cuando de repente una bola incandescente de fuego cayó del cielo y mató a un grupo de elfos. El aborrecimiento y el odio que sentía hacia los ejecutores de sus soldados le producían nauseas. Les odiaba tanto que ni la peor de las muertes sería suficiente para poder paliar la repulsión que les había tomado en ese acto. Tal asco le daba que quería despellejarse allí mismo para poder soportar su vida sin antes vomitar hasta la última de sus entrañas, mas sabía que el enemigo en sí no sería piadoso y bondadoso pero deploraba todo cuanto hacían, odiaba compartir el aire con ellos, le disgustaba pisar la misma tierra que ellos y le producían arcadas solo ver la imagen de los asquerosos que disfrutaban dando muerte a su gente.

Pero este sentimiento sabía que no era digno de una elfa de una vida de bien, ya que, tras el ejército de Tercano habían elfos, hombres, enanos y ents con una vida a la que tienen derecho ante todo y unos sentimientos propios… y en seguida en cuanto pensó en los suyos y en su causa todo el odio y la repulsión desaparecieron para dar paso a la compasión.

La batalla iba a comenzar, los tambores de guerra de la Alianza hacían mermarse a cualquiera, el corazón de Narairë se aceleró hasta este ritmo. Cada golpe de las batutas de madera dando en los tambores producía un terrible escalofrío entre los que el miedo había ocupado ya parte de su corazón y su mente fue cuando antes de empezar el ataque las elfas hablaron:

-Mis queridos compañeros, hoy estamos aquí no solo para vencer al enemigo sino para vencer uno de nuestros miedos…y ese miedo es que la ciudad de Núrolondë caiga en manos de un enemigo que no tendría ni piedad ni compasión. Somos grandes y bellos por dentro y por fuera y lo que nos hace ser así es que tenemos miedo, pero lo combatimos… ¡El miedo se tiene que combatir! No se puede huir de él, no se puede dejar de pensar en él, no se puede pensar en él, solo hay que luchar y resistir. Debemos luchar por nuestros seres queridos y no solo por ellos…luchar por el honor y sobre todo porque no queremos más guerras y batallas pero para que llegue eso aún hay que luchar mucho…Uníos a mí, seguid mi grito, ¡alzad las espadas y tensad arcos!.- dijo Laitainë con gran ímpetu y sobre todo convencida de que lo he había dicho no eran solo palabras sino una gran realidad.

-Creo que ya es hora de que defendamos nuestra ciudad…ahora ¡ataquemos!.-gritó Narairë muy animada por las palabras que había dicho su amiga Númeniel.

La batalla había comenzado, las espadas chocaban con fuerza y cercenaban todo cuanto ante ellas se interpusieran. Los arqueros tensaban sus arcos y disparaban, a veces las saetas no distinguían entre amigos o enemigos y se llevaba por delante algún que otro aliado. El hediondo olor a sangre diluida en humedad encharcaba los pulmones de Narairë lo cual el daba más fuerzas para acabar antes la batalla. Se veía como soldados sin piernas, arrastrándose iban con dagas en la boca y cuando llegaban a su objetivo sin que este los percibiese, les clavaba la daga hendiéndola hasta lo más profundo de su pierna y cuando caían al suelo los apuñalaban con ansia y frenesí. Uno de estos guerreros se acercó por detrás de Narairë. Ella no lo había percibido pues se encontraba inmersa en la batalla como nunca antes, repartía golpes por doquier y sus ágiles movimientos la ayudaban a esquivar todos los ataques de Tercano.

El enemigo hincó con furor el arma blanca en las carnes jóvenes de la reina haciendo que se abalanzara sobre el suelo. Y una vez allí le asestó una puñalada más, su intención era perforar su corazón pero en un astuto movimiento Narairë desvió la daga de su objetivo y se le clavó en el hombro, notó como chascaban los huesos y como un par de articulaciones saltaban como cuando la cuerda de un arco se rompía tras someterla a una alta tensión, pudo percibir como su hombro se desgarraba de su cuerpo…

Sin pensarlo dos veces se quitó la daga y rebanó el cuello al que le causó tanto dolor.

Entonces Laitainë reapareció tendiendo su mano a su reina para que se levantase. Narairë aun sangrando mucho, continuó la batalla.

Laitainë iba de un lugar para otro luchando contra cualquier enemigo dispuesto a darle un digno enfrentamiento. Por otro lado su corazón durante esta batalla no estaba sufriendo ningún tipo de transformación y se sentía orgullosa de si misma…

Númeniel estaba luchando contra un hombre de gran estatura y constitución muy fuerte y cuando esta le fue a cortar el cuello este se adelanto clavándola en el estómago su espada…Laitainë cercenó la cabeza a su posible verdugo y luego se llevó sus manos al estómago…extraña era la sensación de tener atravesando su cuerpo ese objeto metálico, frío y que se alimentaba de su calor corporal pues ésta estaba ahora helada. Era extraño la sensación que sintió cuando se sacó la espada…sentía como si le sacasen las tripas poco a poco…por suerte la herida no era muy grande pero si profunda y con toda seguridad había hemorragia interna.

Estoy herida de muerte de esta no salgo, perdóname hermano, perdóname mi reina…

Laitainë cayo de rodillas al suelo con sus manos en su herida y estas ensangrentadas, la sangre no dejaba de brotar, Laitainë comenzó a hacer presión y un dedo se deslizó a su interior fue tal la impresión que le dio que perdió el conocimiento.

Pero esto no fue todo, Narairë seguía luchando cuando de repente vio a lo lejos los cabellos rubios y dorados de Laitainë transformándose en unos cabellos cobrizos debido a su mezcla con la sangre. El pánico la devoraba y salió corriendo en su busca para socorrerla. Nada ni nadie se interpuso en su paso pues sabían que sería más que una muerte segura. Su cuerpo estaba muy magullado con un par de fracturas de importante atención. Estaba pálida y fría como una piedra, la sangre perdida le podría costar la vida. Heridas anteriores se abrieron.

La balanza de la batalla otorgaba una gran ventaja al ejército de Tercano, aun así la Alianza no iba a dejar tomar Núrolondë esta vez y le daba igual la balanza y todo lo demás.

La elfa subió a sus espaldas el cuerpo de Laitainë el cual parecía pesar mucho más al estar sin casi vida…y la llevo hasta las casas de curación provisionales que se establecieron en el centro de la ciudad y antes de irse le dio un beso en la frente y le deseó suerte en su recuperación.

Narairë volvió a la batalla, el número de bajas de la Alianza era enorme, sin embargo Tercano había planeado una gran defensa y apenas recibían daño alguno…el cansancio y el agotamiento hacían mella en ella y se dio cuenta de que estaba herida y que su hombro no lo sentía, pero lo peor era que había perdido muchísima sangre y su cuerpo se había debilitado y todo le empezaba a dar vueltas y a ver las cosas en un extraño movimiento, se le nublaba la vista y notaba como un agudo y desgarrador daño le estaba haciendo perder la consciencia, se llevó la mano a su hombro y pudo comprobar que estaba perdiendo gran cantidad de sangre y como un hueso astillado le había producido una hemorragia interna. Necesitaba atención médica urgente si no podría morir desangrada en cuestión de segundos o minutos.

Creo que es hora de la retirada mi querida Laitainë…esto se nos escapa de las manos los muros de la ciudad, el juicio de Eru y los bravos mares nos protegerán. En ese tiempo Tercano hacia sonar sus cuernos en señal de retirada. Los muros habían resistido el ataque.

Narairë ordenaba la retirada al interior, pues de poco les serviría atacar a un enemigo que huia, teniendo ellos mismos sus fuerzas tan mermadas. Los heridos fueron llevados a las casas de curación, y entre ellos destacaban las figuras de las dos valientes damas.

Núrolondë se organizaba ya para su próxima defensa…

Escrito por Wiccano, Narairë y Laitaine Numeniel

Escrito el 07-01-2006 08:44 #4

Resumen de la batalla.

Tercano ha perdido 4 armadas x35= 140 puntos.

Recuperables: 93 puntos.

Valoraciones: 8+8+7= 7,66

Recupera: 71 puntos. Narmoth ha sufrido daños por el 30%, por este concepto recupera 105 puntos. Total recuperacion: 176 puntos.

No pierde puntos.

Alianza ha perdido 12 armadas x35= 420 puntos.

Recuperables: 140 puntos.

Valoraciones: 8+8+7= 7,66

Recupera: 107 puntos. Laitaine y Naraire han sufrido daños por el 95%, por este concepto recupera 333 puntos. Total recuperacion: 440 puntos.

No pierde puntos.

Tercano percibe 75 monedas por batalla ganada.

Tercano entrega a Alianza 100 monedas por abandono de la batalla.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.