Arian
La travesía comenzaría en cuanto arribara la embajada, que por encargo de la Dama Gwyllion, debía transportar las joyas reales desde Ost-in-Tercan al puerto de Annêar, luego les tocaría a ellos trasladarlas hasta el puerto neutral de Èarramë .
Tres fueron los encargados de llevar a Annêar las joyas que darían origen a esta misión, una alta elfa, hija de primeros nacidos de profundo mirar y sabiduría dada por los años, junto a ella estaban sus más queridos compañeros un joven de orgulloso corazón y otra muchacha a la cual su corta edad no le jugaba en contra, ya que su maestría en las armas era comparable con la de un hombre mayor.
Su viaje estaba pronto a acabar, en un par de horas, llegarían al vistoso puerto.
..........................................................................................................
El sol se ocultaba dando paso a una noche brumosa, pesar de la hora Endien dormía hace ya días que no podía conciliar un sueño tranquilo y sus pensamientos se centraban en aquella premonición.
Ya lo había presagiado la querida Eldar, pero nadie más que ella lo sabía, no quería alarmar a nadie, ni mucho menos ahora que la situación de la guerra era tan crítica.
Se lo negó así misma demasiadas veces, tanto que ni ella misma las podría contar, esperando que sólo fuera un falso presagio, un indicio ficticio, inducido en su mente para hacerla acobardarse y esconderse, pero ella no lo haría ni aunque supiera con certeza que sus presagios serían ciertos.
-Nadie interfiere en los deseos de los Valar. -Se repetía una y otra vez.
Rogaba a Eru que no fuesen premonitorios, trataba de sacar de su cabeza esos extraños pensamientos, una brisa fría le llegó por la espalda, abrió lentamente los ojos y encontró a su compañera en la ventana de su alcoba con su cara hacia el oeste, sus ojos cerrados recordando las bahías de Númenor, a las cuales jamás volvería, al menos no en esta vida. Endien se acercó con cautela para no sobresaltarla.
- Aluin, el viento del oeste trae el olor de los puertos de Númenor -el nerviosismo de la elfa era evidente nunca fue buena para fingir y menos ahora que la vida de su compañera pendía de un hilo - amiga la tarde esta menguando, vamos a dar un paseo-
-¿Qué te pasa Endien? Estás tensa como si algo te persiguiera ¿tienes algo que decirme?-
Endien dudó que lo visto en sueños fuera solo eso, imágenes inventadas en su mente, la confusión y oscuridad, lucha, gritos y desesperación luego los veía juntos todo en un corto lapso.
-Nada en especial – Mintió y cabizbaja murmuró-Mal fin le espera al que interfiere en los designios de Eru-
Aluin la miró extrañada al no distinguir el murmullo pero le dio poca importancia. Miró al cielo y comenzó a tararear viejas canciones.
-Las noches brumosas me recuerdan a Númenor... extraño los puertos-
-Sí, vamos al pueblo, están celebrando la llegada de la embajada, así que podremos ver el recibimiento que les han preparado, es mejor que nos relajemos, ya que mañana partiremos al amanecer.-dijo la elfa tratando de apurar los hechos.
Salieron a las calles en donde los habitantes ya celebraban la llegada de la embajada que transportaba las joyas. Endien quería evitar el encuentro con Mabcuru, uno de los embajadores, que ella había conocido en épocas pasadas… pero luchar contra el destino era emprender una arriesgada empresa. En las manos de Endien estaba cambiarlo, trató pero poco pudo hacer.
–¿Dónde van sin mí?-Dijo él apareciendo detrás de ellas.
Endien sintió que un escalofrío le recorrió la espalda, la voz de Mabcuru le provocó un miedo indescriptible que ni en las más crudas batallas había sentido, el terror de perder algo preciado más preciado que la propia vida, el terror de perder a una de las personas más queridas. Sintió que la muerte se acercaba sutilmente como una fría brisa moviendo los cabellos de los tres camaradas.
Se reunieron con Arian y Naevian en la posada del pueblo.
Ahora somos 5 personas, se acerca, se acerca…-pensaba Endien
No supo que hacer, quería con ansias que Mabcuru no se moviera de la posada, que ahí estaría seguro, pero así es el destino y uno no puede cambiarlo sin ser arrastrado por su corriente turbulenta, abrió la boca quería advertirle que se quedara que le esperaba un destino funesto pero Aluin se adelantó a sus palabras.
-Vamos todos y así estiremos las piernas que la noche es bella-dijo con complacencia.
Naevian se adelantaba a la puerta de la posada, haciendo ademán de salir, cuando Endien hablo con una voz que parecía dubitativa.
-Naevian -interrumpió la elfa -quédate aquí, debo hablar con Arian y con vos… es importante- dijo con firmeza
-Dejémoslo para otra ocasión, noches como estas ayudan a los marineros en sus viajes y son dignas para pasarlas junto a amigos-dijo con una sonrisa Arian invitando con una señal a Naevian.
Endien estaba a punto de llorar por ello pero era fuerte, debía estar plena de mente para afrontar lo que vendría, y aunque la elfa quería creer que sus pensamientos estaban errados todo marchaba según lo que presencio en sueños.
-Tienes razón-Dijo con un nudo en la garganta-Dejémoslo para otro día, vamos que la noche esta estrellada.
Juntas se quedaron en las cercanías del muelle conversaciones animadas entre Arian y Naevian llenaron de risas la velada pero Endien no podía disimular la tensión que sentía y la angustia de no poder ir en contra del destino.
En otras circunstancias la charla de la que fueron partícipes habría sido digna del recuerdo, de la cual solo risas y alegría manaban.
Arian y Naevian se marcharon, por que la dama Gwyllion las requería en las Uiel Beraid, dejando a Mabcuru junto a Endien y a Aluin.
Isil estaba en lo alto y las estrellas en opaca agonía, observaban tristes a los jóvenes en sus últimas horas, pero poco a poco, por decisión de Manwë y Ulmo fueron cubiertas por densas nubes, para que no presenciaran aquel suceso que traería la desgracia y el luto al puerto de Annêar.
Una espesa niebla cubrió el puerto, pero a Aluin y a Mabcuru no parecía importarles pues era común que al caer la noche la niebla apareciera, pero para Endien era la señal de que lo que en sueños había visto sería realidad.
La desesperación le ganó y desenvainó su espada con furia, Glincalan centellaba y elfa se puso en guardia, las lágrimas afloraron en sus ojos.
La bruma era total y apenas podían ver a dos palmos de distancia.
-Los siento por quedarme sentada viendo como se les va la vida, pero no puedo ir en contra de las decisiones de Eru, y les juro por mi espada y por la sangre que corre por mis venas que traté de cambiarlo.
Las lágrimas no dejaron de perlar sus mejillas, cuando oyó unos pasos que se acercaban.
Ellas no lo vieron pero al menos cuatro hombres corpulentos atacaron a Endien, el sonido de una batalla cercana las alertó.
Aluin partió en ayuda de la elfa, alejándose de Mabcuru y siguiendo el sonido de lucha la perdió de vista, y quedó envuelta en la niebla mientras escuchaba como no lejos de ahí, caían los hombres al parecer muertos por la espada de Endien.
-¡Al barco idiotas! ¡Tomen el barco que esta solo!-gritó el hombre de voz áspera que luchaba contra la elfa, y el cual trató de escabullirse de la pelea, pero ella no lo permitió, pues quería descargarse de algún modo su alma aún en pena.
Siguió al fugitivo y le dio muerte de una rápida estocada en el cuello.
Un grito de desesperación seguido de un lamento hizo callar a los presentes, Endien reconoció la voz de Aluin y siguió su lamento viendo así como en sus sueños, a la númenóreana de rodillas con un cuerpo tirado a su lado.
El estremecimiento sufrido por la imagen hizo fallar sus antes fuertes rodillas y cayó al suelo golpeándolas con dureza, mas usando como bastón su espada pudo ponerse de pies y contemplar la imagen que marcaría para siempre su esencia en los días por venir.
La niebla se disipaba a su pasar se oía el caer de la sangre en la baldosa... se oía el llanto de la elfa... y los últimos respiros de su amigo...
- Amigo no, no te vayas, quédate aquí... no quise... no yo sabía... creí...despierta!- Las palabras de Aluin escapaban presurosas de su boca, Endien contemplaba la escena sin lograr articular palabra.
Endien la tomó por el hombro fuertemente, y la tiró a un lado golpeándola contra la pared.
La elfa sabía que no tenía culpa alguna, pero ella debía volver de alguna forma en sí misma.
- Déjalo en paz, ya murió...va camino a Mandos, Eru así lo decidió, nadie podría haber hecho nada, era su tiempo.
Luego de aquellas palabras, cayó el pesado silencio.
[Editado por Arimiliel el 25-12-2005 01:37]
