El Silencio
El sonido de la batalla entre las compañías en pleno combate era tal que mil campañas en pleno eran solo un pequeño silbido en la lontananza. Feroz es el encuentro entre las compañías de Nurn y la valiente legión de la Alianza. Feandra se encontraba como a ella le gusta en el frente, sin temor ya que el ejemplo es la mejor guía que un capitán puede dar a su tropa. No se puede negar que hay valientes en ambos lados, capaces de enfrentarlo todo por su ideales y es ahí cuando se puede medir la calidad del guerrero que no es otra cosa, que la materia con la que esta hecha su alma.
Feandra estaba de pie delante de un grupo de infantería de hombres y algunos elfos también, mas logró ver a lo lejos en la línea de batalla a Malenril dando todo su poder en la contienda, las espadas chocaban y las lanzas hacían lo suyo, mas al fragor de la excitación suele ser como un baile bien ensayado, sale solo. En el momento de haber terminado con un oponente, al cual le dio por ir sobre ella, Feandra ayudó a un soldado de la Alianza que iba a ser embestido por una cuchilla, y rápida de reflejos, como era ella, tomó su cuchillo y lo lanzó clavándose en el cuello de la pobre criatura y apartó al soldado le pidió que buscara una mejor manera de buscarse los problemas.
Feandra había sido alcanzada por una flecha disparada por una guerrera nurnita conocida bajo el nombre de Inglin, sin embargo, a pesar de que perdía mucha sangre y estaba gravemente herida, su orgullo y valor la impedían sentir dolor y se dirigía frente a ,Helërauko , otro dirigente de la compañía nurnita. De nuevo una flecha cuya misión es ayudar a salvar la vida a Helërauko se avalanza sobre Feandra, sin embargo esta falla. Pero la suerte cambia de lugar y cuando la elfa va a embestir contra el dirigente este le atraviesa con la hoja de su espada haciendo que ésta se doblara de dolor. Feandra cae al suelo, empieza a perder la consciencia…
Odio y maldiciones era todo lo que los soldados y capitanes de Nurm podían decir…
-Pobres almas no valen nada, son solo escoria y error de la naturaleza, solo eso y nada más.-dijo la elfa
Y con este pensamiento mientras veía en lo alto un cielo azul pero lleno de hogueras negras, Feandra se desplomó al suelo, frío pegajoso y hediondo a sangre. Mas lo último no llegó a sentirlo, para su sentir estaba aun en el campo de batalla pero ahora no había nadie, solo ella y los sonidos de la naturaleza, se veían pájaros y árboles de frondosa copa, todo era igual pero tenía un brillo muy particular como si todas las cosas tuviesen algo de luz propia, no había muertos ni vivos o carros de Combate o flechas en el cielo, solo la naturaleza, el aire, la luz del sol y un extraño camino que llevaba al horizonte, pero cuando lo fue a tocar sintió que algo le faltaba y que estaba muy ligera.
-Dejé mis armas tiradas, que descuido, debo volver y recogerlas, por algún lado la gente se debe de haber ido-
Fue aquí cuando sé sintió de regreso con un tormento en la cabeza y más aun en un sitio que no era el que recordaba, al sentir que muchos brazos la rodeaban y la sujetaban, Feandra se revolcó entre aquellos pobres cargadores y empezó un combate muy especial, una elfa y diez hombres que recibieron golpes a diestro y siniestro.
-Soltadme cuerda de malditos si creen que me podrán llevar prisionera están equivocados, primero muerta que bañada en sangre, con esto Feandra cayó al piso causando que el dolor se agudizara en plena faena de llevarla al campamento del bosque donde los sanadores de campaña , los que aguardaban para hacer las curas, no se sabe como pero en la refriega Feandra agarró un bastón que alguno de los soldados llevaba a su espalda y repartió más golpes todavía. En ese frenesí, de no saber quien estaba ahí realmente, ya que consciente en donde realmente estaba , su mente no podía y como pudieron lograron calmarla para que no siguiera desangrándose, y de tanto llamarla , Feandra se calmó y cuando iba a soltar otra injuria sencillamente volvió a desmayarse.
Cuatro días pasaron, cuando volvió a saber de sí, la vista aun nublada y el intenso olor de yerbas y varillas de aromas le revolvían más la mente, y el dolor que empezaba a sentirse más, apenas se miró hacia abajo, pero no pudo y se dio cuenta que se encontraba en la tienda de los sanadores, y un terrible pensamiento le pasó por la mente como un pájaro negro que se posa en la ventana.
Mi pierna, no -,dijo la elfa con expresión de terrible preocupación.
Se giró y miró como pudo, porque su abdomen también le dolía como el fuego, se observó y dio un suspiro de alivio al ver que estaba completa, morada pero entera. En medio de esta reflexión de su pensamiento contempló lo que a su derecha se encontraba y pudo ver que más adelante en un catre parecido pudo ver a Malenril algo más animado y dando órdenes a algunos heraldos de la compañía, eso la hizo pensar si habían ganado la batalla y la mirada de los ojos del capitán cuando daba las órdenes le dijo que si, bajó la cabeza y cerró los ojos un momento tomando conciencia de que el dolor era un recordatorio de su mal entendida mortalidad.
Feandra se despertó al otro día muy cansada , pero esta vez no estaba sola su escudero Naréllo estaba a su lado .
-Elfo ¿dónde te habías metido?-
-Siempre detrás de usted mi Dama-
- No me llames así que cualquiera puede pensar que soy algo distinto a lo que soy.
- Es que para mí, usted es mi dama, además quien cree que la desnudo para que los sanadores la pudieran tratar y le pudo poner algo decente para que pudiera estar aquí.
- Es verdad, ¿ Cuánto tiempo hace que te encontré, 18 años?
- Sí, en aquel mercado clandestino de esclavos y yo solo un elfito de 20 años-
- No le mires con rencor, si no hubiese sido así, yo no te tendría aquí.
- No lo miro con rencor es solo de pensar que sin tí, esos hombres me hubiesen esclavizado y tomado por la fuerza, y es la verdad que no quería irme del mundo, no se como las mujeres humanas pueden ser sometidas así sin que les pase nada.
- Tienen otra naturaleza, hermano mío, muy triste pero suyo al fin tal vez desarrollado en muchos siglos, pero así eligieron o mejor dicho no les dieron otra alternativa como a la raza élfica, otra cosa en la cual pienso mucho.
En esto un sanador elfo se acerca al lecho con varios vendajes, algunos elixires y varias pomadas en frascos blancos.
- A ver joven elfo, danos un lado que debemos cambiarles los vendajes a tu amiga y algo le va a doler.
- Esta bien pero cuídenla bien-
Con esto el escudero se retiró de la tienda mientras Feandra miraba a los sanadores con cierta desconfianza.
-¿No va a doler verdad? .
-Si va a doler así que colabore un poco.
Y con esto tan solo se tomaron su tiempo y sin poner atención a quejidos y unos buenos improperios, los sanadores hicieron su trabajo, cambiando vendajes y tomando un punto aquí o allá.
-Señores respetad que no soy una tela para que les echéis puntadas como quieran.
De nada sirvió los sanadores lograron su objetivo y dejaron a Feandra dormir lo que se le antojare.
La mente de Feandra empezó a viajar al pasado y recordó o volvió a vivir la experiencia de su encuentro con Naréllo, solo eran pocos meses desde que se vio obligada a salir del pequeño poblado costero en el cual se había criado, iba a pie viendo la manera de poder ganarse la vida siempre ocultando el hecho de que era una elfa, ya que si era peligroso estar en poblaciones humanas, más para una mujer de cualquier clase, además no era como muy propio de una mujer vagar por los caminos sola, pero pobre mundo lo que no se sabía era quién era la caminante, muy metida en sus pensamientos y con algunas monedas de oro se decidió ir a cierto mercado de no muy buena reputación en las afueras de Dol Amroth, pero en el cual se conseguía lo que se quisiese a precios justos y el cual era muy bueno en cuestión de caballos, y lo que se buscaba era uno muy fuerte y veloz para viajar muy lejos, lejos hacia el suroeste.
Visitando los establos que tenían los animales en venta, encontró al hermoso animal que buscaba, a un buen precio si se quiere, pensando de dónde lo habrían robado, pero caballo sin marca es caballo de sabana, y sin pensarlo mucho le mandó a herrar una estrella y una F en su centro, después de pagar la bestia y su montura la cual escogió con esmero salió con la intención de tomar algunos de los caminos hacia el sur.
Fue entonces cuando en un potrero más abajo oyó a unos hombres riendo y otros gritando acerca de algo, Feandra levantó un poco más su sombrero, y oyó una voz muy suave que a su entender era un llanto y una súplica pero su voz era muy distinta al de los otros, se acercó al lugar sin ser vista dejando al corcel a una distancia y listo a partir, cuando llegó al establo lo que vio, le causó la más profunda impresión de espanto habían cuatro hombres alrededor de lo que parecía un joven desnudo amarrado a unos de los postes del cobertizo. Uno de los hombres tenia en la mano una correas para llevar a los caballos y observó con dolor que el joven tenía ya una marca roja en su trasero, mas aun al ver bien a el joven, fue cuando ya no lo soportó más ya que era igual a ella. No se había topado con un elfo en todo su vida y esta era la primera vez que miraba a uno, el llanto del joven y su súplica eran en un idioma que no comprendía, pero que ha su corazón le era muy familiar y vibrante. La hizo reaccionar, a los hombres no les dio tiempo de saber que pasaba con certeza. Feandra entró y el primero voló hacia el final del establo, a el segundo el puñetazo en la cara fue tal que no volvería a hablar con todos sus dientes nunca más, al tercero un joven, lo tomó por los hombros y lo arrojó a un estercolero que estaba a su derecha y el último solo sintió el filo de su sable en la garganta.
-Suelta las riendas ,maldito hijo de la escoria , suéltala ya-
-No lo haré el joven es mío , lo compré a un mercader que vino del norte , de los grandes bosques verdes.
-Pues lo soltarás ahora-
-No lo haré , lo compré por diez monedas de oro-
-¿Quién te dio autoridad para comprar a un elfo? , bestia –
-¿Un elfo?-
-No te hagas el tarado, toma tus diez monedas , maldito- y se las tiro a la cara
-Pero no entiendo porque debe importarte-
-Por esto-
Fue cuando Feandra se quitó el sombrero, dejándose ver sus orejas erectas puntiagudas y muy rojas por la rabia y la furia que le circulaban por las venas, el dueño del establo se puso pálido como una hoja de buen papel y supo que si no accedía estaba muerto , sencillamente muerto . Sin esperar respuesta Feandra cortó las ataduras que marcaban las manos del elfo y le puso su sobre abrigo a el joven y antes de que el hombre dijera nada recibió en cada mejilla un latigazo que le mancaría de por vida y cargando a el muchacho llegó a el caballo para salir al galope de ahí , dejando a los 4 hombres hechos en sus pantalones, y maldiciendo el día aquel.
-Mi señora despierte, ya es hora de que coma algo-dijo Naréllo.
Con esto Feandra se despertó en la tarde sintiéndose mejor de las heridas, era ya casi de noche y en verdad se sentía con ganas de comer algo y beber, Naréllo traía un buen guiso hecho por él y un pan blando de miel.
- Naréllo mi amigo en verdad eres una bendición para mi , - dijo agradecida la elfa.
-Y usted mi señora para mí- respondió emotivamente el elfo.
Con esto Feandra hizo algo que el jamás se hubiese imaginado , dejó que se acercase algo más y lo besó en los labios.
- Tranquilo Narë , eso me hace sentir aun mejor;- dijo Feandra.
- Y a mi dama mía, el guiso mi señora se enfría, los sanadores dice que la heridas va bien y que en unos días estará afuera mi señora, el caballo está bien y nuestra carpa también , en verdad deseo que me la dejen llevar para allá , ya que creo que allí su ánimo mejorará- respondió Naréllo emocionado por lo sucedido.
-¡Ay! crío ,que la que manda aquí soy yo, pero si creo que es lo mejor- reprochó Feandra a su querido escudero .
Pasaron nueve días totales para que Feandra saliera de la carpa de los sanadores con algo de cojera y tomada por un hombro por Naréllo y Feandra se retiró a seguir meditando sobre aquel silencio tan celestial que sintió cuando creyó que aun seguía combatiendo.
