La Guerra de los Clanes

Historia Por Vida. Tercano. Glarawen

Terminada
Escrito el 05-01-2006 00:56 #1

Glarawen estaba molesta con Arian por su pesimismo. “Si tan solo hubiera sabido con un día de anticipación habríamos planeado una emboscada, pero el tiempo no es suficiente.” pensó la elfa. Tenía una buena idea de cómo evitar la masacre que probablemente tendría lugar dentro de algunas horas, no obstante la cercanía del ejército enemigo permitía únicamente reunir a las tropas tercanas e inyectarles valor. Glarawen decidió utilizar el poco tiempo que le quedaba en afilar su espada; confiaba cobraría cuantiosas victimas antes de que el sol se pusiera esa misma noche. También preparó un carcaj con la mayor cantidad de flechas que pudo.

Vestida enteramente de blanco, como era su costumbre, llegó ante los elfos que peleaban del lado de Tercano así como los pocos ents que aun permanecían en las filas del clan. Contrario a sus sentimientos reales, su cara mostraba la eterna expresión de seguridad en sí misma. Sabía que eso hablaba más que todas las palabras de aliento. Si sus hombres la creían a ella segura de ganar, entonces ellos también creerían que ganarían, que las circunstancias estaban a su favor.

El ataque comenzó. Glarawen movía diestramente la espada hacia todas las direcciones, matando muchas veces de un único y certero golpe. Cuando la elfa pelaba se olvidaba de todo a su alrededor, concentrándose únicamente en sus movimientos y los de su adversario. Súbitamente notó que no eran algunos, sino todos, los golpes exactos. No controlaba al cien por ciento su mano, lo que la molestó en un principio. Cuándo notó la eficacia de lo que fuera que la hacía mejor decidió hacer el sacrificio de aguantarlo. Odiaba no ser la entera dueña de si misma, mas si eso daba una ventaja a Tercano lo aceptaría. Siguió luchando por tiempo desconocido para ella. En algunos minutos de tregua reparó en la ausencia de soldados tercanos.

Glarawen era valiente pero no estúpida. Sabía que no sobreviviría contra un ejército completo de Valle. Había estado tan enfrascada en la pelea que posiblemente habían declarado la retirada y ella no había escuchado. No sería la primera vez, pensó. Una oleada de algo a lo que no estaba acostumbrada la recorrió. Miedo, dijo para sí. El miedo era algo que no le agradaba y que no solía ser parte de su ser. “No conseguiré nada parada a mitad de una calle llena de vallunos.” Pensó. Comenzó a correr hacia los Portales mas calló en cuenta que estaban infestados por el ejército enemigo. Corrió a la dirección contraria hasta toparse con pared. En su camino pasó por el mercado, ahora destruido. La ciudad entera estaba en ruinas. Se vio rodeada por paredes de cinco metros y pequeños establecimientos. Ambos eran poco alentadores. Lo más peligroso era permanecer del lado de las murallas del que estaba. Sabía que tenía que atravesarlas, pero no sabía como. La herrería había siso abandonada hacía tanto que dudó encontrar algo útil allí. Sin una idea fija, entró en una barraca que creía utilizada para guardar madera. Su decepción fue grande cuando descubrió que ya no era utilizada para los fines que ella creía. No había más que vigas viejas y aserrín. Esas vigas le dieron una idea. Si conseguía encontrar una lo suficientemente resistente serviría para impulsarse y saltar sobre la muralla. Buscar la adecuada era algo que requirió varios preciosos segundos ya que la mayoría estaban podridas. Al fin encontró una lo suficientemente fuerte y flexible. Salió de la barraca, y sin pensarlo demasiado, comenzó a correr,alejándose unos metros de la pared. Las voces incitando al saqueo le quitaron cualquier duda sobre lo que estaba por hacer. Tomó distancia con el muro y respiró profundo. Agarró la improvisada pértiga unos centímetros antes del final de la misma, y efectuó una carrera progresiva hacia el foso inmediatamente anterior al muro. Luego clavó la punta de la pértiga cerca de la base de la muralla y saltó hacia adelante y arriba doblando la vara. En ese instante se despegó del piso y extendió el cuerpo hacia arriba ayudándose del impulso de los brazos. Cruzó el muro con los pies por delante y luego comenzó a caer. La caída le pareció interminable. Dio en seco con el piso, pero por lo menos estaba del otro lado, lejos de los soldados vallunos. Los efectos del golpe fueron inmediatos. Un frío irreal, como nunca había sentido, le recorrió la espina dorsal y se transfirió casi instantáneamente a todos sus miembros. Le siguió un momento de confusión total, como cuando alguien es golpeado en la cabeza por la detrás, una total incomprensión.

Algo le dolía pero tenía miedo de descubrir la herida. Se palpó el vientre y lentamente su mano fue subiendo al tiempo que contaba las costillas una tras otra. Se desprendió rápidamente de la cota de malla que le dificultaba respirar y subió la prenda para ver los resultados de su huida.

Una mancha de tinte violáceo se extendía a su brazo izquierdo. Sabía que solo podía significar una hemorragia interna. Apretó los dientes y la tocó. Se había quebrado una costilla, tal vez dos.

Glarawen se quedó tendida en el suave pasto controlándose para no gritar. Seguramente cerca de ahí había tropas de Valle, a quienes no inspiraría clemencia al verla a merced de sus arcos. La bella elfa se debatía ahora al borde de la inconciencia. Ni siquiera se preocupó por las dos lágrimas que recorrieron sus mejillas. Estaba esperando su destino. ¿Llegaría el enemigo a arrancarle el último hálito vital o un compañero auxiliaría su agonía?

La elfa permaneció en un estado de semiinconsciencia por tiempo indefinido. Trataba de mantenerse despierta por si podía pedir ayuda. Después de lo que a Glarawen le parecieron siglos vio a un elfo sobre un caballo. Antes de hacer cualquier movimiento, trató de descubrir de qué lado luchaba. Pronto distinguió a uno de de los soldados a quien había comandado horas antes. Su espada yacía junto a ella. No tenía fuerzas para gritarle así que movió la espada con el brazo derecho esperando que viera el reflejo. Por suerte, así fue. Cuando llegó a su lado tenía una mirada atónita. Dijo:

-¿Se encuentra bien, mi señora?

-Peligroso, aléjame muralla.-consiguió articular la adolorida elfa.

-¿Adónde os llevo?

-Claro del bosque.

-¿Está lastimada?

-Costillas rotas.- las palabras que salían de la boca de Glarawen no alcanzaban a formar oraciones, pero eran suficientes para darse a entender. Cada vez que hablaba le dolía el cuerpo entero.

El elfo la levanto con todo cuidado y subió con ella al caballo. Ya que no podía detenerse a las riendas, avanzaron lentamente por el bosque. La elfa, aun más pálida que de costumbre, lucho contra la inconciencia. Pidió que la llevaran al claro del bosque porque las casas de curación se encontraban dentro de Ost-in-Tercan. Estaba demasiado débil como para hacer un viaje hasta la ciudad más cercana. Después de unos veinte minutos el elfo depositaba a Glarawen en el suave pasto del claro.

-Agua.-pidió ella. Por suerte el soldado llevaba una cantimplora con él.

-¿Qué más hago?-preguntó el elfo.

-Busca la hierba verde encima, rojo abajo. Hiérvela con poco agua. Tráeme la pasta. Por favor.- Lo que le había pedido era un fuerte analgésico que le ayudaría a pasar la noche.

Él partió decidido a encontrar lo que le habían pedido. Por suerte quien la había hallado era un elfo con algunos conocimientos sobre herbolaria. Sabía que la planta que le habían pedido se encontraba únicamente en lugares oscuros y húmedos, por ejemplo cuevas. Se dirigió a la cueva más cercana. Encontró casi instantáneamente la planta que buscaba. Cortó tantas hojas como pudo y decidió hacer el ungüento ahí mismo. Si salía de la cueva, el humo del fuego podría llamar la atención a los soldados vallunos. Le costó bastante encender el fuego debido a la humedad pero al final lo consiguió. Las hierbas estuvieron hirviendo cerca de una hora, menos hubiera sido demasiado poco. En cuanto el remedio estuvo listo partió de nuevo hacía el claro del bosque en que había dejado a Glarawen.

Cuando llegó ella seguía consciente. Le entregó la pasta que ella aspiró. El simple olor la reconfortaba. Trató de ponérsela ella misma mas le fue imposible. En contra de sus costumbres y su agrado tuvo que permitir que el elfo se lo aplicara. Sabía hacerlo bastante bien.

-¿Dónde aprendiste sobre las curas?-le preguntó Glarawen

-Mi abuela siempre me llevaba con ella e insistió en que aprendiera. Alguna vez le reclame, diciéndole orgulloso, que sería soldad. “Con más razón debes aprender. Podrías salvar a los demás, o a ti mismo. Nunca sobra alguien que sepa medicina en un ejército.” Con los años descubrí que tenía razón.

-Sabia mujer.- artículo Glarawen.-Gracias, puedes irte.- Sabía que después del esfuerzo de aguantar el dolor que le había causado el colocarse el remedio perdería el conocimiento y prefería estar sola cuando eso pasara. El dolor comenzaba a disminuir; de hecho dejaba de sentir todo el lado izquierdo del cuerpo. Sabía que era mejor dejar actuar la medicina así que dejó de luchar contra la inconciencia.

Al caer la noche Arian notó la ausencia de Glarawen. Temiendo lo pero preguntó a todos con quién se cruzó mas nadie la había visto desde que se separasen a entradas de la ciudad, durante la primera embestida. A pesar del intenso cansancio decidió buscar a su amiga y compañera. Un silbido bastó para que Næchærra recurriese a su ayuda. No tenía tiempo ni fuerzas de acondicionar al corcel para un paseo digno, así que, sin silla ni bridas se dispuso a montarlo. El animal pareció entender sus intenciones, pues dobló las rodillas quedando al alcance de la joven que se sujetó de su hirsuta crin para luego pasar un pie y quedar bien dispuesta.

El bosque la ocultó y amortiguó el galope del caballo. Se movilizaba como un sombra entre lo árboles, rápida y silenciosa. Cubrió un perímetro nada despreciable en cosa de minutos, pero la orgullosa elfa no dio señales de vida.

Luchando contra el cansancio continuó su búsqueda. Por primera vez en todo el día la suerte le fue favorable. En un prado iluminado por la luz de la luna, refulgía una figura blanca. Habían pasado varias horas desde que el soldado le entregara la pasta y se rindiera a la inconsciencia. Arian desmontó y corrió hasta su compañera. Se agachó y no atinó más que a acariciarle el rostro. Estaba muy frío y pálido, mientras sus labios tendían al violeta casi negro. Aún así, cuando Arian le tocó el cuello, pudo sentir un pulso débil y lejano, pero que a fin de cuentas indicaba que estaba viva.

Entonces, recurrió por última vez en el día a lo sobrenatural de su esencia.

El rito que realizó a continuación, no era de lo más puro ni deseable, pero mantendría con vida a Glarawen hasta que llegasen al campamento.

La mujer se profirió una herida profunda cerca de la muñeca, de modo que la sangre manó libre por aquel lugar. Luego se inclinó sobre la elfa y le abrió la boca dejando que bebiese de su propia sangre, y parte de sus poderes. Era un acto de desinteresado compañerismo que estaba dispuesta a realizar por muy pocas personas.

- Tulta toulya (Convoca tus fuerzas). – rogó Arian.

Glarawen no consiguió decir palabra alguna de agradecimiento para Arian, aunque sí lo sentía en su corazón. Dudó que la escuchara, pero de todas maneras preguntó:

-Gil-amath: ¿Estás lista para ir al campamento?-para sorpresa de la nigromante su compañera asintió con la cabeza. Ambas montaron en Næchærra.

Las hierbas le siguieron haciendo efecto por varias horas más. Despertó a la mañana siguiente en el campamento. Sus recuerdos eran vanos, pero tenía muy claro que lo que le habían puesto solamente había mitigado el dolor. Lo que la mantuvo viva fue la sangre de Arian. Revisó su costado y descubrió que lo habían vendado. Preguntó por Arian y le dijeron que no se encontraba. Entonces preguntó por el muchacho que la había ayudado la noche anterior. Les tomo un tiempo averiguar quién había sido pero al final lo consiguieron. Cuando entró se alegró de verla en buen estado, en comparación con la noche anterior.

-No me fue posible agradecerte debidamente ayer.-dijo ella.

-No es necesario, sé lo doloroso que debió ser el hablar en esas circunstancias.

-Recuerdo que comentaste que no te interesaban las hierbas cuando tu abuela te las enseñaba. ¿Tu opinión sigue igual?

-En absoluto, cada vez veo más su importancia.

-Me gustaría poder compartir mis conocimientos al respecto contigo.-El elfo apenas lo podía creer. Era bien sabido que Glarawen conocía a fondo las hierbas, tanto curativas como venenosas. La mayor parte de lo que sabía, y descubría, era guardado en total secreto. Estaba claro que únicamente lo compartiría con luyen a quién le debía la vida. –Eso sí, no considero necesario advertirte que no podrás compartir lo que aprendas.

-Estaré encantado.

-Tendrás que esperar un poco hasta que esté recuperada. Tres costillas rotas… Supongo que quedarse del otro lado de la muralla hubiera sido peor.

En unos días fue trasladada a la casa de curación de otra ciudad. Arian tardó cerca de una semana en visitarla, pero lo entendía perfectamente. Ella misma conocía todo el trabajo que había después de una batalla, más si no podía compartirlo con su usual compañera…

-¿Qué puedo decir? Te debo la vida…- le dijo Glarawen cuándo por fin la tuvo en frente.

-No podía dejarte morir y, no quería tampoco. Eso es lo que pasa después de una batalla, cada quién ayuda a quién puede.-Ambas sonrieron. Ninguna de las dos era muy emotiva, pero el agradecimiento era sincero. En su corazón ambas sabían que si hubiera sido a la inversa, Glarawen hubiera hecho lo mismo por Arian. La nigromante era una de las contadas personas a quién la fría elfa había considerado su amiga desde que perdió a Aredhel.

Glarawen estuvo en las casa de curación cerca de un mes. Aunque no estaba completamente restaurad decidió salir y regresar a su casa. Jamás había soportado una vida ociosa. No supo exactamente cuanto pasó antes de estar plenamente restaurada. Gradualmente la mancha negra de su costado desapreció. De vez en cuando sentía algo de dolor, cada vez menos. No tardó en recomenzar sus entrenamientos con la espada y el arco. Pronto estuvo lista para lo que a pesar de todo le seguía apasionando: una nueva batalla.

Escrito el 06-01-2006 08:55 #2

Este personaje recupera un 40% de vida.

Historia finalizada.