La Guerra de los Clanes

Historia Por Vida. Nurn. Aranel

Terminada
Escrito el 01-01-2006 20:29 #1

La situación en el campo de batalla era inmejorable. La incursión sobre las tropas enemigas había sido un éxito rotundo y pronto dejaría de ser una mera batalla para entrar a formar parte de las carnicerías.

El ejército de Valle, fuerte pero poco numeroso, se había visto afectado de lleno por la marea de soldados nurnitas. Desde la retaguardia Élvanwa daba órdenes de posicionamiento a las tropas de distancia. Humanos, elfos y orcos ya fueran con arcos o ballestas, lanzaban flechas y saetas sin ningún destino concreto al principio. Cuando Valle respondió la acometida los orcos pasaron a sus armas de mano y los elfos y hombres restantes, más diestros en puntería, quedaron arco en mano disparando a los objetivos tácticos.

“¡A la izquierda! Arattalion entra en combate cuerpo a cuerpo. ¡Disparad a aquellos arqueros!”

Cada vez más numerosas eran las bajas del enemigo. Los arqueros de Nurn disparaban a su antojo desde las posiciones de retaguardia hasta que Valle se dio cuenta del peligro que suponía dejarlos, pues al parecer ayudaban a decantar la balanza.

Una tropa de avanzadilla sorteó los obstáculos que la separaban de la escuadra de proyectiles nurnita y casi la alcanzó.

Élvanwä los vió empezar a subir el montículo pero los arqueros no tenía mucha línea de visión.

“¡Apoyad a Lómine en el flanco derecho!” Ella sacó su espada y se acercó al borde del montículo y una sombra apareció de la nada.

Cuatro elfos portando espada y uno arco aparecieron delante de ella. Dos se quedaron con ella mas los otros dos fueron a desviar la atención de los arqueros e intentar producir muchas bajas. Los arqueros se dieron cuenta tarde y más de uno pereció debido a la incursión pero no eran menos hábiles con la espada que con el arco.

Aranel contenía a los otros dos integrantes de la incursión como podía pero la sorpresa no le vino de ellos, sino del último, el arquero. Teniendo dificultad para apuntarle al pecho por sus dos compañeros que le servían a la elfa de cobertura, apuntó un poco más abajo, dio tres pasos más a la derecha y soltó la flecha.

Aranel pasó de la excitación del combate al dolor de la flecha en un instante. Flaqueó la pierna y trastabilló pero no les dio tiempo a los de Valle cometer el asesinato pues los arqueros de Nurn habían matado ya a los dos insolentes soldados y arremetieron con flechas contra los tres que quedaban. No habían logrado esos de Valle su objetivo pero el mal ya estaba hecho.

Intentó levantarse Élvanwä y lo único que consiguió fue que la dura flecha entrara en contacto con sus músculos en tensión, más dolor.

Fue llevada al campamento de Nurn. Estaba situado lejos del campo de batalla así que idearon, entre algo de cuerda, lona y varias espadas, un camastro improvisado para la Señora.

Una vez en el campamento, entre agonías y sudores, el galeno que allí se encontraba atendió a Aranel.

Al enterarse del tipo de herida puso una fina barra de hierro en la chimenea.

Dado el nerviosismo de Aranel y la no gran pérdida de sangre, esta no conseguía dormirse así que no hubo más remedio que tratar de quitar la flecha con la elfa despierta. Todo un suplicio.

El médido cogió unas tenazas enormes, las puso alrededor de la punta de la flecha que sobresalía por el otro lado y apretó. Cortó la punta de la flecha y los gritos de dolor de la elfa pudieron ser oídos a leguas de distancia.

Los soldados que llevaron a la Señora al campamento hubieron de aguantarla para el siguiente paso que era el peor de todos.

Ahora debía extraer la flecha por donde había entrado, por delante. El médico cogió la flecha por debajo de la penacho con al mano y la pierna se estremeció, como si previera el sufrimiento a la que estaba a punto de someterse. Intentó tirar de modo suave pero la sangre ya se había secado un poco. Aplicó un poco más de fuerza y la flecha comenzó a ceder.

Aranel gritaba y sollozaba, algunos de los que estuvieron allí incluso dijeron que una lágrima se derramó. Hicieron falta cinco soldados para aguantar las embestidas de dolor de la pobre elfa. Al fin la flecha salió dejando un reguero de sangre a su paso.

Raudo el médico fue hacia la barra, casi ardiente, y quemó los dos orificios de la flecha para evitar el desangramiento.

Ya no pudo aguantar más y cayó rendida del dolor y del cansancio.

Salieron los soldados de la tienda y el médico preparó dos pequeñas cataplasmas. Las colocó en los orificios y le vendó la piernas.

Le quedaría una gran marca de la flecha en el muslo, pero con suerte sería una marca uniforme, aunque poco estética.

Habiendo ganado la guerra el resto de integrantes de la Garra Negra de Nurn marcharon alegres y contentos al campamento sin saber de la noticia. Sólo los Señores se preguntaban dónde estaría Élvanwä y sus arqueros, pues si bien no estaban muertos por no estar sus cuerpos no había rastro de ellos.

Al llegar al campamento Arattalion, Lómine e incluso Ilesse fueron a ver a la herida.

“Ha salido bien” dijo el galeno “tendrá una recuperación normal pero no creo que le quede una bonita marca”.

Mientras Ilesse se echó mano de su barriga recordando la lanza, Lómine se acercó a la elfa y le abrió un ojo.

“Ahora está descansando, pero veo tranquilidad en ella. Pronto volverá con nosotros.”

“Una buena noticia al fin. Derrotamos a los presuntuosos de Valle y las heridas recibidas fueron mínimas” dijo Arattalion.

“Aunque ya las podría haber recibido otra persona” dijo Lómine mirando con resentimiento a Ilesse.

“Lo siento, chica alta, pero el destino quiere que tenga que soportar tus tonterías otro poco, de buen grado aceptaría la recuperación.”

Aquellas señoras, dejaron de ser señoras un momento para empezar una discusión que no tenía ni ton ni son. Impresionado Arattalion no pudo hacer más que reír pues Valle no conseguiría destruirles. El destino de la Garra Negra más bien parecía la autodestrucción.

Por Aranelita

Escrito el 05-01-2006 12:04 #2

Los Valar otorgan un 40% de recuperación de vida para Aranel.

Historia finalizada.