Nulkaiel Milyawen
Se que esperabas noticias mías hace tiempo. Discúlpame, es que hace solo dos días abrí los ojos y mi estado no es el mejor como veras cuando termine de escribir las líneas que el cuerpo me permita. Siento que he visto la muerte, que sus finos y fríos dedos rozaron y estremecieron cada centímetro de mi piel, aun no me deshago de esa sensación, ambas estamos jugando una carrera, por momento ella la lidera y se ríe de mí, mostrándome todo su inmenso poder y por momentos grita y gime a mis espaldas tratando de arañarme, pero yo escapo a sus garras, y corro libre entre los verdes bosques, pero no me hagas caso, son solo delirios de alguien que ha sufrido bastante. Tratare de limitarme, aunque necesito descargarme, espero que comprendas, si, siempre comprendes.
¿Recuerdas a Earnir? el elfo que cuando aun Nurn era solo una ilusión nos decoraba los carcajs con los escudos que inventábamos para conquistar nuestra ilusión. Lo encontré mientras recorría las filas de soldados, la misma cara, la misma expresión. encontré en el lo que hacia mucho tiempo había perdido, la ilusión, la ilusión de volver a vivir aquellos tiempos, donde soñar no costaba nada.. Pase la noche anterior a la batalla junto a el, mirando las estrellas y recordando viejas aventuras, viejos desencuentros, se que te acuerdas, aunque cada vez que algún recuerdo hace referencia a esa época se nubla tu rostro, ay mi niña, pero éramos tan felices bajo el seno de la cruel maldad, mas que ahora te lo aseguro. Charlamos toda la noche hasta que los primeros rayos de sol y los augurios de la guerra, olvidada por un momento, volvieron a la vida de repente, haciéndonos acordar, que no estábamos en aquellos bellos tiempos, sino a punto de jugarnos la vida por nuestro oscuro y amado Clan. Me despedí de él antes de luchar, no lo volví a ver, espero que siga vivo, quizás algún día vos y yo podamos buscarlo y charlar, sabes que me encantaría, eso si algún día salgo de este letargo mortal.
Permanecí junto a Delisse y a Helerakulo esperando en silencio la llegada de sus tropas, los notaba inquietos, estábamos inquietos, quizás en el fondo sabíamos que las cosas no saldrían tan bien. La batalla empezó, dado que fue convencional esta de mas contarte como se sucedieron las cosas pues ambas hemos estados en cientos de batallas y sabemos muy bien que es lo que sucede en las mismas.
Nimbar, Herod y yo matamos decenas de soldados, hasta que llego, llego el momento en el cual ni la suerte ni el destino estaban de mi lado. Sentí morder la flecha en el costado derecho, la tome con las manos y la arranque, ay pero fue tarde, su brebaje ya estaba dentro mío y abriéndose paso por mis venas, pero lo que siguió después fue aun peor, fue el odio que esos seres llamados sabios depositan en por su bondad sus armas gracias al desdén que tienen de sus victimas. Pude mantenerme erguida durante un tiempo mas, mientras veía a Helerauko retorciéndose frente a la muerte en una despiadada danza, y yo no podía hacer nada, las flechas que disparaba se dispersaban en al aire como polvo, hasta que no pude más, no fue el veneno lo que me derribo de Herod, sino fue el mismo quien luego de asustarse por el flechazo se irguió en dos patas tirándome al suelo, sabes que nunca uso montura excepto en las batallas, ay pero la montura fue mi perdición, mi pie se atasco en el estribo, solo Morgoth sabe los metros que me arrastro sobre el campo de batalla hasta que cayó exhausto.
Yo casi no podía respirar, y el no se podía poner de pie, no se como hice para soltar mi pie, el cual cayo inerte sobre el suelo, Nimbar a nuestro lado aullaba, la mande en busca de auxilio, aun no la he vuelto a ver, espero con ansias su regreso ya que me siento muy sola. Sé que sabes que paso con él, tuve que hacerlo, otra acción no hubiera tenido sentido. Tome mi arma de mano y la clave en su pecho, no hubo resentimiento, no hubo culpas, solo la amarga tristeza del fin, el fin que tanto tiempo se hizo esperar y que hoy nos encontraba a ambos sumergidos en la miseria, en la miseria de no poseer voluntad en nuestros actos, de no controlar la mente. Me dormí sobre su cuerpo inerte, bañando en lagrima la herida para que no sufriera, ay mi amigo, hubiera dado mi vida por la suya sin embargo sé que no lo hubiera soportado. Si todo no fuera tan confuso quizás podría decirte que paso luego, tal vez lo averigüe, tal vez no.
Desde ese momento me han estado cuidando sirvientes nurnitas, no es necesario describirte las artes curativas de nuestro pueblo, apenas me dejan moverme o leer, dicen que debo recuperar energías, pero como recuperar energías si me siento como una niña indefensa, de cuerpo, y de mente, siento que nada me llena, que ya nada será como antes, estoy triste. Quizás se me pase cuando pueda volver a oler el bosque y encontrarme con mi fiel corcel, porque tu sabes que el nunca me dejara, y alguna calma tarde volveremos a encontrarnos en Laissinoiri.
Aunque no me dejaban insistí en escribirte para que te quedes tranquila, aquí me están tratando muy bien. La herida se ha cerrado, pero según dicen el veneno aun recorre mis venas y hasta que no las abandone no podrán curarme las fracturas las cuales no son pocas, debido a que el mismo maligno brebaje lo impide. Prometo tenerte al día, creo que tardare en mejorar, pero quien dice, quizás pronto este por allá y pueda verte, tal vez antes de lo que esperas.
Los bellos ojos elficos se cerraron al terminar, la carta que sostenía la elfa en su mano rodó bajo la cama cuando sus suaves dedos dejaron de sujetarla. La mente de Inglin se debatía entre lo ficticio y lo real, entre lo bueno y lo malo, entre la realidad y la ficción. Un aullido resonó en la distancia bajo la estrellada noche, los amigos volvían a reunirse, para nunca mas separarse.
Por Carlita
[Editado por Neume el 03-01-2006 16:38]
