La Guerra de los Clanes

Historia Por Vida. Nurn. Seregruin

Terminada
Escrito el 04-01-2006 21:23 #1

Los heridos han llegado al campamento; ya los esperábamos pero son tantos, demasiados para el grupo de sanadores que acompaña a las Albas Sangrientas; la compañía ha sido visiblemente diezmada, en las literas y sobre el frío suelo pueden verse los agonizantes soldados nurnitas, algunos de ellos sobrevivirán con nuestra ayuda pero otros habrán de someterse a los designios de Mandos. El tiempo ahora es tan valioso como el más fino de los metales o la más hermosa gema, debemos movernos con rapidez si pretendemos salvar las vidas de estos pobres infelices... y nuestras propias vidas... Poso mi mano en la frente de un joven soldado cuya hemorragia no se detiene, la fiebre sigue aumentando y no hay nada que pueda hacer por él, si tiene suerte en poco tiempo sufrirá de terribles convulsiones y caerá rendido y su lucha contra la muerte habrá terminado, pero si la buena fortuna no lo acompaña… no quiero imaginar la terrible agonía que habrá de padecer mientras se desangra lenta y dolorosamente…

Algo ocurre en el extremo opuesto del campamento, se escuchan gritos, no de pena, son órdenes y todos corren a cumplirlas sin demora... veo llegar a un grupo de soldados cargando sobre una angarilla improvisada el cuerpo maltrecho de un hombre, es uno de los Capitanes sin duda, solo por ellos podrían los sobrevivientes causar tal algarabía; intento distinguir su rostro pero mis ojos no son tan agudos como los ojos élficos, y la sangre que le cubre tampoco ayuda mucho. Me acerco un poco más, sin llegar a interponerme en el camino de los portadores, y solo entonces descubro la identidad del herido, mi corazón da un vuelco, es el Señor Seregruin.

“Híniel” alguien me llama, no puedo ver quien ha sido, aun me siento abrumada. “Híniel” repite la voz y comprendo por fin que es mi maestro quien me solicita, está de pie cerca al herido y sus gestos me indican que debo apresurarme; sus palabras son frías como la nieve que cubre la tierra, sin pasión, sin emoción: Seré yo quien limpie y cure sus heridas, quien vele su sueño... quien pague vida por vida si algo malo llegara a ocurrirle.

............................................................

Es extraño verlo allí tendido sobre la litera, tan débil, tan indefenso, tan inerme, solo el anillo señorial en su dedo podría señalarlo como uno de los grandes Poderes del clan, por lo demás no difiere mucho de los otros cientos de heridos de baja ralea que reclaman a gritos un alivio a sus dolores; ¿Dónde ha quedado la soberbia y el orgullo? ¿Dónde la inquebrantable voluntad? ¿Dónde la fuerza oscura que doblega?

Lavo su rostro con delicadeza, la sangre y el lodo desaparecen pero los gestos de intenso dolor aun enturbian su augusto semblante, grave es su estado y profundo el sueño en que le ha sumido la fiebre; sus ojos no se han abierto desde su llegada al campamento, y por ello agradezco a los valar, no podría resistir la intensidad de su mirada, aquella mirada que ha sometido la voluntad de innumerables doncellas y más aun de terribles Señoras.

Uno de los soldados que le acompañan desde la batalla retira las pesadas piezas de armadura que aun conserva y las heridas ocultas hasta entonces por fin se hacen visibles, la sangre ha manchado la blanca camisa de seda fina que cubre su torso, y aun brota tibia de un profundo corte en que atraviesa su pecho; pero esta es sola una de las innumerables lesiones que se hallan marcadas en su cuerpo, no solo hay cortes sino también señas de golpes, y temo que alguno de ellos haya podido causar una daño mayor, busco algún indicio que confirme o descarte mis suposiciones y recorro su cuerpo de palmo a palmo, mis manos tiemblan…

El soldado a mi lado profiere algunas maldiciones y amenaza con llevarme ante la justicia nurnita mientras señala la sangre que no ha dejado de manar y que ahora forma un pequeño charco en el suelo de la tienda, es un tonto, no sabe nada de este oficio, no comprende que hay heridas mucho más peligrosas que aquellas que sangran sin detenerse.

Siento una ligera inflamación en su costado derecho, retiro por completo el camisón y examino con detenimiento la lesión, un escalofrío recorre mi espalda, algo en su interior ha sido desgarrado; El soldado aun me observa inquieto aunque ahora guarda silencio, “Vuestro Capitán se encuentra en delicado estado” le digo mientras busco algo en mi talega, el guardia no se mueve e intuyo que espera mis indicaciones, hay que ver lo inútiles que resultan cuando no se encuentran en batalla, “Debéis ir con mi maestro y decirle que venga… pronto”.

............................................................

Se cuentan tres días desde el arribo del Señor Seregruin al campamento y su estado parece mejorar poco a poco, a un ritmo demasiado lento para algunos; su razón no obstante sigue perdida en la bruma de sus recuerdos, de sus pesadillas; De repente abre los ojos y habla de tiempos inmemoriales y de insondables penas y de grandes glorias y luego se sume nuevamente en su profundo sueño febril.

Duerme y sin embargo no descansa, puedo saberlo por el ritmo agitado de su respiración; los innumerables cortes leves y las heridas superficiales han empezado a cicatrizar, las antiguas recetas para preparar cataplasmas de hierbas medicinales siguen siendo efectivas, pero no son estas las lesiones que me preocupan. Su temperatura no varía, la fiebre no ha disminuido ni aumentado desde hace ya varias horas, lo cual es un buen indicio, su cuerpo aun no se rinde; sumerjo el paño en agua tibia y vuelvo a colocarlo sobre su frente; es fuerte, tal como ella me lo había dicho, más fuerte que cualquier otro Hombre.

............................................................

Tomo una pequeña cuchilla que descansa sobre la improvisada mesita de noche, debo reemplazar los vendajes viejos y para ello debo cortar los nudos que les sostienen; me aproximo silenciosamente para no interrumpir su descanso, acerco con cuidado la cuchilla a la venda, de repente su mano se cierra con desmedida fuerza sobre mi muñeca, grito de dolor y en segundos la estrecha tienda se ve invadida por un grupo de guardias empuñando sus espadas desenvainadas; Intento calmarlo mientras repito una y otra vez mi nombre y mi oficio, los soldados observan confusos, no se acercan pero tampoco se alejan, la presión no disminuye, siento su mirada fija sobre mí, siento como sus ojos hurgan en los míos intentando develar cualquier secreto.

Su mano por fin me libera y de nuevo cae en ese estado de lóbrega semiinconsciencia; lo ha descubierto, estoy segura, de no ser así aun permanecería bajo su férreo ciño. Me apresuro a cambiar los vendajes, quiero marcharme de aquel lugar lo más pronto posible.

............................................................

Esta noche he visto a mi maestro hurgar en la correspondencia llegada desde Narmelost y ocultar una de las cartas bajo sus ropas… aquella dirigida al Señor Seregruin y que solo yo, como su sanadora, estoy autorizada a leer…

............................................................

El mensajero parte raudo en medio de la oscuridad hacia la Ciudad del Poder de Fuego, hay nuevas que ella sin duda querrá saber…

Escrito el 05-01-2006 13:04 #2

Los Valar otorgan un 45% de recuperación de vida para Seregruin.

Historia finalizada.