La Guerra de los Clanes

Historia Por Vida. Nurn. Inglin

Terminada
Escrito el 06-01-2006 11:27 #1

El sonido de la lluvia que golpeaba sobre la tienda era cada vez más intenso, mientras la luz de una vela titilaba suavemente dentro de la tienda, creando una penumbra oscilante. Permanecía sobre la cama, cubierta de pieles, con la mirada perdida más allá de las sombras que creaba la luz de la vela, quizás recordando algún lugar lejano, escapando de su soledad.

Un golpe, apenas un roce, en la entrada, consiguió despertarla del trance.

–Adelante- dijo la elfa suavemente, pues se estaba recuperando de graves heridas, y si bien sus fuerzas eran cada vez mayores, no convenía abusar de ellas.

Un joven soldado nurnita atravesó la cubierta de pieles que cerraba la entrada, arrodillándose ante ella en torpe reverencia, pero Inglin apenas prestó atención.

- Dime que la has encontrado… – La ansiedad en su voz era patente a pesar de su suavidad. Se hubiera levantado de la cama si la fractura en el brazo y la pierna no se lo hubieran impedido, pero se limitó a observar al silencio con esperanza. El soldado escondió en cambio su mirada, negando tristemente con la cabeza.

– No la hemos encontrado, Mi Señora. Temo que sea demasiado tarde.

La elfa desvió su mirada de la del joven, le producía un dolor inmenso el haber tenido que matar a su fiel corcel, mas hubiera sido menor el dolor si Nimbar estuviera junto a ella. Pero la loba permanecía desaparecida, y no había rastros de ella. Torció la cabeza, fijando la mirada en las curvas que formaba la tela de la tienda, escondiendo su tristeza, y le dijo al joven que podía retirarse tratando de disimular el tono de aflicción de su voz.

La vela terminó por apagarse, y la oscuridad acompañó su dolor. Una lágrima surcó su rostro, mientras el pesar de los últimos días no volvía a apoderarse de su alma. El veneno ya había salido de su cuerpo, no sin dejar secuelas, las fracturas que por sí solas tardarían bastante tiempo en curarse, se vieron empeoradas por la acción del veneno, el cual hasta que no salió de su cuerpo no dejo que los huesos se recompusieran. Pero lo peor no era el dolor. Lo peor eran el encierro y la soledad, el no tener alguien a quien comentarle las futuras estrategias de guerra, no poder ver los verdes y oscuros árboles del bosque, no poder oler el agua que recorre los sombríos bosques nurnitas.

Un aullido se oyó no muy lejos, quizás un poco más allá de la profunda curva sangrienta del Nen Girith. No podría decirlo con seguridad, pero no le pareció demasiado lejos. De inmediato, pese a tener un brazo y una pierna entablillada, se puso en pie torpemente. Se acercó hasta la puerta haciendo frente al dolor, arrastrándose casi junto a la inestable pared de tela de la tienda, se agarró como pudo en la entrada, y estaba a punto de salir, cuando un soldado la retuvo. Se resistió, golpeándole con su mano sana, apenas sin fuerzas, sin posibilidad de hacerle daño, mientras se revolvía entre sus brazos.

-Usted debe reposar- decía una y otra vez el guardia, pero ella estaba cegada por ese aullido, tenía la certeza que su loba había vuelto y quería recibirla. Comprendiendo finalmente que no iba a conseguir nada, dejó de forcejear, con un suspiro de resignación, y una mirada orgullosa.

–Esta bien – claudicó, y el soldado finalmente la soltó. Pero a pesar de todo consiguió recuperar el tono altivo en su voz - No me moveré de aquí, pero baja ya mismo y busca a ese animal, tráelo en brazos si es necesario. Y no es una petición, es una orden. Cúmplela si quieres mantener tu cabeza entre sus hombros.

El hombre tembló un momento, pero después negó con la cabeza:

- No marcharé hasta que haya vuelto a su cama, Señora.

- Maldito… - comenzó a decir ella, interrumpiéndose a sí misma. Le necesitaba, a su pesar. Y sabía que en esas condiciones no podía negarse. Se maldijo a sí misma entonces, por su propia debilidad, y se dejó llevar hasta la cama.

Sólo cuando se aseguró de que permanecía acostada entre las pieles, encendió nuevamente una vela que iluminara la habitación, y se dirigió hasta la puerta. Pero antes de salir, se giró y dijo:

- Ahora cumpliré vuestras órdenes, y si no pudiera cumplirlas, yo mismo os traeré vuestra espada para que impongáis vuestra sentencia. - Y se alejó rápidamente.

El tiempo se alargaba cruelmente mientras permanecía sumida entre las sombras, esperando. No sabía si pasaban horas o minutos, mientras se esforzaba por captar nuevamente el aullido de su loba, quizás herida en algún lugar cercano… Quizás luchando por sobrevivir, clamando por su ayuda, mientras ella permanecía allí quieta, impasible, impotente.

Su mente pasaba continuamente de la esperanza al desasosiego, de la ilusión al miedo. Finalmente escuchó un sonido débil, como de arañazos, al otro lado de la tienda. Tras unos gruñidos ansiosos, Nimbar entró corriendo en la tienda y se arrojó sobre ella, lamiendo su rostro con alegría, y a pesar de que cojeaba visiblemente. Detrás de ella apareció el guardia elfo mostrando una herida superficial, muestra de cariño de la loba. Él mismo se acercó a la elfa y le entregó una nota que según él la loba llevaba entre los dientes. Como evidencia se observaba la marca de unos afilados dientes sobre el papel.

Dejó la nota sobre una mesa cercana a la cama, relegándola de momento, y se incorporó en la cama un momento para examinar la herida abierta sobre los cuartos traseros de Nimbar. Sangraba ligeramente, y la loba pareció encogerse cuando acercó sus manos a la herida. Pero la confianza en su ama podía más que el miedo y el instinto. Se dejó tocar por ella, quien con cuidado, restañó la herida con una solución antiséptica que la sanadora había dejado en la tienda cuando estuvo atendiendo sus heridas.

- Gracias – susurró mirando al guardia a los ojos – Ahora, haz que venga la sanadora.

El soldado correspondió con un leve gesto de asentimiento, y una sonrisa en sus ojos que no se reflejó en sus labios. Pero cuando llegó la sanadora, al cabo de unos instantes, el soldado ya no regresó.

La mujer atendió a la loba no sin cierto disgusto. Pero tenía muy claro que no podía discutir. Cosió la herida con cuidado, intentando no fijarse en las enormes fauces que se abrían amenazantes con cada tirón del hilo sobre la carne. Pero Inglin acariciaba suavemente el lomo de la loba, mientras le susurraba palabras tranquilizadoras.

Cuando la mujer terminó, y se marchó de la tienda refunfuñando, la elfa, aliviada por primera vez en mucho tiempo, tomó la carta y abrió el sobre. Un sentimiento de incertidumbre se apoderó de ella mientras leía su contenido.

\"Querida elfa Inglin:

Hoy me veo obligado a separarme de vos, mas sé el tiempo nos volverá a reunir pronto, como lo hizo aquella noche estrellada. No perdáis la esperanza. Sigue el rastro del viento, testigo de toda batalla y toda muerte, y cree en tus amigos. Sólo de ese modo nos volveremos a encontrar, cuando relinche la yegua y la lluvia no moje.\"

La elfa leyó la carta una y dos veces. Era un acertijo muy raro, pero era un mensaje claro de que se volverían a ver, una razón mas para recuperarse de sus heridas. Cerró los ojos y se sumergió en un mar de sueños, mientras su mano sana acariciaba el áspero pelaje del lomo de Nimbar.

Por Carlita

Escrito el 06-01-2006 13:45 #2

Los Valar otorgan un 35% de recuperación de vida para Inglin.

Historia finalizada.