La Guerra de los Clanes

Historia Por Vida. Alianza. Auriga

Terminada
Escrito el 07-01-2006 18:53 #1

No quería despertar, eso era un sueño… no podía ser cierto. Recostada ante el cuidado de los médicos y al ver las carreras de quienes traían cada vez más heridos a la tienda, no podía creer lo que habían escuchado sus oídos… ¿Muerto? No puede ser.

Sus pensamientos se transportaron hacia aquella noche, cuando lo conoció en una fiesta improvisada que se formó tras ganar la última batalla. Mientras llevaba una bandeja de panecillos, sintió como alguien chocaba con ella tumbándola al piso.

Era un joven dúnedain que estaba algo pasado de copas… de cabellera oscura y ojos claros, su piel dorada por el inclemente sol tenían un divertido tono rosáceo característico de quienes bebían.

- UPS… ¡Lo siento hija! Comentaba mientras intentaba ayudarle a ponerse de pie y los que estaban alrededor suyo no paraban de reír tras confundir su brazo con una pierna, sujetándola con una mano armando un tremendo espectáculo.

La joven enojada lo apartó de un empujón mientras se levantaba rápidamente sacudía su vestido y observaba como los panecillos derramados por el piso ya estaban arruinados, bajo los torpes pies del dúnedain.

El joven al acercarse e intentar disculparse, hizo una extraña reverencia, perdiendo el equilibrio y terminando con su rostro directamente en el pecho de la mujer, quien le dejó la mano marcada en el rostro de un bofetón por más de una semana, tras la burla de todos sus compañeros.

-¡Esto es el colmo! Gritaba Auriga tras sacar furiosa su espada para ir en contra de aquel guerrero, tan enojada que a penas la podían sujetar entre cuatro personas, mientras otros sonrientes soldados levantaban a un inconciente joven para llevárselo lejos del alcance de la muchacha quien se liberaba estrepitosamente de quienes la detenían lanzándolos lejos; con un grito que se escuchó hasta el cielo, tras una corta persecución, perdió de vista a los que se llevaban al joven borracho.

Y así pasó una semana, entre murmullos y risas de sus compañeros, los cuales se detenían cuando la enfada Auriga los miraba con chispas en los ojos provocando escalofríos hasta en el que se jactaba del más valiente.

– Ojala que no se le ocurra aparecer el pobre, lo que le espera… cuando se enoja es peor que un wargo escucho una tarde mientras caminaba entre las tiendas de los demás soldados, quienes al percatarse que habían sido escuchados por la joven salieron corriendo hacia dentro de la tienda de campaña del capitán para resguardarse.

Mas, una tarde en que llevaba a los caballos a los bebederos, un ramillete de flores le cayó en los pies desde un árbol. La joven al mirar hacia arriba, observó al sonrojado dúnedain sentado sobre una rama.

Mientras se escuchaba un crujir seco y ver como las hojas volaban arremolinadas del árbol se escuchó un ¿Me perdonas? mientras caía estrepitosamente al suelo a los pies de la joven. Al levantarse del suelo con su cara aún marcada por la mano de la muchacha y después de mirar hacia ambos lados para ver si alguien más había contemplado su caída, se le escuchó decir temerosamente – perdóname, es que no estoy acostumbrado a la bebida y menos a esos brebajes élficos.

La mirada de Auriga se fue suavizando al percibir que las palabras del joven eran dichas con verdad y sonrió al ver como recogía el ramillete de flores y se las extendía nerviosamente como esperando una paliza y sin darse cuenta que las estaba sujetando al revés.

-y ¿Cuál es tu nombre?

- Elkhaz.

-Qué extraño nombre…

-Bueno, si, ocurrencias de los padres. Como no se ponían de acuerdo en si poner el nombre de mi abuelo materno o del paterno, juntaron el inicio de los dos formando este.

Un fuerte dolor la hizo volver a su realidad… - ¡La herida es profunda! ¡No puedo detener la hemorragia! Escuchó de repente tras sentir que se le enfriaba el cuerpo. Aún consciente, oía todo lo que comentaban los médicos… - ¿Qué? el capitán la sacó de la batalla... –Por el ataque que recibió habría sido la muerte segura también para ella…

Ante el trabajo de los médicos del lugar, sus ojos se centraron momentáneamente en un rayito de luz que caía sobre una vasija. Era Extraño, no estaba nerviosa y ya no sentía dolor en su cuerpo, ya no sentía su cuerpo.

Las cabalgatas matutinas se hicieron un hábito para los jóvenes, ante la mirada atónita de sus compañeros los que se preguntaban como es que seguía vivo el dúnedain. Siempre se les veía compitiendo a cada momento, mas con la espada nadie era capaz de vencer a la joven, quien reía, jactaba y saltaba cada vez que ganaba en algún combate de entrenamiento. Los demás los veían de un lado hacia otro al igual que niños siempre jugando y a veces discutiendo hasta por un caramelo, lo que muchas veces les hacían olvidar a la compañía que se encontraban en tiempos de guerra, e incluso olvidando que aquellos que parecían niños jugando eran de los mejores combatientes.

En una cabalgata de rutina hacia los lindes del campamento, de entre los matorrales salió estrepitosamente una bandada de aves asustando a los caballos y lanzando lejos a la joven pendiente. Al volver en sí, el joven arrodillado a su lado le acariciaba la frente, mientras sus ojos claros la observaban con ansiedad.

- No he querido moverte por temor a hacerte daño, ¿Cómo te sientes?, ¿Te duele algo?

La joven no dijo palabra alguna, no estaba herida solo algo aturdida pero no por la caía sino por aquella mirada hipnotizante que se acercaba lentamente mientras una cálida mano se posaba en su mejilla recorriendo suavemente su piel palpitante hasta su pecho.

Unos temblorosos labios rozaron los suyos tímidamente al comienzo, para luego perderse completamente recorriendo cada milímetro de su cuerpo. Los níveos brazos de la joven recorrieron la gruesa espalda de aquel dúnedain, a la vez que se le escapaba un suspiro de sus labios húmedos al sentir como le arrancaba el vestido. Lentamente cayeron los ropajes del joven, mientras su cuerpo ardiente ansiaba descubrir por completo la suavidad de la joven nerviosa por aquella sensación que le brotaba desde sus entrañas. Las enormes manos del dúnedain recorrieron aquel jadeante cuerpo, mientras sus ojos se centraban en la mirada de Auriga, aquellos ojos de miel, y con determinación separó las piernas de la muchacha, entregando el alma en una bella danza, un nuevo juego del cual solo los árboles eran testigos.

- Sus ojos, eran como esa luz… comentó suavemente mientras una lágrima brotaba de sus ojos, a la vez que el frío y la pérdida de sangre la debilitaban llevándola a las sombras.

El recuerdo de un murmullo, un silbido que entonaba una melodía a la caída del sol, tras el abrazo de unos cálidos brazos que cubrían su cuerpo desnudo y una promesa al viento…siempre miraremos hacia delante, pase lo que pase, recuerda que estamos en guerra… de improviso brotaron las imágenes de la batalla, del fuego producido por el enemigo para abatir a los guerreros, el cual separó sus caminos.

El recuerdo de su imagen agitando una mano y gritándole que se encontraba bien – ¡no te preocupes por mí, de ahí nos veremos! Fue lo último que escuchó de sus labios, mientras concentrada en la batalla pensaba, -no tengo por qué preocuparme - él es un buen guerrero.

Mientras esquivaba sonriente el torpe ataque de unos guerreros del enemigo observó a lo lejos al joven frente a frente a un troll gigantesco. La angustia brotó en su corazón ¡Corre! Decía en su interior sin percatarse que había sido rodeada por un grupo numeroso que le cortaba el paso. Luchando con desesperación sintió como una espada entraba en su espalda perforándole un pulmón. Escupiendo sangre por su boca y soportando el dolor de la herida siguió peleando hasta decapitar a varios de sus oponentes. Ante el temblor de sus piernas y la debilidad que empezaba a inundar su cuerpo, entre varios guerreros la tumbaron como una gran ola entre golpes de espada.

Una brisa refrescante rozó su rostro mientras unas delicadas telas danzaban con ella, dándole la bienvenida mientras Auriga abría los ojos.

-¿Fue todo un sueño?

Al intentar levantarse fue detenida por un elfo. – no es prudente que te levantes, perdiste mucha sangre y debes recuperar fuerzas.

- Entonces no fue un sueño.

- Lamentablemente no, lo siento, le teníamos mucho aprecio a Elkhaz.

Las palabras del elfo le petrificaron el alma.

– no puede ser…

Ante la mirada angustiosa de la joven el elfo le comentaba – fue un troll, su cuerpo ya fue enterrado para evitar que fuese destruido por las bestias.

- Necesito ir a verle.

- Te estas recuperando bien, pero si te levantas tu herida puede abrir.

-Necesito ir…

El elfo al entender el dolor de la joven la cubrió con una manta y la llevó hacia donde reposaba el cuerpo del joven guerrero. Al llegar frente a la improvisada tumba, acarició la tierra mientras la bañaba con sus lágrimas.

- no te preocupes…seguiré adelante, hasta que volvamos a vernos.

Mientras la joven se levantaba, agradeció a aquel elfo que se encontraba junto a ella, y caminó para observar y participar de los rituales hacia los demás caídos.

Escrito el 10-01-2006 03:37 #2

Los Valar otorgan un 40% de recuperación de vida para Auriga.

Historia finalizada.