La Guerra de los Clanes

Historia Por Vida. Alianza. Narairë

Terminada
Escrito el 07-01-2006 13:32 #1

Una leve brisa se colaba por la habitación y refrescaba el ambiente, un escalofrío revolvió el cuerpo de Narairë y la hizo despertar de su plácido sueño. El fuerte golpe en su cabeza la había dejado inconsciente durante varios días. Muy despacio, se levantó y se acercó a la ventana abierta. Desde ella se podía ver el bosque de Tarenúva en todo su esplendor, una vasta extensión de árboles y plantas. Narairë suspiró, hacía demasiado tiempo que no se dejaba perder por un bosque, que no descansaba tendida en una rama de algún gran árbol, que no se refugiaba en el cobijo se su sombra. Aún se sentía algo mareada y se aferró fuerte al alféizar de la ventana mientras un fuerte olor a madera y a hierba recién cortada llenaba sus pulmones. Le encantaba esa fragancia, le hacía recordar otros tiempos, aventuras, personas... fue entonces cuando una serie de imágenes comenzaron a pasar rápidamente por sus ojos, la velocidad a la que pasaban hacía casi imposible verlas y, al intentar concentrarse en ellas, las fuerzas le fallaron y Narairë cayó desplomada en el sillón.

Y entonces ya no estaba más en esa habitación. Estaba en medio de un bosque. Extrañada comenzó a mirar a su alrededor. Estaba descalza y el vaporoso vestido blanco que llevaba no la protegía del frío. Se sentó al cobijo de un árbol y colocó sus manos alrededor de sus rodillas. Tiritando allí sentada escuchó el ruido de unos cascos de caballos. Sobresaltada se levantó, se escondió detrás del tronco y esperó para ver quien era. Cada vez estaba más cerca, apenas unos metros... ya está aquí. Inclinó un poco la cabeza para alcanzar a ver quien era el jinete y de pronto un grito de exclamación salió de su boca. El jinete era... era ella misma. ¿Cómo podía ser aquello?, ¿cómo podía estar contemplando su propia imagen? Temblando, salió de su escondite y se acercó al caballo... y sin embargo esa otra... esa otra “ella” parecía no verla... caminó por delante de ella y siguió sin darse cuenta de que estaba allí...

- Porque no estoy aquí - susurró Narairë.- Esto es sólo un sueño, o un recuerdo... uno extraño, pero sólo eso.

Se quedó mirándose a ella misma y pudo reconocer alguna de las ropas que llevaba. Esa capa era la que utilizaba cuando recorría los bosques en busca de venganza. Cuando era una fugitiva...

Decidió volver a sentarse junto al árbol. Si aquello era un recuerdo, quería ver cual era.

La otra Narairë desmontó de su caballo y comenzó a andar hacia el río. Se sentó en la orilla y comenzó a acariciar el colgante que pendía de su cuello.

“¿Cómo hemos podido perder su rastro?, han desaparecido sin más. Ni siquiera se han dignado a plantarnos cara. Han huido como si el mismo diablo les llamara... pueden estar en cualquier parte, este bosque es enorme An-Pharaz”. Su nueva capacidad le intrigaba. Podía comunicarse sin hablar... y sin embargo no tenía a nadie aparte de su caballo para intentarlo.

- Así nunca sabré si realmente puedo hacerlo...

Tumbada en la hierba mirando al cielo intentó relajarse... pero un extraño olor a sangre la sobresaltó. Se puso en pie y comenzó a oír ruidos de batalla. Sin pensarlo dos veces, no solía hacerlo mucho, comenzó a correr hacia la fuente de los ruidos. Y entonces cesaron, sólo el murmullo de una catarata próxima rompía el silencio.

Siguió corriendo entre los árboles hasta que un claro se abrió ante ella. Un enorme lago se extendía ante ella y en la orilla pudo distinguir el cuerpo de un elfo. Lentamente y sin parar de mirar a su alrededor se acercó a él. Se agachó y tocó una de sus manos. Estaba frío... “Está muerto...” pensó. Se levantó y se dispuso a decir unas palabras en el lenguaje antiguo, unas de despedida, cuando el elfo empezó a moverse ya murmurar.

- Ithaldin... Iii... thaldin.

- Ithaldin... no me suena... ¿Quien es?, ¿Dónde está? - dijo Narairë, pero el elfo no le respondió y volvió a desmayarse.

Volvió a agacharse y de un silbido llamó a An-Pharaz, que apareció casi al instante. “Vamos a llevárnoslo de aquí, por si vuelven a buscarle”.

Montó al desconocido en el caballo y se alejaron, volvieron a la orilla del río donde antes estaba.

- Necesita cuidados... su vida está casi apagada... no puedo dejar que muera solo.

Rápidamente sacó de una bolsa atada a su cinturón algunas hierbas y comenzó a ponerlas sobre las heridas del elfo. “Espero que esto sirva...” pensó.

Durante la noche estuvo vigilante, atenta por si se presentaba algún problema. Además, el sueño del elfo había sido inquieto. Pero la fiebre había disminuido. Era una buena señal.

No creía que el elfo pudiera oírla, así que decidió entrar en sus pensamientos y tratar de calmarle. “Trata de tranquilizarte desconocido, tus enemigos están ya lejos. Duerme y recupérate. Yo estoy contigo”. Estas palabras parecieron calmar al elfo, que dejó de moverse y murmurar.

Todo el día pasó Narairë cuidando al desconocido y a la mañana siguiente, éste se encontraba fuera de peligro. La elfa comenzó entonces a recoger sus cosas. Mucho había pospuesto su viaje y ya no podía hacer más por el elfo.

Se acercó y se arrodilló ante él, le quitó la capucha y apartó el pelo de su cara.

- Que Eru te proteja a partir de ahora y que encuentres tu camino. Ahora duerme tranquilo.

Mientras decía esto, le dio un beso en la frente. El elfo abrió los ojos, pero aun somnoliento, sólo alcanzó a ver la silueta y el negro cabello de una mujer antes de volver a dormirse.

Narairë montó en su caballo y poco a poco se fue alejando hasta que sólo fue un punto en el horizonte. La niebla cubrió todo y entonces... ¡volvía a estar en la habitación! Había despertado y... perdió de nuevo la consciencia y su cuerpo se precipitó sobre la cama. Una intensa niebla cubría todo cuanto veía. Estaba de nuevo perdida en una especie de abismo de tiempo y espacio pero pronto comprendió donde se hallaba.

Estaba en uno de los bosques de Tarenúva. Sin embargo, carecía de forma corpórea, contemplaba desde el aire como un cubil de arácnidos, dirigidos por una araña que sería proporcional al tamaño de 6 hombres, se disponía a asesinar y devorar a un elfo…

- ¡Era Fëathoron! ¡Era él estoy segura! - empezó a gritar mientras se levantaba bruscamente de la cama.

- Mi señora, aun no está recuperada. ¡Mi señora! - gritó una de las enfermeras mientras corría tras ella.

Pero Narairë estaba ya saliendo de las casas de curación. Fue vagando por las calles hasta que encontró un soldado.

- Soldado, ¿habéis visto a Fëathoron?, tengo que encontrarlo, rápido, ¡contestad!

- Mi señora - dijo el soldado extrañado - le vi dirigiéndose al bosque de Tarenúva.

- Gracias y lo siento... - dijo Narairë mientras comenzaba a correr otra vez.

- ¿Por qué lo sien... - dijo el soldado.

No pudo acabar la frase porque Narairë en un rápido movimiento le quitó la espada.

- Mi señora, mi señora ¿donde vais? ¡Mi señora, estáis descalza! - gritó el soldado.

Pero Narairë estaba decidida. Tenía que encontrar a Fëathoron, tenía que contarle que ya se conocían. Además, sabía que estaba en peligro...

Narairë iba a toda prisa por el bosque sin pensar en nada más que el bienestar de Fëathoron. Llevaba la espada en la mano y la empuñaba con gran valor, dispuesta a luchar contra lo que se interpusiera en la salvación de Fëathoron. Corría frenéticamente sin darse cuenta el numeroso riesgo al que se estaba exponiendo. Con pasos raudos Narairë esquivaba troncos, barrizales, ramas y demás obstáculos.

Su cuerpo comenzó a recuperar sus fuerzas y a entrar en acción, notaba como un cosquilleo le recorría el brazo izquierdo, pero no tenía tiempo para pensar que era. Narairë sin darse cuenta estaba comportándose de una forma que ella misma nunca habría reconocido, no creía que tanto valor y fuerza estuviera en su interior, menos aún pensaba en que sería capaz de tomar decisiones con esa tenacidad y decisión como hacía ahora. Estaba asombrada de ella misma lo cual le otorgaba más energía y más concentración. Estaba superando sus miedos, dejando atrás sus complejos y dejando a un lado esos pensamientos que tenía de si misma, de que no era capaz o no estaba cualificada para la acción. Sin embargo, ahora era no una reina por su corona o por sus vestimentas, era reina por sus actos y por el valor y coraje expuestos para salvar a Fëathoron.

Fue entonces cuando por fin divisó a lo lejos a Fëathoron, arrinconado por esos viles arácnidos. Una araña gigantesca los guiaba, era peluda y de color negro, baboseaba a borbotones veneno de sus quilíferos y sus numerosas patas articuladas se movían ágilmente hacia el elfo el cual horrorizado contemplaba la escena de la que pudiera ser su muerte. Narairë se interpuso entre el elfo y el grupo de arañas y…:

- Vosotros, seres impíos de la oscuridad, apartaos de él o lamentaréis el día en que vuestra madre al traeros al mundo os maldijo al daros un destino de muerte, muerte que yo os traeré.

Narairë no bromeaba, estaba furiosa y su respiración cobró fuerza, señaló con su mano izquierda a una araña y el hormigueo desapareció, en cambio un potente chorro de agua impactó contra una araña de tamaño similar al de Fëathoron y la convirtió en miles de pedazos que se repartieron entre todos los arácnidos.

- Si no os retiráis, juro que vosotras y todo vuestro cubil pereceréis ante la furia que desataré sobre vosotras y no habrá lugar para la piedad y menos para la compasión para unos seres tan abominables como vosotras, criaturas fortuitas, salidas de las entrañas de la tierra con el único fin de sembrar el pánico…ahora yo os devolveré todo con vuestra propia medicina…muerte y destrucción.

La voz de la reina permanecía firme.

- Aggg, esto es lo más repugnante que mis ojos han visto... ya era hora de que alguien apareciera... - comentó el elfo al ver los trocitos de la araña demolida por Narairë

- ¡Calla y lucha cobarde! -dijo Narairë recriminando al elfo.

- ¿Narairë?- el elfo estaba absorto en la forma de actuar de la reina y en su aparición.

- No busques compasión cuando pretendías abandonarnos. No eres más que un estúpido... bien deberías saber ya cuales son los sentimientos de los que te queremos. Y ahora... ¡casi consigues acabar muerto! Lucha y demuéstrame que no he de arrepentirme por haber venido hasta aquí arriesgando mi vida.

- Sí mi señora - contestó Fëathoron agachando la cabeza.

- No es tiempo de formalidades. Soy yo, Narairë, tu amiga, ante todo. Defiéndete, ¡acabemos con estas hijas del demonio!

Ambos elfos entrecruzaron sus miradas y sonrieron. Sus espadas estaban empuñadas y listas para el ataque. Sin esperar movimiento alguno por parte de los arácnidos, Fëathoron se lanzó hacia ellos. Sus ojos emanaban furia y valentía y Narairë juraría que vio un rayo de luz emanar de la espada del elfo... sacudió la cabeza y se lanzó al ataque detrás del elfo, el cual ya había conseguido acabar con tres de aquellos inmundos animales.

Negro es el color que mejor definía la visión de la reina. Entremezclada con las arañas, blandiendo su espada y atravesando extremidades, una maraña negra era lo único que alcanzaban a ver sus ojos. Decidió cerrarlos y dejarse llevar por su instinto, al fin y al cabo sus ojos no la ayudarían mucho ahora. Pequeños destellos cruzaban su mente, veloces halos de luz que le permitían intuir el movimiento de las arañas. Comenzó a mover su espada de un lado a otro, destruyendo todo lo que encontraba a su paso. Miles de chillidos, gritos de sufrimiento rompían el silencio. Y entonces cesaron. Narairë abrió de nuevo los ojos. Estaban muertas, todas menos una. Era monstruosa, de su boca emanaban líquidos viscosos y sus patas eran del tamaño de dos hombres. Un escalofrío recorrió el cuerpo de la elfa cuando vio que Fëathoron se acercaba sin miedo hacia aquel animal. Y entonces comprendió que esa no era su batalla. El elfo debía demostrarse a sí mismo de lo que era capaz.

La araña no esperó más y se lanzó hacia el cuerpo de Fëathoron, que la esperaba con una sonrisa de la malicia.

- Ahora verás... desearás no haber nacido. Nada me harás, ni a mí ni a mi reina.

Con unos rápidos movimientos el elfo esquivó los ataques de las patas de la araña y consiguió herirle en cuatro de sus patas. Cojeando, volvió a atacar. Fëathoron blandió su espada a la altura del pecho y la mantuvo firme. Cuando el animal llegó a su altura no pudo esquivar el metal, que se clavó a la altura de su boca. Narairë se tapó los oídos, los gritos de la araña eran muy agudos. Revolvió sus patas y cayó boca arriba en el suelo.

- Se acabó... - dijo Fëathoron suspirando aliviado.

- Por hoy... pero sabes que mañana nos esperará algo no muy diferente - respondió Narairë con desdén.

- Siempre que mi espada pueda clavarse en ello...

Los dos estallaron en carcajadas mientras se alejaban del bosque.

ESCRITO POR NARAIRË (ELBERETH_ELENTARI)

Escrito el 10-01-2006 03:40 #2

Los Valar otorgan un 40% de recuperación de vida para Narairë.

Historia finalizada.