[...] se despertó sobresaltado Morkáno, sacado de sus propios pensamientos.
- ¡ Que demonios! -. exclamó el comandante, en tono de reclamo.
A lo lejos, el sonido de las trompetas anunciaban que la batalla no tardaba en dar inicio, todo el valle en el que se encontraba estaba repleto de soldados de su propia compañía, en los que se contaban los humanos y enanos. La mayor multitud se encontraba formada por los orcos, quienes portaban cimitarras a su propio estilo, mas allá, una docena de trolls cargaba unas pesadas mazas, dispuestos a descargarlas sobre el primer infeliz que se encontrara a su paso.
- Somos lo bastante fuertes -. pensó Morkáno, a sabiendas que el enemigo con el cual esperaban dar no contaba con tales fuerzas como para resistirse un largo tiempo.
Era un valle rico, en el que se encontraban, repleto de arces y malezas por doquier, las zarzas abundaban en él, proveyendo a un viajero comida segura para varios días, un pequeño arroyo lo cruzaba rápidamente, haciendo que la zona fuera realmente fértil; era una lastima que al caer la noche se convirtiera en un verdadero horno y las lenguas de fuego lamieran la corteza de los grandes arboles.
[...] estaba sentado en su cómoda, analizando los pliegues del terreno cuando oyó acercarse a galope tendido un caballo, se frenó a la entrada de su tienda, y un humano entro para conversar.
- ¡ Dehar! Es preciso partir en ese momento, el enemigo se acaba de enterar de nuestra estancia aquí, ha reforzado sus líneas y tomado posición defensiva, conocen demasiado bien estas tierras, y es un punto a su favor, ¡ necesitamos partir ya!-. gritó jadeantemente el humano.
- Es una pena que no tengas el control de esta compañía Morkáno, porque harías lo que quisieras, claro, pero nos llevarías a la ruina eterna!, no confiare en tus agudas observaciones el control de mi ejercito, he mandado hace unos días mensajes a nuestros aliados, y se nos informa, que el enemigo esta inactivo y vulnerable por el momento -. dijo Dehar irónicamente – además, no debemos precipitarnos, ya sabes que paso con Barokin, la ultima vez por fuentes irrelevantes movió a una compañía de siete mil soldados, hacia un supuesto campamento opuesto, solo para quedar atrapado en un pantano, no seguiré lo que tu me dices, no -.
- Lastima que sigues siendo un idiota Dahar, recuerda que tenemos el mismo rango, solo que hoy se te asigno a ti el movimiento de tropas, vamos, de quien obtuviste la información, ¿de los aliados?. Sabes que ya os han traicionado antes, y no llegaron noticias de que intercambiaban nuevas con el gran enemigo, no debemos fiarnos de su lealtad, porque si lo hacemos, es probable que perezcamos en esta guerra -. respondió Morkáno – solo debemos de fiarnos de nuestro propio instinto -.
- Eso es lo que e hace débil, tu orgullo comandante oscuro, pero vamos, compruébamelo, estoy seguro de que si hay enemigos al otro lado de la montaña, debe de haber exploradores rondando por los alrededores, ¡tráeme una espada del contrincante, esas de mango dorado, tráemela, y si es así, te cedo el control de la compañía, si no es cierto lo que dices, solamente a la próxima acata mis decisiones y calla tu inmunda boca Morkáno -. Lo retó Dahar, seguro de que no aceptaría tal desafío.
Puesto de ese modo, Morkáno acepto el desafío con orgullo tomo su espada y se puso en camino, el objetivo le era incierto, pero sabia que debía recorrer unas buenas leguas para encontrar exploradores, tomo a Daemor, su cabalgadura, y partió hacia el sur.
[...] el sol ya había avanzado, la tarde comenzaba a caer, los arboles que lo rodeaban parecían mas oscuros a cada momento que pasaba, y entre el bosque, corría Daemor llevando a Morkáno, no faltaba mucho para llegar, cansado como se encontraba, decidió que era bueno pararse a descansar, y por el momento, inspeccionar los alrededores. Estaba Durthaur inclinado sobre un helecho, viendo unas pisadas, cuando oyó un relincho, era Daemor, que huía raudo de regreso al norte, algo lo había ahuyentado. Se levanto y alzo a la vista, no se veía nada, por lo menos a ojo humano, estaba por darse la vuelta cuando sintió la frialdad dl metal perforar su costado derecho por la espalda. Giro el torso para ver quien lo había agredido, dos elfos reunidos junto a un haya, con una sonrisa de oreja a oreja lo contemplaban cruelmente, lo único que alcanzo a recordar, fue, la empuñadura de la espada de uno, era dorada, y después de esto, se desvaneció.
[...] las sombras reinaban aquel lugar, no podía decir que tan grande era el espacio en el que se encontraba pero parecía pequeño, ya que el aire no fluía demasiado y los ecos morían rápidamente. En el ambiente había un olor bastante desagradable, algo semejante como a podredumbre, ha cuerpo estancado por varios años, estaba frío, tan frío como los grandes hielos del norte, pero más desgarrante.
Estaba así, entumido y lleno de temor cuando oyó un canto, o más bien parecía un hechizo.
- Que el invierno llegue hasta tu corazón, que sepas, que la guerra se ha perdido, que el horror domine completamente tu razón y la victoria, se halla por siempre escondido.
Que se te enfríen los ojos, el alma y las manos, que la desesperación te deje la vida cerrada, que no encuentres el descanso con Mandos, y que la sombra nuble, eternamente tu mirada -.
Esto fue lo que oyó Morkáno, la voz que pronuncio las palabras parecía determinada a arrebatarle la vida, a no dejarlo nunca mas de pie, lo siguiente que le ocurrió fue demasiado pesado para el, el frío, el horror que nunca duerme, lo atosigaba diariamente, varias veces se encontró con unos ojos malignos que lo observaban en la oscuridad, y a partir de ahí, compendio, que no era lo suficiente malvado el mismo como había creído. Así Morkáno cayo en un letargo de pesadilla y temor.
(...) el cuarto oscuro en el que dormía, ahora por azar se encontraba iluminado por una tenue luz rojiza, que iluminaba las profundidades del abismo, Morkáno se levanto, y echó una mirada alrededor, solo para comprobar la fuente de la luz, y ahí estaba ella.
- ¡ Tú de nuevo! -. gritó imperiosamente Morkáno.
- Si Durthaur, soy yo de nuevo, y parece que de nuevo has caído -. le respondió Serkealda
- He caído porque así lo han querido mi capitán, que se ha negado a escucharme -. Menciono Morkáno.
Serkealda lo miro fijamente, así lo había encontrado ahora 7 años atrás, en el campamento Numenoreáno, solo que ahora parecía mas viejo pero más peligroso, sombrío era, por cierto y le dijo – La ayuda siempre es un buen huésped, dicen algunos, como tú lo comprobaras, así que aléjate e el muro oeste, pues por ahí saldrás, cruenta batalla se acaba de librar afuera, donde los tuyos han salido victoriosos, pero no con facilidad, se supo que fuiste capturado, ya que Daemor regreso sin jinete -.
- Pero... -. vaciló Morkáno.
- Debes confiar mas Morkáno, que los demonios de tu pasado no te molesten, una cosa, mas, no recordaras nada al salir, ese hechizo siempre te acompañara, para mal, nos vemos -. Finalizo Serkealda.
Y en el momento en que la dama abandono el calabozo, una explosión resonó en el abismo, y un buen trecho de muro y techo cayo, dejando al descubierto rayos de luz, salió Morkáno de la oscuridad n ese momento y unos gritos resonaron en el campamento ahora en cenizas.
- ¡ Capitán! ¡ Capitán!, encontramos a el comandante, aquí esta! -. Gritaron los exploradores al unísono.
Y así, Durthaur salió de las sombras que lo acogieron por días, para que lo recibiera el viento, y partió con sus hombres, que llevaban a Daemor, pero el se fue sin ningún recuerdo de lo sucedido.
...
