La Guerra de los Clanes

Batalla 124 - C5 Nurn Vs C3 Alianza

Terminada
Escrito el 13-01-2006 06:23 #1

Fin Guerra: Señores de Nurn deja de Atacar

Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 10

Armadas perdidas por \"Alianza de Eithel-Glîn\" = 16

Victoria para Nurn.

Escrito el 15-01-2006 11:38 #2

...

¿Por qué murió mi niño?

Porque estaba en mal sitio

¿Quién mató a mi tesoro?

Una espada lo mató

Aun era él muy joven

Como a una flor lo corte

Debería haber vivido

La cabeza le arranqué

¿Es que no ves mis lágrimas?

Lágrimas son de mujer

¡Oh!, eres Cruel...

No, no soy Cruel:

la Guerra Soy.

Fragmento de una canción popular hallada en la biblioteca de Ainamar, de origen desconocido.

Llegaron como Tempestad

Tempestad cargada de muerte

Relámpagos la anunciaron

Y truenos la acompañaron.

Así canta el poeta,

así recita el cantor,

con palabras redondas,

con palabras, a veces,

huecas.

Yo no soy un poeta

y de la cítara

dulces sones

no hago brotar.

mis palabras son sencillas

como el agua que rápida

en el río se escapa,

Aun así escuchad

Y prestad atención

a mi historia atended:

Entre todas las historias de muerte y desolación hay una que en mi cabeza resuena, es una historia antigua, una historia de guerra. No es la más brillante, ni la más gloriosa, habla de una pequeña batalla en un oscuro lugar.

Habla de los antiguos Clanes, cuando la tierra estaba dividida. Años fueron de aventura sin fin, años fueron de grandes héroes y grandes gestas.

Del Norte venían los guerreros oscuros: los señores embozados y cubiertos con gruesas capas, sus soldados cubiertos de metal negro. Eran una terrible compañía del Clan de la llama de fuego, esos que luego, dicen algunos, conquistaron toda la tierra y extendieron el terror por un tiempo que pareció infinito.

Habían atravesado bosques y desiertos, ríos y estepas, porque cientos de millas separaban sus señoríos. Del Norte, a pocas millas de la Tierra Oscura, hasta el más lejano Sur, en las tierras australes de Haldadonóri, hoy de vago recuerdo.

Más de mil millas de viaje, en el duro invierno, atravesando bosques infestados de lobos, cruzando ríos helados, azotados por el viento, impasibles y fieros.

Orcos, elfos y humanos batían la tierra fría con paso acompasado. Fuertemente armados y con un solo objetivo: matar.

No era un gran ejército, sólo un puñado de soldados sin miedo, sólo una Compañía de Nurn.

Los Señores que los guiaban ya los conocéis, pues sus nombres se cantan en otras canciones, eran Nulkaiel la terrible y Faeryôl el Despiadado, eran Shulak el Infame y Barkoin el Cruel.

Como siempre, dirigían a sus tropas con mano firme y corazón de piedra pero ni una queja escapaba de la bien entrenada mesnada.

Los Señores avanzaban montados a caballo y la tropa los seguía a paso ligero. Las armaduras tintineaban en el silencio invernal y, ese ruido, mezclado con sordo redoble de los pesados pasos, se extendía por la llanura y entre los bosques como un aviso, como una señal siniestra de que la muerte se acercaba.

Se cuenta que no tardaron más de quince días en llegar a los lindes del gran Taurënúva, el inmenso bosque del Sur. Viaje que antes y después hicieran otros, pero pocos con tanta celeridad y ninguno con tanta maldad.

Se derramaron como un torrente desbocado en el hayedo oscuro. Ese día había niebla, mucha niebla, que se pegaba a los altos y pardos troncos y se deslizaba lentamente en el bosque húmedo. Provenía de la tierra, cubierta de hojas muertas y del Sîrfalle, que se escapaba estruendoso entre hayas, acebos, robles y piedras musgosas hasta desembocar en el Mar Interior.

Las elevadas copas, aun haber perdido parte de su vivo follaje, velaban el sol y las estrellas y tuvo que ser el río quien los guiara al Sur. Así pues siguieron el Sîrfalle por su orilla occidental, en la que se abrían amplios claros y sobre la que se asomaban gigantescos y viejos sauces, que acariciaban con sus lánguidas ramas la superficie fría del rápido río.

Fue a la altura de Tyelpëosto, antigua ciudad del Sur, donde el río describía una marcada curva que lo dirigía al poniente, donde dejaron las aguas que los habían guiado y se internaron en el bosque, directos hacia la Capital.

Tres días a paso vivo entre árboles antiguos, entre sombras largas y frías, tres días atravesando una niebla helada que no quería ni podía levantarse.

La tropa estaba alerta, se habían mandado a exploradores expertos, orcos escurridizos de fino olfato y, en esa tiniebla perpetua, aguda vista.

Uno regresó al poco tiempo de ser enviado, su nombre aun se recuerda, era Mork, y traía noticias: Había sido descubierta una compañía enemiga, a pocas millas de la ciudad: estaban de guardia, defendiendo su hogar, pero la niebla era espesa y cegaba los ojos de los vigías.

Por fin habían llegado, su largo viaje había dado su fruto, esa era su meta. No, no querían tomar la ciudad, sus fuerzas no eran suficientes, su misión era otra, su misión era matar.

Los Señores eran Nulkaiel, Faeryôl, Shulak y Barkoin. El enano y la elfa desmontaron. Barkoin para dirigir a los orcos de pesada armadura hacia el centro de las fuerzas enemigas y Nulkaiel para capitanear a los arqueros que harían llover la muerte desde la distancia del bosque velado. Shulak, el hombre dragón, y Faeryôl, que siguieron montados, guiaron a la infantería pesada hacia los flancos, Shulak al Sur y Faeryôl al Norte.

La blanda niebla y el blando suelo tapizado de húmedas hojas rojizas, amortiguaron el ruido... hasta que el silbido de las flechas negras, suave, casi imperceptible, se convirtió, a oídos de la Compañía de la Alianza, en un grito de guerra. Y luego sonó el cuerno de Shulak, y le respondieron cientos de voces poderosas, que pedían sangre, que ofrecían dolor.

El campamento se levantaba poderoso en un claro del bosque, tiendas grandes y bien dispuestas se extendían a la sombra, en la penumbra húmeda de la niebla, perdiéndose sus contornos y apagándose los brillantes colores de sus estandartes.

Las flechas cayeron como una enfermedad negra, indiscriminadas y mortales. Y luego vino el bramido, y los gritos de guerra. Y aparecieron salidos de la nada, surgieron de la niebla. Sus caras eran el horror y sus armas la muerte.

Desprevenidos como estaban, la compañía de la Alianza, no pudo defenderse de la primera embestida. La horda de Nurn había calculado con precisión el ataque y como lobos, hambrientos y astutos, acosaban a su presa.

Por el Sur atacaba Shulak, por el Norte Faeryôl, Nulkaiel dirigía a los arqueros que, ahora, después de dos descargas mortíferas, se unieron al ataque de los orcos de Barkoin.

Cuenta la leyenda que se entabló en ese claro un batalla digna de renombre, cuentan los cantores acciones de mérito y valor. Porque allí murieron muchos valientes y espadas hábiles se cruzaron y chocaron, en medio de la niebla densa, en medio del rugido del combate.

Tal como se destaca un águila de un halcón, en la batalla despuntaron los héroes de ambas compañías, porque ninguno de ellos quería ceder en valor, y así, sobre la turba de valientes y sobre la horda monstruosa de Nurn, destacaban, brillantes, Nulkaiel, Shulak, Faeryôl y Barkoin, Fëathoron, Dregnor y Haradriel. Nombres todos que recuerdan las canciones y durante más de mil años lo harán.

Pero ese día, en el claro del hayedo de Taurënúva, cerca de Tyelpëosto, la victoria se decantó por Nurn. Ese día sus espadas cortaron más, sus ojos brillaron con más furia y la guerra les fue propicia.

Pero ni siquiera los grandes pueden escapar a la malicia de la guerra, porque ella no distingue a vasallo de señor y a todos hiere por igual.

La sangre corrió y nutrió la tierra fresca y los aullidos se levantaron hiriendo las estrellas y el sol.

Llegaron como Tempestad

Tempestad cargada de muerte

Relámpagos la anunciaron

Y truenos la acompañaron.

Así canta el poeta,

así recita el cantor,

[Editado por elfo_negro el 17-01-2006 22:07]

Escrito el 17-01-2006 22:16 #3

Sobre la seca tierra el cielo había llorado. La humedad ascendía y el ambiente se cargaba, estaba viciado por el hedor de la sangre derramada en arcaicas guerras. Ese mismo día el elfo había sido testigo de cómo un hombre apuñalaba a su pareja, una bella mujer madre de tres hijos, en un ataque de cólera…ante la vista de sus hijos cuyas lágrimas se inmolaban impactándose contra el frío suelo.

A la madrugada, las nubes habían descendido a la tierra y ahora en forma de una densa niebla se apropiaban de la superficie de Arda para pulverizar y absorber el hedor que desprendían las tierras en las que corrió la sangre…

A pesar de todo, la vida seguía…y el elfo seguía atada a ella, era temprano para ello pero se sentía unido ya a las fatigas de Arda y notaba el deterioro de su alma y contemplaba sin poder hacer nada como esa unión al mundo lo debilitaba y lo dejaba a merced de un destino caprichoso e iracundo.

La cosmovisión que tenía del mundo le hacía empezar a sentir repugnancia de los actos que criaturas puras, corrompidas por el hedor del mal, desempeñaban en las tierras que el pisaba…no podía soportar la balanza entre el bien y el mal necesitaba que el equilibrio fallase a favor del bien…pero no era en el mundo donde eso tenía que ocurrir sino en su interior, era su propia batalla y no la de los demás.

Fëathoron trepó un árbol y se sentó en la copa a contemplar el panorama…tras la línea del horizonte quedaban sus pensamientos sumergidos en la inalcanzable línea del más allá, con la luz viajaban sus esperanzas y los cielos surcados eran por su malestar, allí por donde pasaba solía centrar su mirada en la desgracia...

De repente el sonido de pisadas entre el follaje le sorprendió

-¿Quién anda ahí?-preguntó el elfo.

-Una servidora amigo mío, ¿haríais sitio para una dama que desea escuchar a vuestro corazón?- Con la dulce voz que le respondió ya sabía Fëathoron quien se encontraba bajo sus pies.

-Por su puesto mi señora, subid-respondió Fëathoron a Haradriel.

-¿Qué os ocurre Fëathoron?-preguntó.

-No lo se bella dama…no lo se realmente-respondió Fëathoron.

-El viento trajo las nuevas a mí. No busquéis donde no hay, no insistáis cuando ya no tienes porque hacerlo, no mires al pasado, contempla el futuro…aún tienes que vivir y aprender.-habló Haradriel.

-Tengo curiosidad, ¿Cómo el viento os habló de mí?-preguntó con intriga el elfo de cabellos oscuros.

-No querrás que en un segundo te desvele los encantos de la mística de mi sabiduría.-Haradriel soltó una carcajada.

-No, siempre con humor mi señora, eso anima a los que perdieron su camino a reencontrarlo…no cambiéis-dijo Fëathoron dirigiéndose a su acompañante.

El elfo y la Atani permanecieron conversando largo y tendido. Al cabo de un tiempo bajaron de la copa del árbol se dirigieron a la taberna de Tyelpëosto y cenaron juntos. Al final de la cena cada uno marchó a sus respectivos aposentos.

**********************************************************************

Los primeros rayos del sol aparecían acompañados de un alboroto silencioso, los pájaros revoloteaban intranquilos pero ningún ruido emitían, y según avanzaba la mañana una densa niebla tragaba todo cuanto quería. Haradriel se extrañó ante tan inusual comportamiento de la música matutina, pero no le dio mayor importancia pues sabía de buena mano que todas las ciudades de la Alianza estaban bajo una terrible amenaza, pero mientras hubiese paz mejor era no dar rienda suelta al pánico y dejar que este se adueñase de la población de la ciudad.

Haradriel se abrigó y se acercó a la ventana. La niebla hacía que su visión estuviese mermada completamente. Se asomó más y comenzó a cantar en una extraña lengua que nadie podía comprender…pero Fëathoron de golpe despertó. La dama a través del viento corrió la voz la de alarma hasta él y este inmediatamente se dirigió a los aposentos de Haradriel por si ésta estaba en apuros.

Pero no solo había susurrado al viento ayuda si no que le musitó un antiguo encantamiento que el soplo difuminó entre los civiles de la ciudad los cuales cayeron todos en un profundo sueño.

Fëathoron corría hasta el edificio presidencial cuando de repente un extraño escalofrío le hizo estremecerse.

Haradriel seguía solfeando…pero ahora ya si que no se supo con certeza que fue lo que ordenó, lo que si se sabe es que fue dirigido hacia Dregnor.

Fue justo entonces cuando ella terminaba de cantar que una saeta negra como el azabache impactó contra su pecho y en ese mismo instante Fëathoron irrumpía en la habitación.

El cuerpo de la Atani se endureció como una piedra y se desplomó sobre el suelo.

-¡No!¡Haradriel!-Exclamó con pánico el elfo que se abalanzó sobre ella.

-¡F…Fë..!-El cuerpo de Haradriel quedó completamente inmóvil y con su cara paralizada plasmando la mirada de dolor y orgullo de la mujer…

Fëathoron no sabía que ocurría, decidió tomar a Haradriel y recostarla sobre la cama pero no pudo su cuerpo rígido parecía pesar ahora lo que serían diez como ella. Al intentar levantarla olfateó algo extraño y con su nariz llegó a la flecha… ¡Estaba envenenada! Y seguramente fuera un veneno paralizador…Con lo poco que sabía de medicina se las apañó para sacarle la flecha la cual por fortuna no daño ningún órgano vital, ni se astilló, ni se fragmentó. Además la pudo sacar por la espalda creando un orificio de salida auxiliar y sin generar lesiones más graves a Haradriel.

-Querida aquí tengo este ungüento que Narairë me proporcionó para curar la parálisis provocada por un veneno, pero tiene un efecto secundario y es que actúa como inhibidor del dolor…por lo que no sentiréis más que una molestia pero estáis gravemente herida no acudáis a la batalla…

Fëathoron se marchó a combatir, había permanecido un largo periodo de tiempo en la habitación de su capitana y no sabía con que se encontraría fuera y si se habría organizado la defensa…ahora pensaba en la catástrofe que podía estar sucediendo por su culpa, y si Dregnor estaría en apuros o los atacantes habían llegado a derramar la sangre de los civiles…

Pero algo extraño estaba ocurriendo…en la ciudad no había batalla alguna, ni tropas, ni restos de una batalla…era extraño. Fëathoron rodeó el edificio presidencial y pudo ver como una sombra negra se escabullía entre la niebla…algo no encajaba, volvió a ver a Haradriel…pero… ¡No estaba allí!...Fëathoron estaba cada vez más confuso pero sabía a donde había acudido ella. Antes de ir en su busca se asomó a la venta y no vio restos de otras flechas que hubiesen entrado en la habitación o hubiesen chocado con los muros del edificio y caído sobre el suelo…estaba claro…Alguien había atentado contra la vida de Haradriel premeditadamente…

**********************************************************************

Desde hacía unos días Dregnor se encontraba al mando del campamento establecido a las afueras de la ciudad para la defensa de ésta. Allí los hombres que componían el ejército estaban en constante vigilancia y alerta para prepararse para un posible ataque pero no sabían cuando ni por donde vendría ese ataque por lo que las nuevas de la arremetida de Nurn les iba a causar una sorpresa un poco inesperada.

Silenciosas entre el cielo planearon las mortíferas flechas nurnitas, que consigo se llevaron numerosas bajas en el ejército de la Alianza. El ataque sorpresa llevado por Nurn le concedió la ventaja en el número de bajas y eso desequilibró las fuerzas por completo, otorgándoles una victoria prematura. Aún así la Alianza ese día combatiría hasta no poder más, incluso si eso significara el jugarse el todo por el todo.

Las espadas chocaban frenéticamente, unas cercenaban lo que encontrasen en su mortífero danzar, otras chocaban con sus iguales, otras lanzadas por los aires, incluso algunas quedaban alojadas en cráneos de enemigos y amigos…

Las dagas se retaban y batían en increíbles duelos de destreza y habilidad, los arcos se tensaban una y otra vez, y otra, y otra…Las jabalinas atravesaban sin piedad a sus objetivos y los cuchillos acariciaban con sus hojas los cuellos enemigos…Siempre se trataba de la misma canción…

Era la hora del contraataque y las fuerzas de la Alianza no se iban a amedrentar. Tras el grito de guerra de Dregnor una dura embestida contra el ejército de Nurn hizo que el punto de mira de la muerte se enfocase sobre ellos. Nurn percibía que la Alianza arremetía con dureza extrema. El contraataque hizo frenar drásticamente el número de bajas de los aliados y elevar las de los nurnitas pues la caprichosa muerte no se iba a quedar sin su cupo previamente establecido y de un lado o de otro tendría que segar las almas…

Dregnor luchaba con ímpetu y nada conseguía frenar su avance entre el ejército enemigo. Muchas proezas realizó en esa batalla entre salvamentos y asestadas infalibles, pero hubo un momento en que el Numenóreano, ya cansado de la batalla fue alcanzado por dos flechas, una impactó en su hombro y otra en su estómago. La sangre brotaba vivazmente de su cuerpo y su vista se nublaba. Dregnor se mantenía en pie a duras penas. De repente Haradriel irrumpió acompañada de un huracanado viento que mantenía alejado a cualquier enemigo, tomó a Dregnor y le llevó a la retaguardia y allí le entregó a un par de elfos encargados de llevar los heridos a las casas de curación.

Haradriel luchaba con valor y a penas sentía el dolor de su grave herida anteriormente causada. La Atani perdía numerosa sangre pero no lo notaba. Siguió luchando y nada la frenó e hizo que las tropas Nurnitas recolectasen lo que antes sembraron…el miedo…por allí por donde pasaba la dama Haradriel el terror y el pánico se inyectaba a presión en la sangre de aquellas viles criaturas…

Fue cuando Fëathoron llegó al seno de la batalla y con furia comenzó a combatir. Tomó su Sol Naciente y de un lanzamiento consiguió seccionar quince cabezas enemigas, mientras esperaba la vuelta de su arma arrojadiza luchaba y se defendía con sus dagas las cuales mortíferas y letales no dejaban ni un enemigo en pie. Sus ojos ahora se fijaron en la capitana que luchaba en el frente y sin notar que estaba gravemente herida continuaba lidiando la batalla. El elfo se abrió paso como pudo y en su camino otros cuantos cayeron, Fëathoron no era alcanzado por ningún arquero y en cambio este con su Sol naciente seccionaba sus cabezas, su plenitud física y mental le habían devuelto su espíritu guerrero.

Fue cuando llegó junto a Haradriel y mientras intentaba que ésta cediese por las buenas a retirarse a la retaguardia y dejarle a él en la vanguardia una espada dirigida contra la dama fue interceptada por Fëathoron el cual se interpuso para salvar la vida de Haradriel, el enemigo no contento seccionó la garganta del elfo lo suficiente como para que la sangre emanase sin control y este perdiese su habla en el instante.

La niebla aturdía sus sentidos que confusos le traicionaban, veía donde no había, oía lo que no podía, olía lo que no existía, sentía solamente la agonía. Una hoja de espada se cruzó en su danza bélica y tímidamente abrió sus carnes pero vorazmente las había atravesado…

-Es curioso la sangre que ahora emana de mi abdomen está caliente y aliviaba mis dedos afligidos por la escarcha engendrada al congelarse mi sudor… Mi corazón late desigual…que ritmo tan poco musical… Noto como cada vez que inhalo el aire este entra en menor cantidad algo obstruye mi respiración que extraña conmoción…-tras estos pensamientos el elfo se abalanzó sobre el suelo impactando contra el reguero sanguinolento encauzado por la batalla.

Nurn anunciaba la retirada, las tropas de los aliados habían triunfado…la victoria no era suya pero si el orgullo de no haberse retirado…Haradriel tomó a Fëathoron del suelo y taponando las heridas de su cuello y abdomen como pudo lo llevo hasta las casas de curación. Una vez allí la Atani sobre el suelo se derrumbó y atendida inmediatamente fue.

Escrito el 21-01-2006 12:06 #4

Resumen de la batalla.

Nurn ha perdido 10 armadas x35= 350 puntos.

Recuperables: 231 puntos.

Valoraciones: 9+ 9.2+ 8.6+ 8.4+9= 8.84

Recupera: 204puntos. Han solicitado daños del 50% que aparecen reflejados en la historia, por este concepto recupera 175 puntos. Total recuperacion: 379 puntos.

No pierde puntos.

Alianza ha perdido 16 armadas x35= 560 puntos.

Recuperables: 185 puntos.

Valoraciones: 9+ 8.8+ 8.6+ 8.6+ 7= 8.4

Recupera: 155 puntos. Han solicitado daños por un total de 125%, que aparecen reflejados en la historia. Por este concepto recupera 437 puntos.Total recuperacion: 592 puntos.

No pierde puntos.

Nurn recibe 150 monedas por batalla ganada.

Nurn entrega a Alianza 100 monedas por abandono de la batalla.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.