Fin Guerra: Valle del Ingenio se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 12
Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 10
Victoria para Valle.

Fin Guerra: Valle del Ingenio se retira del Combate
Armadas perdidas por \"Señores de Nurn\" = 12
Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 10
Victoria para Valle.
Vilmanion despertó en la cama. Cerró los ojos, otra vez se encontraba en aquel cuarto, el mismo que horas antes había abandonado presa de la desesperación de estar sin noticias, de estar encerrado…de entrar en batalla… Volvió a abrir los ojos, veía borroso, instintivamente frotó su mano contra ellos sin obtener un buen resultado, aunque sí el suficiente como para reconocer la silueta de una elfa junto a la puerta.
- Árawen- llamó entrecerrando los ojos para poder distinguirla mejor- no veo bien.
- Señor, es el efecto del sedante- respondió la elfa.
- -¿Dónde está Árawen?- preguntó el joven al descubrir por la voz que aquella elfa no era su esposa.
- Señor, la Dama Tindomë tuvo que partir…
- ¿Qué?- dijo incorporándose en la cama- No puede haberse ido…
Un dolor punzante en el pecho le impidió continuar la frase, la elfa se acercó rápidamente a él y le ayudó a tenderse de nuevo en el lecho.
- Estáis muy grave, Señor.
El druedain intentó rebatir esa afirmación a la sanadora pero no tenía fuerzas para hacerlo, sabía que ella tenía razón.
- La Dama me entregó una carta- dijo sacando un papel doblado del bolsillo de su traje.
Vilmanion sin decir nada extendió el brazo, la elfa comprendió el gesto y colocó la misiva en la mano del joven. El druedain deslizó los dedos por el papel hasta llegar al sello que lo cerraba, era el de Árawen, entonces quiso abrirlo y leerlo pero las fuerzas le fallaban, bastante hacia su cuerpo con permitirle que estuviera consciente. La elfa, ya fuera por intuición o por uno de esos extraños dones que Eru había concedido al pueblo de los Primeros Nacidos, cogió la carta y con cuidado introdujo su índice para romper el sello y desplegar el papel.
“Mi querido Vil, ¿por qué saliste de la habitación? ¿Acaso no te dije lo contrarío? Llegué herida de la batalla y esperaba encontrarte en el mismo sitio en el que te había dejado, pero no fue así. No te culpo porque sé que eres un espíritu libre y, principalmente, porque yo en tu caso habría hecho lo mismo.
Bien, si estás leyendo esta carta evidentemente es porque no he podido quedarme a tu lado. He intentado retrasar el viaje a Azdakadar todo lo posible, Aredhel ya ha hecho bastante por nosotros al demorar la partida de la Quinta Compañía por petición mía, que Eru la proteja,
a pesar de que la misiva del Rey Elboron era muy clara en que debíamos marchar con la mayor brevedad posible, comprenderás que no puedo aprovecharme más de nuestra gran amistad, por encima de nosotros está Valle y su deber como General es defenderlo.
Aun así, quiero que permanezcas ahí y no intentes ninguna locura. Te prometo que me cuidaré en la batalla. Si no, Aredhel ya me protege lo suficiente. No te preocupes por mi, estaré bien. Tu céntrate sólo en recuperarte de tus heridas, y en salir pronto de ahí, para que puedas volver a combatir a mi lado. Te quiero.
Árawen Tindomë”
Vilmanion releyó varias veces la carta, luchando por mantener los ojos abiertos y la conciencia. Y finalmente se recostó, apretando el papel contra su cara. Pudo detectar el tenue y dulce aroma de su amada en el papel, casi imperceptiblemente, oculto tras la tinta y las fibras, pero, él sabia que estaba allí.
-No debe moverse de la cama. Sus heridas pueden volver a abrirse con facilidad.—Le recordó la elfa.—Si necesita algo, toque la campana.
El druedain asintió levemente, y la sanadora se retiró, dejándolo solo con la carta, sus pensamientos y el dolor. Éste último no afectaba sólo a sus heridas, sino que también arraigaba dentro de él, por no poder estar cerca de Árawen, y por saber que esta correría innumerables peligros tan comunes en tiempos de guerra, mientras él permanecía allí, acostado en una cómoda cama, a miles de millas de ella.
Apenado, dejó que la oscuridad volviese a apoderarse poco a poco de él, mientras el espacio y el tiempo de desvanecían en un trémulo remolino, hasta que no volvió a sentir nada. Y así quedó, inconsciente, en aquella habitación que tanto había aprendido a odiar.
Pero el drúedain no sabía que otra carta había llegado, pues había transcurrido más tiempo del que parecía, decía lo siguiente:
Querido Vilmanion:
Con la presente carta, intento relatarte los hechos que nos acaecieron en la postrera batalla. Primero de todo, he de comunicarte con un gran dolor, que tu querida esposa, Árawen, resultó herida, mientras luchaba valerosamente al frentes de la filas de nuestra compañía.
Mas no debes inquietarte por su vida, pues ahora ya no corre peligro. En estos momentos reposa en las casas de curación de la ciudad. Ha sido presa de fuertes dolores, pero es una mujer dura y ha podido superarlo. Pero… déjame, querido amigo, que te cuente lo sucedido
Llovía. El cielo estaba oscuro y hacia frío. La humedad era patente, pues ya sabes amigo mío, que ocurre en las zonas costeras. Habíamos llegado a tiempo a nuestro destino, y el enemigo todavía no había echo aparición.
De pronto lo hizo. En el horizonte, unos barcos negros como el tizón se recortaron entre el cielo y el mar.
Acabábamos de llegar a la ciudad, y ni siquiera habíamos podido organizarnos todavía. Así pues, Árawen y yo tuvimos que planear una estrategia mínima a toda prisa, pues la compañía Nurnita se acercaba con presteza.
Árawen, consiguió convencer a los ents de situarse en las primeras filas, así, resistirían el primer enviste del enemigo y tendríamos algo de ventaja. Por cierto, unas criaturas sorprendentes sin duda, pero difíciles de convencer. Tus tropas, tardaron un poco en decidirse, pero al final accedieron. Árawen consiguió convencerlos, al igual que siempre haces tú. Ciertamente, me pregunto donde está el truco y que argumentos usáis.
Yo por mi parte, dispuse a los arqueros en la retaguardia y a la caballería al frente, seguida de la infantería.
Los barcos nurnitas se acercaron a la costa como una exhalación. Ya podía distinguirse a sus tripulantes con toda claridad. Éstos, desembarcaron en pequeños botes y comenzaron a cubrir el poco espacio que quedaba hasta la orilla con ellos.
Árawen, lanzó a los ents hacia el agua, dispuestos a destruir con sus grandes manazas y su extraordinaria fuerza a los botes que se acercaban. Muchos de ellos fueron destruidos, y muchos de sus tripulantes se lanzaron al agua para cubrir los últimos metros a nado. Yo por mi parte, adelanté a los arqueros para que dispararan desde tierra a los atacantes. Pero aunque muchas flechas acertaron en el blanco y cumplieron su cometido, el número de nurnitas hizo que aquello fuera insuficiente para detenerlos.
Así pues, el choque fue inevitable, y la caballería seguida de la infantería se dispuso a arrasar la costa, pero… ¡ay druedáin! No pudimos prever que el enemigo también nos atacaría desde sus naves, aún a riesgo de herir a los suyos.
Proyectiles de acero forjado silbaron sobre nuestras cabezas y se estrellaron contra los muros exteriores de la ciudad. Pedazos de piedra cayeron aquí y allá. El caos en la orilla de la playa fue total. En un intento desesperado, a Árawen se les ocurrió dirigir a los ents directamente hacia las naves e intentar hundirlas por la fuerza. Así que, sin pensárselo dos veces, subió encima de uno de ellos, y encabezó la marcha mar adentro.
Intenté llamarla, créeme que lo hice y salí corriendo detrás de ella, intentando darle alcance, pero a cada paso que daba surgía un nuevo enemigo que me plantaba cara y me impedía el paso. La lucha se había prolongado ya bastante y el cansancio, además de algunas heridas superficiales hizo mella en mí. Lo lamento Vilmanion… no fui capaz de detenerla…
Uno de los proyectiles cayó cerca de mi. El muro de detrás mía se hizo pedazos y los fragmentos me envolvieron. Algo me golpeó en la cabeza (un trozo de piedra sin duda) y caí de rodillas, a punto de perder la consciencia. Volví mi vista hacia el mar. Estaba bastante revuelto debido al temporal. A lo lejos, un bosque caminaba sobre las olas…
Desperté en las casas de curación con la cabeza vendada. De inmediato, me enteré del desenlace de la batalla. Los ents habían conseguido hundir algunos barcos y finalmente se habían retirado. Las tropas enemigas que habían conseguido llegar a la playa, fueron reducidas por las nuestras. Tuvimos muchas perdidas…
Tu esposa lideró el ataque desde el mar. Por fortuna, no había sido la única en adentrarse en él, pues un nutrido grupo de nuestros guerreros también viajó sobre los ents y ayudó en todo lo que pudo.
Lamentablemente, las flechas lanzadas desde los barcos y el ataque continuo de los tripulantes de éstos, impactaron sobre los nuestros, y ella resulto gravemente herida. Da las gracias a los sanadores, druedáin, pues la han traído de vuelta.
Te pido disculpas amigo, pues sé que te he fallado, no pude hacer nada para protegerla, pero… ¿habríamos salvado la vida de no ser por su temeridad y por su sangre fría? Te deseo una pronta recuperación. Volverás a tener noticias nuestras.
Aredhel Telemnar.
Pero esto no lo leyó hasta unos días más tarde...
[Editado por Eldin_de_Lorien el 21-01-2006 01:39]
Barahir apuró su trago de licor en aquella Taberna. El ambiente algo ruidoso le molestaba para saborear aquél líquido amargo que tanto apreciaba. Hacía ya dos días de la batalla en Azdakadar y su brazo aún le recordaba aquél golpe de escudo que le propino uno de esos asquerosos orcos de Nurn. Malditos sean todos ellos.
“Otro” dijo mientras golpeó la barra con un golpe seco con la palma de la mano.
“Marchando” respondió el tabernero girándose hacia la pequeña estantería de los vasos limpios. No había habido mucho trabajo últimamente pero el sosegado transcurrir de cada día en aquella pequeña villa se había alterado un poco.
“Aquí tienes Variar, el mejor licor de mi despensa para los protectores de Valle.”
Barahir asintió y se llevó el vaso a los labios sin decir nada.
El tabernero metió el vaso usado en una cuba con agua, lo fregó un poco y lo estaba frotando con el trapo.
“Cuéntame guerrero. ¿Cómo son esos guerreros enemigos? Algunos dicen que son adversarios temibles y otros tantos que no son nada especial. ¿A quién podría uno creer? No creo que sean poca cosa si vienen de tan lejos y nos atacan durante tanto tiempo.”
Barahir apuró el trago.
“Son una auténtica calamidad Goren, esos orcos parecen incansables. ¡Si no fuera porque les ves caer parecería que son demonios incansables!”
“Vaya, cuéntame más.”
“Realmente no son gran cosa, pero tienen mucho nervio y espíritu. Cuando las fuerzas comienzan a escaparse ves que ellos aún corretean como si el mismísimo Tulkas les persiguiera.”
“Así pues fue una batalla fácil, o eso he oído contar.”
“¿Fácil? No Goren, no lo fue. Contuvimos el ataque pero de ninguna manera fue nada fácil.”
“¿Te acuerdas del pequeño Serion? Ahora trabaja en Azdakadar. Es ayudante de un importante escriba ... ahora no recuerdo su nombre y por lo visto la señora Aredhel le escribió una carta al señor Vilmanion contándole que la guerra había ido bastante bien. Un ataque marítimo frustrado de Nurn y un acorralamiento en la playa y ¡zas!” Goren movía un vaso y una cuchara de madera como recreando la batalla en su pequeña barra de taberna.
“¿Ataque marítimo? Goren, deja de soñar despierto. El ataque fue en el suroeste. El Sol de media tarde salía por detrás de los soldados de Nurn alargándoles a sombra.”
“Pero ... ¿cómo?”
“Me temo que te han engañado una vez más. Siempre te la cuelan viejo despistado.”
“Te prometo que es verdad, yo no he visto esa carta personalmente pero Serion eso me dijo.”
“Pues te aseguro que fue un camelo. ¿Una pelea en la playa? Por las lágrimas de Nienna, aún me estarían doliendo las piernas de batallar en ese terreno. Gracias a los enemigos por atacarnos en suelo duro.”
“¿Entonces no hubo ents destruyendo barcos?”
“Ninguno.”
“¿Ni escaramuzas por la playa?”
“Imposible, al menos no se vió desde mi posición pero ¡que los Valar nos protejan si Nurn cuenta con un ejército tan numeroso como para guerrear contra nuestra gran compañía y aún así hacer incursiones por la playa!”
Goren se quedó quieto del asombro.
“Esos nurnitas, no son tan poderosos aún, por la gloria de Valle no lo serán tampoco, pero no son un enemigo que debamos quitarle el ojo de encima. Esa tropa estaba comandada por una humana, pequeña de estatura pero no querría habérmela encontrado cara a cara.”
“¿Una mujer?”
“¿Acaso no hay mujeres poderosas en Valle? Ríete Goren, pero la señora Arawen podría contigo aún estando herida como está. No era una, sino tres. Cuatro figuras sobresalían en esa compañía y tres de ellas eran mujeres. Dos elfas de preciosa presencia pero mortal belleza. Una de ellas tenía un lobo enorme y no te sabría decir si me daba más miedo ella o el lobo. Su espada bailaba al son de los soldados que no podían hacer más que parar con su escudo. La otra, pelirroja de cabellos rizados, estaba en la retaguardia con los arqueros, pero no disparaba como los demás. Sus flechas iban certeras a sus objetivos. Como un águila que divisa un conejo a gran altura y se dirije a por él.”
Goren se quedó boquiabierto y se imaginó como un dardo chocaba en el centro de la diana de su taberna, en la pared de enfrente, mientras Barahir hacía un gesto como si lo estuviera lanzando.
“Jamás intentaré nada contra una elfa, son más peligrosas incluso que mi mujer.”
“Pero no te creas que sólo ellas son las peores. Había un hombre, con aires de poder inmensos. Nunca vi a uno igual en las tropas de Nurn. Parecía uno de esos hechiceros oscuros que tanto se nombran en las antiguas escrituras. Cabalgaba a lomos de una gran pantera negra que le obedecía sin rechistar y encontrarse con él era prácticamente caer en combate. Si aún sigues pensando que fue una batalla fácil Goren te invitaré a la próxima batalla.”
“Vaya, ahora lo que me extraña es que ganáramos nosotros y ellos se retiraran.”
“Algo más te he de decir entonces. Primero de todo que los hombres de Valle no carecemos de valentía y aún ante esos enemigos plantamos cara como el que más. Nosotros también tenemos unos grandes líderes en nuestras tropas y los orcos de Nurn, de un buen espadazo caen al suelo ...”
“¡Bien por Valle!”
“... pero fuimos nosotros los que nos retiramos.”
“¿Cómo?”
“Sí Goren, sí. Éramos más que nosotros y quizá el destino nos habría brindado una gran oportunidad de gloria. Podríamos llegar a haber sido la compañía más famosa de Valle ... que digo, ¡de Haldánori!”
“¿Y entonces por qué no lo intentásteis?”
“Por eso es que son nuestros señores los gobernantes y no gente como tú o yo.”
“¿Qué quieres decir?”
“Yo pensaba como tú, Goren viejo amigo, pero al retirarnos me lo explicaron los más veteranos en la guerra. De no haber salido bien, el precio a pagar habría sido mucho. Habrían llegado a Azdakadar y se habrían hecho con todo. Habrían zarpado con nuestros barcos llenos de suministros hacia sus tierras. Casas quemadas, mujeres raptadas, una ruina.”
“Azdakadar habría sido destruida ...”
“Y no sólo eso, Ciudad del Dragón se habría quedado sin provisiones un tiempo y habría estado algo más debilitada para un próximo ataque.”
“¿Y crees que esos nurnitas habrían llegado tan lejos?”
“Realmente no lo sé. Les contuvimos durante mucho rato. Ellos dieron todo de sí. La humana que antes te dije se enzarzó ella sola en un combate impresionante contra ocho soldados a la vez, ¡ocho ella sola! Recibió muchas heridas y cayó al suelo, aunque viva pero reducida, pero consiguió abrir una brecha por la que desfilaron sus orcos y atacaron a nuestra compañía desde dentro creando muchas bajas. Uno de nosotros aprecia su vida pero esos orcos es capaz de morir sólo para vernos sufrir.”
“Vaya” el tabernero escuchaba boquiabierto esas historias de acción.
“Nuestros arqueros, también, atacaron a su grupo de arqueros que se centraban más en bajas estratégicas para ellos, pero cuando vieron que uno de los suyos caía por una flecha se giraron a por los nuestros y la elfa de cabellos rojos sacó su espada y se abalanzó contra nuestros arqueros. Casi como la humana, consiguió centrar la atención de nuestras flechas en ella mientras sus arqueros disparaban sus proyectiles contra los nuestros. La elfa cayó, pero de los nuestros cayeron más de una decena. El hombre también fue herido, pero en cambio él no cayó. Parecía un baluarte que aguantaba los golpes.”
“Es impresionante.”
“Ya ves Goren, ya ves. Nada bonito te lo aseguro. Sírveme otra copa anda.”
El tabernero se quedó mudo y le sirvió otra copa. Al rato se acercó y le preguntó:
“¿Por qué crees que enviaron esa carta falsa?”
“Seguramente para tranquilizar a los grandes que se sientan allá lejos de las guerras.”
“¿Sabes qué?”
“Dime Goren.”
“Cuando vea a ese Serion ... pienso estirarle de las orejas.”
Resumen de la batalla.
Nurn ha perdido 12 armadas x35= 420 puntos.
Recuperables: 140 puntos.
Valoraciones: 7+8= 7,50
Recupera: 105 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 100%, por este concepto recupera 350 puntos. Total recuperación: 455 puntos.
No pierde puntos.
Valle ha perdido 10 armadas x35= 350 puntos.
Recuperables: 233 puntos.
Valoraciones: 8+8= 8
Recupera: 186 puntos. Se ha recibido una petición de daños por el 50%, que aparece en la historia, sin embargo el personaje de Arawen ya no forma parte de este clan, por lo que sus daños son desestimados, recuperando unicamente un 5%, cuyo equivalente es 17 puntos. Total recuperacion: 203 puntos.
Pierde 147 puntos. Se aplica una sanción por demora a la hora de publicar la historia de 4 armadas, que son 140 puntos. Total perdida: 287 puntos.
Valle recibe 150 monedas por batalla ganada.
Valle entrega 100 monedas a Nurn por abandono de la batalla.
Compañías actualizadas y listas.
Historia finalizada.
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