La Guerra de los Clanes

Batalla 125 - C3 Valle Vs C1 Tercano

Terminada
Escrito el 15-01-2006 10:11 #1

Fin Guerra: Valle del Ingenio deja de Atacar

Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 7

Armadas perdidas por \"Tercano Nuruva\" = 9

Victoria para Valle

Escrito el 20-01-2006 21:21 #2

CRONICAS DE LA COMPAÑÍA TRES DEL VALLE O COMO THRALOR RECORDÓ A GALADHWEN TRAS SIGLOS DE AUSENCIA.

La noche había sido larga, el duro frío que los perseguía hacia ya dos semanas les hizo acampar durante ese tiempo bajo el cobijo de un bosque, allí instalaron el campamento, se colocaron vigías en las copas de los árboles y los elfos tejieron una delicada red de hojas y hierbas para cubrir las tiendas de campaña. Al amanecer del octavo día de acampada, una fina bruma se elevó cubriendo todos los alrededores, a esta le acompañaba un inquieto silencio, en esas circunstancias aquel lugar se asemejaba más a un cementerio que a un bosque.

Thralor se despertó temprano como de costumbre, su tienda desordenada y llena de barriles de cerveza vacíos fue desmontada como el resto, el enano había mandado la noche anterior que se partiera al alba, demasiado tiempo habían perdido en aquel siniestro bosque y su sentido Khuzul le decía que el enemigo estaba cerca, en cuestión de pocas horas el ejercito estaba ya listo y preparado para marchar, su ruta se encaminaría hacia el oeste y mas tarde marcharían hacia el norte.

Aikanár y Giseläi permanecían en las casas de curación debido a las heridas de la última batalla por lo que Thralor se enfrentaba solo ante la próxima contienda, se mostraba nervioso pues tenia que dirigir a un gran ejercito sin apenas ayuda, asignó puestos de capitanearía momentánea a dos generales, pero a pesar de todo no se sentía seguro del todo.

Las primeras horas de marcha pasaron en silencio y sin sobresaltos, el cielo comenzó a encapotarse y una fuerte lluvia cayó de improviso sobre ellos. El viento empezó a arreciar con fuerza y los aullidos de los lobos podían oírse desde las montañas.

Era la primera vez que los soldados del valle veían al enano preocupado, famoso por su estado de ebriedad constante y con una sonrisa burlona en la boca, ahora cabizbajo y sin mantener palabra con nadie daba la impresión de que el enano del carácter de piedra se desvanecía ahogándose en sus propios pensamientos.

Fue entonces cuando a lo lejos, tras la cortina de incesante agua pudo vislumbrarse el estandarte de Tercano Nuruva, Thralor alzó la vista y observó al enemigo, a simple vista no parecían superiores, pero su paso conciso e imparable denotaba su sed de sangre.

El enano ordenó tomar posiciones, pensando para sus adentros supo que aquel debía ser su gran día, el día de la gloría, lejos de su patria y de sus compañeros en aquel pedazo de valle móvil sintió que la sangre le llamaba, atrás quedaron sus largos años en Moria, la forja de su padre ya solo era un vago recuero, ahora él solo caminaba sus propios pasos pues él era Thralor descendiente directo del gran Narvi de Moria y si los orcos y balrogs de aquel infierno no pudieron acabar con él, no lo lograría nada hasta que Eru lo llevase del mismo brazo hasta mas allá del mar.

Así pues, levantando su hacha al aire y recordando a Galadhwen, lanzó un sonoro grito al aire y mandó toda la furia del Valle contra el enemigo…

El impacto entre los dos ejércitos fue cruento, la sangre salpicaba la tierra mezclándose con ella, la lluvia y el barro dificultaban el movimiento a pie, por ello Thralor ordenó que la caballería fuera la primera linea de choque, a pesar de que Tercano contaba con grandes defensas contra ella, el Valle consiguió abrir una pequeña brecha en las líneas enemigas.

El combate apenas duró dos horas, Thralor fue alcanzado por una flecha en el hombro y llevado con urgencias hasta un curandero, pero antes de desmayarse pudo esbozar una sonrisa al ver como Tercano no podía atravesar sus filas y ordenó la retirada al asentamiento, regalándole una ligera pero dulce victoria.

El balance final no fue demasiado trágico, a pesar de todo, la compañía número tres se había merecido un reconocido descanso…

-------Tienda de curación------

-Señor Thralor, deje de beber a escondidas, ya le he dicho que así jamás se recuperará- Dijo la bella curandera, era una elfa de cabellos negros y unos ojos verdes intensos.

-Jajajaja, usted no conoció a mi abuelo, el siempre decía “vitaminas (hip) y minerales dan fuerzas a raudales” tras eso alzaba una gran jarra de cerveza y se la bebía de un trago.

-Dudo que su abuelo fuera alcanzado por una flecha envenenada-

-Perdone señorita, (hip) mi abuelo luchó contra bestias que el mismo extinguió, es más, el craken de Moria no era mas que su mascota. (Hip).

-Claro, claro, pero usted de momento no beberá más por hoy.

-Esta bien señorita, (hip) pero antes de que usted se marche, ¿puede hacerme un favor? Acérqueme ese pequeño cofre de la mesa.

La elfa aceptó su petición y tras entregarle el cofre se marchó fuera de la tienda llevándose consigo todas las jarras de cervezas del enano.

Thralor sacó del cofre un papiro y una pluma y con una ortografía casi ilegible comenzó a escribir:

“No se que día es, tampoco estoy muy seguro de que ha ocurrido esta mañana, todo es tan confuso, quizás sea el efecto del veneno que hay en mis venas, quizás el de la cerveza, pero ahora que permanezco sentado frente a un cálido fuego en al tienda de campaña de curaciones siento algo que hace mucho que no sentía. Es una emoción que olvidada creía. Hoy, cuando al borde de la muerte vi como mis propios ojos se cerraban para siempre, recordé a alguien que, aunque hace ya mucho que no veo, se que ha sido mi aliento en estos años. Fue quien me dio esta vida mas longeva y por la que juré vivirla al máximo, hoy, en el campo de batalla su luz ha vuelto a iluminarme, se que jamás la volveré a ver, pero algo me dice que su esencia permanece en cada vereda que piso, en cada susurro de viento que desvela mis sueños en la noche, ella es mi gran secreto y mi anhelo y si alguna vez su luz se apagase y no guiase mis pasos, juro que mi extensa vida se apagaría con ella.”

Al terminar de escribir la carta, el enano salió con paso silencioso de la tienda y se dirigió a un montón de árboles cercanos, luego se agachó y cavó un pequeño agujero en la tierra, allí enterró el papiro y lo tapó cuidadosamente, a continuación sacó una pequeña daga y sobre la corteza del árbol grabó “Galadhwen, dama de los árboles”

Al volver a la tienda, la enfermera lo esperaba con gesto serio.

-¡Si algo le ocurre, juro que no me hago responsable de las consecuencias!. ¿Se puede saber que hacia fuera?

-Yo, eh nada, buscaba algo de cerveza entre los soldados. Pero ya ve, se les paga el mejor salario que se pueda pedir y ni siquiera invitan a un trago a su capitán, grrrr, tacaños.

-Enanos…por favor se lo pido, acuéstese, todavía debe recuperar muchas fuerzas.

-Esta bien, esta bien, al fin y al cabo ya no tengo sed.

Aquella noche las nubes desaparecieron en el cielo, un firmamento salpicado por multitud de estrellas iluminaron el lugar y bajo el ulular de los búhos, el valle pudo dormir tras otra victoria más.

Escrito el 23-01-2006 23:36 #3

El relieve de las contradicciones hacía tropezar sus ideales cada pocos pasos, mientras el fracaso colmaba su alma por encima de su capacidad, y se deslizaba fundido en las salinas lágrimas que salían a agraciar el rostro del joven, que irónicamente, crecía en belleza.

Cada uno de sus actos lo hacía sentir al límite de la inmoralidad. Ya no guardaba certezas.

El placer nefando de segar gaznates cual si fueran tallos de frágil flor, lo llenaba de vergüenza como los besos libertinos que soñaba despierto.

Lo suyo era una fiebre alta, que daba la impresión de querer incinerar la desgracia y la miseria humanas, quemar la bajeza de un espíritu decadente, pero por sobretodo, era un ardor que anhelaba expandirse de mano de la victoria. Era una pequeña luz en el horizonte. El único punto de referencia. La meta.

La sombra de la débil llama que desprendía la lámpara de aceite, bailaba en la lona de la carpa, mientras Belegùr, tendido en el lecho se preguntaba como había llegado a ser tamaño rey de las trapacerías.

No podía engañar a nadie. Su desencanto respecto a sus hombres era evidente.

Por un momento se puso en el lugar de su enemigo.

Se imaginó a si mismo galopando por las tierras de los ingeniosos, seguido por una turba de orcos y trolls.

Envuelto en capas oscuras y raídas, su rostro severo y pálido, tachonado por un par de ojos clarísimos, daba la siniestra impresión de haber sido pervertido en las mismas fraguas de Morgoth.

Liderando semejante tropa, con su apariencia, y un manojo de ideales inconclusos, difícilmente podía compararse a la imagen de guerrero que vivía en lo más profundo de su alma, construida cuando aún era niño.

Con tamañas dudas existenciales, Belegùr parecía ahogarse en los surcos de las sábanas revueltas y sus cavilaciones más terribles se perdían en sus infinitas curvas.

Proscrito de mirar altanero, el joven se puso en pie para emprender una vez más una empresa desesperanzada contra las tropas del Valle. Valor no le faltaba.

Los vahos del bosque se mezclaron con los bancos niebla que, cual estáticas moles, renunciaban a dispersarse pasada la mañana.

De poco y nada servían las aves mensajeras.

Belegùr enguantó en cuero su antebrazo y lo extendió, para luego silbar de forma muy particular.

No hubo respuesta, pero unos instantes después, la niebla a su alrededor pareció diluirse y el aire quieto se agitó. Las largas alas del azor de su propiedad se plegaron para dejarlo aterrizar sobre el brazo firme de su amo. El peso del animal, más la fuerza con que frenó su vuelo, hizo tambalear a Belegùr, que pudo sentir como las filosas uñas de Alcarin, el ave, se incrustaban en el cuero, y sintió con algo de morboso deleite el dolor que le causaba.

-Hoy no me serás de utilidad amigo. – susurró acariciando el lomo del azor que lo miró con sus grandes ojos amarillos.

No fue necesario tramitar mucho para que los contrarios se encontrasen ni tampoco se requirió demasiado para finiquitar el conflicto.

Esta vez Belegùr no dispensaría ordenes. Para eso estaba Dírhavel, que si bien era su subalterno, había demostrado prudencia en muchas ocasiones. No iba a masacrarlos.

El hombre desenfundó su espada y se apostó en la mismísima vanguardia. De lejos oyó la melódica voz de Dírhavel dado el ‘vamos’ a la tropa, y siguió maquinalmente la orden, como cualquier otro soldado.

Luego de dada la partida, siguió una pequeña correría, que desembocó en el conflicto cara a cara.

Y mientras corrían, Belegùr sintió que ni sus pies ni sus manos respondían a la razón. Una ligereza excepcional se caló en su cuerpo y de ahí en adelante no necesitó pensar. Estaba inspirado.

Sus manos se contrajeron instintivamente en torno al mango de la espada y el chirrido del metal al desenfundarla, inyectó vigor en su espíritu.

Una golpe abajo; uno arriba. Un movimiento se sesgado transversal. Otro horizontal. Un salto. Agacharse para luego propinar una estocada certera. Hacerse un lado. Quitar un arma ajena. Usarla. Una voltereta acrobática imposible. Otra más. Y una tercera. Luego el cansancio. La confusión. La herida. Sangre a borbotones. Frío, palidez, inconciencia.

Era un éxtasis de desenfreno.

Una mueca a modo de sonrisa parecía rasgar el rostro de Belegùr. Pero no era límpida ni era producto de una gracia pueril; causaba miedo y repulsión a quien la miraba, pues se asemejaba mucho más a una síntoma de locura.

Sólo cuando sacó a relucir su nueva identidad de tintes hedonistas, supo que no era necesario adherirse al ‘mal clásico’ para pervertir el alma. Jamás había hecho trato con espectros de ultratumba, ni había vendido sus labores a las oscuras pretensiones de tal o cual señor. No bebía. Trataba bien a su mujer, y soñaba con la libertad de su reino. Pero no bastaba con eso.

Se había enrolado de joven en el ejército, pues sus ojos juveniles habían tendido siempre a idealizar el combate, de mano de los cantares que narraban la noble proeza de Glorfindel, o bien, el memorable choque entre Ringil y Grond.

Sin embargo, solamente ahora se daba cuenta de lo efímero que resultaba afirmar su propia verdad en la supuesta ‘maldad’ ajena. Proclamar la carencia de bondad debida según la naturaleza de alguien, resultaba demasiado ostentoso. Más aún, hablar de sí mismo como el complemento a la perfección de su propio género encaminado en sendas de verdadero bien, a aquellas alturas constituía un descaro.

La supervivencia no admitía distinciones morales.

Y bien, Dírhavel lo halló así, delirando en un claro. Una sombra se alojó los ojos del elfo, que le tenía estima a su Capitán, cuando lo vio en tamaño estado. Lo cogió de los tobillos y tan solo atinó a arrastrarlo unos metros para dejarlo yacer cerca de un árbol. Por ahora bastaba que no lo encontrase el enemigo, pues de lo contrario lo liquidaría, así como estaba sin defensa.

Había que organizar las tropas de forma más eficiente, y Dírhavel no tenía tiempo que perder, pero le causaba suma desazón el estado de aquel a quien, a pesar de todo profesaba amor.

Se inclinó sobre Belegùr, y le recordó

-Teliach nad, estelio han. – (Tu significas algo, confía en esto.)

Se alejó apesadumbrado al tiempo que Belegùr abría los ojos e inhalaba vida.

Y con Dírhavel las tropas tercanas redoblaron las fuerzas y embravecieron el ataque, si bien ya era tarde para redimirse de los errores cometidos en un principio o para remontar en un marcador que dejaba el saldo negativo de su parte.

Forzaron la retirada ingeniosa sin demasiado trámite.

Los elfos de tercano, con ‘ingenio’ corrían entre las tropas enemigas que se replegaban a la orden de su líder, y buscaban si más, amedrentar en su propia lengua a las decenas de enanos que constituían a los vallunos con palabras tales como

Gurd! (Ten miedo.) – dejando en claro que la Lengua Secreta les era conocida, pues tenían trato con sus hermanos.

A pesar de todo, cedieron un número mayor de guerreros que el enemigo.

Dírhavel se detuvo un instante intemporal a pensar si el desenlace adverso había sido por negligencia propia o dado el mérito contrario; si acaso había un hado nefasto pululando sobre su hombro, o bien la gracia y ventura habían dado alcance a los vallunos. No sabía precisar si ellos habían perdido, o los demás habían conquistado la victoria.

Tan solo le quedaba la amarga sensación de que la muerte ‘en vano’ era una realidad. Demasiado cruda.

La mellada nueva de la derrota, de los innumerables abrojos; el llanto acerbo por los muertos que mendigan lágrimas y del sinfín de obstáculos que vivieron los de tercano por enésima vez, se montó sin demora en las ráfagas de vientos occidentales para precipitar con la primera lluvia, sobre el puerto de Annêar, sobre Barad Hithgwath y Ost-in-Tercan, los últimos enclaves de resistencia tercana.

El Ocaso del Reino se hacía más patente con cada día que pasaba. Habían sobrepasado el Punto de No Retorno, y los cálculos se desvanecían con el tiempo. Sólo quedaba mantener forzosamente la compostura, maquillar el rostro de la seguridad infalible que siempre habían mostrado, y en última instancia, esperar serenos y erguidos el último embate del destino. El Fin.

[Editado por arantxa el 23-01-2006 23:42]

Escrito el 29-01-2006 11:22 #4

Resumen de la batalla.

Valle ha perdido 7 armadas x35= 245 puntos.

Recuperables: 163 puntos.

Valoraciones: 7+7+8= 7,33

Recupera: 119 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 40% y por este concepto recupera 140 puntos. Total recuperación: 259 puntos. Valle recibe una sanción por retraso en la publicación de la historia de 3 armadas, que son 105 puntos.

Pierde 105 puntos.

Tercano ha perdido 9 armadas x35= 315 puntos.

Recuperables: 105 puntos.

Valoraciones: 8+7+8= 7,67

Recupera: 81 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 70% y por este concepto recupera 245 puntos. Total recuperación: 326 puntos.

No pierde puntos.

Valle recibe 75 monedas por victoria en la batalla.

Valle entrega 100 monedas a Tercano por abandono de la batalla.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.