La Guerra de los Clanes

Batalla 129 - C2 De Valle Vs C5 De Telpe. Saqueo De Narmelost

Terminada
Escrito el 19-01-2006 00:52 #1

Fin Guerra: Orden de Telpe se retira del Combate

Armadas perdidas por \"Valle del Ingenio\" = 17

Armadas perdidas por \"Orden de Telpe\" = 13

Victoria para Telpe y no hay saqueo.

Escrito el 19-01-2006 04:19 #2

El día era oscuro en todos los sentidos, negros nubarrones procedentes de las tierras de Mordor ocultaban el sol en todas las tierras de la Orden, esto no era algo que preocupara en absoluto a los Iniciados pero esta oscuridad traía algo más… algo que ensombrecía los pensamientos de sus líderes, la guerra no iba como ellos deseaban y un peso cada vez mayor se acumulaba en sus hombros.

Era un amanecer gris, un viento del oeste arrastraba los últimos granos de salitre tierra adentro, allí en el límite entre el Harna Dîn y el Eryn-Dínen se encontraba una figura sombría. Poco se podía vislumbrar en él, iba tapado con un basto manto hecho con la piel de algún animal de las montañas y sólo el oscuro brillo de sus ojos hacía pensar que bajo el manto había un hombre vivo y no una simple roca.

Comenzaba a llover y un gruñido surgió del hombre, podía soportar la casi perpetua oscuridad en la que vivía la región últimamente pero odiaba caminar por lugares embarrados en donde sus huellas dejaban un rastro muy visible.

A lo lejos el hombre comenzó a ver una figura montada a caballo que se acercaba a gran velocidad, viajaba sola tan sólo escoltada por un par de cuervos que vigilaban desde el plomizo cielo.

-Es para mí un verdadero honor el que me complazcáis con vuestra presencia –dijo el hombre con una sonrisa en los labios a la mujer cuando llegó a su altura.

-Borra esa estúpida sonrisa de tu cara Mallen. Si la reina Mornaew te visita es por su propio interés no porque tú lo hayas querido así. Sé de tus contactos y de la estima que te tienen los demás Señores de la Guerra.

-Mi señora, será mejor que no hablemos de esto aquí. Sé que vos confiáis plenamente en la lealtad de todo ser que nos rodea, pero permitidme ser temeroso por esta vez. Acompáñeme a un pequeño refugio que he encontrado en el interior del bosque.

-Tú irás delante.

-Por supuesto, mi Señora.

Ambas figuras penetraron en la oscuridad del bosque, dentro la temperatura subió y el viento cesó. También se libraron de la molesta lluvia pues los árboles crecían en formación muy apretada y no dejaban pasar el agua. El camino no fue muy largo, enseguida llegaron a una tosca cueva protegida por unos cuantos tejos.

-Me encantan estos árboles… los utilizo para untar las puntas de mis flechas.

-Señor Mallen, no es mi deseo parecer descortés, pero permitidme rechazar cualquier comida o bebida que me ofrezcáis –interrumpió Mornaew mirando suspicaz al hombre que la precedía y a los árboles.

Mallen encendió un pequeño fuego cerca de una grieta al fondo de la cueva por donde escapaba el humo y acercó dos viejos tocones donde Mornaew y él tomaron asiento.

-Sé, mi Señora, que la presencia de este viejo guerrero os tiene ligeramente preocupada. Pensáis que soy un espía o peor aún, alguien que desea vuestro trono. Nada más lejos de la realidad, podéis considerarme un Consejero pues no poseo hombres con los que ayudaros mas sí poseo grandes conocimientos en las artes de la guerra… y en otras artes algo más oscuras.

Las motivaciones que me instan a ayudaros no os las diré, vos debéis decidir si confiar en mí o no, elijáis la opción que elijáis jamás llegareis a conocerme mejor.

La arrogancia del recién llegado desagradaba sobremanera a Mornaew, nadie había osado hablar en ese tono a la Reina y había sobrevivido; pero eran tiempos difíciles para la Orden y toda ayuda era poca sobre todo con el ejército tan debilitado… pero el hombre no le estaba ofreciendo soldados, si no consejos y Mornaew no necesitaba consejos, sabía muy bien cómo actuar en la guerra, llevaba toda su vida combatiendo… pero algo le decía que si confiaba en el recién llegado algo iba a cambiar, para bien o para mal aún no llegaba a vislumbrarlo…

-Digamos que acepto vuestra ayuda… ¿qué me daríais?

-Consejo… grande es la visión de la Reina y más grande es aún su orgullo, pero yo puedo ver más lejos y oír mejor los susurros. Sé de vuestras alianzas y sé que el Gran Sauce perdió las hojas. Sé de los sitios de vuestras ciudades y de las muertes de vuestros soldados.

Percibo cuál es el siguiente movimiento que recorre vuestra mente… y es diametralmente opuesto al que os aconsejo. Mirad atentamente a las llamas.

Mallen sacó algo de un pliegue de su manto y lo arrojó al fuego, Mornaew pudo ver el sitio y destrucción de Minas Gwaeren.

-Eso ocurrirá si movéis las tropas como habíais pensado… mirad ahora.

El hombre volvió a lanzar algo a las llamas y éstas se apagaron produciendo un espeso humo gris.

-¿Qué significa esto? –preguntó Mornaew.

-Que nada está decidido aún si seguís mi consejo. Majestad, vos decidís si seguir un futuro incierto o un futuro que os llevará a la muerte.

[...]

Mornaew había pedido tiempo para meditar, el próximo encuentro se realizaría en cuatro días, pero esta vez sería en Minas Gwaeren pues Mornaew no estaba dispuesta a volver a arrastrarse al negro bosque.

La hora convenida se acercaba y según los espías de la Reina no había rastro de Mallen.

-Maldito… esto me pasa por confiar en viejas glorias, estrellas cuya luz hace años que murió…

-Confiar en guerreros que ya se convirtieron en piedra… -una voz interrumpió los pensamientos de la Reina-. Perdón por el retraso, se presenta ante vos el Consejero Mallen.

-No recuerdo haberos dado ese cargo –la voz de Mornaew sonaba orgullosa y aunque quería saber cómo había conseguido entrar el hombre en su torre sin ser visto, su vanidad le impedía preguntar.

-Cierto, no me habéis concedido ese cargo, pero ya actúo como tal. ¿O acaso no seguiréis mi consejo? Vuestra compañía ya viene hacia aquí para ir a la batalla.

-¡Maldito seas Guerrero Dorado! ¿Cómo conoces esa información? Era completamente secreta.

-Del mismo modo que entré en vuestra fortaleza… tengo mis propios medios.

La risa del hombre irritó aún más a la reina, pero ya no le quedaba más remedio que nombrarle Consejero y dejarle al cargo de la Orden mientras ella partía a una lejana batalla.

[...]

Durante el largo viaje Mornaew no pudo olvidar las palabras de Mallen, las cuales estaban llenas de razón pero ella no quería admitirlo… no podía admitirlo, su orgullo se lo impedía; jamás admitiría ser el eslabón débil de la alianza, jamás admitiría que sus mayores apoyos los tenía en los débiles miembros del Concilio y en ese molesto y chillón hobbit que vivía entre ellos. No, ni aunque admitiéndolo pudiera salvar su vida… jamás aceptaría esa realidad que le carcomía por dentro y la convertía en un ser aún más malhumorado de lo que ya era.

[...]

Y por fin, tras un largo viaje llegaron al corazón de las tierras de los Señores de Nurn, las Ered Skalnâ se erigían tras sus huestes y Mornaew montaba orgullosa un negro corcel en la vanguardia del antaño poderoso Ejército de los Cuervos. Ella sabía que sus huestes se encontraban mermadas pero si su Consejero estaba en lo cierto, contarían con ayuda exterior.

Avanzaban en dirección norte siguiendo la fría costa occidental de Avanende, su destino… Narmelost, la ciudad del Poder de Fuego, principal asentamiento de los Señores de Nurn.

Los sentimientos de Mornaew eran contradictorios, antaño su mayor deseo habría sido llegar hasta donde se encontraba con su ejército en perfectas condiciones y asaltar la negra ciudad saqueando y destruyendo todo a su paso. Pero ahí se encontraba ahora, en la lejanía podía adivinar el emblema de los Señores de Nurn ondeando en Morna Selmë; por lo que se podía ver en la lejanía, la gran ciudad no pasaba por sus mejores momentos, pero ahí se mantenía impertérrita soportando las embestidas enemigas.

El día era frío, pero la cercanía del Nar-Falmar templaba el ambiente; mas no ocurría lo mismo con los duros corazones de los Iniciados a las órdenes de Mornaew a los que no agradaba la idea de defender esos negros muros. Pero no se oía ninguna queja, la presencia de la Reina era en esos días terribles y aunque ya eran conocidas sus torturas en los últimos meses están habían alcanzado unas cotas de crueldad inimaginables.

La noche caía en las tierras de Nurn y Mornaew ordenó a su capitán que montara el campamento, aunque se encontraban realmente cerca de Narmelost ahora sitiada por los ejércitos del Valle del Ingenio, el ejército de Telpe no había sido detectado ya fuera por lo peculiar del terreno o por algún poder de los Señores de Nurn, aquello fue una suerte para las huestes Telpenianas, pues un ataque nocturno desde donde se encontraban habría sido fatal, los fuegos de Narmelost los habrían cegado mientras que los soldados de Valle habrían encontrado unos blancos perfectos.

La noche transcurrió anormalmente tranquila, era como si un velo de oscuridad cubriera al ejército de Telpe y eso en parte inquietaba a Mornaew, sentía los poderes de los Señores de Nurn muy cerca y no era de su agrado.

Amaneció en las ásperas tierras nurnitas, los estandartes de Telpe ondeaban bajo el cálido viento procedente de Narmelost: los escudos y cotas de malla refulgían bajo la tenue luz del lugar como si un fuego interior los hubiera puesto incandescentes y entonces el ejército comandado por Mornaew se lanzó a las murallas de Narmelost.

Para ojos desconocedores de la política de las Haldanóri habría parecido que Telpe se lanzaba a conquistar Narmelost antes que Valle, pues se dirigían hacia las grnades puertas de la ciudad en lugar de contra el ejército insular.

Mornaew carecía de arqueros bajo sus órdenes pero ahora contaba con los arqueros nurnitas apostados en las murallas de su capital. A los capitanes de la compañía del Valle les pareció un suicidio el colocar una compañía entre ellos y las puertas cerradas de Narmelost y aceleraron su embestida contra el acorralado ejército de Telpe.

Ya casi se encontraban cara a cara con una encolerizada Mornaew cuando algo surgió de las sombras en la retaguardia del ejército del Valle, era la otra mitad del ejército telpeniano comandado por Laureon.

El maia había sido enviado con los jinetes más veloces a rodear el mar interior de Nurn y así poder atacar por dos flancos a la vez al ejército del Valle.

El ejército enemigo se vio atacado por tres frentes: los jinetes de Mornaew que los alejaban de las puertas de Narmelost, Laureon y los suyos que avanzaban sin freno hacia donde se encontraba Mornaew y los arqueros de Narmelost que atacaban desde lo alto de la muralla a los soldados del Valle.

La batalla fue muy sangrienta y muchos de ambos bandos murieron en ella, finalmente la caballería de Laureon se unió a la de Mornaew y el grueso del ejército de plata unido atacó al descolocado ejército insular. La furia con la que los Iniciados empuñaban las espadas y lanzas, unidas el inusitado empuje de los corceles telpenianos consiguieron por fin romper el sitio de Narmelost; no destruyeron al ejército atacante pero liberaron la ciudad.

Los extranjeros fueron recibidos con gran alegría en Narmelost y los heridos fueron llevados a las casas de curación de la ciudad; Mornaew y Laureon habían recibido un par de heridas sin importancia pero los curanderos insistieron en que debían descansar, en especial el maia que había sufrido un par de lanzazos en la espalda, lanzadas que de no ser de naturaleza ainu habrían acabado con él.

[...]

Mornaew se encontraba en unos hermosos aposentos, sin duda dignos de tan alta personalidad; desde la ventana de su habitación podía contemplar los terrenos que se extendían al sur de Narmelost. Una noche, cuando ya habían pasado dos o tres días desde la batalla, creyó ver una figura embozada en una enorme capa que hablaba con un guardia de Nurn, pero la visión se perdió enseguida en la oscuridad de la noche sin luna.

Al cabo de varios minutos alguien llamó a la puerta del cuarto de la Reina.

- Mi señora, traigo un mensaje para vos de parte de quien se hace llamar vuestro aliado más cercano.

-Gracias, déjalo sobre la mesa –respondió fríamente Mornaew.

El guardia se marchó y dejó a Mornaew de nuevo sola en la estancia, la Reina se acercó al pergamino y vio que se encontraba lacrado con su propio sello; sorprendida miró su propio dedo, su anillo en el sello seguía ahí, lo tocó como para confirmar que el anillo era real y estaba tan frío como de costumbre.

Abrumada desenrolló el pergamino:

“Estimada Mornaew,

El fuego de tu futuro ya no se extingue y el humo ha dejado de ser gris.

Ohtar Mallen, llamado Hwestandil. Consejero de la Reina”

De pronto el silencio se hizo dueño del lugar hasta que algo sobresaltó a Mornaew, un águila estaba posada en el alfeizar de la ventana.

[Editado por Earhin el 19-01-2006 04:21]

Escrito el 21-01-2006 17:45 #3

Las profundas galerías de la biblioteca del Valle permanecían en sepulcral silencio, la suave danza del fuego de las antorchas proyectaban sombras que cambiaban creando formas imposibles y siniestras.

Solo los livianos pasos de aquel estudiante hacían crujir el suelo del lugar, rodeado de miles de libros caminaba a paso ligero, aunque la noche había caído ya hacía varias horas su trabajo todavía no había concluido, al final del camino una amplia sala circular se habría ante él, tantos años de espera habían dado sus frutos, el saber y las crónicas más importantes se encontraban allí, aquello era el santuario intelectual del Valle del Ingenio, los libros más antiguos e importantes tenían lugar entre sus estanterías, desde los mapas del cartógrafo Khuz-Mhadul hasta los diarios manuscritos de los principales dirigentes de la ciudad hasta la fecha.

Cuatro fornidos guardias hacían guardia en la sala, aún así, el estudiante sabía que aquel lugar estaba protegido con un conjuro poderoso y por el cual nadie podría robar y deteriorar nada.

El joven se adentró en la sala conteniendo la respiración, el resplandeciente suelo de mármol construía un mosaico con una gran estrella negra en el centro, este estaba iluminado por la plateada luz de la luna que atravesaba dos grandes vidrieras que tocaban el techo.

-¿Qué deseas?- Una cálida voz, hizo estremecerse al muchacho, que de un brusco giró pudo observar como una bella dama le hablaba a apenas dos pasos de el.

-...Hola, buscaba el libro “Campaña a las tierras oscuras” del capitán Yandros. Estoy haciendo un trabajo sobre las batallas de Nurn y creo que es el único documento escrito sobre aquel asedio a Narmelost

-En realidad no, Mornaew escribió varios manuscritos sobre las batallas de la época, pero permanecen en la biblioteca de Nurn. Si te apetece ir a por ellos...

El chico esbozó una ligera sonrisa falsa y empalideció ligeramente.

Tras la guerra de los clanes, Nurn había cerrado aún más sus puertas al mundo exterior, tras las murallas de su capital ahora solo se oían cantos oscuros y gritos de desesperación. Nadie había conseguido traspasar sus tierras y volver para contarlo, algunos oráculos vaticinaron que Nurn se preparaba para la llegada de lo que llamaban “El Mesías de las tinieblas”.

-Jajaja, es broma, por favor siéntate y espera, en un momento te traigo el libro.

El chico tomó asiento, por un rato quedó pensativo, recordaba las antiguas historias sobre aquel infernal mundo, pero rápidamente alejó su mente de aquello y se centró en su trabajo.

Al cabo de media hora, la chica volvió con un viejo libro sobre sus manos. Estaba seriamente desgastado, sus tapas eran de negro cuero y sobre ellas aparecía en grabado la torre de cristal, con una pequeña peculiaridad, dentro de la misma destacaba una letra en caracteres curvos, una “Y”, seguramente de Yandros.

-Aquí lo tienes, hacía muchos años que no lo veía, es una pieza única. Su estado se debe a que este libro viajó a centenares de sitios, a centenares de batallas y posiblemente a centenares de condiciones adversas. En fin, yo tengo que terminar de colocar una nueva sección de la biblioteca, dedicada en exclusiva a los pergaminos de los proyectos arquitectónicos del Gran Vilmanion. Te dejo, cuando acabes solo deja el libro sobre la mesa y ya me ocupare de depositarlo en su sitió- La chica le guió un ojo amablemente y desapareció por una de las galerías.

El joven, observó detenidamente aquella obra, luego pasó las yemas de sus dedos sobre las pastas, notaba la suavidad del cuero y las grietas del grabado principal, a continuación lo abrió y en la primera pagina pudo leer:

“CAMPAÑA A LAS TIERRAS OSCURAS”

El libro tenia aproximadamente dos mil paginas, así que el muchacho comenzó a buscar entre ellas hasta que encontró la que deseaba.

En el libro abundaban datos técnicos y precisos, así como notas a pie de página donde Yandros escribía sus opiniones y experiencias personales.

La batalla de Narmelost apenas ocupaba unas hojas y acomodando su espalda sobre la silla comenzó a leer:

DEL PRIMER INTENTO DE ASEDIO A NARMELOST:

Hace varias semanas que pisamos estas yermas tierras, la ceniza de los volcanes pende sobre el aire, y las nubes negras siempre ocultan el cielo.

Es un lugar extraño, jamás vi plantas tan extrañas y criaturas tan malignas, es de esperar que limite con Mordor.

Ahora permanezco en el escritorio de mi tienda de campaña escribiendo estas líneas, a pocos quilómetros de aquí puedo todavía vislumbrar los infernales destellos de los fuegos de Narmelost.

Esta mañana mis compañeros y yo organizamos el tan esperado asedio a la capital de Nurn, cuando llegamos, una oscura fortaleza alzada sobre negros bloques de piedra nos desafiaba con sus grabados en impronunciables palabras y grotescas estatuas diabólicas.

Largo y tendido tiempo esperamos ante las puertas de aquel infierno, Telpe había acudido en ayuda del asedio, sinceramente me esperaba esta acción, Nurn tenía su ejercito disperso por todo el continente en las encarnizadas batallas que mantenía con el Valle y La Alianza, lo que no pude prever fue aquella rara acción, habían colocado sus tropas entre nosotros y las puertas de la ciudad, aquello seria una sangrienta mantaza, pues pensé que mi caballería los diseccionaría como mantequilla, después me di cuenta de que aquello fue mucho peor para nosotros que para ellos.

Tras esto, organicé a mi ejercito y lo mandé furiosamente contra los Telpenianos, también ordené que cada soldado fuera acompañado por otro que les cubriese con grandes escudos, en un principio esta maniobra me fue útil para esquivar las flechas de los arqueros de Nurn, pero algo inesperado ocurrió. Mientas yo permanecía en primera línea de combate sobre mi corcel luchando contra la caballería de Mornaew (quien se encontraba a poca distancia de mi, y tengo que decir que pocas veces he visto a una mujer matar con esa brutalidad y elegancia a la par) algo llamó mi atención, di media vuelta y observé como otra división del ejercito de Telpe nos atacaba desde la retaguardia, en un principio no supe que hacer, las puertas de la ciudad estaban cada vez más cerca, sin embargo sin continuaba terminaría rodeado por dos flancos y sin posibilidad de escapatoria, detuve el asedio a las puertas pero ordené seguir con la lucha contra los enemigos, aún así, fue inútil, los enemigos de la retaguardia, liderados por un maia seguían avanzando, su intención era clara, llegar hasta la caballería de Mornaew y asestar el golpe de gracia y aunque consiguieron la unión entre los dos capitanes y embistieron con gran furia, mi compañía tocó a retirada y nos marchamos del lugar posponiendo el asedio para otra ocasión.

Ahora hago recuento de perdidas, mi compañía ha perdido diecisiete armadas, sin contar los heridos y los prisioneros, sin embargo, estimo que Telpe ha perdido entre doce y catorce armadas y algún que otro arquero Nurnita. La derrota ha sido clara, pero no decisiva, en breves pediré refuerzos a Ciudad Dragón y es muy probable que en la siguiente ocasión los pendones de la llama ardiente caigan ante la Torre de Cristal.

Sin embargo, tengo que confesar algo, cuando me encontraba ante aquellos muros, bajo aquellas torres espectrales sentí una sensación extraña, una sensación que no me invadía desde que el mismísimo Melkor me habló cuando yo todavía era un Numenoreano, por eso comienzo a comprender que en esa oscura ciudad, repleta de desalmados todavía permanece la esencia de mi señor oscuro y he de decir....que me gusta.

El estudiante cerró lentamente el libro, aquella lectura le había apasionado, su técnica era diferente a la de otros capitanes, este quizás era algo más directo y no profundizaba tanto en detalles poéticos. Sin embargo su trabajo se le había quedado corto, las ultimas palabras de Yandros le habían calado hondo, ¿A que se refería con que Melkor le habló?

De todos era sabido que el numenoreano fue un gran creyente de la fe del Oscuro Valar, pero esa confesión sobre la ciudad de Nurn, ¿podría dar pie a una traición del Nigromante? De repente el chico quiso saber más sobre la vida de aquel extraño capitán y buscando a la empleada de la biblioteca le preguntó sobre donde encontrar la biografía de Yandros, esta le miró calmadamente y le dijo:

-Todos los libros que escribió Yandros, se encuentran aquí, en esta biblioteca, Yandros siempre amó esta ciudad y por ello los deposito aquí... excepto uno, el sabía que aunque el Valle aceptaría su fe y creencia pensó que aquel libro no tenia cabida en estas paredes por ello cuando desapareció, todos sus artículos personales quedaron guardados en la Torre de Cristal, en la sala de los capitanes, y sus libros en la biblioteca, pero se sabe que ordenó mandar uno hacia Narmelost, fue el primero que escribió durante su juventud y el último en terminar antes de su muerte, a primeros rasgos se sabe que era su biografía, pero algo mas escribió entre los pasajes de su vida. Ahora permanece bajo la estatua de Melkor, en el templo de El Señor Oscuro en Narmelost, y solo los sacerdotes del mismo tienen acceso a él.

-¿Cómo se llama ese libro?

-Ni siquiera eso se conserva, si alguien sabe como se llama y que oculta entre sus líneas, son esos indeseables Nurnitas.

Días más tarde, aquel muchacho desapareció de la ciudad, sus padres dijeron que la ultima vez que lo vieron montó el caballo de su tío hacia los puertos del norte, no llevó consigo ningún objeto ni arma, excepto unos mapas de la región de Nurn.

Escrito el 29-01-2006 11:39 #4

Resumen de la batalla.

Telpe ha perdido 13 armadas x35= 455 puntos.

Recuperables: 303 puntos.

Valoraciones: 8+8+8+9= 8,25

Recupera: 250 puntos. Los dirigentes sufren daños por el 60%, por este conepto recupera 210 puntos. Total recuperación: 460 puntos.

No pierde puntos.

Valle ha perdido 17 armadas x35= 595 puntos.

Recuperables: 198 puntos.

Valoraciones: 7+8+9+9= 8,25

Recupera: 163 puntos.

Pierde: 432 puntos.

Telpe recibe 225 monedas por la victoria en la batalla.

Telpe entrega 100 monedas por abandono a Valle.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.