La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Historia Por Vida - Alianza - Haradriel

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Haradriel

Recordaba cada momento de la batalla, pero sobre todo aquella saeta impactada en su cuerpo antes de salir de su habitación, el elfo había acudido a su ayuda esa vez y le había dado algo contra el veneno, cuando sintió que podía moverse salio de los aposentos y corrió a la batalla, Dregnor necesitaba de su ayuda. No sentía la sangre salir de su herida, Fëathoron de nuevo se acerco a ella y le rogó que saliera de la batalla, pero se negó, no podía dejarles ahí, fue entonces que una espada que se dirigía hacia ella fue interceptada por el elfo, Haradriel se quedo paralizada, le había salvado la vida, ¿pero porque? no tubo tiempo de pensar lo tomo en brazos y se lo llevo, cuando lo dejo en manos de los curanderos la muchacha se desvaneció completamente, había perdido demasiada sangre.

Los médicos la tomaron rápidamente y se la llevaron a una cama, Esteniel llego y le puso el velo blanco, cuando termino le quitaron las ropas y comenzaron a curarla. La joven se quedo atenta a los movimientos de aquellas manos y cuando acabaron, se encargo de que la llevaran a una habitación, donde nadie la molestara…

Veía entre sueños a un hombre alto y bien parecido en principio creyó que era Aratan, pero no podía ser el, había algo diferente en aquel hombre. Avanzaba hacia ella, pero Haradriel siempre huía de el, ¿que extraña sensación le podía causar para que escapara de su vista y sus palabras?

Cuando pudo levantarse, caminaba hacia la ventana y se sentaba largo rato a observar lo alrededores, en esos breves instantes, parecía que el tiempo se detenía y cuando miraba hacia el mausoleo de los reyes veía la misma figura que caminaba esperando, fue entonces que Lalwendë se dio cuenta que ya era hora de hacerle frente a aquello que no quería ver.

Así fue que una tarde mientras Esteniel no le cuidaba, se puso su velo y salio con pasos muy ligeros de las casas de curación, paso sin mayores problemas por la muralla y camino hacia el mausoleo, nadie lo visitaba, algunas veces llevaban flores para los que alguna vez gobernaron aquellas tierras, la figura misteriosa no estaba por ningún lugar. Haradriel abrió con cuidado la puerta y entro, la sala se encontraba vacía, varias tumbas se encontraban a los lados, cada una con el nombre del rey; en el fondo pegado a una pared, estaba la que ella buscaba, se acerco lentamente hasta quedar frente a ella, leyó el nombre con cuidado:

Aquí descansa Tholglîn, primer señor de la fuente

Bendecido por las estrellas de Varda,

Bien amado rey de Eithel Glîn.

Se quito el velo y lo puso a un lado, como si su padre pudiera verle el rostro, poso su mano en la estatua que representaba al cuerpo inerte del rey y recorrió su cara con delicadeza, después el pecho hasta llegar a las manos que entrelazaban una hermosa espada símbolo de su jerarquía. Las imágenes de aquellos recuerdos se le vinieron rápidamente a la mente: Hyriand siendo asesinado por la mano del traidor, el propio traidor saltando al vació; su madre llorando y cerrándole la heridas al rey que ya no podía regresar a la vida y por ultimo miro a Lairelossë postrando la espada de su bien amado en la tumba del mismo.

Entonces Haradriel lloro, lloro por aquellos recuerdos que no le pertenecían, pero que eran parte de su propia historia y aquellas lágrimas no eran exactamente símbolos de tristeza, no, mas bien representaban una nostalgia y una paz que hasta ese momento no le habían tocado el corazón, la muchacha se recostó junto a la estatua como cuando una niña duerme a lado de su padre, sin embargo ella no le había tenido a su lado, al rato la joven se quedo dormida tratando de soñar como seria la vida, si su padre la hubiera visto crecer.

Cuando despertó se dio cuenta que ya era hora de partir, susurro levemente un adiós, tomo el velo y salio de ahí. Al lado del mausoleo había un gran árbol, se apoyo en el, no se pondría el velo, caminaría por el bosque un rato antes de regresar a la fortaleza, ya comenzaba a caminar cuando atrás de ella se oyó una voz.

-Así que has venido a visitar a los fantasmas de tu pasado.- Haradriel no reconocía esa voz, pera sabia que pertenecía a la figura misteriosa, en vez de ponerse el velo para que no le viera el rostro, la muchacha volteo sin mas ni mas.- Se parece mucho a su madre señorita y eso me trae muchos y gratos recuerdos de Neldoriel, sin embargo hay algo en usted que me recuerda mas al antiguo rey, estoy seguro que es su templanza.

-¿Quién es usted?, ¿Conoció a mis padres?- le pregunto ella.- ¿de donde los conoce?

-Demasiadas preguntas Lalwendë.- la muchacha los miro sorprendido, sabia su amilessë, no dijo nada y dejo que continuara.- soy un buen amigo, que le salvo la vida una vez hace tiempo, ¿no os hablo Esteniel de mi?

-Así que era usted, yo no le he dado las…- fue interrumpida tempestivamente por el hombre, que camino hacia ella.

-No es necesario Lalwendë, era algo que tenia y quería hacer, ahora ven aquí y déjame verte mas de cerca.- la muchacha se alejo de el y recordó aquel sueño, iba a voltear cuando el hombre le tomo por el brazo y la atrajo hacia el.- no voltees, al parecer alguien te busca y no creo que quieras que te vean o ¿si?

La muchacha se sorprendió por aquel acto, el hombre la había abrazado y parecía mirar a quien la buscaba; a Haradriel le pareció extraño, porque ahora también lo estaba abrazando, se sentía tan segura entre aquellos brazos; por un momento una idea disparatada se le vino a la mente: “Si este hombre fuera mi padre, todo estaría bien”, el extraño le acaricio el cabello, sintió como inhalaba su perfume y le susurraba unas palabras al oído.

-Me hubiera gustado tanto verte nacer y crecer hija mía.- una lágrima cayó por la mejilla del ¿fantasma?, la muchacha le miro sorprendida y por un momento sonrió, pero su sonrisa se vio colmada de lágrimas, su padre le acaricio el rostro.- ni siquiera me entere que Neldoriel os esperaba a ti y a Aratan, todo paso tan rápido.

-¿Pero como es que…?.- Hyriand puso un dedo en sus labios y luego le beso la frente.

-Hay ciertas cosas que no pueden explicarse, solo te diré que las estrellas me han bendecido y por eso he venido a verte, aunque sea solo una vez.- se miraron a lo ojos.- eres tan parecida a ella, seguramente Aratan tendrá sus mismo ojos, ya es tiempo de que parta y en verdad que esta vez será para siempre.- el hombre la atrajo hacia sus brazos, Haradriel apoyo la cabeza en su pecho y así se quedaron un momento.- Que Eru te bendiga y que las estrellas guíen tu camino, namarië mi damita sonriente.

-Namarië padre.- le dijo ella, Tholglîn sonrió complacido, se separo de ella y comenzó a caminar hacia el bosque, al rato su figura desapareció, un lágrima cayó por la mejilla de la muchacha, que encuentro tan agradable le habían regalado.

Lalwendë miro la estrella de la tarde y sonrió, después se puso su velo y camino hacia la fortaleza de plata, cuando entro una anciana se acerco muy rápidamente hacia ella, la regaño y la tomo del brazo guiándola hacia las casas de curación, la muchacha rió contenta y se dejo guiar por la “abuela”. Aquella señora había cuidado de la mayoría de los integrantes de la Alianza y parecía la abuela de todos, pasaron por el cuarto de Fëathoron y la joven se detuvo, la anciana le miro y asintió en silencio alejándose lentamente, toco a la puerta y entro, el elfo se encontraba pensando.

-Aiya Fëathoron ¿Cómo te encuentras?- le pregunto ella sentándose en la silla mas cercana.

-Ya mejor Haradriel y veo que vos esta mejor que yo.- los dos rieron con ganas.- ¿a que debo el honor de tu visita?

-A ver como estas y hablar contigo.- el elfo le miro extrañado.- yo no podría explicarte ciertas cosas de mi pasado y tampoco el porque tengo esta clase de poder “divino”.- la muchacha se levanto.- pero no se como explicarme el que me hayas salvado la vida dos veces, se que eso solo prueba una cosa: en ti he encontrado un amigo y os doy las gracias por eso.- Fëathoron sonrió, pensó que aquello de lo que le hablaría Haradriel seria grave.- se que alguien ha atentado contra mi vida, pero eso ahora no me importa, siento una paz muy grande.- su amigo iba a preguntar algo.- no, no lo hagas, porque no te voy a decir porque.

- Al parecer en verdad, que vos no cambiara nunca.- los dos rieron de nuevo.- aquel día os vi el rostro en su habitación.- la muchacha asintió en silencio pero desvió la mirada.- no creo que le avergüence su belleza noble dama y tampoco os preguntare porque usa el velo, solo quiero decirle que verle en verdad como es, ha sido un honor.

Lalwendë sonrió complacida y le miro a los ojos dando las gracias, se quedaron un momento en silencio, fue cuando la muchacha decidió retirarse pues la tarde hacia mucho que le había dejado el paso a la noche, se despidió y salio de la habitación, al pasar por lo jardines miro a Esteniel, la muchacha parecía triste, Haradriel sabia exactamente la razón de eso, pero ahora no era momento de hablar con ella y tampoco lo haría con Dregnor. Entro a su habitación y se recostó en la cama, ahora lo que le apremiaba era hablar con su “hermanito”, pero tendría que esperar, hasta que fuera el momento oportuno.