La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Historia Por Vida - Alianza - Dregnor

2006:01:24:21:21:40

Dregnor Sereghîr

Mojó una vez más el paño y lo posó en la frente del capitán, su rostro tan gallardo y hermoso estaba extrañamente relajado, la muchacha no lo dejaba de mirar. ¡Pero qué tormento! sabía perfectamente que el númenóreano no se fijaría en ella nunca, primero porque a sus ojos era una chiquilla, segundo se casaría con la mismísima reina. En ese momento la joven se arrepentía irremediablemente de haberle hecho caso a Haradriel, no tenía porqué cuidarlo ella, cualquier otra enfermera podría haberlo hecho pero no, Lalawendë le había pedido que cuidara de él ¡por Eru! ni siquiera lo había hecho personalmente. Algunos elfos lo habían traído a las casas de curación con las órdenes estrictas, ella tenía que velar por su salud. Mojó de nuevo el paño, se lo puso en la frente y revisó con cuidado las heridas, ya estaban sanando, pronto el hombre estaría bien, se levantó y se dirigió hacia la ventana, ya se ponía el sol y la estrella de la tarde hacía poco que surcaba los cielos, volteó su rostro y miró al hombre de nuevo, no lo había podido evitar, ahora estaba enamorada de él y sabía que pronto se le rompería el corazón.

Sonó la puerta levemente y una anciana entró muy despacio a la habitación, le dijo que era tiempo que le dejara solo, que era mejor que fuera a ver a su protectora, la muchacha miró a la anciana y no dijo nada- por dentro la maldecía por correrla- hizo una leve reverencia y se dirigió a los aposentos de su señora…

Dregnor sentía unas manos delicadas y protectoras que le cuidaban, pensó en su amada Narairë, pero sabía que no podía ser ella, aquellas nobles manos le hacían sentir bien, de repente sintió que se alejaban y unas más rudas le atendían, el hombre deseaba que las otras regresaran.

Trató de recordar lo que había pasado en aquel día de la batalla, sin embargo no podía en aquel estado de inconsciencia, deseaba con todo el corazón ver aquellas manos que le habían sanado. Durante todo ese tiempo posó sus pensamientos en ello. A lo lejos una música muy hermosa le invitaba a salir de aquel estado, poco a poco fué abriendo los ojos y se encontró con una damisela que tocaba virtuosamente una flauta de madera sencillamente labrada, la joven no se había dado cuenta y aún seguía tocando. Dregnor no hizo ademán de interrumpirla y dejó que aquellas notas le embriagaran el alma, cuando la muchacha terminó, comenzó a aplaudir y ésta saltó asustada.

-Perdón, no era mi intención asustarte.- le dijo Dregnor, que se sentó pausadamente en la cama- ¿Quién eres joven virtuosa?- la muchacha se sonrojó y bajó la cabeza- no te avergüences, eres muy buena con la música ¿me dirás quién eres?

-Soy Esteniel hija de Nolad, soy la protegida de…

-Haradriel.- le respondió él, interrumpiéndola - ¿ acaso es que pretende molestarme, mandándote a tí ?

-No creo que esa sea su intención mi señor, lo hizo porque confía en mí y quiere que vos esté en las mejores manos - la muchacha se levantó e hizo ademán de irse

- iré a por algo de comida, debe tener hambre.

Dicho esto Esteniel salió por la puerta rápidamente, sentía que le flaqueaban las rodillas, había sido muy fuerte al hablarle así, cualquier jovencita de su edad se hubiera puesto colorada y no hubiera dicho ni pío, caminó por el pasillo más tranquila y una gran sonrisa de victoria se dibujó en su rostro.

“Así que ella era mi artesana, la de las nobles manos” pensaba el hombre al salir la muchacha. Aunque era joven, lo recompensaba con aquella fuerza en sus palabras, ya tendría mucho tiempo para hablar con ella y darse cuenta de como era verdaderamente, pensó también en Haradriel, por primera vez le dió las gracias en silencio por haberle mandado aquella muchacha a que le cuidara…

Muchos días pasaron y durante aquellas tardes, Esteniel pasaba mucho tiempo con Dregnor, cuando él estuvo apto para salir, lo acompañaba a los jardínes y los dos hablaban de la lejana Númenor, de lo bella que era antes de que cayera en la sombra de la envidia de los hombres hacia lo elfos.

La muchacha le tomaba más afecto y trataba de recordarse a cada momento que aquello era una fantasía y que pronto su corazón se quebraría, como cuando el cristal cae desde muy alto y termina por estrellarse en el piso y convertirse solo en breves fragmentos de lo que alguna vez fué. Dregnor por su parte le comenzó a tomar un cariño muy grande, intentaba verla como una hermana pequeña pero no podía “si tan solo fuera mas grande” pensaba y también estaba aquel pequeño obstáculo, era la protegida de Haradriel y ella no permitiría que le tocara ni que pusiera un poco de amor en su corazón, parecía dura en lo que respecta a los temas del amor, pero el hombre sabía que no era así, de todas formas no le daría ningún consentimiento y menos siendo amiga de la reina. Fué en alguna de aquellas tardes en que el hombre le pidió que le enseñara a tocar la flauta, así tendría un pretexto para verla después, lo que no sabía Dregnor es que le avivaba las ilusiones a la muchacha respecto a él. Fué así que poco a poco sin darse cuenta, los dos comenzaron a darse algo que los amigos no pueden dar, pero que tampoco llega a ser el amor que una noble joven puede entregar al más fiel caballero.

Las tardes se convirtieron en horizontes sin fin, mientras más tiempo pasaba, la habilidad de Dregnor con la flauta se hacía mayor y el afecto de Esteniel hacia él se hacía cada vez más grande; incluso un día los dos habían visitado a Haradriel que tardó mucho más tiempo en recuperarse y ésta los había visto de una forma muy misteriosa. No había dicho nada y no trató de ocasionar una pelea entre ella y Dregnor por la presencia de la muchacha, ya hablaría él con ella de aquella situación.

Finalmente una noche Esteniel decidió declarar aquel sentimiento con el hombre, fué hasta su habitación y le invitó a pasear por el jardín. Dregnor le ofreció el brazo y lo dos caminaron largo rato entre las rosas y las alondras más hermosas de los jardínes de las casas de curación, entonces la muchacha le dijo todo y éste la miró sin sorpresa alguna, la tomó por los brazos y la atrajo hacia ¿ella?, no le importó lo que pensara su “hermanita”, selló sus labios en los de ella y la sorpresa de la muchacha se vió reflejada en el impulso de hacerse hacia atrás, pero él de nuevo la atrajo hacia ¿ella?, esta vez ya no le rechazó, cuando aquel sencillo beso se terminó Dregnor comenzó a susurrale en el oído:

-En verdad que siento algo muy hermoso por tí, mi querida artesana - Dregnor seguía hablando, pero sentía como las lágrimas de ella mojaban poco a poco su ropa - pero lo que sentimos el uno por el otro, no es aquel amor que alguna vez hará que te unas a algún hombre. Afortunado aquél al que le entregues tu corazón, porque tendrá algo que yo no puedo tener. No llores por mí Esteniel, nuestros caminos no irán juntos nunca, pero aun así nos guardaremos mutuamente en el corazón del otro y ese recuerdo lo tendrás cuando seas una anciana que ya no tiene las ilusiones de una chiquilla, si no simples memorias que la hacen mas sabia - ella hizo ademán de hablar pero él la silenció con otro pequeño beso - no digas nada, será mejor que deje de verte, por lo menos hasta que tu corazón logre guardar ese sentimiento.

Dregnor la soltó triste y comenzó a caminar en dirección a su habitación, una lágrima se escapó por su mejilla, no podían estar juntos y tendría que evitarla demasiado.

Aquella noche Dregnor decidió partir y ya no considerarse compañero de guerra de la dama Haradriel, sin embargo, no se iría sin despedirse y entablar unas cuantas palabras con ella.

[Editado por Maehdros el 24-01-2006 21:22]