La Guerra de los Clanes

Historia Por Vida - Nurn - Galandul

Terminada
Escrito el 24-01-2006 20:20 #1

Muchas veces, el peligro nos mira y vigila en nuestros más tenebrosos sueños y ahí espera tranquilo, sigiloso hasta que nos descuidamos y es entonces cuando nos empuja al abismo de una forma y en un momento en el que no estábamos ni preparados ni atentos para poder actuar.

En muy pocas ocasiones, algunos consiguen ver el rostro de aquel que nos empuja por detrás y les lleve a los dominios de Mandos. Pero Eru no quiso ese destino para mí, a mí me esperaba un destino más oscuro al parecer y en el momento justo pude apartarme del borde y mandar al abismo a las manos traidoras. Porque la traición, que sino, andaba acechándome desde aquel día en que volví de tierras de Narmelost, tras tomarme un breve retiro militar. Y es que para los que el bien es su fuente de inspiración, su forma de ver las cosas, su forma de vivir, su forma de actuar, parece que no les es compatible realizar amistades fuera del circulo que ellos creen conveniente y es entonces que según ellos por el bien y la estabilidad hay que deshacerse de la causa que ha provocado el hecho anterior, pero no se dan cuenta que de que pude burlar a la muerte en esta ocasión y ahora no les queda sino esperar a que ésta se tome su venganza.

Y es que no hay ser más amable que la raza de los elfos, pero no hay otra cosa que haga a un elfo proclamarse ser oscuro y tenebroso, mas que las ansias de venganza y la sed de sangre que se cobrara en almas de sus traidores. Pues sobre su conciencia pesaran las muertes de muchos inocentes en tierras Tasarianas. Todos piensas que mi historia ha acabado yo digo que acaba de empezar.

El comienzo... del fin

Tras salir de Narmelost, Galandul siguió la fina y oscura estela del río Morëlimbar hasta llegar a la ciudad de Túrelondë. Allí espero unos días en una posada muy típica, oscura, sucia y llena de pintas. Dos días mas tarde el barco se disponía a salir, pero existía un peligro en el viaje, el cual residía, en cruzar el Golfo Sangriento temido por los ataques de un grupo de corsarios de Umbar que desde hace poco tiempo habían extendido sus dominios marítimos mas allá de las tierras de sus dominadores ahora, los haradrim. El trayecto hasta la ciudad Hecilondë fue ameno, el elfo disfrutaba de los amaneceres en el mar y del ocaso del sol antes de acostarse, era una imagen bella para él. Una vez allí, tardó pocas horas en encontrar a un grupo que partía hacia Tilondë. Ya por la noche lograron atracar en la ciudad, donde ya no existiría peligro para Galandul, ya que estaba en tierras del Concilio, su tierra. Allí se quedo a descansar y a entrenar una semana, ya que quería volver con ganas a la capital tras haber estado retirado durante algún tiempo. La semana transcurrió lentamente, ya que no podía dejar atrás recuerdos pasados en tierras nurnitas, con la elfa llamada Inglin, pero el plazo terminó y debía volver a su casa, a Sulëdaelessar. Tras atravesar la distancia que separaba ambas ciudades, el elfo no tenía ganas de otra cosa que no fuera ver y hablar con sus amigos tras dejar el petate, pero pronto se dio cuenta que había miradas de indiferencia hacia él por saber de donde venia, aun así el elfo fue a encontrarse con sus viejos amigos.

Tras llegar a su casa e instalarse fue al cuartel, allí estaban, pero algo había cambiado. El elfo al entrar por la puerta había notado las miradas clavadas en él, con un aire de desprecio, no sabía como, pero creía que se habían enterado de su estancia en Nurn y para ellos no era muy agradable ver a tassarianos vagar por tierras nurnitas. Galandul creía que ellos pensaban que podía haber revelado alguna confidencia del Concilio en Narmelost, algo que desde luego era improbable, por no decir imposible, ya que ante todo lo demás el elfo valoraba la lealtad para con su pueblo que le había acogido, le había dado un trabajo y un hogar.

Muchos simpatizantes del Concilio pensaban que podía haber pasado información a cambio de su liberación u otros servicios que le beneficiarían y eso supuso que el elfo fuera persona de poca confianza y no grata para ellos, todo esto se traducía en el campo de batalla, algo que suponía un gran peligro para todos, no solo para él, ya que nadie quería luchar cerca del elfo, y los que lo hacia ignoraban sus ordenes o simplemente renunciaban a estar en la misma compañía que él.

Iban pasando los meses, pero la situación no cambiaba, o quizás sí lo hacia, pero desde luego no a mejor para Galandul. El elfo no entendía como tras haber repetido una vez tras otra lo mismo los que se hacían llamar sus amigos no podían confiar en él, hasta negarle el saludo. Aun así él seguía pensando que algún día se darían cuenta que estuvieron equivocados y rectificarían en cuanto a este asunto, pero en absoluto fue así.

Pasaban los días, las semanas y el elfo era el único militar con rango que no entraba en batalla, ya que no se lo permitían, hasta que un día, así, sin previo aviso le fue encomendada una misión a el y a otros soldados a su cargo, algo extraño para él, ya que no habían cambiado de opinión respecto a el o por lo menos no se lo habían comunicado personalmente.

El Concilio había decidido acabar con las inseguridades planeando una misión para el elfo, una misión que seria la ultima para él, ya que cayera en batalla contra Telpe tenían la excusa perfecta para justificar la muerte de Galandul. Todo estaba preparado, tenían su posición en el campo de guerra, pero él se imagino algo, ya que sentía una sensación extraña y haría unos días el intenso color azul de sus ojos había cambiado a un gris entrecortado, al mismo tiempo que el cielo, ¿casualidad? El elfo estaba más ágil y sobretodo con mas atención a su alrededor que a los propios enemigos que debía tener en realidad. Pasaron horas y la lucha contra Telpe debilitó la compañía al mando del elfo, habían sido reducidos y estaban escudriñados en unas viejas ruinas de lo que podría haber un sido una vieja casa de piedra. Galandul revisaba él numero de bajas y a los heridos, algo había salido mal, tal vez el elfo aun no estaba a la altura de llevar una compañía tan numerosa tras haber pasado tantas cosas en los últimos meses. Cuando de la nada y sin haber hecho muestras de inobediencia o descontento durante la batalla uno de los enanos aun con vida del ejercito tassariano saco su hacha de mano, algo raro situados a mas de 3 millas del enemigo constato el elfo, se lanzo contra él, pero se encontraba preparado con su cimitarra y al salto del enano le siguió un movimiento circular del arma del elfo que le secciono el cuello y con ello le separo la cabeza del cuerpo haciendo salpicar la oscura sangre roja del enano contra el pecho de Galandul. Tras caer el enano dos mas le asaltaron a puñetazos y perdió su cimitarra en la pelea, lo tenían en el suelo, le estaban pateando y cuando uno de ellos se disponía a rematarle con su hacha de guerra que llevaba colgada a la espalda el elfo sin saber como se giro en el suelo y llego a alcanzar una de sus dagas y consiguió clavarla primero en el pecho de uno y seguido en el segundo, los 4 integrantes mas del grupo que seguían en vivos tras la batalla contra Telpe, al principio solo miraron sorprendidos con la actitud de sus compañeros, ya que no sabían nada, pero no podían permitirse quedarse por lo que huyeron. Galandul se quedo tumbado en el barro, lleno de sangre, suya y de sus victimas, lleno de moratones, magulladuras y barro, entonces hizo un juramento, no descansaría hasta mandar a todos los que confabularon para matarle a los confines de Mandos, aunque tendría que pasar por encima de sus familias y ciudadanos de tierras del Concilio, ya no existían amigos allí, para el ya eran victimas, sus victimas.

Todo acaba de comenzar, un nuevo elfo yacía en la Tierra Media y uno nuevo se incorporaba para saciar su sed de venganza.

Escrito el 03-02-2006 16:57 #2

Este personaje recupera un 40% de vida.

Historia finalizada.