Eärondûr Rangilion
Alianza se retira del combate
Alianza pierde 15 armadas
Tercano 19 armadas
Victoria para Alianza, no se produce Saqueo
[Editado por Cudesas el 01-02-2006 16:32]

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.
Edicion 2
Finalizada · 08-09-2004
2006:02:01:20:37:59
Alianza se retira del combate
Alianza pierde 15 armadas
Tercano 19 armadas
Victoria para Alianza, no se produce Saqueo
[Editado por Cudesas el 01-02-2006 16:32]
El día había atardecido frío y oscuro, los pájaros revoloteaban inquietos. El ejército de la Alianza estaba frente a las puertas de Barad Highgwath, a una distancia prudente de los arqueros de Tercano. Pero esta vez contaban con un nuevo Capitán: un elfo de las mismas tierras que Laitainë, Eldorien, que dirigiría a los arqueros.
Un arquero elfo llamado Moldir dijo a Eldorien:
- Capitán, no podremos contra ellos, tienen muchos arqueros en las murallas, y sus puertas son muy duras. Tenemos sólo un ariete, ¿que haremos si lo destruyen?
- Mmm -dijo Eldorien.- No creo que debamos usarlo.
En efecto el plan que Eldorien había hecho con la capitana Laitainë y la reina Narairë era simple, en vez de usar el ariete para romper la puerta, lo usarían como distracción. Los ents arrojarían grandes rocas hacia las puertas, luego lanzarían otras hacia las murallas y arqueros. Eldorien aseguraría la puerta, y Laitainë entraría y aseguraría la ciudad con ayuda de Eldorien en cobertura.
Y así fue. El ariete comenzó a moverse empujado por varios hombres, mientras que otros los cubrían con escudos a sus lados. Los elfos de Tercano no tardaron en encender sus flechas y disparar al ariete que tenía partes de tela y era fácil de quemar, pero los ents comenzaron a arrojar rocas hacia las puertas, y solo bastaron tres para destruirla.
Al hacer esto vieron que detrás de las puertas, ahora reorganizándose, había una pequeña horda de hombres lanceros y enanos con hachas. Los ents cambiaron el objetivo y comenzaron a destruir con piedras enormes las murallas y a barrer arqueros, desde adentro de la ciudad se oían horribles ruidos y podían ver a los arqueros bajando de las murallas con una rapidez increíble. Eldorien se había puesto junto con sus arqueros a una distancia prudente de la puerta frente a los hombres y enanos, que continuában esperando un ataque. En sus caras se notaba el miedo y los nervios. De repente una orden de carga se escuchó de entre los hombres y estos y los enanos salieron disparados de la ciudad hacia Eldorien y los elfos.
Eldorien tomó su arco, los demás le imitaron, y dio la orden: ¡¡fuego!! Docenas y docenas de flechas salieron silbando de los arcos élficos y dieron en los cuellos y estómagos de los enemigos, una veintena de hombres cayeron y también se distinguieron los cuerpos inertes de unos enanos. Pero seguían corriendo, se encontraban ya a unos veinte pies y las flechas volvieron a salir disparadas de los arcos y mataron a un buen grupo de enemigos. Eldorien ordenó sacar espadas, los elfos sacaron espadas largas y curvas, mas Eldorien sacó dos cuchillas. Al llegar, los hombres que quedaban intentaron clavar sus lanzas en los estómagos de los elfos, pero éstos les esquivaron y golpearon de costado a los hombres. Eldorien mató a dos y se acercó a los enanos que luchaban en un costado, derribándoles, mas casi recibió un hachazo en las piernas, pero huyó a tiempo con su gran habilidad.
Pero algo pasó que nadie se esperaba. Por un costado de la muralla oeste salieron unos ents tercanos canturreando y pisando el suelo con tanta fuerza que Eldorien cayó al suelo. Los ents de la alianza salieron a su encuentro. Los arqueros, caballeros y soldados vieron un espectáculo horrible: una lucha entre ents y ents. Era algo muy frustrante de ver, pues se golpeaban en las cabezas con tanta fuerza y odio que retumbaba hasta lejos el sonido. Miles de astillas llenaban el aire, perdiéndose con la lluvia, y los soldados de la alianza miraban estupefactos. Al fin, numerosos ents de ambos bandos habían perecido, o se hayaban malheridos.
Laitainë no esperó más y ordenó entrar en la ciudad con la caballería el frente y los soldados detrás. El capitán aliado y sus arqueros estaban estupefactos y tardaron en entrar en la ciudad.
Acompañada de la Reina Narairë, Laitainë entró con fuerza sobre su corcel Alagos. A su lado, había dispuesto a los caballeros lanceros, para abrir el paso a los soldados. El nuevo capitán se unió con parte de sus arqueros a la infantería. El sonido que produjo el primer impacto cuerpo a cuerpo entre Tercano y la Alianza fue ensordecedor, acompañado de un momentáneo silencio, que dio paso al entrechocar de espadas. Desde sus corceles, Laitainë y Narairë luchaban con sus espadas largas, siempre juntas para protegerse, pues la lucha a caballo no era su especialidad. Por ello, decidieron continuar a pie, susurrando unas palabras a los caballos que desaparecieron. La Reina de la Alianza dio entonces un fuerte espadazo casi rozando el brazo de Laitainë, que fue salpicada de una sangre oscura. Inmediatamente, la elfa se dio la vuelta, y su espada Fírenar cortó la cabeza a un elfo oscuro que ya había perdido el brazo en el que portaba una daga. Con un gesto de su cabeza, dio las gracias a su reina Narairë. Fue entonces cuando divisaron a la capitana tercana Nelindë dirigiendo sus tropas. Laitainë se dirigió hacia ella, con la espada sobre su cuerpo, y entonces se vieron sumidas en una encarnizada lucha. Ambas eran unas grandes y ágiles luchadoras, por lo que el encuentro no era fácil. Cada golpe que propinaban las capitanas podía resultar mortal para cualquier otro soldado, pero entre ellas no resultaba casi efecto alguno. La capitana aliada conocía la historia de su oponente, era descendiente de Fëanor, aquél que llevó la guerra y la desgracia a sus gentes. En otro contexto eso no hubiera importado, pero en aquel momento era una razón para que la espada de Laitainë se moviera con más furia aún. Pero la lucha podría seguir así eternamente. En ese instante, un rayo cayó en la plaza, causando algunas bajas entre los combatientes, y desconcierto entre los demás. Los gritos aumentaron, las flechas comenzaron a cortar el aire de nuevo, y las capitanas detuvieron un momento la lucha, mas el filo de sus espadas seguían pegados, y ambas mantenían con fuerza el acero, mientras la lluvia empapaba sus rostros. La lucha no debía ser entre ellas. Una debía defender su ciudad, y la otra atacar, vengar los ataques recibidos por parte de Tercano a la Alianza. Otro rayo cayó, y las fieras miradas de ambas se cruzaron. Con un fuerte empujón, fueron repelidas las dos espadas, cada una volvió con los suyos. En ese momento, las fuerzas Aliadas eran claramente superiores, Narairë se debatía con dos humanos, cada uno llevaba guantes de cuero con cuchillas incrustadas, que rajaban cualquier cosa que se le acercara. Esa era la razón por la que su vestido estaba rajado, y algo de sangre manaba de las heridas. Mas de repente, desde el techado de uno de los palacios que rodeaban la plaza de Barad Highgwath, Eldorien disparó una mortífera flecha que hizo blanco en la nuca de uno de los hombres. Aquello causó sorpresa en el otro hombre, que miró momentáneamente hacia el origen de la flecha, instante que aprovechó Narairë para clavar su espada en el estómago de su oponente. Éste cayó sobre ella, clavándola sobre su pecho aquellas pequeñas y afiladas cuchillas de la mano. Aquellas heridas no eran excesivamente profundas, mas sangraban demasiado, debido a la cercanía al corazón.
Pero la batalla continuaba ardua y dura, hombres elfos y enanos morían en ambos bandos. Eldorien y algunos arqueros comenzaron a saltar de techo en techo hasta llegar a la construcción principal de la ciudad: la ciudadela. Entraron por una abertura en el tejado que permitía la entrada de la luz en una gran mesa. Era tapada por una tela en las lluvias. Ahora estaba tapada, pero pisándola se rompió. Entraron y mataron a dos soldados hombres con espadas que estaban ahí. Abrieron las puertas y quedaron tras las líneas de Tercano.
Lanzaron varias flechas, hasta que se les acabaron. Mas el capitán de los arqueros vio que Laitainë estaba en problemas, ya que se había alejado nuevamente de la línea de batalla donde hachas espadas y lanzas de ambos bandos chocaban. Estaba en un costado luchando contra tres elfos oscuros que tenían espadas largas y curvas. Éstas chocaban contra Fírenar con semejante fuerza, que casi sacaban chispas. Pero nadie ayudaba a Laitainë.
A Eldorien y sus arqueros se les habían acabado las flechas así que sacó sus cuchillas de nuevo y ordenó la carga.
Los elfos salieron corriendo con sus espadas en alto. Eldorien se desvió y fue directo hacia su compañera, mató a un elfo por detrás; mas aún quedaban un par dispuestos a enfrentarse a él. Uno de ellos atacó a Eldorien rápidamente. A cualquier hombre lo hubiese tomado por sorpresa, pero el elfo era muy ágil tenía reflejos muy buenos se tiró hacia atrás, y lo esquivó. Laitainë aprovechó y lo mató. El último fue asesinado por una flecha que vino de uno de los tejados. La elfa apartó su pelo empapado y agradeció con una sonrisa la ayuda de Eldorien. Mas esa sonrisa se tornó en un ahogado grito de aviso. Un enano tercano apuntaba hacia Eldorien con una ballesta de extraños signos. El elfo dirigió su mirada a Laitainë, para ver el por qué de sus gritos, pero en ese momento, la pequeña flecha se clavó en su pecho. Eldorien cayó al suelo, su respiración se entrecortaba. Númeniel corrió entonces a socorrer a su compañero, mas resbaló durante su carrera. Fue ese el momento que en el que un hombre de Tercano aprovechó para abalanzarse sobre ella. Forcejearon durante un tiempo, luchando cada uno con sus dagas. Aquel hombre consiguió clavarla en el brazo de la elfa, que emitió un grito de dolor. Como pudo, Laitainë sujetó la daga con todas sus fuerzas, y se la clavó en el cuello, dejando que toda la sangre del hombre cayera sobre su rostro. Desesperada, se limpió la cara, y fue al lado de Eldorien. Éste había conseguido extraerse la pequeña flecha, la herida no era profunda, pero estaba cogiendo un color demasiado extraño.
Los capitanes tercanos ordenaron la retirada, ya que en ese momento las fuerzas aliadas eran claramente superiores; y ambos bandos trasladaron a los heridos a las casas de la curación. Tras las negras nubes y a través de las gotas de lluvia, se distinguían ahora los primeros rayos de sol.
[[Escrito por Eldorien, Narairë y Laitainë Númeniel]]
[Editado por Laitaine_Numeniel el 27-01-2006 20:57]
Miles de dudas rondaban su mente…
Lejana estaba la certeza de ella, no entraría en razón, habría que presionarla. Pero un ataque de la alianza no sería el modo que ellos esperaban.
-Nelindë, te necesitamos de vuelta en nuestro ejército, los capitanes y soldados escasean, toda los brazos diestros con las armas son recibidos con alegría…
No respondió, simplemente las dejó ahí con las palabras en la boca.
Necesitaba pensar, y con urgencia por que fuera cual fuera la decisión que tomara, debía hacerlo con plena conciencia, e imparcialidad. Arian y Glarawen diciéndole lo que debía hacer no ayudaban mucho a esto.
Silencio… con el podría meditar en paz.
Subió las escaleras rumbo al torreón más alto de la fortaleza, allí con el viento soplando con fuerza por las ventanas, sólo oiría el suave planear de las águilas.
Sopesaba las ideas una a una…quedarse y combatir, quizá morir pero con honor, o tal vez partir y mantenerse con vida, esperando el momento… pero también cabía la posibilidad de perecer en el intento.
Poco a poco el ruido acompasado de la lluvia al caer la hizo dormirse junto a la ventana.
Despertó en medio de la noche, el cielo cubierto de nubes, dejaba caer pequeñas gotas, la lluvia menguaba.
Nelindë desvió su atención hacia las murallas de la fortaleza, donde una hueste enemiga acercándose a ellas, no pasaba desapercibida a su vista élfica.
Bajó las escalas con premura, buscando a las capitanas de la compañía, necesitaba advertirlas del peligro que se aproximaba.
Las halló en el salón principal.
- Arian, Glarawen, una hueste enemiga se acerca por el oeste, llegarán en una hora o menos, los estandartes revelan su procedencia. El ejército de la Alianza se aproxima. - terminó con calma, esperando la respuesta de las otras dos, pero estas parecían muy sumidas en las palabras recién oídas como para contestarle de inmediato.
- Lo sabemos, por eso estamos reunidas aquí, discutiendo la mejor manera de hacerles frente.- respondió al fin Glarawen, su voz sonaba temblorosa, aunque ni ella misma sabía si era de excitación o temor.
- Está decidido, responderemos desde las almenas, no dejaremos que se acerquen.
Salieron ambas del salón, dejando a Nelindë sumida en sus pensamientos.
Dieron orden de reforzar la entrada principal con maderos, los arqueros se apostaron en las almenas en filas dobles, tras ellos había vasijas llenas de flechas y unas teas prendidas para incendiar las flechas, la lluvia ya había menguado y el viento no soplaba con fuerza lo que impediría que se apagaran.
Iban a hacerlos caer antes de que llegaran a la fortaleza.
Se acercaban cada vez más, cuando estuvieron a distancia de tiro de flecha, se dio la orden de disparar. La lluvia de flechas proveniente de la primera hilera de arqueros cayó con fuerza sobre las huestes enemigas. Pero no surtió el efecto esperado, los escudos de los Aliados repelían con efectividad los ataques, así las flechas se les acababan a los primeros arqueros. Y en cuestión de segundos se dio paso a la segunda hilera, mientras esta atacaba, los otros llenaban sus carcaj de flechas. Así sucedió numerosas veces, pero sin grandes resultados, los ejércitos de la Alianza ya se hallaban próximos.
Arian observó con pavor como un ariete se acercaba a las puertas de la Fortaleza, si lograban ingresar, estarían perdidos.
Entonces Nelindë se unió a la batalla.
- ¡Incendiarias, al ariete!- gritaba con toda la fuerza que era capaz.
Las flechas comenzaron a caer sobre el ariete, quemándolo con rapidez. Al instante comenzaron a caer rocas sobre la puerta, no se necesitaron demasiadas para hacerlas astillas. Entonces la Alianza dejó caer todo su poderío en forma de flechas.
- ¡Desenvainen espadas!, ¡¡bajen, bajen!!- se oía la voz de Nelindë.
Los Tercanos caían como las hojas de los árboles en otoño, y no había nada que pudieran hacer para impedirlo. Ya el patio principal estaba lleno de enemigos que junto a los soldados Tercanos se hallaban sumidos en una lucha cuerpo a cuerpo.
Había un hombre que destacaba sobre los demás, más bien un elfo, ninguna de las capitanas de Tercano lo conocía, pero se manejaba con destreza, Arian se acercó derribando enemigos, quería entablar lucha personal con él. Al verlo acabar con uno de sus soldados, se lanzó a la carga, peleando con destreza con su espada, pero el capitán aliado fue más hábil y le dio un golpe certero en el estomago que la dejó medio muerta.
Al parecer el capitán la creyó muerta por que la dejó ahí y fue al ataque de los enanos.
Glarawen llamó a los Ents, que surgieron de la muralla oeste de la fortaleza, dejando a los aliados estupefactos por esa aparición tan repentina. Elemento sorpresa, habría que aprovecharlo.
Pasaron pisando a cuanto soldado de Alianza encontraban despistado, así fue como acabaron con parte importante de ellos. Pero no duraría mucho, los Ents de Alianza les obstruían el paso entablando combate singular.
Era impresionante ver a los pastores de árboles golpeándose unos a otros con fiereza, aunque era entendible, sabiendo que de ello dependían sus vidas. La lluvia caía con fuerza otra vez.
Un segundo asalto de Alianza conducido ni nada más ni nada menos que por la propia Reina Narairë cayó sobre los soldados Nuruvitas, provocando un ruido atronador en medio de la noche.
Los soldados de Alianza ya penetraban en la ciudadela.
Arrasaron con todo a su paso, saquearon la ciudad y se marcharon.
Amanecía, y la calma volvía a Barad Hithgwath. Aunque ahora comenzaba otra batalla, la de salvar a los heridos de la muerte.
Gran parte de la compañía había muerto en el primer asalto y el siguiente solo sirvió para engrosar el número de víctimas.
Habían perdido soldados y bienes, era un golpe fuerte, del cual costaría mucho reponerse.
Arian había sido encontrada cerca de las escaleras, casi muerta, la llevaron con rapidez a las casas de curación intentando salvarla. Pero solo ella tendría el control en su batalla personal contra la muerte.
Nelindë tenía un par de rasguños en el rostro, mientras que Glarawen se hallaba en peores condiciones, tenía cortes profundos y varios.
Quizá si Nelindë se hubiese decidido antes… Si hubiésemos planeado mejor… Quizá.
Sólo los valar saben que hubiera pasado.
Resumen de la batalla.
Alianza ha perdido 15 armadas x35= 525 puntos.
Recuperables: 350 puntos.
Valoraciones: 7+6+7= 6,67
Recupera: 233 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 80%, por este concepto recupera 280 puntos. Total recuperacion: 513 puntos.
Pierde: 12 puntos.
Tercano ha perdido 19 armadas x35= 665 puntos.
Recuperables: 222 puntos.
Valoraciones: 8,5+7+7= 7,5
Recupera: 167 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 130%, por este concepto recupera 455 puntos. Total recuperacion: 622 puntos.
Pierde: 43 puntos.
Alianza recibe 225 monedas por batalla ganada.
Alianza entrega 100 monedas a Tercano por retirada.
Compañías actualizadas y listas.