La Guerra de los Clanes

127 - C5 Alianza Vs C4 Tercano - Saqueo De Curufarme

Terminada
Escrito el 24-01-2006 15:47 #1

Tercano se retira del Combate

Tercano pierde 9 armadas

Alianza pierde 7 armadas

Victoria para Alianza, se produce Saqueo

Escrito el 27-01-2006 21:54 #2

Tras la última batalla, en la cual la compañía de Árchaon había sufrido una pequeña derrota ante las fuerzas de Nurn, los soldados aliados retomaron nuevas fuerzas para emprender aquella cruzada que se habían propuesto: arrasar con las tierras del norte de Haldanóri, naturales enemigos de Eithel-Glîn.

Tras pensar mucho aquella decisión, Auriga, Luthan y Árchaon decidieron atacar la capital de Tercano Nuruva, pues coincidían en que era el rival más fácil de abatir en aquel momento.

El ataque estaba dispuesto, una gran oleada de guerreros aliados pronto cubrirían los campos de Nuruva, campos cuyas yermas hierbas se cubrirían de negra sangre orca, e, irremediablemente, de sangre Edain y Eldar.

Pese al mal tiempo que azotaba la zona, las filas de soldados pronto se pusieron en marcha rumbo oeste. Serían tres largas jornadas hasta la capital de Tercano, y, además, la lluvia y el viento harían pasar un mal trago a las tropas en su camino hacia la batalla.

El cielo gris encapotado no dejaba pasar los rayos del sol, y, con una tenebrosa niebla, cubría el paisaje de aquel lugar inundando de un frío polar aquellos corazones que caminaban por el lugar.

Cascos de caballo... Árchaon desenfundó su espada con total sutileza. <Emboscada> pensó... mas no lo pudo saber hasta el último momento, pues la espesa niebla no dejaba ver ni siquiera al más cercano. Así pues, preparados para entrar en combate, los guerreros observaron como Mendalo y Rahev, miembros de la avanzadilla mandada hace dos lunas para informar del contrario, llegaban angustiados a lomos de sus monturas.

Todos bajaron las armas automáticamente e hicieron un pasillo hasta el Maia. Mendalo habló.

- Mi señor- casi no podía soltar palabra.

- Hablad Mendalo, estáis a salvo- Tranquilizó Árchaon.

- Veréis. Cabalgábamos por las fronteras de Nurn buscando algún rastro que delatase al enemigo, cuando una flecha se clavó en mi hombro.- Respiró profundamente a la par que mostraba su herida- todo fue muy rápido mi señor, en breve, un amplio grupo de orcos estaba sobre nosotros espadas en mano. Nos defendíamos como podíamos, pero no deseaban nuestra muerte, por desgracia...

- ¿Qué pasó después?- Era evidente que el ceño fruncido del Maia denotaba preocupación.

Mendalo quiso hablar, pero las lágrimas surcaron sus mejillas.

- Se... se llevaron a Leirin, mi prometida, mi amada... junto con Ariam Shawe. Tomaron rumbo hacia Curufarnë, la Ciudad Industrial de Nurn.

El peredhil volvió la cara. <Mira que traer a sus mujeres a la guerra... > pensó hacia sí.

- ¿Y qué es lo que me queréis decir, Mendalo?

- Sé de vuestros planes, mi señor, pero no quiero perder a mi amada, me haríais un gran favor yendo en su búsqueda, así, además, podemos atacar la ciudad.

- ¿!Cómo me pedís eso Mendalo!? ¿Acaso no sabéis que partimos rumbo a Tercano Nuruva para luchar allí?

Una vez más las lágrimas brotaron de sus ojos.

- Es lo único que me queda, mi señor Árchaon.

El Maia se giró, y dio un tiempo para descansar mientras que Luthan, Auriga y él debatían sobre el tema en un lugar distanciado al resto del ejército.

- Opino que deberíamos ayudar al pobre Mendalo- señalaba la dama Auriga- ha sido un soldado ejemplar y siempre nos ha sido fiel.

- No digo lo contrario- interrumpía el Maia cuya mirada se volvió severa-, pero no sabemos como están las cosas por Nurn, y, además, no sabemos si los capturados están vivos.

- No digas tonterías amigo- prosiguió el Edain-, si los hubiesen querido matar lo hubieran hecho los orcos nada más verlos. Apenas ha pasado un día, y seguro que les interesa mantenerlos con vida, si no, no los hubieran apresado.

- Quizás tengáis razón- aclaró Árchaon después de meditarlo largo tiempo- pero no quiero exponer las vidas de mis hombres sin saber la situación en el este.

- Mi querido Árchaon- Auriga posó suavemente una mano sobre el hombro de él- Nurn anda inmerso en muchas contiendas contra nuestros aliados de Valle, no creo que tengan allí recluidas a todas sus fuerzas...

- Bueno... que así sea. Vosotros cargaréis también con la responsabilidad esta.

Y ambos asintieron sonrientes...

El ejército se reorganizó tras aquello, y Mendalo agradeció infinitamente aquel gesto a su capitán, hasta tal punto de llegar a agobiarlo en varias situaciones durante el trayecto.

Por fin, tras varias jornadas de viaje descansando sólo para comer, los exploradores divisaron Curufarnë a lo lejos, así que pararon cerca de allí para descansar aquella noche.

La mañana se abrió paso por entre la noche, y las nubes que cubrían el cielo apenas dejaban pasar entre ellas la luz del sol. El viento azotaba fuertemente la zona, haciendo revolotear la capa del Maia, que, mirando atentamente aquella ciudad a lo lejos, esperaba que los infiltrados llegaran al punto de encuentro.

Al poco aparecieron, dos sombras se distinguían bajar por la ladera que tenía a su derecha. Dos jóvenes elfos vestidos totalmente con ropajes negros llegaron ante Árchaon.

- Mi señor, la ciudad está casi desierta, se nota que la han abandonado y llevado casi todas las cosas a toda prisa. Dentro solo queda un pequeño grupo de orcos que se creen ahora los amos de la ciudad. Mantienen a los prisioneros con vida.

- Bueno, arrasemos con los orcos y cojamos lo que quede.

Así pues, una avalancha de soldados corría hacia la puerta principal de la ciudad, pero ni disparos, ni voces, ni cuernos de guerra fueron vislumbrados por los aliados, haciendo esto que quedaran un poco perplejos.

Por el flanco izquierdo, y sin previo aviso, unas inesperadas saetas surcaron el cielo velozmente en pos de la Alianza, y como rayos que caen sobre la tierra, unos soldados salieron de la nada para abalanzarse sobre las improvistas filas de Eithel-Glîn.

El Maia observó pronto aquellas insignias: las de Tercano Nuruva, pero, ¿en tierras nurnitas?

Ambos ejércitos se trabaron pronto en un combate sanguinario, en el que las espadas, hachas y lanzas marcaban el compás de la danza que se bailaba en aquellos campos: la danza de la muerte.

Todo un espectáculo de lucha en el cual, la superioridad numérica de la Alianza pronto se hizo notar.

En la derecha, Auriga se defendía de los feroces hombres salvajes, pero, rápida como un relámpago, acababa sin problemas con la vida de aquellos acosadores.

Justo a su lado, el gran Luthan descargaba golpes letales sobre elfos y hombres que caían sobre él intentando acabar con su vida, pero sin éxito.

Y en la izquierda, Árchaon el Maia luchaba sobre los lomos de Heru-Los, Señor de las Nievas Sagradas de las Ered Gorgoroth.

Descargaba a Mommênt con tal maestría que ni los más veteranos soldados de Tercano alcanzaban a igualarlo en fuerza y rapidez.

Así, la batalla se fue decantando hacía la Alianza, en la cual, los ents martirizaban a aquellos que se atrevían a lanzarles si quiera una mísera flecha. Y al fin, el cuerno de la retirada sonó en las filas de Nuruva, y aquellos soldados que quedaron con vida huyeron despavoridos...

No habían sufrido grandes pérdidas ni heridas físicas, destacando la brecha en el costado izquierdo de Árchaon sufrida en la batalla contra Shûlak que se había vuelto a abrir derramando una cantidad considerable de sangre; la flecha clavada en el hombro derecho de Luthan y la fractura del antebrazo de Auriga..

- Bien, hemos vuelto a ganar, así que ahora buscad a Mendalo, pues vamos a buscar a Leirin y a Ariam Shawe.

Dicho esto, Árchaon siguió a los ents hasta la puerta de la ciudad para derribarla...

Escrito el 30-01-2006 19:39 #3

Tres golpes sucesivos se estrellaron contra la puerta. En otros tiempos habrían pasado por los de algún vecino algo bruto, pero la guerra había vaciado las calles de su habitual ajetreo y a tan altas horas de la noche cualquier ruido era señal de mal augurio.

El viejo Lothron se sobresaltó. No esperaba visitas.

A su lado en la cama, Súlimë ya no dormía.

Los ancianos se abrasaron asustados, rezando a todo Vala cuanto existiese, por que el ruido se desvaneciese con el siguiente soplido de viendo.

Pero no fue así, y ahora no fueron tres sino cinco los estrepitosos golpes.

Lothron, con el corazón en una mano y el orgullo en la otra, se armó de valor y abandonó el lecho. No podía flaquear ante su esposa. Nunca lo había hecho, y no partiría ahora que habían vivido toda una vida juntos.

Los pasos vacilantes lo acercaron a la puerta y por un momento infinito pudo sentir que su corazón se detenía.

Abrió.

Al otro lado se perfilaba una figura alta y sombría envuelta en ropajes raídos. Se quitó la capucha y el viejo profirió un alarido de auténtico espanto. Era su hijo.

Lothron no atinaba a moverse. Se tocó el pecho, pues era dolor lo que le había embargado. La impresión había sido demasiado grande.

Cuando se recompuso lo invitó a pasar, o mejor dicho, el joven se adelantó e ingresó a la pequeña estancia que conformaba la sala de estar de aquella humilde casa de campesinos.

Súlimë apareció en la escena, consternada por el grito de su marido, pero al ver quien era el recién llegado comprendió el porque de su reacción. Sin embargo su instinto le hizo obrar de otra forma. Corrió a abrazar a su primogénito.

Hizo sentarse al muchacho y comenzó a correr de acá para allá buscando mantas secas y algo de comer. En ella no mediaban las palabras respecto a la aceptación de aquel a quien había llevado en su vientre, pero al parecer Lothron necesitaba una explicación coherente.

-¿Acaso ha acabado la guerra y vienes a dar la bienaventurada noticia? – tanteó sin mucha esperanza el viejo. Algo andaba mal; los soldados no vuelven de la guerra solos, pensó con intachable lógica. Además este no traía los estandartes del heraldo o algo que insinuase una misión oficial. Es más, así como iba, parecía un proscrito.

Estelmo, como se llamaba el muchacho, titubeó antes de responder.

-No padre. Me temo es algo mucho más deshonroso. – se apresuró en decir con los ojos cerrados como conteniendo las lágrimas de vergüenza.

Súlimë se detuvo en seco cuando oyó la afirmación. Había vigorizado la lumbre de la chimenea y podía ahora ver el rostro de su hijo, embargado en un dolor reprimido.

-Corre un mes desde que deserté...- comenzó Estelmo rehuyendo la mirada cargada de toda clase de sentimientos que despedía su padre.- Hace treinta lunas, y otros tantos soles, me percaté que la compañía a la que me habían transferido viraba sospechosamente hacia el norte.

Pensé en la Orden de Telpe y en Nurn, únicos dos vestigios de poder aliado cercanos al septentrión. Era probable que el desvío se debiese a una recarga de armas y alimentos...una especie de abastecimiento, pensé entonces. Pero la verdad que nos aguardaba era mucho más terrible, si mis nobles padres entienden. – sin duda Estelmo había recurrido a lo más excelso de sus dotes narrativas para concienciar a sus auditores a su gusto. – Mis superiores, deben saber, ¡eran dos Damas y un Enano!. – añadió histriónicamente el muchacho. Bien sabía de los prejuicios que vibraban en el pecho de Lothron; el poco amor que le tenía a los enanos, y más aún, como un hombre chapado a la antigua, sabía de la reprobación que pregonaba contra las osadas féminas que se aventuraban en las artes guerreras, antes, reservadas exclusivamente para ventura y diversión masculinas. – Las Capitanas tomaron la decisión de torcer el rumbo, pues Arezol estaba herido y vetado de opinión por cuanto estuviese convaleciente. – siguió, echando leña al fuego de la indignación. - ¡Qué rayos haríamos nosotros metidos en territorios nurnitas! A mi me han enseñado...- prosiguió levantándose solemnemente del asiento. - ...a entregar la vida ¡por la Patria! Y no por tal o cual otro Señor. – tenía que inventar algo suficientemente repulsivo para convencer a sus padres que su deserción era lo único noble que pudiese haber hecho. No podía confesar el miedo que sintió al ver Curufarnë. – La ciudad que nos apostábamos a defender no era cualquier fortaleza de pobladores benévolos. Infectos orcos, tolls y otras bestias inmundas habitan la Ciudad Industrial de Nurn. – en ese punto hizo una ligera pausa y su voz se diminuyó a un susurro añadiendo la debida cuota de oscuridad y misterio al relato. - Curufarnë la llaman. Lleva el estigma de los fuegos que avivan las calderas y fraguas más nefastas; las gargantas de fuego bullen al ritmo incesante del Día y la Noche, alternándose sin descanso; incluso con lluvia aquel fuego maldito sigue despidiendo fumarolas que ennegrecen los cielos de los árido alrededores. Toda la maquinaria de destrucción de Nurn es fabricada ahí. Y era precisamente esa era la ciudad a la que debíamos amparar bajo el alero de nuestras tropas. – Estelmo se detuvo evaluando los resultados. Súlimë parecía rendida a sus palabras, en cambio el rostro de su padre era inescrutable.

Optó por proseguir. Pero iría con más cuidado esta vez, procurando elegir los vocablos exactos. Tal vez debía moderarse con los adjetivos.

-Pasamos dos noches en la ciudad antes del primer enfrentamiento. A decir verdad, el comienzo fue algo confuso. A mi juicio la tropas de la Alianza iban engañadas por algún rescate de nobles proporciones pues no dejaban de pregonar la liberación de tal o cual persona que nosotros supuestamente habíamos ‘capturado’. En verdad, yo hallé a dos muchachas vagando por las cercanías de Curufarnë, y las llevé casi a la fuerza a la ciudad en pos de protegerlas. Es bien sabido que una doncella no pueden vagar sola por el descampado, y menos aún en tiempos de guerra. Pero procurando evitarme problemas me hice acompañar por otro soldado y se las presenté a Fíriel, mi Señora, que tan malhumorada como siempre interrogó a las jóvenes, y antes que hubiesen pronunciado más que un par de palabras, gritó furiosa. <<¡Imbéciles, este par de golondrinas vienen de Eithel-Glin, que acaso par de ignorantes no detectáis el acento!>> Me sometí a su mandado y le pregunté que hacer con las mujeres. Me contestó con sencillez. <<Matadlas.>>

El silencio que se precipitó sobre las almas atribuladas de los ancianos pareció derretir la última escarcha reticente a aceptar la deserción de su único hijo. O al menos eso le pareció a Estelmo. Pero ni Súlimë ni Lothron articuló palabra alguna.

Entonces, respirando profundo, Estelmo se decidió a seguir.

- Me opuse ahí mismo a mi Capitana, que tan resulta como siempre me abofeteó en frente de todos. A una ciudad nurnita nunca le faltan los calabozos, han de saber padres míos. Y mal lo pasé ahí aunque no me torturaron, pues todos estaban preocupados de la defensa de la ciudad, y por lo demás yo no me definía exactamente como ‘reo de extremo cuidado’. Así fue como en un descuido de la guardia, alertada de la inminencia del sitio e invasión de Curufarnë, pude escapar.

Afuera la batahola era ensordecedora. Vi a la bellísima elfa Hyara, mi otra Capitana, atravesada por una flecha; mas no pude socorrerla pues estaba fuera de mi alcance llegar hasta el portal donde ella yacía y donde por lo demás, los de Eithel-Glin nos superaban en número. ¡Ya ven como las mujeres no causan más que problemas yendo a la guerra! ¡Todas mis desventuras, desde la bofetada hasta el incumplimiento de la orden, fueron mérito de aquellas! Sin contar que estuve toda la tarde oprimido por la idea que tal vez Hyara estaba desangrándose y no podía ayudarla. – había tocado el punto exacto donde los ánimos paternos se volcaban del todo a su favor. El prejuicio por las mujeres. - Como había estado preso, me habían despojado del uniforme y los emblemas de Tercano Nuruva, ¡oh ventura, pienso ahora! Me confundí en la masa batallante. Por un instante no tuve bando y nadie me acosó.

Estelmo se detuvo un momento. Tomó un sorbo vino aguado que le había servido su madre y se aclaró la garganta.

-No quería ser uno más de aquellos heridos que olvidados junto a un lago de sangre mueren callados, jadeantes y sin moverse bajo un montón de otros muertos. – sazonó de drama Estelmo. – A lo mejor la ventura de los Vala me permitió escapar, o más aún, ser testigo omnisciente de la suerte de mis superiores. – ahora le tocaba enaltecer su labor. – Me parece que no yerro al pensar que soy una clase de enviado a propalar las penurias a las que nos arrastran nuestros líderes.

Pero ahora a Estelmo se le pasó por la cabeza lo que en verdad había acaecido aquel día, y no el producto de su artificioso relato.

Fíriel había oído a las muchachas de Eithel-Glin, y claro, no le reservó reproches al soldado por no haberse percatado antes de su procedencia, pero el punto en que ambas versiones divergían era en la orden subsiguiente. No las había condenado a muerte. Ni habían encarcelado a Estelmo.

Tampoco Curufarnë era tan desagradable. Fíriel incluso le había tomado cariño a la ciudad, si se puede afirmar tal cosa, y estaba dispuesta a defenderla como a cualquier otro fuerte tercano. Además no solo Nurn contaba entre sus tropas a orcos y trols, puesto que la compañía al mando de Gwyllion, ahora en el lejano este, estaba igualmente compuesta por aquella clase de criaturas. Útiles por cierto.

-Bien, debo admitir que Fíriel seguía luchando encarnizadamente en la retaguardia cuando abandoné las tropas, y la vi cojear. Tenía el pie desgarrado, pero tampoco ahora me atreví a acercarme, puesto que había sido ella misma quien me mandase a encarcelar, lugar donde se supone, aún era prisionero. Y nuevamente se me encogió el alma.

Fíriel le había pedido auxilio, pues era quien más próximo estaba. Una sección importante de su muslo había sido sesgada por la cimitarra enemiga y ahora la bella númenóreana se retorcía de dolor, mas Estelmo, empedernido como estaba en su correría escapatoria, pasó por alto el lamento de la mujer y tapándose los oídos para no oírla, vigorizó la marcha que lo alejase del pleito armado.

-¡Y vi a los Ents! Las moles arbóreas pisoteaban al corriente de los soldados cual si fueran los muñecos de palo que algún niño hubiese dejado olvidados. Lanzaban rocas y derribaban muros de un solo manotazo. Realmente terrorífico. – enfatizó. – Mucho me costó llegar hasta aquí, pues no contaba con dinero ni víveres, y si conservo la vida es por obra de los Valar.

A oídos de alguien que hubiese presenciado el combate, las palabras de Estelmo habrían sonado rayanas con la inmoralidad. Era un descaro inconcebible, y una falta de respeto a quienes había sido heridos, y más aún, a quienes habían dado la vida por la defensa de la ciudad extranjera, que a pesar de todo fue saqueada por las huestes sureñas.

Lothron sin embargo, era más perspicaz de lo que aparentaba, y Súlimë no lo era menos que éste.

El viejo a penas se aguantaba el llanto, en cambio la mujer se levantó y empezó a juntar apresuradamente diferentes objetos. Apiló algo de pan y carne salada, única cosa sustanciosa que aún quedaba en la alacena. Se retiró a otro rincón de la casa y dentro de poco volvió con una cantimplora algo desgastada pero utilizable, para correr ahora a llenarla. Lothorn entendiendo las intenciones de su esposa, se precipitó a sacar de su baúl un mapa de las Haldanóri que el mismo había dibujado en su juventud, cuando su pulso aún era bueno y no era acosado por el temblor provecto que le sobrevino luego. Una soga, un par de botas de cuero, una daga, yesca y una par de cacerolas de viaje. Otro par de chucherías y una manta gruesa que las envolviese.

Súlimë se paró con el paquete en las manos, y sus ojos brillaban tristes. Abrazó a su hijo sin mediar palabra y le dejó el paso a Lothorn que palmeó la espalda de Estelmo y le deseó suerte.

El joven no acababa de comprender lo que sucedía hasta que vio a su padre abriendo la puerta, haciendo un ademán que lo invitaba a salir.

-Estelmo, hijo, ahora eres un fugitivo, y si te atrapan las autoridades lo vas a pasar muy mal. Ya no eres bienvenido aquí, así es que corre hasta que tus pies sangren y tu espalda se encorve, y gánate la vida como mejor te plazca. ¡Adiós!

La puerta se cerró y Estelmo anonadado no se percató siquiera que la lluvia que le golpeaba la cara arreciaba con cada minuto que seguía ahí de pie.

Escrito el 03-02-2006 16:50 #4

Resumen de la batalla.

Alianza ha perdido 7 armadas x35= 245 puntos.

Recuperables: 163 puntos.

Valoraciones: 8+7,5+8+7= 7,625

Recupera: 124 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 35%, por este concepto recupera 122 puntos. Total recuperacion: 246 puntos.

No pierde puntos.

Tercano ha perdido 9 armadas x35= 315 puntos.

Recuperables: 105 puntos.

Valoraciones: 8+8+9+6= 7,75

Recupera: 81 puntos. Los dirigentes han sufrido daños por el 75%, por este concepto recupera 262 puntos. Total recuperación: 343 puntos.

No pierde puntos.

Alianza recibe 75 monedas por la batalla ganada.

Tercano entrega 100 monedas a Alianza por abandono de la batalla.

Nurn entrega 200 monedas a Aliana por el saqueo de la ciudad.

Compañías actualizadas y listas.

Historia finalizada.