Aranel Élvanwa
Aquellas indagaciones resultaron extremadamente agradables a Aranel. Arattalion había tenido una profunda discusión con Ilesse y la cosa pintaba mal para un futuro próximo. Si esa amistad se rompía Ilesse carecería de la autoridad suficiente para dominar la Garra Negra de Nurn.
La luna resplandecía en el firmamento estrellado y parecía ser la única capaz de observar a Aranel caminando entre las tiendas y dirigiéndose a la suya propia. A pesar de la herida sufrida en el hombro, y con cierto dolor, se movía grácilmente por aquél terreno plano y acolchado por la creciente hierba.
Seguramente no pasaría mucho tiempo antes de que algún miembro de la compañía o aquellos que debían vigilarla notaran su ausencia.
Cerca de su tienda observó cómo Arattalion estaba entrando en ella. ¿Cómo había podido ser tan rápido en cruzar el campamento? ¿Qué estaba haciendo realmente allí? ¿Habría ido a preguntarle su opinión y consejo? Le parecía todo demasiado intrigante.
Debía acercarse con sigilo, a los albores de la tienda. Podía disimular una pequeña escapada fuera de la tienda pero no debía saberse que había espiado la conversación de los dos grandes de Nurn.
Escuchó los farfullos de las personas en el interior de la tienda. Alguien estaba a punto de salir. Se movió un poco más a la vista de todos y ascendió la mirada como si estuviera embelesada mirando la Luna.
Unos pasos se acercaban y notó una presencia en la espalda.
-Deberías entrar en la tienda.
Era el poderoso maia oscuro Arattalion. Aranel se giró para verlo y contempló su rostro serio bañado por la blanca luz nocturna.
-Prefiero estar un rato aquí, en calma. La noche se levanta tranquila y hoy fue un día en que todo pasó demasiado rápido.
Arattalion se puso a su lado y contempló también la Luna.
-Tenemos problemas Élvanwa.
-¿Qué sucede? ¿El ejército de Valle está nuevamente preparado?
-No, tranquila. Tu arco puede descansar esta noche. Me temo que son asuntos más peligrosos que las tropas de Valle. Es Ilesse.
-Esa irresponsable. No entiendo cómo puede ser la Capitana de la compañía.
-Hizo méritos en el pasado para ello …
-Pero el pasado no nos ayudará si cometemos esos errores. Su falta de cordura le hizo arremeter contra los soldados y tuve que resguardar a mis soldados sacrificándome. Esos arqueros debían disparar a su tropa pero como se enzarzaron en combate nos eligieron a nosotros como objetivo primario.
-Lo sé, pero no me refería a eso precisamente.
Aranel intentando hacer notar su ingenuidad y la ausencia de información respecto del tema preguntó:
-¿Qué es lo que sucede entonces?
-Creo que puede estar aprovechándose de su posición para su beneficio personal y el algún momento guiarnos en la guerra fuera del beneficio de Nurn.
-¿Es posible eso?
-Creo que va siendo hora de que te explique algo de historia.
Arattalion ayudó a Élvanwa a sentarse e hizo lo mismo.
Hace unos años Ilesse consiguió el favor de Nurn para crear una organización secreta. Se hacen llamar los Ojos Nocturnos. Algunos creen que es un mito y otros una mentira, pero es algo más que todo eso. Es Narmelost.
Aranel escuchaba atenta la explicación.
-Narmelost es una ciudad muy poderosa. Controla el comercio del Noreste de Haldanori, tiene uno de los puertos más famosos y un ejército formidable. Antaño éramos más poderosos, antes que esos Vallunos comenzaran su expansión. Siempre hubo dinero y donde hay dinero hay corrupción y poder. Ahora los Ojos Nocturnos controlan todo eso. Son un flujo de información, una cantera de ladrones y un refugio de asesinos. Ilesse controla todo eso.
Aranel miró asombrada, jamás hubo pensado que todo eso podía ser viable en una ciudad tan, aparentemente, ordenada como Narmelost.
-Jamás habría pensado algo así de ella.
-Pues créetelo. Hace tiempo intentaron asesinar a Lómine y fallaron en el intento. Hace poco Lómine se entero y creo que por esa tensión existente entre ellas se ha hecho el traslado y ahora contamos con Allase.
-¿Y ahora no podríais atacar a los Ojos en Narmelost o a Ilesse aquí?
-No es tan fácil. Seguro que tiene allí gente jerarquizada que controla todo si ella no está y seguro que aquí hay soldados a su disposición para todo. Por eso es importante que no se beneficie de esta compañía Aranel. Tiene medio Narmelost a su disposición y si sigue haciendo lo que quiera tendrá esta compañía en su poder.
Aranel quedó en silencio.
-Élvanwa, necesito tu ayuda. Debemos ser fuertes y estar atentos. Observar cada movimiento y estar juntos ante la adversidad. Debemos poco a poco ganarnos a los soldados que no estén con ella y hacer un frente que pueda oponerse.
-¿Pero eso no debilitará el clan?
-Es algo que debemos arriesgar. Es peor perderlos a todos que a la mitad.
Arattalion se levantó y ayudó a Aranel.
-Piénsatelo esta noche y mañana ya hablamos. Ahora debo escribir una carta a Narmelost.
Aranel hizo un gesto con la cabeza en señal de afirmación.
-Hasta mañaba.
Mientras el hechicero se alejaba Aranel daba vueltas y vueltas a todo lo que le había comentado. Era mucha información como para tener en cuenta ahora todos los detalles y había más cosas debajo de todo eso. Arattalion tenía algo que esconder pues en la conversación Ilesse había hablado de la Dama Yestariel.
Una trama entera había detrás de lo meramente superfluo de aquella historia y creía estar lejos de desenredar todos los nudos.
Miró de nuevo la luna. A veces extrañaba aquellas noches en el oeste cuando vivía sola y sin tantos problemas sociales. Ahora debía ir a descansar y tomar un baño caliente. Muchas cosas habían pasado en ese día y muchas más había descubierto durante la noche. ¿Era Ilesse tan mala? ¿Era Arattalion tan bueno? ¿Dónde estaba metida ella realmente? Ya dejaba de estar claro si el enemigo era realmente Valle o estaba en el seno de Nurn aguardando el mejor momento para salir y estallar. Habría preferido tener cerca de Lómine para hablar de ello … habría preferido tantas cosas.
Se encaminó hacia su tienda y deseó que todo fuera más fácil al día siguiente.
