La Guerra de los Clanes

Historias, leyendas y batallas en las tierras olvidadas de Arda.

Edicion 2

Haldanóri, Las Tierras Ocultas

Finalizada · 08-09-2004

Historia Por Vida. Nurn. Ilesse

2006:01:30:22:36:13

Ilesse

“¿Pero se puede saber en qué diablos estabas pensando? ¡Has puesto en peligro tu vida de una forma innecesaria!”

La voz tronante de Arattalion retumbaba en aquel pequeño cuchitril habilitado como tienda de enfermería en el corazón del campamento nurnita en tierras de Valle.

“No me vengas con esas, sabías que había que hacer algo y no era el momento de dudar, ¡se nos iban a escapar de la batalla! Y al final así lo hicieron. ¿Cuándo abandonó el valor nuestra compañía para preocuparse por las vidas de los orcos?”

“¿Pero te estás oyendo? No se trata de valor, o de coraje. Se trata de tener cabeza Ilesse, ca-be-za. ¿Acaso te crees que la mejor manera de actuar para esta compañía es enzarzándote en un combate contra ocho enemigos? ¿Acaso te crees tan poderosa como para resistir ese envite sin que ocurra nada negativo?”

Ilesse fue a incorporarse y se dolió de aquél golpetazo en el estómago, aún notaba las secuelas de sus últimas heridas. Su brazo, en cabestrillo, le incomodaba demasiado y le limitaba bastante los movimientos que podía realizar. Se sentó sobre el camastro.

“Había que abrir una brecha en el enemigo y no había nadie más en posición de hacerlo.”

“Abrir una brecha en el enemigo, exacto, no que te abran a ti la brecha. Ha sido una decisión completamente insensata.”

“Pero ya está tomada. No hay más que hablar.”

“¿Qué no hay más que hablar? Por cuatro vidas de esos perros vallunos estás ahora semi-indefensa. Tienes la barriga que retiene lo poco que le queda dentro por gracia de los Valar y el brazo izquierdo completamente inutilizado. Tu ‘valentía’ le ha salido cara a esta compañía si para la próxima batalla no estás recuperada. Creo que sí hay más que hablar.”

Ilesse agarró el pequeño bastón que tenía a su derecha y trato de levantarse. Al segundo intento lo consiguió.

“Creo que te olvidas que en esta compañía soy yo la que toma las decisiones. Tú estás ahora debajo en la jerarquía Arattalion y debes obedecer.”

“¿Qué? ¡Si estás donde estás es gracias a mi desagradecida! Yo he hecho de ti lo que eres, no me vengas ahora con esas.”

“¿Debo tomarme eso como una insubordinación?”

“¿Y si lo fuera? ¿Acaso me plantarías cara ahora?”

“¿Plantarte cara? ¿Yo? Vamos no bromees. Mandaría un informe a Narmelost detallado y ellos verían que se haría contigo.”

Arattalion estalló en una carcajada.

“¿Un informe? No me digas que te van a hacer más caso a ti que a mi. Apenas eres una novata.”

“Sí, una novata que ha conseguido de las mayores proezas en Nurn en la guerra como capitana de la Garra Negra.”

“Yo te puse aquí.”

“Eso no tiene nada que ver.”

“¿Nada? Del mismo modo que te puse te puedo quitar.”

Ilesse se acercó hacia la mesita. Se puso un poco de agua en un vaso.

“Quizás Yestariel tuviera algo que decir.”

Tomó un sorbo del agua.

“Morirías antes de que se enterara.”

Ilesse miró a Arattalion con una sonrisa burlona.

“Tengo alguno de los Ojos en esta compañía y están al tanto de algunas cosas. Si algo me sucede algunos ‘mensajes’ llegarían a Narmelost.”

Arattalion le miró extrañado.

“¿Ojos Nocturnos? ¿Aquí? Nunca te imaginé capaz de espiar a tus propios hombres Ilesse, cada vez llegas más abajo.”

“Tengo que estar protegida, no soy propensa a las amistades precisamente.”

“Estás buscándote la ruina Ilesse, y esta vez nadie te va a poder sacar de ella. La paciencia de Nurn tiene un límite, asegúrate de no rebasarlo.”

Arattalion se marchó de la habitación y de la tienda. Ilesse respiró aliviada ante tanta emoción contenida por parecer fuerte delante de su presencia. Volvió a caminar hacia la cama y se estiró encima.

¿Tendría razón él? Seguramente sí. La embestida contra esos ocho soldados habría sido demasiado para sus posibilidades pero estaba cansada de las guerras tácticas en las que se buscaban las mínimas bajas. Ella quería guerras como las de años atrás contra Telpe, ahora amigos, en las que apenas volvían a casa diez soldados. Aquellas masacres le encantaban.

Dormitó un poco en su habitación. A las horas llegó un mensajero con una misiva. Una carta lacrada con el sello de Arattalion.

“Tenías razón Ilesse. Aranel estaba escuchando en la puerta toda nuestra conversación. No entiendo como pudo escapar de su tienda sin ser vista del modo en que se encuentra y llegar hasta tu tienda.

He estado hablando con ella y puedo notar el odio que te tiene. Te culpa de sus heridas y te ve como una amenaza de la que quiere desprenderse. Todo marcha según tus planes pero dudo mucho que eso sea lo que más te convenga en el futuro. Ella es una gran baza y no quiero que todo se eche a perder.

Debemos aprovechar ahora que Lómine se haya ausente. La misiva desde Narmelost del intercambio entre Allase y Lómine no pudo llegar en mejor momento. Ahora es nuestro momento de actuar.

Cuídate de las heridas y tómate el brebaje de nuevo cuando acabes esta carta. Tuve que enviarte la carta porque hay demasiados ojos últimamente merodeando por aquí, tú ya me entiendes.”

Ilesse se alegró al leer las nuevas. Se levantó de nuevo hacia el brebaje.

‘Suerte dice. El reemplazo no llegó por suerte sino por contactos. Estoy un paso por delante de la situación, es mejor así. Debo estar alerta, este juego empieza a complicarse demasiado y pronto habrá muertes si siguen así las cosas. Debo cubrirme las espaldas y tratar de estar ajena a todo. Ahora debo ganarme a Elvanwä, eso será realmente difícil.’

Se giró hacia su camastro y los puntos del corte en el brazo cedieron un poco ante el brusco movimiento.

“Malditos de Valle. Pagaréis cara la insolencia en el próximo encuentro. La próxima vez no serán ocho de golpe, pero más de ocho caeréis ante mi. Lo prometo.”

Y con el sonido de fondo de la noche se durmió esperando que la noche pasara rápido.