Telimektar se encontraba junto a las Oarni hablando de viejos tiempos mientras las llamas calentaban la sala de la fría noche, de pronto una repentina y furiosa tormenta se alzó sobre los dominios de Ossë elevando grandes olas coronadas de espumas. De pronto todos alzaron sus miradas hacía el gran ventanal iluminado por los incontables rayos que surcaban los cielos como espadas; algo había cambiado en el rostro de las damas y el Maia temió lo peor.
- ¿Que ocurre decidme, nos atacan?- preguntó mientras se levantaba y se acercaba al ventanal.
- Una de nuestras hermanas nos esta llamando, dice algo de un barco y unos arrecifes. Su llamada es cada vez más débil dice algo más pero no lo entendemos - dijeron al unísono
- ¡Su hijo, eso es lo que dice!, debemos rescatarlo nos lo pide como último favor- dijo una de ellas.
No le dio tiempo a reaccionar cuando todas se levantaron y corriendo por la gran sala saltaron por el gran ventanal rompiéndolo en miles de pedazos.
Estas surcaron las aguas como nunca antes y los soldados de las Fortalezas de Anor e Isil cayeron al suelo al escuchar sus gritos de furia.
Allí en medio de las grandes olas había un barco de corsarios intentando alejarse de los arrecifes pero nada podían hacer.
Inmensas olas golpeaban su maltrecho casco mientras el viento rasgaba sus negras velas, cuando una gran ola lo golpeó partiéndolo en dos.
Los pocos hombres que había con vida se aferraban a los restos del barco, cuando sobre las olas aparecieron las Damas de los Mares dando caza a los náufragos arrastrándolos hacía las profundidades dándoles cruel muerte. Allí aferrado a un barril había un niño de cabellos rubios como el sol tiritando de miedo y frío, una de las Oarni lo vio y se acercó a él.
- No temas ahora estas a salvo- el niño dejo el barril y solo pudo aferrarse a los brazos de esta antes de caer rendido-¡Lo he encontrado está con vida pero necesita calentarse pronto!
Con la muerte del último la tormenta desapareció y el mar recobro la calma como si nada hubiera pasado.
Llegaron al puerto tan rápido como pudieron y salieron majestuosas de entre las aguas cautivando a todo el que posara su vista en ellas, una de estas miró a un soldado y dijo:
- Prestadme vuestra capa, la necesita más que vos.
El soldado desabrochándosela se la dio mientras ella tapaba al pequeño y lo acurrucó contra su pecho. Cogieron los caballos de estos y subieron galopando por las calles hasta llegar al palacio donde Telimektar las esperaba en la puerta.
Este salió corriendo y al ver al pequeño le quito la capa húmeda y le puso su manto para que entrara en calor y lo cogió en brazos. Este salió corriendo seguido de cerca por las Oarni hasta las Casas de Curación, allí entró gritando:
- ¿Donde están las Sanadoras, donde están?
- ¿Qué ocurre mi Señor?- respondió una anciana encorvada que se iba acercando
- Este niño esta hirviendo, mis amigas lo rescataron del mar hace apenas unos minutos- dijo mientras posaba al pequeño en una cama y lo arropaba.
La anciana poso la mano en la frente, balbuceo unas palabras y se retiro. A los pocos minutos regresaba con un frasco rojizo, unas pequeñas llamas brincaban en su interior, miro al Maia y le dijo:
- Su fiebre es demasiado alta y su cuerpo esta muy débil, ha sufrido mucho mi señor.
- Creo que ya se lo que podrá ayudarlo, dejadme ese frasco- respondió
El Maia saco una pequeña daga, se hizo un corte en la mano, cerró el puño y de esta broto un hilo de sangre cayendo dentro del frasco haciendo que este brillara más, iluminando la sala con colores calidos y una sensación de calor primaveral se apoderó de todos. Esta cogió el frasco y se lo dio al pequeño. Su cuerpo parecía volver a vivir, sus mejillas recuperaban su color sonrosado y la fiebre se retiraba dando paso a un reparador sueño.
- Nosotras ahora debemos partir hacia los Palacios de los Mares, una de las nuestras a muerto y debemos aplacar la ira de vuestro padre sino no habrá paz en los mares- dijo Nimril, Dama de Uinen.
- Id a cumplir vuestro deber, espero veros pronto mis amigas. Estad tranquilas yo cuidare de él- le respondió mientras la abrazaba.
- Se que lo harás - respondió mientras salía de la sala seguida por las demás.
Pronto el Maia se quedo dormido apoyado sobre el lecho del pequeño, sujetando entre sus manos las del pequeño. Los rayos de Anor ya se elevaban cuando el Maia se despertó sobresaltado, el pequeño había desaparecido, salió a grandes zancadas llamándolo.
-¡Aikanáro, Aikanáro!
Fue cuando una voz dulce respondió desde los jardines seguido por el sonido de los pasos del pequeño al correr.
- ¡Padre, padre estáis vivo!- pero de pronto la cara de felicidad del pequeño cambió al ver a Telimektar allí en vez de a su padre.- ¿Quien sois y donde esta mi padre?
- A la primera os puedo responder, Soy Telimektar Señor de esta isla y me alegro de que estés bien, y de la segunda poco o nada se, ahora ven conmigo Aikanáro debemos ponerte algo adecuado para esta morada, sígueme- le dijo mientras se daba la vuelta y salía hacía la puerta principal.
Mientras iba hacia ella iba pensado, como sabía el nombre del pequeño sino lo único que sabía de este era, que era hijo de una de las Damas de los Mares. Salió de las Casas de Curación seguido por el pequeño Aikanáro, tras despedirse de la anciana montó en su corcel y tendiéndole la mano al pequeño lo subió delante de él. Mientras recorría las calles de Aran veía como el pequeño miraba maravillado la ciudad y el Maia le dijo:
- No temas nada, ahora vivirás conmigo hasta que mis amigas regresen ¿Que hacías en ese barco, pequeño?
- Me capturaron cuando tenía tres años señor, desde entonces e vivido como esclavo de esos hombres. Pero ahora soy libre ¿no?- le dijo mirándolo mientras sus ojitos se humedecían.
- Aquí eres libres, serás mi invitado todo el tiempo que quieras y podrás crecer en mente y fuerza en esta isla si lo deseas. Tu mirada me recuerda a alguien pero ahora no sabría decirte a quien. Mira ya hemos llegado- le dijo señalando a una casa de piedra blanca.
- ¿A donde mi señor?- respondió el pequeño
- Ahora lo veras
El Maia bajó del corcel y agarrando al pequeño lo posó en el suelo y se dirigió hacia la puerta de la casa, fue cuando para sorpresa de este el pequeño le cogió la mano, los dos se miraron, algo había resurgido en el Maia gracias al pequeño Aikanáro. La puerta se abrió y ante ellos apareció una bella elfa sindar.
- Buenos días Telimektar, ¿Qué os trae por aquí?- dijo la elfa
- Buenos días vengo a ver que tienes para mi amigo- respondió el Maia.
- ¿Así que no venís solo, y quien es este pequeño tan guapo?- respondió la elfa mirando al pequeño cara a cara.
- Soy… soy Aikanáro, señora- balbuceo tímidamente
- Muy bien Aikanáro yo soy Miriel vamos a ver lo que tenemos por aquí- dijo mientras entraban en una sala llena de rollos de telas y trajes medio hechos.
Miriel fue trayendo infinidad de ropas que eran desechadas por el Maia hasta que trajo un traje de telas plateadas bordadas con hilos de mithril.
- Este me gusta, Aikanáro pruébatelo haber como te sienta- le dijo mientras el pequeño cojia el traje y otra mujer lo acompañaba a un rincón para ayudarle a cambiarse.
Miriel miró al maia.
- ¿De donde a salido ese pequeño Telimektar?
- Lo rescataron anoche, un barco corsario se hundió durante la tormenta y las Oarni lo rescataron de entre las olas. Ellas dicen que es hijo de una de las de su estirpe pero aun no se nada mas…- pero tuvo que callar, el pequeño Aikanáro había entrado en la sala y cualquiera que lo observara vería en el un príncipe de los Eldar.
- Que guapo estás pareces un principito- dijo Miriel mientras lo levantaba y cogiendo un peine le peinaba su dorado cabello- ahora ya estas listo.
- Miriel envíame un nutrido vestuario para nuestro invitado, tendrá que poder juguetear en los jardines de Palacio sin temor a romper estas bellas ropas.- dijo el Maia mientras pagaba el traje.
- A finales de semana te los enviare- respondió mientras le daba una manzana al pequeño- toma Aikanáro me a gustado conocerte.
- Bueno amiga ahora nos vamos que debo resolver unos asuntos en palacio.
Los dos salieron de la casa de Miriel y tras subir al corcel se despidieron de ella, subieron por la Plaza del Mercado y tras atravesar los dos últimos niveles se encontraron frente a las puertas de la última muralla.
- Detrás de ellas esta mi morada y la tuya mientras permanezcas conmigo, entremos- le dijo mientras lo miraba.
El pequeño Aikanáro quedó asombrado al ver la morada del Maia, un gran palacio blanco que se alzaba hasta donde podía ver. Así llegaron hasta las puertas del palacio donde ya les esperaban las doncellas, Telimektar bajo del corcel y tras coger a Aikanáro entraron en la gran sala de las columnas y mirando a una de las doncellas le dijo:
- Preparad la habitación que da a los jardines para nuestro huésped, a partir de hoy te encargaras de que no le falte nada.
- Entendido mi señor, el consejo os esta esperando en la sala del Trono.- le dijo la elfa.
- Ahora voy a verlos, dadle de comer que seguro tiene hambre- miro al pequeño- Aikanáro ahora debo ausentarme un rato, la doncella Edhel te cuidara bien.
La doncella salió con el pequeño Aikanáro hacía las cocinas mientras el Maia se dirigía al consejo, allí el consejo le pregunto sobre la extraña tormenta y la partida de las Oarni.
- Señores las Oarni han partido para aplacar la ira de Ossë, ayer me entere de que una de ellas había sido asesinada por los corsarios, Ossë destruyo su barco y las Damas de los Mares les dieron muerte pero entre ellos había un pequeño elfo, dentro de tres días tendremos noticias de ellas hasta entonces no quiero ser molestado tengo que resolver asuntos personales- les dijo mientras disolvía la asamblea y salía hacia los jardines.
Se apoyo en una columna mientras miraba al pequeño jugar con Laurë, pronto Laurë sintió la presencia de su amo y rugió cogiendo por sorpresa a Aikanáro que cayó de espaldas al suelo.
- Laurë no asustes al pequeño, no ves que eres muy grande para él.- le dijo mientras ayudaba a levantarse al pequeño- de él no debes temer Aikanáro, él te protegerá.
Los dos días siguientes pasaron entre juegos, el Maia parecía un niño pequeño jugando con Aikanáro, las risas habían vuelto al palacio y todos miraban contentos al Maia, un extraño brillo había nacido en sus ojos y su risa era ahora mas limpia e irradiaba felicidad, fue durante uno de esos juegos cuando las trompetas se alzaron desde las murallas anunciando la llegada de las Oarni. Telimektar se compuso las ropas y se dirigió con Aikanáro hacía la entrada del palacio, allí ya le esperaban las Oarni y tras hacerse una mutua reverencia Nimril se acerco al Maia.
- Debemos hablar a solas
- Entendido, Aikanáro quédate con Edhel un momento yo ahora regreso- le dijo mientras se retiraba junto a la Oarni hacía los jardines.
Allí bajo los marllorn Telimektar recibió la amarga noticia.
- Telimektar, el pequeño Aikanáro es hijo como ya te dijimos de una de las nuestras, su madre era Gilgaer y su padre era un elfo sindarin Finceled muerto durante el saqueo de sus tierras. Un consejo se celebró en Valinor y los Valar os piden que cuidéis del pequeño como si fuera un hijo para vos ya que una gran amistad os unía con Gilgaer en Valinor.
- Así era Nimril ella fue la primera en que mis ojos se posaron, recuerdo las largas horas en que los dos jugábamos en las playas y fue la única que me siguió en mi exilio, Aikanáro será a partir de hoy mi hijo si así lo desean los Valar pero no olvidara quien fueron sus verdaderos padres. ¿Pero pudisteis aplacar la ira de mi padre?
- Será mejor que durante una semana los barcos no se hagan a la mar, va a demostrar su poder y su ira será implacable con aquellos que surquen sus dominios.- le dijo mirando al mar.
- Entonces enviad a una de las vuestras a Tyelpeoste para avisarles de lo que se avecina aparte le entregareis una nota para mi hija Narairë- dijo mientras le hacia ademán de entrar en palacio.
El Maia entró en su despacho y tras coger un pergamino empezó a escribir una nota para su hija.
“Narairë quisiera que reunirme lo antes posible contigo antes de que Ossë desate su furia, hay temas que debemos tratar”
Telimektar le dio la nota a Nimril a la vez que esta se la daba a una de las Oarni, esta guardo la nota y se despidió dirigiéndose hacia el puerto.
Telimektar miró a Aikanáro y le dijo:
- Aikanáro debemos hablar, ven conmigo y Nimril.
Así los tres se encaminaron hacia el pequeño muro que daba al mar, el Maia lo miro y los ojos se le humedecieron al recordar a su amiga.
- Aikanáro una gran amistad me unía a tu madre Gilgaer, se me ha pedido que te acoja como un hijo y eso haré, a los ojos de la Alianza serás mi hijo y serás educado como tal para que en el futuro tus padres puedan estar orgullosos de ti.
El pequeño no dijo nada ya que con el Maia se sentía a gusto y sabia en el fondo de su corazón que nada había de temer mientras estuviera con él.
Telimektar hizo llamar a uno de los soldados y le dijo:
- Qué las banderas de Aran hondeen a media asta en señal de luto por la dama Gilgaer y el Señor Finceled
Ese día transcurrió tranquilo, el Maia veía jugar a Aikanáro junto a Laurë y los hijos de las doncellas, su risa era tan limpia que parecía mentira que aun quedara bondad en ese corazón habiendo sufrido vete a saber que calamidades y pronto el pequeño se ganó los corazones de todos lo que vivían en Palacio y fuera de el. Así fue la llegada de Aikanáro Tîwele y como se convirtió en hijo de Telimektar Señor de Eorondo.
Pronto iría a Tyelpeoste para ver a Narairë y presentar al pequeño a todo el grupo y hacer oficial la noticia.
