Laitaine Numeniel
Sus heridas de nuevo la habían llevado a las casas de curación, pero sus pensamientos se distanciaban ahora de su cuerpo y ponían rumbo a tierras en las que se encontraba Fëathoron. Había escuchado el rumor de que su hermano había partido hacia donde se encontraba la dama Númeniel para que se reencontrasen y de nuevo formasen equipo en la batalla. Laitainë deseaba poder pasar de nuevo esos ratos agradables.
Su mente regresaba y su cuerpo cansado caía en un sueño profundo, pues eran ya varias horas las que llevaba sin dormir y su cuerpo lo necesitaba. Tras el largo sueño de unas doce horas la dama Laitainë Númeniel despertó más recuperada y revitalizada. Se levantó de la cama y se acercó poco a poco a la puerta de la habitación en la que permanecía bajo los cuidados de las enfermeras. Salió por el pasillo hasta que llego al control de enfermeras y la que estaba allí en ese momento la regañó por haber salido de su habitación. Laitainë se acercó a la muchacha y le dijo que estaba muerta de hambre que le llevase un buen bocado a la habitación y un buen zumo de frutas, ya que, así su cuerpo retomaría fuerzas tras lo ocurrido.
La elfa ahora se encontraba en una butaca junto a la ventana leyendo un libro lleno de mapas de las regiones y región colindantes. El libro le aburría, tomó otro de la estantería que hablaba de la historia de un pequeño elfo que se aventuró en el bosque y nunca se le volvió a ver hasta el cabo de dos años. La historia era entretenida así que Laitainë pasó parte de la tarde entretenida leyendo las historias que el pequeño había tenido en su estancia en el bosque. A la hora del anochecer tenía hambre y las enfermeras solo le habían dejado tomar medio vaso de zumo de frutas y poco más.
De repente Laitainë escuchó como alguien venía rumbo a su habitación, esa forma de caminar le resultaba familiar…pero no lograba recordar quien, hasta que un instante antes de que la puerta se abriera gritó:
-¡Fëathoron!-Gritó Laitainë eufórica
La puerta se abrió y tras ella apareció el elfo, alto y de cabellos oscuros con sus ojos clavados en su hermana:
-Hermana mía, ya no veía el día en que nos reencontraríamos y míranos ahora estamos los dos juntos y quizás por mucho tiempo, algunos de los rumores pueden pasar a ser ciertos y quizás la reina me destine aquí junto a ti.
-Que ilusión me hace hermano mío. Tengo un hambre y acabo de oler a comida ¿Me traes algo?.-preguntó la elfa que olisqueaba el olor a cocina reciente.
-¡Claro! Te debo una por la vez que fuisteis Narairë, Malenril y tú. He traído un montón de cosas fritas rebozadas, arroz, pasta y algo de carne asada, y un buen vivo para brindar.-contestó el elfo
-¿cómo conseguiste traer la comida?-preguntó la hermana del elfo
-Pues nada la enfermera Lill la conozco de hace tiempo y bueno digamos que me debía un favor y me dijo que no pasaba nada por darnos un atracón siempre y cuando no montáramos un escándalo….-contestó Fëathoron.
-Entonces hermanito, ¡Al ataque!-le dijo Laitainë a su hermano.
Durante la noche estuvieron cenando y poniendose a día de todo lo que había pasado en sus respectivas ausencias. Rieron y cantaron, y sus lazos fraternales se hicieron mayores, era raro como el destino volvía a querer que ambos estuviesen juntos. La pérdida de un hermano les causó una gran herida cuya cicatriz aun de vez en cuando escuece y se abre un poco. Pero el miedo a perder a otro de los suyos es constante. Esa misma noche cuando Fëathoron recogía la mesa y Laitainë estaba mientras sentada en la butaca descansando todo se lleno de niebla muy condensada y se escucharón un par de golpes en la ventana. Fëathoron se apresuró a ver que era, la abrió y la densa niebla penetró en el interior de la habitación. Tras unos segundos retrocedió y desapareció. Ambos estaban alucinando con lo que estaba ocurriendo, Fëathoron cerró la ventana y fue cundo Laitainë le señaló justo en el suelo. Había un papiro enrollado y una especie de nuez gigante adornada con flores silvestres. Fëathoron leyó el papiro y decía:
\"Orgullosa estoy yo, Hîthiel, dama de la niebla, de ver como mis nietos se quieren tanto y como han luchado contra todo tipo de adversidades, me siento orgullosa de ambos y orgullosa de vuestro valor y coraje. No puedo estar esta noche con vosotros porque asuntos que requieren de mi presencia ahora no me dejan viajar hasta allí pero mi alma esta noche os ha dejado dos regalos. En ese paquete hay tres objetos. Uno para Laitainë, otro para Fëathoron y otro que bueno ya veréis cual es el tercero si…
Cuidaros mucho y seguid luchando como hasta ahora pues no puedo ser una abuela más orgullosa de sus nietos gracias a vosotros y vuestros hermanos. Cuidaros mucho y no olvidéis que desde la lejanía os vigilo y protejo.
Elenath.\"
Ambos se emocionaron y no pudieron evitar que un par de lágrimas se les escapasen al leer el mensaje. Su abuela siempre tan oportuna y original, nunca cambiaría, era la mejor. Fëathoron abrió el paquete y dentro encontró dos dagas una con las iniciales de Laitainë y otra con las suyas. El tercer objeto era una pequeña llave de oro con una cadena de oro y plata.
Ahora un pregunta rondaba la cabeza de los dos elfos…¿Qué abriría esa llave?. Fëathoron tomó la cadena y se la puso al cuello a Laitainë. Al instante el brazalete comenzó a emitir por los zafiros un intenso brillo azul. Todo era cada vez más complicado, ¿por qué ahora reaccionaba en brazalete de Ithladin?.
Laitainë tenía ganas de ir al bosque y cabalgar junto con su hermano, incluso ambos tenían ganas de despojarse de sus vidas y retomar la vida de los montaraces como antaño fueron.
Terminada ya la noche el elfo se marchó a la habitación que Narairë le había proporcionado en la ciudad y Laitainë se quedó en las casas de curación de la Alianza de Eithel-Glîn durante unos cuantos días más. Entre tanto Laitainë poco a poco se recuperaba y su estado anímico mejoraba, es más aquella maldad que fluía en ella estaba debilitada y Laitainë había conseguido arrebatarle el dominio y control sobre su cuerpo que anteriormente le fue robado. Parecía que se avecinaban buenos tiempos y era hora de empezar a aprovecharlos pues la seguridad de que más batallas intentarían tomar la ciudad de la Alianza de Eithel-Glîn era total y las posibilidades de caer en batalla eran bastante elevadas. Pero Laitainë apartó la mente de estos pensamientos e intentó concentrarlos en como ayudar a los demás y en enseñar sus conocimientos de guerra a los iniciados en su compañía. La capitana era querida por todos y cada uno de los integrantes de su batallón y ninguno mostraba las más mínima señal de desobediencia o quebrantamiento de su autoridad.
