Miles de personas se movían de un lado para el otro, chocaban largas espadas afiladas.
Pero de repente un terrible dolor le inundó el pecho, las sombras crecían y todo se oscurecía.
Eldorien despertó en la sala de curación de Eithel-Glîn asustado y transpirado. Lo primero que vio fueron sus manos, a ambos lados de su cuerpo. Estaba cubierto por una gran sabana. Estaba solo en una pequeña habitación. Con paredes de madera con estandartes clavados de Eithel-Glîn pero no entendía como había llegado allí. De repente la puerta se abrió y entro una elfa, con largos cabellos dorados, era alta más o menos como Eldorien y tenia una túnica blanca. Pronunció unas palabras que Eldorien no comprendió, no por no saber el idioma, sino porque habló tan dulce y suavemente que no se oyó. Luego volvió a hablar acercándose hasta a estar arrodillada a un lado de la cama, a la altura de la cara de Eldorien.
La bella elfa se acercó y le dijo:
-Estás a salvo, me llamo Dawen y soy una elfa, como ya lo notaste. En la batalla de Barad Highgwath una flecha se te clavó aquí y te hizo una grave herida además de profunda.-dijo la elfa suavizando la gravedad del asunto con su dulce voz.
Al decir esto le tocó el torso. Eldorien sintió algo que nunca había sentido antes, una sensación extraña, pero no dijo nada. Era una flecha orca.. Dawen le tomó por la mano y le dijo:
- La debe haber lanzado un elfo oscuro. La flecha esta envenenada pero no te preocupes la trataré en cuanto termine con una niña, que esta enferma, no se puede mover.
-Bueno, esperaré.-dijo Eldorien.
La elfa salió caminando lenta y sutilmente de la sala. El guerrero elfo quedo solo. Miró a través de la ventana y pudo ver como el sol iluminaba con fuerza cada rincón de la habitación en la que se encontraba. Podía sentir en su rostro la calidez de la fuente luminosa, lo cual le ayudaba a sentirse más cómodo. Decidió recostarse un tiempo para retomar fuerzas. Al cabo de dicho período estuvo un rato recordando. Recordó la batalla, el momento en que la flecha había entrado en sus entrañas y lo había tumbado de dolor, recordaba como un fuerte pinchazo le provocaban nauseas y mareos y de repente ese pinchazo del recuerdo se mezcló con un real y el malestar se apoderó de él. Levantó la sábana y vio que tenía el torso vendado, el vendaje le apretaba. Pero no veía rastros de sangre u otra herida. Se quiso sentar en la cama pero sintió un dolor tan profundo como un abismo.
Cada vez recordaba más y sabía que la flecha había sido lanzada por un enano pero no le dijo nada a Dawen, se quedó pensando en el sentimiento extraño que le había ocasionado la mano de la elfa en su torso. Luego miró por la pequeña ventana alta a su derecha y vio parte de un tronco de un árbol que le pareció conocido. No sabía porque había un árbol igual a los del bosque negro allí, en el campamento, pero estaba allí y tenía algo muy similar al del frente de su casa, de la infancia. Una rama en forma de gancho que parecía aferrarse al cielo del ocaso de manera que nunca anocheciese. Estaba nublado y parecía que llovería.
Durmió bastante pero tuvo una pesadilla. Se quemaba la casa de curación donde él estaba. Era terrible, y todos morían. Un ent se prendía fuego. Y la casa de curación se reducía a escombros.
Se despertó sobresaltado y muy transpirado, de algún modo sabía que eso pasaría. Afuera estaba lloviendo y había relámpagos. Llamo a Dawen a gritos, pero esta entró con la misma sutileza que antes. Le preguntó que pasaba y Eldorien le contó el sueño que acababa de tener y que o bien iba ella a cerciorarse de que todo estaba en orden o bien iba él por las buenas o las malas.
Dawen recorrió todas las estancias y no halló rastro del fuego precognizado por Eldorien. Pero antes por si acaso se acercó al edificio adyacente en el que se llevaban a cabo las tareas de cocina, al entrar el panorama fue aterrador, vio como una leve llama se aproximaba a un bidón de aceite de cocina y como su esfuerzo por apartar el tonel de la imparable llama fue inútil al completo. El bidón estalló en llamas y Dawen retrocedió ágil de un salto el olor a quemado era más acusado. Intentó apagar el fuego pero cuando vio que no era posible ella sola y fue a pedir ayuda una viga del edificio que había prendido fuego ya se derribó encima de su cuerpo dejándola atrapada entre el suelo y el gigante de madera en llamas. Usando parte de sus últimas fuerzas y consiguió escapar a duras penas. Una vez fuera se armó de fuerza y dio la voz de alerta y tras esta se desplomó al suelo víctima de las heridas y quemaduras sufridas, con tal mala suerte que su cabeza golpeó contra una piedra haciendo que una nueva herida que incesablemente emanaba sangre se sumara a sus múltiples lesiones.
Eldorien sabía que algo andaba mal, como pudo se levantó y salió al pasillo central y vio como todo el mundo era evacuado pero cuando el último grupo de rescate iba a entrar a por él y una niña que se encontraba en la habitación de enfrente vio cortado su paso por un derrumbamiento del techo de la casa de curación. Eldorien se acercó a la niña que nada más verlo le dijo que se llamaba Martha y que se había caído de pequeña y había perdido la capacidad de moverse, Eldorien tomó a la niña de la cama y la tomó en sus hombros y no vio otra salida que saltar por la ventana. Para que el cuerpo de la niña no sufriese los daños del impacto que sería de un par de metros, este antepuso el suyo que cayó contra el suelo y bloqué el golpe en el de la niña.
Eldorien yacía inconsciente sobre el suelo y Martha lloraba sin hallar consuelo. Eldorien retomó la consciencia le aparto el pelo del rostro y la calmó pero de nuevo perdió la consciencia. El peligro no había cesado. Los equipos de rescate creyendo que aún seguían dentro no se enteraron que en la parte trasera del edificio junto al bosque yacía el cuerpo de Eldorien y Martha y necesitaban de ayuda pues una de las paredes iba a desplomarse sobre ellos.
Martha dejó de llorar y vio que la pared vacilaba ligeramente amenazando con aplastarles, no se sabe bien que fue, si el pánico o un milagro que hizo que la niña tomase control a su cuerpo y pudiese mover para apartarse, pero no solo eso si no que en un sobre esfuerzo arrastro a Eldorien hasta una zona segura y corrió como una flecha hasta la gente para pedir ayuda desde entonces la llamaron “Martha Pilin” que significaba en Quenya flecha por su rauda carrera y recuperación.
Eldorien fue trasladado a otra casa de curación y junto a él yacía descansando y recuperándose de sus heridas la que fue causante en él de nuevos sentimientos, Dawen. Quien sabe si de ellos surgiría una nueva historia de amor.
HISTORIA ESCRITA POR JOACO(ELDORIEN) DE LA ALIANZA DE EITHEL-GLÎN
